La historia oficial, según sus fundadores

La historia oficial, según sus fundadores

A lo largo de sus primeros 27 años, ‘Apertura’ ofreció un enfoque novedoso del mundo de la economía y los negocios. ‘Entrepreneurs’, grandes grupos, CEOs, todos tuvieron y tendrán su espacio. 11 de Junio 2010

Política en su nacimiento, motorizada por las ansias de difundir los principios liberales que habían conducido al desarrollo a muchos países. De negocios poco después, para abordar lo que sucedía en el mundo empresario como no se había hecho hasta entonces en la Argentina. A lo largo de 27 años y 200 ediciones, Apertura ofreció siempre una mirada diferente. Con rigurosidad en el tratamiento de la información, curiosidad por lo nuevo y un enfoque de los temas fuera de lo preestablecido. Acompañó las vicisitudes que atravesó la economía local –una constante montaña rusa en la que el país conoció los extremos de la inestabilidad– y fue reflejando, en su camino, tendencias. Ideas. Estrategias. Nacimiento, expansión y hasta caída de empresas. Trayectorias de miles de personas. Proyectos. Anticipos. Historias de vida. También, palabras que se fueron incorporando al lenguaje interno de la revista y delimitaron secciones.

A través de las tapas de Apertura, se puede navegar por los últimos 27 años de vida económica de la Argentina. Desde “¿Qué censura la censura?”, como se tituló en la portada de la primera edición, de enero de 1983 a “Sepa si usted es un entrepreneur”, publicada en diciembre 1986, número que marcó el punto de inflexión en el perfil de la revista. “La micro fue nuestro foco y esa, la tapa que marcaría el inicio de una nueva etapa”, evoca Gabriel Griffa, fundador de Apertura junto a Marcelo Longobardi.

Es que, en la edición 200 de Apertura, no podían estar ausentes quienes la gestaron. La historia oficial, contada por sus propios autores. Un vendedor de equipos de música (Longobardi, 20 años), que perdió su negocio cuando el por entonces ministro de Economía, Lorenzo Sigaut, devaluó la moneda local, comenzó a interesarse en cómo funcionaba el país y quiso hacer su propia revista. El destino lo cruzó con un estudiante de Relaciones Públicas (Griffa), que improvisó de fotógrafo en la boda de su tía. Apertura comenzaba así su camino. En los primeros tiempos, cuando se juntaban avisos, faltaba papel. Cuando se conseguía papel, no había notas. Cuando llegaban, se cortaba la luz. “Durante todo 1982, le prometimos a la gente que íbamos a hacer una revista. Y llegó el momento en que no nos quedó otra que hacerla”, ironiza Griffa.

Así, finalmente, en enero de 1983, se produjo el nacimiento. La primera edición fue de 64 páginas, impresa en papel obra, siete avisos y una tirada de 5.000 ejemplares, que se imprimieron en las rotativas del diario Crónica, porque Héctor Ricardo García fue el único que les dio un crédito para pagar la edición con un factoring a 90 días. Apertura se llamó así porque sus fundadores querían vivir en un país que tuviera apertura e integración con el mundo. El primer nombre elegido había sido La nueva generación del ’80. Pero uno de los potenciales inversores les dijo: “¿Y qué va a pasar cuando vengan los ’90?”.

“Nada de esto hubiera ocurrido de no haber sido porque Gabriel y yo elegíamos comer en ‘0,65’ (lugar que se llamaba así por los centavos de austral que costaba el menú) y compartíamos una albóndiga para cada uno, con una porción de puré a medias”, recuerda Longobardi, quien dejó la dirección editorial de la revista en 1991, para desarrollar su carrera periodística en medios audiovisuales.

Además de la crónica del nacimiento –narrada con lujo de detalles y anécdotas–, los AP Files incluyen un informe que muestra en qué está hoy aquella gente a la que había que tener en cuenta. Jóvenes protagonistas de ayer, son realidades consagradas en el mundo de los negocios. Apertura los mostró en una de sus secciones clásicas (“Gente para tener en cuenta”) cuando daban los primeros pasos de sus caminos profesionales.



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