La casa de los techos de piedra

Atamisque es una bodega, una finca, un restaurante y próximamente un lodge con campo de golf propio que sorprende con su propuesta innovadora en el camino de los Cerrillos, en la entrada de Tupungato. 15 de Octubre 2010

El camino de Los Cerrillos aparece al oeste de la Ruta 40, poco más de 50 kilómetros al sur de la ciudad de Mendoza. Nace en Ugarteche y desde allí va levantando una suave cuesta a través de la Pampa del Cebo. El paisaje serrano está dominado por los colores terrosos de las jarillas, arbustos bajos acostumbrados a soportar cualquier inclemencia. Como dando la bienvenida, aparece recortando el horizonte el Cristo Rey del Valle, o quizás, la figura esté bendiciendo la mayor riqueza de estos parajes: los cultivos. Por este camino se llega a la zona de San José, antigua y enorme estancia que diera origen al poblado del mismo nombre, pero también al lugar que ocupa el interés de esta visita: Atamisque.

De la San José original con más de 19.000 hectáreas a la actualidad, la tierra se dividió y pasó por diversas manos hasta llegar, una porción de la antigua estancia, a John Du Monceau (ex vicepresidente y actual accionista del grupo Accor) y Chantal, su esposa. Cuando visitaron la finca en 2006 quedaron prendados del lugar, al punto de quedarse a vivir. Y una vez allí, el linaje bodeguero de la Bourgogne presente en la familia de ella derivó en la idea de construir una bodega. Así nace Atamisque.

El nombre es el de un arbusto de la zona y la elección se corresponde con la intención de integrarse al paisaje de todo el emprendimiento. Esta filosofía se ve reflejada también en la particular arquitectura elegida para la bodega, cuyos responsables fueron el afamado tandén Bórmida&Yansón. Sus techos de piedra laja son lo primero que se ve al llegar por el camino de Los Cerrillos, porque el valle se domina desde arriba. La piedra, colocada como en algunas regiones de Italia y Francia, se presenta con sus tonos pardos como parte del paisaje. El estudio de arquitectura proyectó esta rareza (es la única bodega con esta clase de techos) y la complementó con paredes que, aunque nuevas y de hormigón, se ven como si el tiempo hubiese pesado sobre ellas. Sin embargo, en el interior, se dispuso de la mejor tecnología disponible en el mundo del vino. Y aunque hay 4000 metros cuadrados construidos, el conjunto está lejos de los grandes edificios con aires modernos que ahora abundan en la zona: aquí hay pequeñas naves con techos a dos aguas, una junto a la otra, sin querer llamar la atención.

A cargo de los vinos (o más bien del concepto del proyecto) está el enólogo Philippe Caraguel, de experiencia internacional y con amplios conocimientos de este terruño y sus virtudes. De hecho, a poco de haber nacido, sus líneas Catapla y Atamisque han seducido a amantes del vino del mundo entero.

Paisajes integrados
La ubicación de la bodega es estratégica por varios motivos. Al estar en una loma se diseñó el circuito que recorrerá el vino con ayuda de la gravedad, sin necesidad de usar bombas que puedan dañar a las uvas. Y respecto de su entorno, los edificios dividen claramente dos escenarios bien determinados: de un lado viñedos de gran prolijidad y belleza, y del otro, la rusticidad nativa del jarillal en un juego de contrastes que aparece en diversos puntos de Atamisque. Es que a las 300 hectáreas de frutales y a las 15 de parque con añosas arboledas desplegadas según un diseño del prolífico Carlos Thays se le suma un campo de golf de 9 hoyos que inaugurará el 13 de noviembre. Más allá, las viñas están enmarcadas por sierras de colores ocres, por la vegetación propia de las regiones semiáridas y, de fondo, el inmenso Cordón del Plata con sus cumbres de más de 6000 metros sobre le nivel del mar. Además, se despereza un lago artificial que funciona como criadero de truchas que provee a la cocina del restaurante de su producto estrella. La bodega se puede visitar todos los días y no hace falta realizar reservas; en cambio para sentarse a la mesa del Rincón de Atamisque conviene asegurarse un lugar. Se trata de un espacio con estilo de campo, cálido y tranquilo, en donde se pueden degustar platos a base de truchas que nacen en el propio predio. La lista de productos nacidos en la misma finca incluye miel, grapa, alcohol de cerezas o peras, y todas las frutas. Lo mejor es que además de probarlas allí, en los platos que combinan recetas autóctonas con la cocina francesa, también es posible comprar vinos y conservas en una suerte de boutique gourmet que ocupa un sector del restaurante.

El corazón de Atamisque
El edificio, el restaurante, todo gira en torno al corazón de Atamisque: los vinos. Como se espera de sus dueños franceses, el concepto de terroir es central en el desarrollo de los productos: la conjunción entre el suelo aluvional, el clima particular de este valle a 1300 metros sobre le nivel del mar, y por supuesto, el talento y la dedicación del hombre. Y por dedicación se entiende la cosecha manual y la doble selección primero de racimos y luego de bayas para asegurar que se usarán las uvas más sanas y aptas para lograr vinos excepcionales. Los tanques de acero inoxidable de pequeño tamaño, el proceso gravitacional y la supervisión constante de los dueños y enólogos de Bodega Atamisque terminan por reflejar ese amor por esta tierra en vinos expresivos y de calidad.

Claro que a este desarrollo tan meticuloso y especial le está faltando algo para estar completo; la posibilidad de disfrutarlo durante más de un día, repartiendo el tiempo entre el golf, la gastronomía y los viñedos. Para eso, el proyecto de los Du Monceau incluye la construcción de un lodge, que seguirá, seguramente, las mismas premisas que guiaron el trabajo hasta ahora: respeto por el entorno y búsqueda de la excelencia. Un buen combo en las alturas de Tupungato.

Datos útiles
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Atamisque: Ruta provincial Nº 86 - Km 30 - San José - Tupungato
turismo@atamisque.com - www.atamisque.com
Tel: 261-155-275-336 - Nextel: 625 * 5985



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