La Reina del Plata en tiempos coloniales

Recorrida por la historia de la traza de la ciudad de Buenos Aires. Los edificios más antiguos, y los distintos estilos que marcan la identidad de cada barrio. 17 de Marzo 2011
"Buenos Aires no fue fundada dos veces, sino una. Pedro de Mendoza no fundó una ciudad, sino un fuerte. Importa porque deja el nombre. Pero quien realmente lo hizo fue Juan de Garay en 1580 . Esto suponía elegir el lugar, trazar el plano, ubicar la plaza principal", cuenta Miguel Ángel Muñoz, quien comienza hoy a dictar un curso en la Fundación Foro del Sur sobre la arquitectura colonial en Buenos Aires. En una ceremonia muy formal de acuerdo a lo establecido en las Leyes de Indias (ver recuadro), se tomaba la posesión del terreno y un monje o funcionario hacía la apropiación simbólica del lugar, cortando alguna rama de árbol o arrancando plantas del piso. El ritual seguía con un reto a un posible oponente de la fundación y con la picota erigida en el centro de la plaza como símbolo de justicia y la cruz en el lugar donde se levantaría la iglesia. "El palo que se clavaba era la marca que indicaba que esas tierras tenían ya dueño", aclara el historiador.

Las primeras casas y el trazado urbano
Las Leyes de Indias indicaban que las ciudades debían tener forma de damero con dos vías de circulación principales, una que la atraviese de Este a Oeste y la otra, de Norte a Sur. "Cardum y Decumanum, así se llamaban. Esto está tomado de la urbanística romana y aplicó para las principales ciudades donde la topografía lo permitió, incluso Montevideo. En cuanto a la arquitectura, era muy modesta entonces y queda muy poca en pie por los materiales precarios con los que fue realizada", sostiene Muñoz, refiriéndose principalmente al adobe. "El edificio más antiguo es la iglesia de San Ignacio y subsiste porque fue hecha con ladrillos, al igual que el Pilar", comenta.

La dificultad para encontrar casas verdaderamente coloniales entre la jungla de cemento y los nuevos rascacielos porteños se acrecienta por la influencia del estilo neoespañol de 1920. "Muchas construcciones se retocaron e, incluso, se hicieron a nuevo, como la casa de Enrique Larreta en el barrio de Belgrano. Lo mismo ocurrió con la iglesia de San Pedro Telmo. Pero el gran drama fue 1910 por los festejos del centenario. En las acuarelas de Carlos Pellegrini la Catedral es blanca. Pero después la llenaron de pintura y la oscurecieron. San Francisco también fue muy tocada y hoy ya va por la tercera fachada. Otro año terrible fue 1955. Se perdieron los retablos de Santo Domingo, de San Francisco. En cambio el Pilar, por estar alejada del centro, no fue atacada", narra minuciosamente Muñoz.

Los grandes cambios
La arquitectura posterior a la colonia llega en la primera mitad del siglo XIX, aunque para el historiador es tan pobre como su antecesora. "Son muchas las razones. La más evidente: es un arte caro y desde la Revolución de Mayo a Pavón los fondos se invirtieron en cuestiones militares. Recién a partir de la caída de Rosas, cambia un poco". De todos modos, en ese tiempo rescata la Catedral Anglicana. "Muy pequeña, muy simple, sencilla dignísima. Es un neoclásico maravilloso típico ejemplo de la arquitectura Rivadaviana. Aunque, en rigor esto se construye en tiempos de Rosas". El proyecto de Rivadavia retoma el modelo europeo y, para él, dignos ejemplos de este período son La Aduana de Taylor y el primer Teatro Colón, que funcionó frente a Plaza de Mayo y fue el primer edificio que utilizó estructura de hierro a gran escala en la ciudad.

"Recién a partir de 1870-1880 se da el boom arquitectónico, que viene ligado al económico. Entonces se da esta arquitectura ecléctica. El Palacio de Aguas Corrientes es el emblema de esta arquitectura de nuevo rico que surgió con Napoleón III, que era un plebeyo que quería ostentar y exagerar. Luego se da un segundo momento, a principios del siglo XX. Ahí hay una gloria: Alejandro Cristophersen. Maravillas como el Palacio San Martín o el Anchorena son ejemplos", se explaya Muñoz, quien también destaca en ese momento la influencia de la Bauhaus y hace un punto en el Art Nouveau porteño. "Este estilo obliga a una mirada distinta. Así como el racionalismo se encuentra más en Palermo Chico, Barrio Norte o la Avenida Libertador, el Art Nouveau está en la Boca, Once o Barracas", concluye el historiador.



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