Juan José Llach:

Juan José Llach: "Recurrir al impuesto inflacionario es el peor ajuste de todos"

El economista y sociólogo Juan José Llach analiza en un mano a mano con Weekend los distintos temas de la realidad macro: créditos, deuda, canje, financiamiento, inversiones, la relación con China y el Indek-gate. 23 de Abril 2010

Cuando estaba en tercer año de la licenciatura en Sociología, su profesor Justino O’Farrell, les sugirió a varios estudiantes complementar su carrera con economía. A la semana siguiente, se estaba anotando en la facultad y la terminó apenas después que Sociología. Tal vez por ello, Juan José Llach, no es un economista más.

“Desde entonces me apasionó y me sigue apasionando justamente la integración de ambas disciplinas, que yo creo esencial. No hay buena sociedad sin buena economía, y viceversa. Sólo juntas también con una buena política pueden permitir realizar los valores de equidad y libertad”, describe terminante.

Llach, que también es fanático del deporte -sobre todo del fútbol y del tenis-, se muestra “bastante optimista respecto del futuro de la Argentina a partir de 2011”. Asegura que el mundo seguirá ofreciendo muy buenas oportunidades porque “la mayoría de la sociedad quiere volver a la sensatez y mirar a los vecinos para poder realizar sus proyectos de vida sin un sainete semanal como ahora”, dispara el hombre del IAE, en una entrevista con El Cronista Weekend en la que habla de todo: canje, inflación, Indec, China y hasta políticas públicas de redistribución del ingreso.

Sin medias tintas, Llach también pide “desarmar el unitarismo tributario que coloca como rehenes a muchos gobernadores”, advierte sobre la actitud del Gobierno de subestimar los valores de la inflación y sobre los riesgos de manipular las cifras del Indec: “El riesgo es terminar creyéndose las mentiras y no tener un buen programa contra la pobreza, nada menos”. Además, sostiene que “una buena política de crecimiento sostenido es la única manera de evitar ajustes como el peor de todos, que se está haciendo ahora, de recurrir al impuesto inflacionario”.

El Ministro de Economía, Amado Boudou, aseguró esta semana que la inflación es supuesta y que lo que hay en la Argentina es una tensión del crecimiento. ¿Coincide usted con este veredicto? 
Por supuesto que hay inflación, o sea, aumento sostenido y generalizado de precios. Será el tercero de cuatro años con inflación mayor al 20%, y el año pasado nos salvamos por la recesión. En ningún país del mundo se daría una discusión de este tipo. Existe casi 100% de consenso que toda inflación de más de un dígito es mala. Sugiero al Ministro que consulte a la población.

¿Es positivo tener una industria que crece a un ritmo del 7,1 por ciento en marzo versus igual mes del año anterior o se está calentando demasiado?
Es claramente positivo, entre otras cosas porque se viene de una importante recesión, con caída real del orden de la industria del 6% en 2009.

¿Cuánto incide el efecto Brasil en esta aceleración local?
Como máximo, un 25% del aumento total, ya que hay fuerte recuperación del consumo interno.

Respecto de este punto, la Presidenta de la Nación aseguró que le molesta que se hable de enfriar la economía y que no tienen previsto hacerlo. ¿Cuál es el mejor camino para contener la inflación?
El que se sigue en casi todo el mundo: política fiscal y monetaria más o menos expansivas o contractivas según el ciclo -o sea normales- más acuerdo de precios y salarios (acuerdo, no imposición) para moderar expectativas. El aumento de la demanda privada, acentuada por el canje, sería más que suficiente para crecer al 6%.

La expectativa del 32 por ciento de inflación que marca la UTDT, ¿es preocupante? 
Sin programa explícito es difícil bajar la expectativa, y cuanto antes se lo haga, mejor. Se está dejando pasar la oportunidad de hacerlo en el segundo trimestre, siempre el de menor inflación. 

El hecho de subestimar los valores de inflación y el incremento de los valores de los alimentos termina subestimando los niveles de pobreza...
El riesgo es terminar creyéndose las mentiras y no tener un buen programa contra la pobreza, nada menos.

¿Por qué hay tanta presión sobre todo en el terreno de los valores de los alimentos?
Porque durante cuatro años se ha reprimido la producción, primero la carne, luego la leche, más tarde el trigo, y así. Algo influyó la extensión de la asignación universal. Pero lo decisivo fue el ciclo ganadero, que estaba cantado.

Durante los últimos días varios de los protagonistas de la industria e inclusive del campo han pedido una mayor devaluación del peso. ¿Es necesario? 
Con base diciembre 2001=100, el tipo real de cambio del dólar es 1.30 y el multilateral 1.90. No veo necesaria una devaluación hoy, pero si no hay programa de estabilización sí lo será algo más adelante. Por el camino que vamos se desincentiva la inversión en la industria y servicios como call centers. Para el campo alcanzaría con eliminar todas las restricciones a la producción y a la exportación.

Los más críticos incluso hablan de una convertibilidad en el orden de 3,90...
No es convertibilidad. Se está usando el tipo de cambio como ancla nominal, y se lo hace con abuso porque al no haber programa casi todo el peso antiinflacionario recae sobre esta variable.

¿Qué opinión le merece el canje de deuda? ¿Cuál es el impacto real que tendría el éxito del canje en nuestra economía real?
La opinión es positiva, lástima que no se hizo antes. Habrá algo de reducción del costo de financiamiento público y privado, pero lo decisivo para ambos sería declarar que el INDEC vuelve a medir todo como hasta enero del 2007.

¿Es importante para usted que se selle un acuerdo con los acreedores del Club de París y que sea ésta la próxima meta financiera del Gobierno?
Claro que ayuda, pero más ayudaría un plan financiero creíble 2010-2011.

¿Por qué con el nivel de depósitos actual siguen tan elevadas las tasas de los créditos hipotecarios?
Casi nadie está dispuesto a colocar fondos líquidos o inversiones de largo plazo, o en las que haya que hundir mucho capital, en la Argentina. No hay pues “materia prima” para bancar créditos largos.

¿Cree que es necesaria una política de los bancos públicos para un mayor acceso a los créditos hipotecarios?
La clave es conseguir depósitos o préstamos genuinos para bancar esos créditos. El BNA se financia en buena medida con licencias del BCRA para no cumplir los requisitos financieros.

Otro de los temas de impacto local pero de naturaleza global es el caso de China y su cierre a las importaciones de aceite de soja argentino. ¿Le preocupa la relación bilateral con ese país?
No hay una política de largo plazo hacia China, uno de nuestros dos o tres principales socios estratégicos. Debería haberse empezado a negociar hace mucho la posibilidad de acceder a ese mercado con bienes de consumo final, para los que hay muchas trabas.

Se debate mucho en la Argentina el tema de la redistribución del ingreso y si son suficientes o no algunas políticas como, por ejemplo, la de la asignación universal. ¿Cuál es su punto de vista respecto de esta política? ¿El monto es suficiente?
Es un buen programa -incluso con impactos positivos en la escolarización- y el monto no estaba mal en su origen, ahora ha perdido casi un 25% de su valor para comprar alimentos. El programa debería ser realmente universal, cosa que no es hoy.

¿Cuánto incide la educación en la reducción de la pobreza?
A corto plazo, poco. A mediano y largo plazo es lo principal. Pero para eso las escuelas de las zonas más necesitadas deberían ser las mejores, y muchas de ellas son hoy las peores, y universalizar el nivel inicial desde los cuatro años. Tener, además, jornada extendida para que los chicos de menores recursos puedan acceder a deportes, recreación, arte, segunda lengua, tecnologías, y en la secundaria también a alguna competencia laboral.

La coparticipación es otro de los puntos en escena y la redistribución del impuesto al cheque genera polémica en el territorio político. ¿Cuál es su punto de vista respecto del impuesto al cheque?
Por algún lado hay que empezar a desarmar el unitarismo tributario que coloca como rehenes a muchos gobernadores e intendentes. Por supuesto, es muy inferior a la alternativa de un fondo de convergencia.

¿Es necesaria una reforma fiscal en la Argentina?
Tenemos un sistema tributario que incentiva poco el trabajo y la inversión productivos. Quienes estamos 100% en blanco pagamos más del 50% de nuestro valor agregado. Y, por otro lado, es urgente aumentar la eficacia y la eficiencia en la prestación de los servicios públicos, pero vamos casi en la dirección contraria.

¿Es sostenible el crecimiento de la economía local sin ajuste?
Una buena política de crecimiento sostenido es la única manera de evitar ajustes como el peor de todos, que se está haciendo ahora, de recurrir al impuesto inflacionario.

¿Le parece correcto que se utilicen las reservas para pagar deuda?
Es un instrumento válido. Pero primero debería usarse el crédito, que lo habría abundante y barato con solo dejar de mentir con el INDEC.

¿Cómo evalúa usted el escenario de paritarias y la conflictividad laboral?
Uno de los peores efectos de lo que se ha hecho con el INDEC es que todo el mundo se construye su propia inflación y actúa en consecuencia. Esto es lo que está pasando, y no es nada bueno.

¿El aislamiento a nivel internacional ayudó a la Argentina a tener un menor impacto de la última crisis financiera?
No, para nada. Hubo una fenomenal salida de capitales por la crisis, más la pésima reforma previsional, que se planteó erróneamente como una cuestión de público versus privado, cuando la verdadera cuestión es si es un sistema de capitalización o de reparto. Puede haber un sistema de capitalización estatal, como lo era de hecho la AFJP del BNA. Con mayor integración al mundo, además, se podría haber conseguido crédito barato para financiar un mayor déficit y moderar la recesión. 

Un curriculum plagado de honores
Juan José Llach nació el 7 de febrero de 1944 en Buenos Aires. Es Bachiller del Colegio del Salvador, de donde egresó con medalla de oro en 1961. Se recibió de Licenciado en Sociología en la UCA y en Economía, por la misma universidad. Está casado con Magdalena Estrugamou, con quien tiene cuatro hijos (Santiago, Lucas, Felipe y Federico) y 2 nietos (León y Benita Llach). Es profesor de Economía, Director del GESE (Centro de Estudios de Gobierno, Empresa, Sociedad y Economía) y del Programa de Gobierno para el Desarrollo de Líderes de Comunidades Locales, IAE-Universidad Austral, desde 2000. Dirige allí los proyectos Equidad educativa y Poderes globales, poderes locales. También es miembro de las Academias nacionales de Ciencias Económicas, Educación y Ciencias Sociales, sólo por citar algunas. Su curriculum incluye también la presidencia del Consejo Editorial de El Cronista (2003-2007), ex Ministro de Educación de la Nación, ex Presidente y economista del IERAL (Instituto de Estudios de la Realidad Argentina y Latinoamericana) de la Fundación Mediterránea (1997-1999) y ex Viceministro de Economía y Obras y Servicios Públicos de la Nación (1996), sólo por mencionar algunas de su actividades principales. Escribió seis libros: El desafío de la equidad educativa (2006, en prensa), Educación para todos, en colaboración con Silvia Montoya y Flavia Roldán (Buenos Aires, IERAL, 1999); En pos de la equidad, en colaboración con Silvia Montoya (Buenos Aires, IERAL, 1999); Otro siglo, otra Argentina (Buenos Aires, Planeta - Ariel, 1997); Un trabajo para todos, en colaboración con Ernesto Kritz, Darío Braun, Lucas Llach y Alejandra Torres (Buenos Aires, Consejo Empresario Argentino, 1997) y Reconstrucción o Estancamiento (1987). También ha publicado más de 40 trabajos académicos sobre historia económica argentina, economía y sociología laboral, economía institucional, federalismo, hiperinflaciones, programas de estabilización y reforma económica y crecimiento económico, así como numerosas colaboraciones en diarios y revistas argentinos. Además, es un aficionado a la música académica y a la ópera. Miembro del Mozarteum Argentino y asiduo concurrente y abonado al Teatro Colón desde 1958. Fue productor de la reposición de la ópera La Sonámbula, de Vincenzo Bellini, que tuvo lugar en el Teatro Roma de Avellaneda el día del segundo centenario del autor (3 de noviembre de 2001).



¿Te gustó la nota?

Comparte tus comentarios

Sé el primero en comentar

Videos