La diplomacia CFK o el arte de sumar enemigos

La diplomacia CFK o el arte de sumar enemigos

Los conflictos con Chile, Brasil, China y la UE son algunos de los desencuentros que marcaron la agenda internacional de la Argentina durante 2010. Según los expertos, la imprevisibilidad, la falta de coherencia y el cortoplacismo estuvieron a la orden del día. El regreso de Cristina a la escena global y los riesgos de una política exterior ausente. 12 de Noviembre 2010

A veces no exceden la categoría de roce o cortocircuito diplomático. Pero nunca pasan inadvertidos. Las relaciones de la Argentina con el mundo estuvieron definidas, en 2010, por episodios conflictivos que complican la percepción del país en el exterior. Relaciones que, según los especialistas, están surcadas por la imprevisibilidad y por un uso de la política externa al servicio de la doméstica.

Las improvisadas barreras comerciales a socios estratégicos, el enfrentamiento con Chile por el caso Apablaza, la disputa por las pruebas militares británicas en Malvinas, los coletazos de la crisis con Uruguay y el espinoso caso AMIA son algunos ejemplos de cómo la Argentina marca sus (des)encuentros con el resto de los países.

En aras de retomar la agenda global, la presidente Cristina Fernández de Kirchner ya se encuentra en Seúl, en el marco de la cumbre del G-20. Más allá de que la guerra de divisas se robará el protagonismo de esta reunión, Cristina va con agenda propia. Y entre los temas más importantes (y ríspidos) a tratar, espera avanzar en la negociación de la deuda con el Club de París. Una vez más, la mandataria insistirá en que se haga sin el FMI.

"El desprestigio es el mayor riesgo que presenta la conflictividad argentina. En la política externa siempre se trata de bajarle los decibeles a los problemas, no de subirlos", resume Emilio Cárdenas, ex embajador argentino ante la ONU. Para Alejandro Corbacho, director del Departamento de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la UCEMA, hoy no existe una política exterior coherente porque "se toman decisiones erráticas que sirven para resolver la coyuntura, la balanza de pagos del momento", y no se piensa a mediano o largo plazo.

En este contexto, ¿con quiénes se enfrentó la Argentina en 2010? ¿Cómo se mantienen las relaciones con esos países más allá de estos cruces? Y más importante aún, ¿cuáles son las consecuencias de estos enfrentamientos?

Caso Apablaza
En menos de 10 días, la Argentina desafió tanto a un socio estratégico de la región como a una de las potencias del mundo. A fines de septiembre, el presidente chileno, Sebastián Piñera, le pidió al gobierno argentino la extradición del ex guerrillero Galvarino Apablaza Guerra, acusado por el crimen del senador Jaime Guzmán en 1991. El Gobierno hizo caso omiso y le otorgó el status de refugiado político. De esta forma, Apablaza no puede ser extraditado para ser juzgado en Santiago. La tensión bilateral dijo presente.

"En Chile ha causado mucho impacto que, pese al esfuerzo por parte del presidente de tener buenas relaciones con Cristina Kirchner, ella salió con esta sorpresa que dice no controlar", asevera Daniel Prieto Vial, analista internacional chileno. Más allá de este enfrentamiento, las relaciones con el país vecino volvieron a crujir en 2005, cuando el entonces gobierno de Néstor Kirchner decidió frenar la exportación de gas a Chile para asegurar el abastecimiento del mercado interno. "Ahí se produjo un cambio muy brusco. Quedó la sensación de que la Argentina siente un gran desprecio por Chile, porque no le importó violar el tratado que ellos mismos habían firmado con no-sotros, y tampoco se tomaron la molestia de dar mayores explicaciones", señala Prieto Vial, quien considera que de la Argentina "se puede esperar cualquier cosa. Hay cierto escepticismo".

Si bien desde el punto de vista económico las relaciones se mantienen en el mismo carril, este conflicto tensa la buena voluntad de Chile, pues ahora se quiere llevar el caso a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. No obstante, Corbacho califica como "grave" la consecuencia directa que el caso Apablaza ejerce sobre la causa AMIA. "El Gobierno no tiene autoridad moral. Le entregó en bandeja a Irán todos los argumentos para no cumplir con el pedido argentino, que es exactamente lo mismo que quería Chile: que se entreguen terroristas para ser juzgados", explica.

Malvinas reloaded
En un nuevo capítulo de la tensión diplomática con Gran Bretaña por la soberanía de las islas Malvinas, el Gobierno presentó el 9 de octubre una nota formal de protesta a la embajadora británica, Shan Morgan. ¿El motivo? El Reino Unido informó al Servicio de Hidrografía Naval Nacional sobre la realización de ejercicios militares en las islas, que incluían el lanzamiento de misiles. La queja también se presentó ante la ONU -a través del embajador Jorge Argüello-, la OEA y la Unasur. "Nos sorprendió la reacción argentina, porque éstos son ejercicios rutinarios que se llevan a cabo hace 28 años cada seis meses", dice Andrés Federman, vocero de la embajada de Gran Bretaña.

Según Cárdenas, este conflicto forma parte de una "suerte de estrategia sobre Malvinas para empujar al Reino Unido a la mesa de negociaciones", intentos que aún no dieron resultados. "Se pretende que el activismo argentino se transforme en presión sobre Gran Bretaña para que se siente a conversar. Se muestra presión por el tema Malvinas en el escenario doméstico, sin tener la convicción de si se puede negociar a través de esa presión", agrega el ex embajador argentino ante la ONU. A nivel nacional, el enfrentamiento se dramatizó aún más a través de la cuenta de Twitter de la Presidenta, que lanzó: "¿Piratas for ever?"(sic).

Desde Washington, la OEA rechazó los ejercicios militares ingleses, y pidió a Londres que no se realicen más pruebas. Por su parte, los cancilleres del Mercosur y de otros países de América Latina, como Perú, también expresaron su rechazo a los ejercicios, mientras que los EE.UU. le restó importancia al conflicto.

Barreras comerciales
Primero fue Brasil, luego la Unión Europea. Más tarde, China. Mayo de 2010 fue un mes definido por los enfrentamientos comerciales. El porqué resultó ser un antecedente que ya se había visto en 2009: las barreras a las importaciones. En el caso brasileño, la fuerte aplicación de licencias no automáticas enojaron al socio mayor del Mercosur. "El problema principal no son el tipo de licencias, que están previstas por las normas de la OMC. Lo que sucede es que hubo casos de demoras de 180 a 240 días para liberar la mercadería. La reacción de Brasil consistió en ponerle también licencias no automáticas a la Argentina", afirma Raúl Ochoa, especialista en comercio exterior de la Fundación Standard Bank. Así es como la frontera se colmó de camiones -argentinos y brasileños- varados.

Las barreras proteccionistas no sólo afectaron al mayor socio comercial del país, sino que también produjeron un cortocircuito con la UE. A partir de una decisión tomada por la Secretaría de Comercio a cargo de Guillermo Moreno, la Argentina comenzó a restringir la entrada de ciertos productos alimenticios al territorio nacional. Sobre la materia, no existe ninguna constancia escrita. Para la UE, las medidas se presentan como inexplicables, sobre todo porque el bloque está intentando cerrar un acuerdo de libre comercio con el Mercosur. "No son buenas señales, pero se previeron cuatro rondas de negociaciones para llegar a un acuerdo hacia mediados de 2011. La idea es que estos temas sean barridos y no estén en el medio de la mesa", dice Ochoa. Hoy día, los conflictos se calmaron porque las restricciones al ingreso de productos brasileños y europeos son menores, aunque persisten en algunas áreas.

China también se queja continuamente de las barreras aduaneras impuestas por la Argentina a sus productos. En este caso, los valores criterio se suman a las licencias no automáticas. El viceministro de Comercio chino, Jiang Yaoping, calificó a las barreras argentinas de "anómalas y discriminatorias". Como ocurrió en otras ocasiones, el Gobierno salió a decir que las trabas no existían. Pero el gigante asiático se cansó y le pegó a la Argentina donde más le duele. En mayo interrumpió la compra de aceite de soja argentino, y comenzó a importar el producto (más caro) desde Brasil y los EE.UU. No hay que olvidar que China se lleva el 35% de las exportaciones totales de aceite de soja argentino.

Después de todo, la pelea tuvo un desenlace feliz. Siete meses más tarde, China dio marcha atrás con su decisión y volvió a comprar aceite de soja made in Argentina. "China se enojó, apretó un poco y cuando vio que la ecuación no le cerró, cedió. El conflicto se reencauzó solo por las reglas del mercado", expresa Fabián Calle, investigador del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales. Ochoa diferencia: "Es un tema netamente comercial y de seguridad de abastecimiento. Pero a China le molesta mucho el antidumping aplicado a sus productos, ya que le provoca resquemores por la presión norteamericana sobre el tipo de cambio".

Con algunos enfrentamientos más graves que otros, la Argentina se relaciona con el mundo, vaya paradoja, con un tono poco “diplomático”. "La pregunta que uno se hace es si todo esto mira más al escenario doméstico que al internacional. Si es así, nos estamos equivocando", opina Cárdenas. No obstante, Calle reconoce culpas compartidas: "Hay un gobierno que no tiene un gran esmero de prolijidad en política exterior, y también una fuerte politización de la política externa por parte de la oposición". Y sintetiza: "No son temas graves, pero son reincidentes".

Para el especialista de la UCEMA, el Gobierno "tiene una suerte enorme: el mundo le compra lo que vende" y las inversiones, aunque en menor medida, siguen llegando. Según Corbacho, la fuerte pata comercial le da mayor libertad al país, pero actualmente no se cultivan las relaciones externas. "¿Quién quiere ser la Argentina en 10 años? ¿Quién quiere que sean sus amigos? Las respuestas no son claras. Y en este sentido el país flota, pero no construye".



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