“La economía volvió a depender de la política”

Para Rosendo Fraga, el punto de quiebre fue la crisis del BCRA. Vislumbra un camino difícil hacia 2011, en un escenario de conflicto permanente. “Kirchner no es De la Rúa”, advierte. 07 de Abril 2010

En los círculos más influyentes, su nombre de pila, Rosendo, es suficiente para saber de quién se trata. Desde su think tank, el Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría, se consolidó como GPS de consulta obligada, cuando la niebla de la incertidumbre política afecta la ruta de los negocios en la Argentina. “A partir de la crisis por el uso de las reservas, las expectativas económicas volvieron a tener como referencia la situación política. El punto de partida de esa reconexión fue el DNU del 7 de enero, que destituía al entonces presidente del Banco Central”, define, con su conciso y preciso estilo. Abogado de formación (UCA), analista político e historiador de vocación, Rosendo Fraga es, a sus 57 años, quien ilumina al establishment sobre lo que todos ven pero pocos, muy pocos, descubren.

¿Qué es lo que hoy más le preguntan sus clientes?
La cuestión central es qué sucederá: qué alternativas hay para la presidencial de 2011 y qué grado de gobernabilidad tendrá el país hasta entonces. La legislativa de 2009 permite contestar ambas preguntas. La primera, porque definió el rumbo de la política argentina para el período 2011-2015. Desde entonces, (Carlos) Reutemann y (Julio) Cobos son los más votados en las dos franjas políticas más importantes. Representan lo mismo: son ideológicamente de centro, políticamente moderados, ambos tienen buena relación con el campo y se proyectan como presidentes de cuatro años y no de ocho. El primero, por edad, y el segundo, por requisito constitucional. Y un tercero es Francisco de Narváez, que es una tendencia similar. El próximo presidente puede ser cualquiera de ellos u otro. Pero lo que está claro es que la sociedad quiere una alternativa más moderada que el kirchnerismo e ideológicamente de centro.
En cuanto a qué grado de gobernabilidad habrá, la historia muestra que, en la Argentina, cuando se pierde la elección de medio mandato –que es, en realidad, pre-presidencial–, la gobernabilidad se hace difícil. En dos de los tres casos que sucedió, Alfonsín y De la Rúa no lograron mantenerla y sólo uno (Menem, entre 1997 y 1999) lo consiguió. Ello muestra que la gobernabilidad no será fácil en los próximos dos años.

¿Cuál es la naturaleza del escenario actual?
La característica central es la inevitable pérdida de poder tras la derrota electoral, frente a la cual Néstor Kirchner, como líder del oficialismo, no modifica su personalidad política, caracterizada por el uso del conflicto para construir poder y el duplicar la apuesta frente a derrotas o dificultades. Eso genera una situación de tensión que complica la gobernabilidad. Se trata de un escenario en el cual las expectativas de la economía volvieron a depender de los hechos políticos.

¿Cuál fue el punto de quiebre?
La crisis del Banco Central. Hasta ahí, se asignaba baja incidencia a los conflictos políticos sobre la economía. Pero después del 14 de diciembre se reconectó la interacción entre dificultad económica y crisis política.

¿Cómo evalúa lo ocurrido en el último verano?
Se está viviendo un proceso inevitable: en la Argentina, un gobierno derrotado en la elección pre-presidencial, también pierde el poder. El problema es que el oficialismo pretende desconocer el cambio político profundo que significó el 28 de junio y actúa como si no hubiera ocurrido. Esto llevó a la mayor crisis institucional desde el restablecimiento de la democracia, en 1983, por el enfrentamiento entre el Poder Ejecutivo con el Legislativo y con el Judicial. Es lo que se abrió el 14 de diciembre, con el primer DNU para pagar deuda con reservas y, todavía, no se cerró.

¿La mayor crisis institucional desde 1983?
La más grave porque nunca el enfrentamiento del Ejecutivo con el Legislativo y el Judicial tuvo este nivel. La cuestión, ahora, es cómo se procesa esta crisis para que no afecte la gobernabilidad. El problema es que el kirchnerismo siempre redobla la apuesta y eso hace más probable que el conflicto se agrave a que se atenúe.

Usted siempre dice que lo único que nunca cambian los gobernantes son su personalidad…
La historia muestra que los líderes políticos cambian de ideología de acuerdo a intereses, conveniencias y circunstancias, pero no de personalidad. Y Kirchner no es una excepción, sino todo lo contrario. Por eso, lo más probable es que el oficialismo no ceda ante los límites que le marcan los demás poderes. En consecuencia, el límite no es preciso. En realidad, el conflicto ya llegó más lejos de lo que podía imaginarse. Que la Corte Suprema pida mesura y la Presidente conteste que le suena a censura es un ejemplo.

Entonces, ¿no habrá paz hasta 2011?
En este marco, en la segunda parte del mandato de Cristina Kirchner puede haber margen para algún tipo de tregua precaria o transitoria. Pero no para un acuerdo de fondo, que despeje los interrogantes acerca de la gobernabilidad durante los casi dos años que restan de mandato. La idea de que el conflicto genera poder está en la naturaleza política del kirchnerismo.

¿Percibe aceleración de plazos institucionales?
El miércoles 3 de marzo, el diputado nacional Omar Demarchi, del Partido Demócrata de Mendoza, presentó el pedido de juicio político a la Presidente por desobedecer decisiones judiciales. El lunes 8, el gobernador de Misiones desmintió públicamente que la Presidente le hubiera dicho, dos días antes, que pensaba adelantar las elecciones para febrero o marzo de 2011. Ninguna de las dos situaciones se dará en el corto plazo. Pero son hechos concretos, que muestran la dinámica que adquirió la situación política.

¿Tiene madurez institucional la Argentina para el juicio político a un presidente?
La alternativa de un juicio político a la Presidente hoy es improbable pero no imposible. Porque el kirchnerismo se muestra dispuesto a profundizar el conflicto institucional. En los últimos tres meses, sucedieron situaciones que no eran probables al comenzar diciembre.

¿Cuál es la herida sangrante de los K y qué les permite contener la hemorragia de poder?
Cristina es hoy la presidente con menor nivel de aprobación de América latina y no es fácil que se recupere en los meses que siguen, aunque, en política, suele decirse que no hay imposibles. El problema político central del kirchnerismo es la división del peronismo. Esta es la clave de la pérdida de control del Congreso y la consecuente independencia de las decisiones judiciales. Hacia el futuro, es más probable que esta división se profundice. La base de sustentación K es el peronismo y el apoyo se va debilitando.

Sacada la foto hoy, ¿quiénes son los presidenciables mejor posicionados para 2011?
Reutemann dentro del peronismo y Cobos en lo que fue el radicalismo. Tienen la misma fortaleza: son percibidos como moderados y con una personalidad opuesta a la de Kirchner. La duda que generan es, si con esa personalidad, podrán gobernar la Argentina. De Narváez comenzó a instalarse como candidato posible y está entre los tres con mejor imagen. En el kirchnerismo, quien mejor imagen tiene es Scioli. Paradójicamente, porque es percibido como distinto al ex Presidente.

¿Quién tiene más chances: un PJ pos K, o una UCR revitalizada?
No es posible pronosticar quién será el próximo presidente. Pero sí anticipar qué representará. Hoy está clara cuál es la tendencia de cambio que busca la sociedad. Tanto Cobos y Reutemann reflejan moderación política, centro ideológico, buena relación con el campo y son presidentes para cuatro años y no ocho.

¿Cuál será la herencia K?
Es posible que Kirchner ya asuma que no ganará la elección. Algunas de sus acciones de gobierno, especialmente, en el campo económico, parecen apuntar más a dificultar la gestión que viene, que a facilitar un tercer período kirchnerista. El retorno en 2015 puede ser un escenario visualizado por él, en el caso de no poder retener el poder en 2011.

¿Estamos ante un recambio natural de liderazgos políticos o esta crisis tiene componentes inéditos?
Menem logró mantener la gobernabilidad, pese a que en 1997 fue derrotado en la elección pre-presidencial. Kirchner perdió y es peronista como él. Ello podría plantear la hipótesis de que mantendrá la gobernabilidad, por el pragmatismo del peronismo, que no tienen los presidentes no justicialistas, como fueron Alfonsín y De la Rúa. Pero la diferencia está en que Menem mantuvo hasta el final de su segundo mandato el control del Congreso y, en cambio, Kirchner lo perdió. Esto también implica pérdida de influencia en la Justicia.

¿Qué punto de comparación hay con 2001?
El punto en común es la derrota electoral. Pero la economía tenía entonces dificultades mayores que hoy y Kirchner tiene una personalidad mucho más fuerte que De la Rúa. Hoy no es posible una crisis como entonces. En todo caso, puede ser posible un adelanto de la elección, como sucedió más de una vez en la Argentina.



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