La formación en valores, nuevo eje de trabajo para los ejecutivos

La formación en valores, nuevo eje de trabajo para los ejecutivos

El programa Prodiem, de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa, se focaliza en inclusión de valores éticos en el proceso de toma de decisiones. Empresarios que participaron del curso cuentan su experiencia. 22 de Junio 2010

En el mundo de la capacitación empresarial abundan los programas de formación académica y gerencial. Pero más allá de los conocimientos técnicos y de management, hay aspectos éticos y sociales que todo directivo debería tener en cuenta, a la hora de tomar decisiones de negocios. Aunque, muchas veces, falta un marco de referencia y una oportunidad de reflexión sobre ellos. Atendiendo a esta necesidad, la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE) creó en 2004 su Programa de Dirigencia Empresarial (Prodiem), centrado en ética y valores.

Esta capacitación se brinda a lo largo de seis encuentros mensuales, de abril a octubre, de una jornada y media de duración. En cada oportunidad, ejecutivos y empresarios de distintos rubros asisten a un presentación desarrollado por un especialista. Luego de la exposición teórica, se generan debates e intercambios que, se complementan en charlas y reuniones informales mantenidas por los ejecutivos en una suerte de “convivencia”, ya que la actividad suele realizarse en algún hotel alejado de las empresas.

El programa de ACDE tiene su antecedente en el de la asociación de empresarios cristianos de México, que se inició en 2003. Dado el éxito que tuvo en el país azteca, se decidió traerlo a la Argentina, aunque adaptándolo a los usos y costumbres locales. En esencia, gira alrededor de tres ejes: la vocación y la persona del emprendedor; las prácticas empresarias a la luz de los valores, y los talentos y experiencia del dirigente.

“Hoy las disyuntivas no se limitan a los análisis de rentabilidad, sino que entran de lleno en el campo de la ética”, sostiene Horacio Bolaños, director del Prodiem. “En el campo de los negocios, los directivos que toman decisiones suelen enfrentarse a opciones de hierro: entre lo urgente y lo importante, entre los costos y la calidad, la tecnología y las personas, la sustentabilidad y la rentabilidad, las presiones políticas y las convicciones”, apunta Bolaños. “El GPS nos dice con precisión dónde estamos físicamente, pero nos falta la brújula ética para navegar en el mundo actual”, agrega.

Experiencias positivas
Horacio Cristiani, presidente de Gas Natural Ban y miembro del Consejo Empresario para el Desarrollo Sostenible (CEADS) participó del Prodiem en 2005. “Fui el primero en la empresa, cuando era director Comercial. A partir de allí, me sumé a ACDE y sumé a otros directivos de la compañía a este programa”, cuenta. “Su valor diferencial es que incorpora el análisis de los valores a los procesos de decisión. En mi caso, esto se aplica a las cuestiones ambientales, ya que nuestra actividad tiene un gran impacto allí”, comenta el ejecutivo.

“Además, el hecho de cursar el programa en jornadas intensivas permite desconectarse de la cotidianeidad y se crea un clima de inmersión y compañerismo entre los colegas, del que luego surgen vínculos y redes muy especiales”, afirma.

El ambiente descontracturado y la posibilidad de desconectarse de las tareas cotidianas son una nota característica del Prodiem. “La diversidad y el intercambio que se generan entre ejecutivos de diferentes industrias y de distintas zonas del país hace a la riqueza de este programa, que es único en su tipo”, destaca Alejandro Tonnelier, director ejecutivo de ACDE.

Algunos debates interesantes se plantean en torno a intereses encontrados como la decisión de una empresa de eliminar un sector y tercerizar servicios que antes se hacían dentro de la compañía o la disyuntiva de incorporar tecnología, que a la larga reemplazará algunos puestos de trabajo. Otro dilema que se suele plantear es la alternativa de importar productos, en lugar de endeudarse para comprar una máquina y fabricarlos localmente.

En tanto, Enrique Behrends, gerente de Desarrollo Organizacional y Recursos Humanos del Banco de Galicia, también estuvo en la camada 2005 del Prodiem y luego se hizo socio de ACDE. “Los directivos de empresas solemos tener una visión técnica y orientada a la gestión cotidiana. El programa ofrece una visión distinta y un escalón por encima de lo cotidiano y técnico, que nos orienta sin brindarnos recetas para resolver cuestiones no programadas”, destaca.

“Me formé en una especialidad, pero, a medida que fui ampliando mis responsabilidades, se hizo necesaria una visión más generalista. Allí se entra en situaciones de incertidumbre y las decisiones deben basarse en valores”, define.

Por su parte, Fernando Brom, gerente comercial de Quickfood Marfrig, cursó el Prodiem durante el 2006. “Lo fundamental de este programa es que agrega a los conocimientos de gestión que uno puede aprender en la universidad, el componente ético y social que todos deberíamos tener presente cuando tomamos decisiones, por pequeñas que sean”, afirma. “Además de las funciones corporativas, los empresarios tenemos un rol social en la comunidad. Los negocios de hoy son complejos y contar con una visión más amplia, que incorpore la ética, ayuda no a hacer las cosas perfectas, sino a buscar la mejora continua cada día”, destaca.

¿El primer santo empresario?
La Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa se fundó en 1952 para agrupar a empresarios con una visión basada en los valores católicos. Su artífice, Enrique Shaw podría entrar al Libro Guiness por ser el primer empresario en ser declarado Santo. Shaw había nacido en París en 1921, hijo de padres argentinos, y desde los dos años vivió en el país. Casado con Cecilia Bunge, tuvo nueve hijos. En 1945 se incorporó como gerente a la tradicional firma Cristalerías Rigolleau y llegó a dirigir la compañía con una profunda convicción cristiana, sustentada en el buen trato a los trabajadores. Cuando enfermó de cáncer, dolencia que le causaría la muerte en 1962, los empleados se agolparon frente a las puertas del sanatorio donde estaba internado, para donar sangre. Un gesto que él agradeció comentando orgulloso que ahora tenía sangre obrera. Su causa de beatificación fue iniciada en 1997, en base a una recopilación de sus escritos y de testimonios sobre su vida ejemplar, y elevada al Vaticano en 2005 por el cardenal de Buenos Aires, Enrique Bergoglio. El próximo paso para ser declarado Beato es comprobar que Dios obró un milagro por su intercesión. Y si son dos o más milagros, se lo declarará Santo.



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