La esperanza frente al chavismo

La esperanza frente al chavismo

Protagonista de las portadas de internacionales de todos los medios tras imponerse en las elecciones primarias, el actual gobernador del estado de Miranda apuesta, a sus 39 años, a dar batalla en los comicios de octubre para acabar con el proceso bolivariano inciado por el presidente venezolano Hugo Chávez Frías en 1999. 24 de Febrero 2012

"Súbete al autobús del progreso. Hay un camino", es el eslogan con el que los partidarios del candidato presidencial Henrique Capriles Radonski esperan conquistar a los venezolanos descontentos con el proceso bolivariano iniciado por Hugo Chávez Frías en el ocaso del siglo XX. Empujado por el aplastante resultado de las elecciones primarias del 12 de febrero, Capriles está en boca de todos. Recientemente, y a pesar de haber sido blanco de agravios (tildado de "cochino" por el Presidente venezolano y de homosexual por algunos medios oficialistas), hizo público su deseo de pronta recuperación en la salud del Primer Mandatario.
En las primarias, realizadas para encontrar un candidato de unidad de cara las elecciones de octubre, Capriles se impuso con el 64,22 por ciento de los votos. Desde la Argentina, incluso, recibió las felicitaciones y el apoyo del PRO. En Venezuela, es el hombre del momento. Su más cercano seguidor, el gobernador del estado de Zulia, Pablo Pérez, ya le aseguró el apoyo de su 30,28 por ciento, con lo que tendría ya una base de 3 millones de votos para las elecciones. Claro que aún falta camino por recorrer y lo más importante será la pelea por el centro y los sectores populares.

Cuna de oro
Capriles no es un self made man. Nacido en el seno de una familia judía (por parte de padre, sefardíes; y de madre, rusos-polacos que llegaron a Venezuela escapando del Holocausto) pero criado como católico, contó con una educación de primera línea. Su apellido es muy conocido en el país porque la familia paterna es dueña de la Cadena Capriles, un conglomerado de medios conformado por diarios, revistas, televisión, radio y portales informativos, además de una fundación del mismo nombre. La familia materna, en tanto, controla la cadena Cinex, que maneja salas de proyección y distribución de películas por toda Venezuela, un negocio que nació como un emprendimiento familiar en 1947.
Una vez egresado de la secundaria, siguió la carrera de Derecho en la Universidad Católica y completó un master en Derecho Económico, estudios que combinaba con la práctica profesional en una reconocida firma de abogados de Caracas y en las empresas familiares. Sin embargo, nunca del todo a gusto en el mundo corporativo, decidió lanzarse a la arena política.

Así fue cómo, en 1998, con sólo 26 años fue electo diputado por el centroderechista Comité de Organización Política Electoral Independiente (COPEI). Una vez en la Cámara, fue nominado presidente del cuerpo legislativo y vicepresidente del Parlamento. Pero todos esos cargos quedaron en la nada con la disolución del Congreso durante el proceso de formación de la Asamblea Constituyente de ese año.
De todos modos, se volcó a la gestión. Con otros políticos en ciernes, formó el partido Primer Justicia, bajo cuyas banderas fue electo alcalde del municipio de Baruta, un distrito híbrido que, aunque queda en el estado de Miranda, también está integrado al Distrito Metropolitano de Caracas (si la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fuera el Distrito Capital y Miranda, la provincia de Buenos Aires; Baruta sería como Vicente López, por ejemplo). Luego de cuatro años muy aplaudidos, en 2004, fue reelecto con el 79 por ciento de los votos, a pesar de (o gracias a) que durante su gestión estuvo cuatro meses detenido por un supuesto pedido de inspección a la Embajada de Cuba durante el golpe de Estado de 2002.
Poco antes de terminar su segundo período, en 2008, dejó el cargo para ir por la gobernación del estado de Miranda. "En Miranda, algo bueno va a pasar" fue el eslogan para las elecciones, donde logró derrotar al exvicepresidente chavista Diosdado Cabello. El consuelo para el perdedor llegó de la mano del Presidente, quien lo nombró al frente del Ministerio de Obras Públicas.
Luego de tres años en el Ejecutivo, en mayo de 2011, Capriles anunció su intención de competir como precandidato para las primarias presidenciales . A pesar de una campaña con altibajos, se fue posicionando arriba en las encuestas, incluso de tal forma que Leopoldo López, ex alcalde de Chacao y quien le disputaba el segundo lugar a Pérez, declinó su candidatura en favor del joven Capriles dos semanas antes de la votación.

A la pelea grande
"Un país dividido es un país débil", tituló recientemente El Universal, de Caracas, que publicó extensas notas, cubriendo el acto de lanzamiento oficial de campaña de Capriles. En los medios venezolanos, aseguran que la clave de una campaña positiva para el exgobernador está en aprovechar fortalezas de sus exrivales en las primarias, sobre todo, en el trato con los sectores populares.
Las primarias le han dado la legitimidad necesaria para avanzar en busca de una base más amplia y, según escribe El Universal, "podrían servir como el punto de partida de un estado de conciencia colectivo hacia el cambio, una situación que lleva años gestándose pero que ahora se pone en evidencia con el voto efectivo". Los medios opositores, que no ocultan sus preferencias, han caracterizado a Capriles como "un muchacho de jeans y franela" y al acto de proclamación como "la graduación de un líder", tratando de acercarlo a la base más amplia de electores posible.
Para los opositores, deseosos de un cambio en la conducción bolivariana, el cuadro electoral es muy parecido al que enfrentó Chávez, en 1998, marcado por el hastío hacia los partidos políticos tradicionales. En este escenario, en el análisis del ministro de Planificación y actual director del Centro para el Desarrollo Internacional de Harvard, Ricardo Hausmann, Capriles "representa a la próxima generación de líderes políticos venezolanos".
Para el politólogo, profesor de la Universidad Central de Venezuela y director de Visor 360° Consultores Micmer Evans, el principal obstáculo del candidato será ampliar su simpatía popular. "Capriles es, por ahora, representante de la clase media alta. Tiene apellidos de alcurnia y en Venezuela es lo que, popularmente, se llama un "amo del valle". Esto es complicado, ya que el votante venezolano tiende a favorecer a personas de origen humilde o con una historia de superación tras de sí", analiza. "De todos modos, tiene ya segura la base de voto duro de la oposición", lo que es importante. Aun así, advierte que "desde la recolección de firmas para el referendo revocatorio, cuando se juntaron 3,5 millones, (en las primarias) votaron poco menos de 3,1 millones, lo que muestra una baja en la convocatoria opositora más ferviente".
Estos números resuenan cuando se piensa en las cifras generales: de un total de casi 12 millones de electores, incluso contando con los votos de sus rivales en la compulsa primaria, tendría un piso del 25 por ciento de los votos en disputa el 7 de octubre, quedando incluso debajo del 36,90 por ciento, alcanzado por Manuel Rosales en 2006, cuando Chávez se impuso con el 62,84 por ciento de los sufragios.

Sobre cómo se vivirá el clima de cara a octubre, Evans descarta la virulencia que se vivió en el referendo de 2004 o las presidenciales de 2006. "El proceso será intenso, pero no veo situaciones de violencia política como los que se vivían hace una década. En Venezuela, hoy, existe una fuerte conciencia política por parte de la ciudadanía, pero esto mismo ha tendido a conducir los procesos dentro de un cauce democrático", concluye.
Todo, claro, en medio de las chicanas de siempre. "Cuidadito con ese discurso burgués de la unidad", advirtió Chávez luego de la victoria de Capriles, añadiendo condimento a la resolución del Tribunal Supremo de Justicia, que ordenó impedir la destrucción de los cuadernos de votación utilizados en las primarias. Esto, desde la oposición, que se negó a acatar la orden, podría transformarse en una piedra de toque para la conformación de una lista negra, en base a quienes votaron el domingo 12 de febrero.



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