La arquitectura, musa de inspiración

El Portero de la Estación Windsor es una obra de teatro basada en la historia de vida de un arquitecto uruguayo que emigra a Canadá. Intimidad de su exilio en Montreal. 19 de Agosto 2010

Justo cuando ideaba una historia sobre la pérdida de la belleza en la ciudad, vista a través del personaje de un arquitecto, conocí a Francisco. Fue en el café donde siempre me sentaba a escribir. Pensaba que el arquitecto podía convertirse en vagabundo para, justamente, reflejar el fracaso de la belleza. A mi lado, un hombre leía un libro que tenía junto a un diccionario. Le pregunté si era escritor. Me dijo: soy arquitecto, pero podrías verme como un vagabundo". Así cuenta Julie Vincent, directora de la obra, lo que bien podría ser la primera escena. "Yo vi que sus ojos se agrandaron con mi respuesta", agrega Francisco Antolino, el verdadero protagonista.

Realidad hecha ficción
Antolino se graduó en la Universidad de Montevideo dos meses después del Golpe de Estado de 1973. Fue entonces que emigró a Montreal."Cuando supe de un nuevo golpe en Chile, a una semana de llegar, todas mis esperanzas de volver murieron con eso. En realidad, debo considerar que mis recuerdos son muy vagos, posiblemente porque he querido olvidar". Francisco habla en voz baja, con un tono muy pausado. Cuenta que enseguida consiguió trabajo como dibujante. Primero, en un estudio de ingenieros y luego, en otro de arquitectos. "Después pasé mis exámenes en la Corporación, una institución oficial que controla el funcionamiento del trabajo", agrega. Asílogró tener su propio estudio por más de veinte años. En la obra, la figura de un inspector de la Corporación lo persigue acusándolo de contratar personas en negro, que su asistente Grignon no tiene buen prontuario y de haber pasado facturas por duplicado. "Vos no sos más que un dibujante de lujo", le grita en un momento. "Eso es una realidad en Canadá. Hay un cierto desprecio por la profesión y es muy fuerte, porque no solo lo dice una persona, sino que es el sentir de toda una comunidad", asegura Francisco. Julie agrega que ese fue el momento en que Antolino perdió sus ilusiones y abandonó su profesión. Ahora, el verdadero Francisco traduce libros al francés. "Sentí que necesitaba hacer otra cosa, como renacer", dice. Ese cambio se dio al mismo tiempo que conoció a Julie.

Algunos tópicos
En la obra, el protagonista pide que apaguen las luces. "Son cosas del pasado que no quiero ver y que solo empecé a sentir al irme del Uruguay. Sigo viviendo esa necesidad de recuperar mi pasado como una carencia", susurra Francisco. Pero ojalá la oscuridad fuese apenas un recurso simbólico de la puesta en escena. El arquitecto creó inconscientemente un problema físico en sus ojos. "Tengo mis párpados caídos para no ver, como si fuesen una pantalla", agrega con tristeza. La relación con Grignon, un aprendiz que trabaja en el estudio, manifiesta la interacción de dos generaciones y marca la importancia de la figura del maestro. "Eso es parte de la ficción. Me parecía interesante mostrar el fenómeno del doble. Ser inmigrante es ser doble, tenés tu país escondido en el interior y el país exterior. En Canadá hay que aprender dos idiomas además del propio. Mi tarea es mostrar lo que él vive por dentro y no vemos", explica la directora. Así fue que inventó personajes duplicados que espejan otra relación, otra historia. Y pensó en un joven alumno que, en el laberinto de Francisco, hiciera su sacrificio para que reaparezca Juan, un amigo de la facultad que los militares mataron en Montevideo. Además, está el tema de legar el conocimiento, del maestro que ama enseñar. "La transmisión oral del saber es algo que se hace con trabajo real y donde el profesor crece con el alumno”, agrega Julie, quien también intenta reflejar la época de estudiante del protagonista, el constructivismo en la obra de Torres García, la influencia de Gaudí en Montevideo y, luego de eso, cómo los arquitectos uruguayos buscaron su propio lenguaje. "Ella está creando en Montreal un nuevo sentimiento hacia el Río de la Plata, eso también es transmisión oral", aporta Francisco. La pasión por los trenes también es ficción. "Viene porque la Estación forma parte de su vida. Salir de su casa, tomar el tren, venir al centro. En Uruguay el tren era un objeto de muy poca importancia. Desde que los ingleses lo dejaron en manos del poder local, se deterioró. Eso forma parte del sueño". Esta vez es Francisco quien lee a Julie.

El Portero de la Estación Windsor
Dirección y puesta en Escena: Julie Vincent.
Traducción y adaptación a cuento teatral: Blanca Herrera.
Actores - narradores: Manuel Vicente (Argentina), Julie Vincent (Canadá), Silvina Bosco (Argentina, funciones a partir del 11/9), Cecilia Cósero y Mateo Chiarino (Uruguay).
Funciones: Sábados a las 20:30 hs.
Dirección: Sánchez de Bustamante 1034.
Entrada: $50. Estudiantes: $35.



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