La hora de los

La hora de los "counselors"

Crece el auge de esta disciplina en la Argentina. Ayuda a resolver las crisis y los conflictos cotidianos. Las claves. 29 de Julio 2011
Con la pregunta latente “¿qué quiero para el resto de mi vida?”, Jack Smart tomó la decisión de interrumpir su carrera corporativa en Unilever –donde hasta abril de este año ejerció como director de Asuntos Públicos y Comunicaciones– para dedicarse al counseling.

La historia se remonta a principios de 2007, cuando empezó a estudiar la carrera de Counseling Psicológico como un complemento a su formación en comunicaciones. “La carrera me atravesó y se fue abriendo un nuevo espectro de posibilidades, que durante los tres años de estudio se convirtieron en un discernimiento pleno, un plan de acciones y un esquema de previsiones. El motor fue siempre la convicción de responder a un deseo profundo y genuino de realización, en una profesión que es totalmente coherente con mi formación y mi desarrollo profesional”, explica Smart. A partir de mayo, el directivo se integró al equipo de Eolic People, una consultora de desarrollo humano en organizaciones creada en 2008 por su ex colega de Unilever, Mariano Tirigall. La entidad investiga y trabaja con el foco puesto en creatividad, liderazgo, comunicación e influencia, trabajo en equipo, cultura organizacional y balance entre la vida personal y laboral.

El ejemplo de Smart es parte de una incipiente tendencia que refleja el crecimiento que está empezando a tener el counseling en el mundo corporativo. Se estima en un 20 por ciento anual el aumento de las consultas y de los estudiantes que eligen esta carrera, cuya duración es de tres años. En la Argentina, ya hay más de 20 instituciones reconocidas por el Ministerio de Educación donde se dicta esta disciplina. “Se calcula que unas 4000 personas se recibieron de counselors y que el 40 por ciento trabaja activamente en la profesión en sus diferentes especialidades”, dice Andrés Sánchez Bodas, fundador (en 1987) de la primer Escuela Argentina de Counseling, hoy Holos San Isidro. 

A la hora de esbozar una definición, es él quien tiene la primera palabra: “Se trata de una disciplina de ayuda, que integra, de manera científica y creativa, conocimientos del campo de la educación, sociología, psicología, filosofía, teología y antropología con la intención de asistir al ser humano en el proceso de crecimiento, desarrollo y despliegue de sus potencialidades”. Por su parte, Smart agrega que el counselor tiene las herramientas para facilitar procesos de ayuda que permiten resolver conflictos que interfieren con el normal transcurrir de ciclos vitales y dificultan desarrollos interpersonales, interrelacionales, organizacionales y espirituales.

El counseling nació en los Estados Unidos en la década del ’30 y fue creado por trabajadores sociales, sociólogos y educadores. De allí su impronta preventiva y de promoción del desarrollo humano. Se basa en la teoría del psicólogo Carl Rogers, cuyo enfoque se centra en la persona. Su expansión siguió en Inglaterra, Rusia y otros países de Europa, Japón y Australia. En la actualidad, unos 41 países registran esta profesión. La función del counselor es tan popular en los Estados Unidos que el 95 por ciento de las consultas psicológicas es atendida por estos profesionales.

Existen distintas ramas del counseling según su ámbito de aplicación: pastoral, educacional, comunitario y laboral. Precisamente esta última se aplica en las empresas, ya sea para asistir a su personal, resolver conflictos internos o trabajar con el estrés de los ejecutivos, con la motivación y con las interferencias en las interrelaciones en todos los niveles intra o inter jerárquico. “Nuestro rol está orientado a destacar y canalizar todo aquello que signifique un beneficio mutuo para los intereses de los diferentes niveles de la empresa. La mirada del counselor laboral es esencialmente positiva y coparticipativa, en donde él y las personas intervinientes apuntan conjuntamente a mejorar el clima laboral”, dice Raquel Finkelstein, ex vicepresidenta de la Asociación Argentina de Counselors y especialista en empresas familiares. La visión de un tercero suele ser clave a la hora de ordenar pensamientos. “Aplico el counseling en toda problemática humana relacional, desde el ámbito personal, grupal y laboral. Ofrezco ayuda para canalizar la dificultad limitante entre los miembros que la constituyen, dada la envergadura emocional que se invierte en este tipo de PyMEs familiares”, añade la especialista.

Con foco corporativo
En el área del counseling laboral, Mario Canale es un claro ejemplo de un ejecutivo que hizo un cambio radical en su carrera profesional. Con una larga trayectoria como contador público, y luego de trabajar 15 años en Coats Cadena como gerente de Sistemas y Logística, decidió escuchar su voz interna y dedicarse al counseling. Sus estudios en esta disciplina lo llevaron a replantearse su profesión. “Sentía una gran insatisfacción personal y una fuerte inclinación por las humanidades”, cuenta. Fiel a su impulso genuino se asoció con Mabel Candia, a quien conoció en la Asociación Argentina de Counselors, y en 2000 lanzaron ICAS Argentina, bajo el amparo de ICAS Internacional (Independent Counselling & Advisory Services), una firma que presta servicios en forma global en temas de comportamiento humano en las organizaciones. “Los procesos son breves. Abarcamos dolores cotidianos, conflictos con los hijos o de pareja, estados de ánimo, adicciones y problemas de la vida laboral”, explica Canale. Y señala algunas ventajas de estos programas para las corporaciones: “Disminuyen las llegadas tarde y el ausentismo, las licencias por enfermedades, la rotación laboral y los juicios contra la organización”. Entre sus principales clientes figuran compañías multinacionales como Kimberly-Clark, DuPont Argentina y Johnson & Johnson.

La firma que fabrica los pañales Huggies cuenta con un programa de asistencia al empleado, donde la atención es ilimitada, gratuita y confidencial. En 2010, 13 por ciento de sus 1275 empleados utilizó este servicio. Se abrieron 170 nuevos casos y, si bien las consultas fueron por diferentes temas, el counseling cara a cara ascendió a 18 por ciento y el telefónico, a 8 por ciento. Según datos de la empresa, el 40 por ciento se refirió a temas de pareja y familia; 33 por ciento a estados de ánimo, angustia, duelo y ansiedad; 31 por ciento a legales; 13 por ciento a estrés; y 7 por ciento a vínculos y problemas psicológicos. “Nos llevamos una sorpresa, porque la gente empezó a probar el programa ni bien lo lanzamos. Como es anónimo, lo usa todo el mundo, desde altos ejecutivos hasta los familiares de nuestros empleados”, explica Javier Blois, director Médico de Kimberly-Clark Latinoamérica. Los empleados de la compañía pueden recurrir a este servicio de counseling ante cualquier situación emocional que vivencien y que afecte a su persona o al grupo de trabajo. Para Blois, los beneficios radican en “mantener la salud integral del personal, que mejora la calidad de vida y a la vez repercute tanto en el trabajador como en la compañía”.
A partir de 2000, en DuPont también se implementó el “Programa Apoyo”  como parte de una iniciativa global, que consiste en el asesoramiento, acompañamiento y ayuda al empleado y a su grupo familiar en temas emocionales y legales. Al igual que en Kimberly-Clark, cada una de las personas que trabaja en la compañía tiene acceso a una línea gratuita de asesoramiento telefónico por medio de la cual, de forma totalmente anónima, puede acercar su preocupación y conversar con un counselor profesional. “De acuerdo a la gravedad de la situación, el empleado puede asistir a sesiones presenciales para trabajar más profundamente el tema que le está afectando. Además, a lo largo del año se contemplan charlas para todo el personal enfocadas en diversas temáticas como la administración del tiempo y el manejo del estrés”, aclara Silvia Bulla, gerente de Recursos Humanos de DuPont Argentina. Y cuenta que este servicio fue de gran ayuda para atravesar la crisis económica de 2001, así como también durante los meses de incertidumbre durante la gripe H1N1.

Johnson & Johnson es otra de las compañías que ofrece a sus empleados la posibilidad de recurrir a un counselor para temas de índole personal. A raíz de una iniciativa de la compañía a nivel global, en 2008 contrató a ICAS Argentina para llevarla a cabo en la sede local. “Los empleados lo ven como un beneficio, dado que, más allá de que la usen o no, les gusta saber que cuentan con esta herramienta”, dice Luis Colmegna, gerente de Recursos Humanos de Johnson & Johnson. Y detalla que el 37 por ciento corresponde a derechos del consumidor; 25 por ciento de las consultas a dilemas laborales; 25 por ciento a alquileres, compraventas y consultas legales; y 13 por ciento a cuestiones de familia y sucesiones. Más de la mitad de los llamados se realiza durante el día, pero un 40 por ciento prefiere los horarios vespertinos y nocturnos. Otro dato interesante es que la participación de los familiares es importante, dado que asciende a 33 por ciento de los casos. 

Counseling versus Coaching
Si bien los términos counseling y coaching pueden sonar parecidos, es importante destacar sus diferencias. Florencia Hardoy, counselor voluntaria en una escuela de bajos recursos, explica que el counseling apunta a que la persona pueda descubrir y hacer aflorar su verdadera esencia, mientras que el coaching  busca lograr una meta concreta en un individuo en un período de tiempo definido. El padre del counseling en la Argentina, Andrés Sánchez Bodas, explica que el counselor no entrena para el éxito, sino facilita procesos de desarrollo personal y humano. “Responde a otra filosofía de lo humano, el de desplegar potenciales resolviendo conflictos que lo dificultan”, explica. 

Frente a la pregunta indiscreta acerca de si esta disciplina puede desbancar al coaching en el futuro, los especialistas coinciden en que no es una alternativa. “Son modos diferentes de trabajar, cada uno en lo suyo y ambos acompañando a la persona. No creo que haya necesidad de diferenciarse o de temer por la desaparición de uno u otro, ambos son útiles y serán elegidos por las personas según sus necesidades”, dice Silvia Dorfman, counselor y docente de la carrera de Counseling en Holos, San Isidro. Por su parte, Finkelstein añade: “No creo que una termine con la otra; son disciplinas distintas con algunas coincidencias, que alcanzarán una verdadera relación de ayuda y que, básicamente, dependerá de la persona y de la calidad del vínculo terapéutico que se establezca entre el profesional y el consultante”. En cambio, el psicólogo y counselor José Laufmann se arriesga: “En la Argentina, el counseling es, tal vez, menos conocido que el coaching y esto podría dificultar su expansión”. Para él, las diferencias radican en que el counseling es una intervención de apoyo y no posee concepto de cura (terapia), mientras que el coaching hace más hincapié en el cambio del modo de percibir que en la acción. Y señala las semejanzas: “Ambos se dirigen a la población normal-neurótica, no a pacientes psiquiátricos o que requieran psicoterapia por manifestar síntomas clínicos”. Laufmann trabajaba en una corporación como directivo y el programa y la carga horaria lo impulsaron a dedicarse al counseling. “Buscaba una herramienta de liderazgo”, agrega.

De todas maneras, en lo que respecta a su aplicación en las organizaciones, los especialistas coinciden en que ambas disciplinas son muy útiles y pueden complementarse muy bien. “Los counselors que trabajan en empresas están integrando el coaching y muchos coachees están estudiando counseling para enriquecer su mirada y su accionar en la resolución de conflictos y problemas en las organizaciones”, confiesa Sánchez Bodas.

Lejos de Freud
Por otro lado, tampoco se la puede asociar con la psicoterapia, ya que tiene diferencias radicales: el counseling no pretende curar porque no visualiza la patología como su área de incumbencia. “Su éxito radica, justamente, en que no considera que todo problema existencial sea producto de una patología que hay que curar. Por el contrario, la mayoría de las problemáticas de consulta no responden a trastornos psíquicos, sino a dificultades del diario vivir”, agrega Sánchez Bodas. No se emite ningún tipo de juicio sobre los consultantes y los procesos de ayuda son más breves que los de la psicoterapia y psicoanálisis: se calcula un promedio de entre 8 a 12 meses. Según María Ester Martínez, counselor, otra diferencia a señalar es que “en la terapia convencional hay una asimetría en los roles, mientras que el counseling intenta no tenerla”.

Sin duda, se trata de una mirada nueva y original. Una herramienta que está cambiando el modo de encarar el día a día, donde no entra en juego ni la posición jerárquica ni la envergadura de la corporación. La clave está en aprender a superar los problemas cotidianos y las crisis vitales que, en mayor o menor medida, nadie se salva de vivir.



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