La aspirante a la Presidencia que carga con el peso de su apellido

La aspirante a la Presidencia que carga con el peso de su apellido

A menos de un mes de las elecciones generales en Perú, la candidata e hija del ex mandatario Alberto Fujimori es la preferida de las clases bajas. Aunque sin una conquista asegurada, las encuestas la posicionan con una intención de voto del 20% y podría llegar a ballotage. Escándalos políticos que la salpican y la constante defensa de su padre, los principales obstáculos. 18 de Marzo 2011
Una K. Una imponente K sobre un círculo naranja. Un cuadrado negro que circunscribe a ese círculo, que envuelve a esa enorme K. "KEIKO Presidente" es el lema detrás de la letra que lanza a Keiko Sofía Fujimori a las elecciones presidenciales que se llevarán a cabo el 10 de abril en Perú.

No. Esa letra no la hace conocida. Tampoco su nombre. La carga del apellido cuenta su propia historia. De ascendencia japonesa y amplia sonrisa, Keiko no es otra que la hija mayor de Alberto Fujimori, quien gobernó Perú entre 1990 y 2000 y en la actualidad cumple una condena de 25 años por crímenes de lesa humanidad cometidos en la década del 90. Todo eso, y más, arrastra su apellido.

Hoy, las encuestas no le garantizan la victoria a la candidata de 35 años, aunque la posicionarían en una segunda vuelta con un 20% de intención de voto, según las últimas encuestas. Porcentaje que no resulta abrumador, pero que se ha logrado mantener estable en los últimos meses. Su principal contrincante para llegar al ballotage es Luis Castañeda, de Solidaridad Nacional, que se acerca con un 17%. Con tan sólo un punto menos se asoma Ollanta Humala. Alejandro Toledo, de Perú Posible, hasta ahora tiene su lugar asegurado: cuenta con el 27% de intención de voto. Esos candidatos se afirman en una elección que encuentra al 50% de los peruanos con un voto indeciso.

Los pasos de campaña de Keiko por los departamentos y barrios más pobres del país están lejos de ser fortuitos: sabe bien dónde reforzar sus votos más fieles. Las clases bajas, conocidas en Perú como "D" y "E", son las que mejores recuerdos tienen de Fujimori padre por su lucha contra la organización terrorista Sendero Luminoso y por bajar la inflación. Pero si bien capta sus votos, la aspirante a la presidencia peruana carga con el doble efecto de su apellido. "De su padre, hereda una figura contradictoria. Por un lado, le permite obtener ese 20% de intención de voto. Por el otro, le impide avanzar", asegura Sinesio López Jiménez, consultor político peruano y profesor de la Escuela de Gobierno y Políticas Púbicas de la Universidad Católica de Perú.

A pesar de haberse lanzado a una candidatura presidencial con el reciente partido Fuerza 2011, los sectores más críticos sostienen que su experiencia política resulta escasa. Luego de que su padre se divorciara de Susana Higuchi, se convierte en la Primera Dama de Perú a los 19 años, aún siendo una estudiante universitaria de administración de Empresas. Ya con la mirada puesta en los sectores más vulnerables de la sociedad, en ese entonces asume la presidencia de la Fundación por los Niños del Perú y la Fundación Peruana Cardioinfantil.

En 2005, se presenta como líder del grupo fujimorista y, un año más tarde, es elegida como congresista nacional por el departamento de Lima, cargo que ostenta hasta la actualidad. Una vez más, la figura de Fujimori la ayuda con sus electores. "El apellido pesa. Si el candidato hubiese sido otra persona, seguramente tendría la mitad del respaldo que posee Keiko", arriesga Alfredo Torres, presidente Ejecutivo de la encuestadora peruana Ipsos Apoyo. Tampoco resulta casual que su jefe de plan de gobierno, Jaime Yoshishama, sea el ex ministro de la Presidencia en el primer y segundo gobierno de su progenitor.

Además de hacer campaña, defender escándalos políticos es la acción que la tiene más (pre)ocupada en estos días. Defiende en público a Gina Pacheco Vera, la enfermera personal de su padre y ahora ex aspirante de Fuerza 2011 al Parlamento por Lima, quien fue investigada por corrupción y narcotráfico en 2002. Defiende a Rofilio Neyra Huamaní, otro de sus candidatos congresales, salpicado por un cable de Wikileaks que apuntaba a la financiación de una campaña política en 2006 con narcodinero. Defiende a José "Pepe" Vásquez Montero, candidato fujimorista relacionado con el alquiler de vehículos para el narco colombiano. A todos ellos los defiende.

Sin embargo, la vinculación con el narcotráfico se ha hecho personal. Este año, admitió al diario limeño La República que hace cuatro años recibió una donación de u$s 10.000 de una familia investigada por tráfico de drogas.

Pero, y ante todo, defiende a su padre. En su primer discurso como candidata oficial en 2010, tuvo que atajar las frecuentes críticas del Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa hacia Alberto Fujimori. "Quiero ratificar lo que siento y lo que sienten muchos de ustedes: y es que Alberto Fujimori ha sido el mejor presidente de la historia de nuestro país. ¡Y me siento orgullosa de ser su hija!", se pronunció Keiko públicamente. En 2010, las ácidas palabras de Vargas Llosa también le llegaron a Keiko. "Si la hija del dictador que está condenado a la cárcel por criminal y por ladrón tiene la posibilidad de ser presidenta del Perú, voy a ser uno de los peruanos que va a tratar de impedirlo", dijo el reconocido escritor peruano. Keiko buscó protegerse, aunque el escudo se dirigió, principalmente, hacia su padre: "Soy la hija del presidente que nos trajo la paz y el crecimiento".

Por su parte, el consultor López Jiménez asegura que si bien todos estos ataques pueden debilitarla, “a los sectores más bajos no les afecta, son muy leales. Es el voto duro”. Y hacia ellos están dirigidos los tres pilares de su campaña política: la erradicación de la pobreza extrema, finalizar con la violencia que afecta a la población peruana y la promoción de empleos.

Desde su equipo técnico, se intenta enfatizar la idea de compartir el crecimiento, especialmente con el campo. A pesar de que la economía del país latinoamericano viene creciendo a tasas chinas, una encuesta nacional urbana de la Universidad Católica arroja que el 59% de los peruanos desaprueba la política económica del actual gobierno. “Alan García termina con un fuerte desgaste pese a su éxito económico, mientras que su predecesor, Toledo, está primero aunque no gana en la primera vuelta”, asevera Rosendo Fraga, director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría. Y sobre Keiko, destaca: “La hija de Fujimori ha reunido el apoyo de los seguidores de su padre, pero renovándolo con juventud, vitalidad y sensibilidad femenina. Ella puede sufrir en segunda vuelta lo que Ollanta Humala sufrió en la última elección: que el nivel de rechazo haga triunfar a su oponente”.

Con Toledo firme en segunda vuelta, el último mes que precede a las elecciones estará centrado en Castañeda y Keiko como figuras rivales. No obstante, la aspirante fujimorista adelantó que no atacará a nadie para llegar a ballotage. “Al señor Castañeda le deseo mucha suerte”, se expresó.

El domingo 13 de marzo, los once candidatos que buscan sentarse en el sillón de Pizarro tuvieron su último gran encuentro de cara a las elecciones: el debate presidencial organizado por el Jurado Nacional de Elecciones. Una vez más, Keiko resaltó la seguridad ciudadana y los programas sociales. En los días que la separan del 10 de abril, la mujer que camina con el peso de su apellido espera, con cautela, que se asome ese “voto escondido” para el fujimorismo.



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