La ciudad recuperará su Museo de Arte Moderno

La ciudad recuperará su Museo de Arte Moderno

Con más de 11.000 m2 finales, la primera parte de esta obra se inaugura antes de fin de año. El arquitecto argentino Emilio Ambasz, que vive y trabaja en Nueva York, donó el proyecto que hoy se construye. Las más de 6.000 obras de arte que representan la colección más grande de un museo público argentino tendrán su casa definitiva. 22 de Julio 2010

Lo que importa de un museo es la colección y quién es su curador, más que el edificio. El lugar podría ser hasta una carpa", enuncia el arquitecto Emilio Ambasz desde Italia. Sin embargo, que el MAMBA (Museo de Arte Moderno de Buenos Aires) recupere final y definitivamente su espacio no es algo menor, más aún considerando su errático deambular desde su creación en 1956. Antes de llegar en 1984 al edificio industrial de San Juan 350, donde funcionaba la fábrica de cigarrillos 43 de Nobleza Piccardo, el museo recaló temporariamente en el Teatro San Martín. Luego de su cierre, hace más de cuatro años, las más de 6.000 obras deambularon por varios sitios. Durante un tiempo fueron custodiadas y exhibidas en el edificio del Correo Central, pero tuvieron que irse cuando comenzó el proyecto del Centro Cultural del Bicentenario. Por eso, muchos lo denominan el museo fantasma."Mi interés era porque conocía muy bien la colección de Ignacio Pirovano, que si no se exhibía corría peligro de que su familia la reclamase. Por eso me urgía que se hiciera", agrega Ambasz, quien donó el proyecto en 1997 con un expreso propósito: cuidar la colección pública de obras de arte más importante del país donada, en parte, por el filántropo y nieto del célebre médico Ignacio Pirovano. "La obra, en su mayoría de los años ´50, está en un nivel más que internacional. Incluso tuvo una enorme influencia sobre el arte de esa época. Yo vi allí una muestra de Kenneth Kemble, anticipatoria de lo que fue el Pop-Art. Fueron momentos extraordinarios del arte argentino. Por eso me interesaba. Además conocí a Pirovano. Vivía en una casa proyectada por Amancio Williams. Allítenía parte de su colección", agrega.

En cuanto al proceso de recuperación, el Gobierno de la Ciudad promete un “museo importante”, no solo por las características del edificio sino por la magnitud de sus salas expositivas. “En cuanto a esto último, va a ser el más importante de la ciudad de Buenos Aires", asegura el ministro de Desarrollo Urbano, Daniel Chaín. "Hace mucho tiempo que el proyecto quiere ponerse en marcha y este año finalmente se inaugurará la primera fase", agrega, apenas esbozando una polémica ya perimida. Cuando esté concluida toda la obra, el museo tendrá una superficie de 11.000 m2 aproximadamente, casi el triple de lo que tenía antes de cerrar. "La ampliación se da hacia los dos lados. Además, hay una puesta total a cero del original. No se trata de una restauración conservativa porque esto era una industria, sino de la conservación de la fachada con una estructura absolutamente nueva", agrega Chaín. A su criterio, lo interesante son los volúmenes espaciales de las salas y del auditorio, que tendrá la versatilidad de funcionar además como sala de exposición.

"Esto que estás viendo es el resto del patio de los naranjos. Vamos a poner una cubierta transparente para que se puedan ver los restos de esta antigua casa de la zona", dice el ministro respecto de la huella de una casa que generó controversias y exasperó a los defensores del patrimonio, que hicieron lo posible por conservarla. "Todo lo demás es una estructura nueva que permite no tener columnas, a diferencia del área industrial", agrega Chaín.

La obra se completa con dos alas nuevas que se extienden a diestra y siniestra del ex edificio de Nobleza Piccardo. "Me pidieron que piense cómo añadir una parte. Entonces surgió la posibilidad de comprar el predio de al lado, de la fábrica Iggam, y el proyecto se expandió. Entonces, en el terreno de la izquierda se harían exposiciones temporarias y en el de la derecha funcionaría el Museo del Cine", dice Ambasz.

Pero este último museo guarda un acervo de películas en acetatos y otros materiales altamente combustibles, por lo que se decidió no ponerlo contiguo al MAMBA. "Tener un depósito con eso no era muy sabio. Insistí para que no se haga”, cuenta el arquitecto argentino radicado hace décadas en Nueva York. "El edificio de Iggam era muy endeble por lo que no se podía trabajar sobre él. Había pisos de metal y columnas de madera. Entonces definimos terminar la remodelación de Piccardo y construir el de la izquierda. Si no hubiese dinero para continuar, se resolvió terminar el de Iggam, al menos, como si fuese un garaje. Es decir: dejar estructuras, escaleras y hueco de ascensores listos, pero sin equiparlo", dice Ambasz.

Por su parte, Chaín estableció los plazos de la obra y el presupuesto invertido. "La primera fase, la sala preexistente, de abajo, y la sala magnífica de arriba se inauguran el último trimestre de este año, con todos los servicios y el hall central. A continuación habrá una segunda y tercera fase. Para la primera etapa invertimos este año $14 millones y alrededor de $30 millones se necesitarán para las dos que faltan", precisó.

El proyecto de Ambasz contemplaba una fachada verde del lado histórico, sobre San Juan, y otra tecnológica y lumínica sobre la cara que da a la autopista. "La idea era poder hacer ahí proyecciones, pero no se pupudo llevar a cabo por un pretexto absurdo. Porque las señoritas en prendas menudas de los carteles distraen mucho más que esto a los conductores. Así que ahora estaría cubierta de plantas y habría un aparato que crearía una nube de agua pulverizada, que además del efecto visual daría agua a la vegetación", dice el arquitecto. Este muro verde estará sostenido y generado por una estructura reticular metálica, detrás de la cual se ocultarán las escaleras de emergencia.

En cuanto al frente, el proyecto pretendía unificar las fachadas. "El edificio de Piccardo, desde el punto de vista de la seguridad, era poroso. Haciendo un agujero en la pared se puede entrar. Entonces, se está construyendo una pared paralela, a 1.80 metros, en hormigón con mucho hierro. Entre las dos paredes pusimos los equipos de aire acondicionado y humidificación y llenamos el espacio con las mismas plantas que están en las calles, para crear un entorno similar al que tiene San Telmo", aporta Ambasz.

Con respecto al barrio, el arquitecto que tuvo que modificar el proyecto y esperó años para que finalmente se concrete ("soy más perseverante que creativo", aclara) se preocupa porque los vecinos sientan que la ciudad les está entregando un edificio importante. "Por eso insisto para que hasta los baños tengan los mejores materiales", agrega. Y ligado a esto, sincera que uno de los temas a resolver es la cuestión de la calidad. "Los museos funcionan bajo normas del ICOM (International Council of Museums) y este edificio debe pasar estos requerimientos porque si no cumple con las normativas de seguridad, humedad o iluminación, nadie va a querer prestarle nada". Cuando las tres etapas estén concluidas, el MAMBA dejará de deambular y tendrá una morada definitiva para que todos, fantasmas incluidos, descansen en paz.



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