La agenda que viene

La agenda que viene

Captar inversiones extranjeras, solucionar las disputas sectoriales y contener la inflación, los principales temas que preocupan a los empresarios para el próximo año. 15 de Agosto 2011
Si las elecciones de octubre aún parecen lejanas e inciertas, 2012 directamente está en otra dimensión. Sin embargo, los hombres de negocios ya se animan a delinear cuáles serán los principales temas de la agenda económica del próximo año.

Así, el 49 por ciento de los empresarios considera como primera cuenta pendiente de la Argentina captar inversiones extranjeras, según un estudio realizado por D’Alessio Irol sobre Expectativas de Ejecutivos de IDEA (a partir de una base de 275 casos). Es que, según un research sobre inversión mundial publicado por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad) en julio último, la inversión extranjera directa (IED) en la Argentina llegó en 2010 a los US$ 6337 millones, un 57,7 por ciento más que en 2009, pero aún muy por debajo de los US$ 9726 de 2008. Es más, el flujo de dólares circula en sentido contrario: datos privados revelan que sólo en el primer semestre del año la fuga de capitales habría sido de unos US$ 10.100 millones, frente a los US$ 11.410 millones que salieron en todo 2010.

Por otra parte, el 48 por ciento de los consultados por el estudio también planteó como objetivo para 2012 solucionar las disputas sectoriales. “Alcanzar una mayor competitividad en la producción local se vuelve una necesidad cada vez más inmediata y lejos está de ser lograda con el simple hecho de exportar vinos para compensar la importación de autos o que una marca de smartphones ensamble teléfonos en Tierra de Fuego, por nombrar
dos ejemplos”, se queja el distribuidor de una de las marcas asiáticas. Y los empresarios coinciden en que la necesidad de tomar medidas de largo plazo se hace más urgente, sobre todo después de que Dilma Rousseff, presidenta de Brasil, anunciara de manera sorpresiva un paquete de medidas para estimular la industria de ese país, que contempla una exención impositiva por US$ 16.000 millones para contrarrestar el fortalecimiento del real y la renovación hasta diciembre de 2012 de líneas blandas de crédito por US$ 48.000 millones, entre otras iniciativas.

Los sectores textiles, de calzado y automotor locales ya encendieron sus luces amarillas.
Contener la inflación. “La frase se repite una y otra vez, pero sigue siendo sólo un eco que rebota en el vacío”, describe el titular de una de las principales consultoras económicas multadas por el Estado. Sin un indicador oficial que la mida certeramente (ya van cuatro  años y medio del “Indecgate”) y, mucho menos, sin medidas que apunten a contenerla, el alza de precios sigue como cuenta pendiente en el top of mind corporate (47 por ciento de los ejecutivos la mencionó en el relevamiento de D’Alessio IROL / IDEA). Enfriar la economía es mala palabra en la gestión K y alentar el consumo parece un acto reflejo. El último empujón lo dio la Presidenta, quien anunció que, a partir de septiembre, aumentará un 16,8 por ciento las jubilaciones y un 24 por ciento la asignación universal por hijo, inyectando así $ 3600 millones en el mercado. En tanto, la inflación acumulada de los primeros seis meses del año, según el Indec intervenido, fue de 4,7 por ciento, muy por debajo del 10,2 calculado por las consultoras.

Bastante lejos del podio, el 17 por ciento de los encuestados aboga por sostener el tipo de cambio. Es que, a esta altura, la tendencia de los argentinos a refugiarse en el dólar parece no tener otra explicación que la historia local. Mientras la moneda estadounidense se deprecia en el mundo frente a las divisas locales o regionales, en la tierra del tango los verdes no pierden valor: al cierre de esta edición, el tipo de cambio minorista se ubicaba a 4,18 y los analistas vaticinaban que en octubre estaría entre 4,20 y 4,30. Cualquiera sea el ganador en las presidenciales, se espera un ajuste mayor, pero gradual.

Otros pendientes para 2012 son obtener una tasa de interés apropiada, adecuar los programas de asistencia social –sobre todo para contener el creciente gasto público– y
renovar los bienes de capital, factor fundamental para que el crecimiento económico algún día sea verdadero y genuino desarrollo.



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