Jorge Quiroga:

Jorge Quiroga: "La paradoja es que sea el capitalismo chino el que permita financiar el populismo autoritario en la región"

El ex presidente de Bolivia, Jorge Quiroga, afirma que la bonanza que vive hoy Sudamérica tiene su contracara en la consolidación de regímenes como el de Venezuela y alerta sobre el intervencionismo estatal argentino. También dice que la ley de Medios K sienta un peligroso antecedente en la región. 04 de Mayo 2011

Jorge Quiroga, el ex presidente de Bolivia (2001-2002), visitó recientemente Buenos Aires para participar del seminario organizado por la Mont Pelerin Society, un reducto conservador que durante tres días reunió a figuras del liberalismo vernáculo y mundial en un hotel porteño para debatir sobre el populismo en América Latina. El tema, hay que decir, obsesiona al ex mandatario boliviano, un ferviente crítico del régimen de Hugo Chávez. A tal punto, que este ingeniero industrial formado en los EE. UU., que representa a la nueva derecha de su país, es un convencido de que el impacto del crecimiento chino en Sudamérica, a partir de la creciente demanda del gigante asiático de nuestras materias primas, se ha convertido en un arma de doble filo para la región: “La bonanza china trae muchos recursos, pero lo hace sin discriminar entre los países que hacen bien la tarea, como Brasil, Perú o Chile, y los que no, como es el caso de Venezuela, un sistema de autoritarismo político y concentración de los medios de producción y servicios económicos”, dispara.

En una entrevista exclusiva con We, Quiroga tampoco se priva de lanzar duras críticas al gobierno de Cristina Kirchner. Fustiga a la ley de Medios K y alerta sobre la reciente decisión oficial de sumar directores en las empresas privadas donde el Estado tiene acciones a través de la Anses. 

¿El populismo es un fenómeno que no pierde vigencia en América Latina?
Populismos hemos tenido siempre en diferentes países, de derecha o de izquierda, para usar la nomenclatura tradicional. El problema del populismo es el siguiente: ser popular es bueno, si uno lo hace con políticas públicas sanas y con financiamiento sostenible. Hacer promesas que después uno busca cumplir sin dinero sostenible significa imprimir billetes causando inflación y haciendo más daño a la gente que se quiere beneficiar, endeudándose como locos y generando una crisis del manejo de la deuda externa que lleva a algún default o renegociación. O tener una coyuntura de bonanza china, que es un poco lo que ha sucedido en Sudamérica a partir de 2004. La bonanza china ha permitido multiplicar enormemente los ingresos fiscales para nuestros países y sostener programas como Bolsa Familia en Brasil, Oportunidades en Colombia, etcétera. Estos años han sido quizás los mejores del histórico. De 2003 a 2008, que hubo un pequeño bajón por la crisis financiera, América Latina ha cuadriplicado sus exportaciones, triplicado las remesas que recibimos y duplicado los flujos de crédito y turismo. Ahora, gobiernos que gasten más en programas sociales, en infraestructura, en programas de transferencia de recursos a salud y educación, pues es mas fácil hacerlo cuando uno está en disponibilidad de recursos. La enorme paradoja es que sea el capitalismo chino el que haya traído ingentes recursos y permita financiar el populismo autoritario.

¿Encuentra resentida la calidad democrática en algunos países de la región?
La bonanza china trae muchos recursos y los trae sin discriminar entre los que hacen bien la tarea, con racionalidad económica, apertura, acuerdos de inversión, como han hecho Colombia, Perú, Chile, y los que no han tenido políticas económicas sensatas, como Venezuela. También le trae beneficios, pero no tanto como le podría haber traído si hubiese sido sensato y racional en tratados de inversión, de comercio, en no expropiar propiedades, no confiscar bienes, que es lo que se ha visto. Porque entonces ahora se empiezan a sentir las diferencias.

Siempre se habla de dos grupos de países: los que siguen las políticas de mercado, Perú, Chile, Brasil, y los que no: Venezuela, Ecuador, Bolivia. ¿Dónde ubicaría a la Argentina?
La Argentina tiene una categoría para sí misma. Es un país admirable para los que hemos crecido en el vecinadario. En Bolivia, yo de niño crecí yéndome en bicicleta todos los miércoles a ver el avión que llegaba de Buenos Aires, no teníamos televisión, y llegaban Gráfico y Goles, la conexión a la vida. Había mucha admiración siempre por la Argentina, y no sólo en el deporte. Sandro, Leonardo Favio, Los Náufragos, Rolando Rivas Taxista... La Argentina quizá no entiende esto a cabalidad, pero es el gran exportador cultural, deportivo, artístico, y le aseguro que Tinelli es más famoso en Ecuador que la propia Cristina. La Argentina tiene una gran capacidad de exportación cultural, una tierra bendita, una gente productiva, y evidentemente tener la soja que tiene la Argentina a u$s 120 la tonelada hace nueve años versus a más de u$s 500, cambia dramáticamente la situación y permite anestesiar la economía para disimular o aminorar el efecto contraproducente de algunas políticas públicas que no van en la dirección correcta.

Por ejemplo, ¿cuáles?
Creo que la Argentina podría haber aprovechado esta gran bonanza para potenciar al sector agrícola sojero y duplicar o triplicar la frontera agrícola con los precios de ahora, que es un poco lo que pasa en mi país con el gas. En mi país, por la bonanza china, la demanda brasilera y argentina, hoy día vendemos tres veces más gas, triple volúmen a cinco o siete veces el precio. Con la bonanza de estos precios chinos, donde la soja pasa de u$s 130 a más de u$s 500, baja un poco y ahora vuelve a subir, creo que la Argentina podría tener un beneficio mucho mayor en lugar de esta suerte de disputa que hubo entre el sector agrícola y el Gobierno, y demás cosas que van pasando. Ocurre que es difícil decirle a la gente que siente que está bien, que con la bonanza externa que tenemos podría estar mucho mejor. La Argentina ha tenido una coyuntura muy favorable y si algo tiene es que, más allá de las dificultades y desavenencias políticas que enfrenta, siempre se las ingenia para salir adelante.

Este es año electoral aquí. ¿Influirán esas políticas equivocadas en las urnas?
Yo en cualquier país soy muy cauteloso, no tengo complejo de Hugo Chávez ni de embajador norteamericano, no me gusta andar escogiendo presidentes para otros. Hay que ser respetuosos. Pero falta un buen tiempo, habrá que ver cómo evoluciona la dinámica. Fíjese Perú. Hace unos meses parecía que iba en un camino y ahora dónde estamos. Las cosas siempre pueden cambiar, moverse, y hoy no hay suficiente campaña para saber que las campañas importan porque concentran la mente. Cuando todavía falta un tiempo, el electorado aún no está focalizado, ni la Presidenta está con la candidatura formalmente definida. Yo he aprendido a ver las encuestas, no es cuánto valen las personas ahora, es qué siente la gente sobre el país, en qué rumbo estamos. Después los discursos y las personas se acomodan a esas circunstancias. 

Usted siempre ha sido muy crítico del proceso venezolano. ¿Cree que la intención de Chávez de extender su proyecto bolivariano a la región sigue vigente o ha perdido fuerza?
Chávez tuvo tres etapas en la evolución de su proyecto. Él tiene un programa for export, no era el populismo doméstico como pudo haber sido Fujimori en Perú o el peronismo en su momento en la Argentina. El señor Chávez en la primera etapa de su proyecto, de 1999 a 2004, es una fase de consolidación interna, donde él hace la Asamblea Constituyente y sobrevive a lo que es un intento de golpe en 2002 y al sobrevivirlo toma el control absoluto de las Fuerzas Armadas. Después del golpe es que él hace la limpieza y “toma los fusiles”, políticamente hablando. Después de la huelga atroz de 2003-2004, toma Pdvsa, una empresa estatal corporativa pasa a ser propiedad de una persona, una suerte de privatización personal gigantesca. Tomó los fusiles y tomó los barriles. Y coincide con el inicio de la bonanza china, que ahí empieza a llegar. El petróleo, que cuando Chávez jura estaba en u$s 8 ó 10, pues hoy llega a u$s 140. Con el proyecto consolidado en lo interno, él siempre ha buscado la injerencia externa. Ya financiaba bloqueos de ruta en mi país en 2000, hizo cosas por Ecuador. La fase uno del proyecto era bolivariano, era solo el mundo andino: Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia. Con el petróleo a u$s 140, se da cuenta de que la chequera ya no tiene que ser estrictamente bolivariana. Ya puede ser hemisférica y con lazos extraregionales: Bielorrusia, Irán, Ucrania...Y la nomenclatura cambia de bolivariano a socialismo siglo XXI, que coincide con la escalada del petróleo. El apogeo de ese proyecto es 2008, Chávez tenía varios gobiernos que controlaba, una suerte de filiales, otros en los que influía notablemente...

¿Y en la actualidad?
Ha menguado, quizá su influencia clara hoy día está en Cuba, Bolivia, Nicaragua, parcialmente Ecuador. Hoy no le puede comprar 10.000 millones de bonos a la Argentina, o sea, ... Después de 2008, el expropiar la inversión, cerrar el comercio, atacar a la libertad de expresión, tomar el cemento y gestionar muy mal... El problema es que no hay que confundir el talento comunicacional y la mente estratégica política de Chávez con capacidad de gestión, su gestión es muy mala. Hoy día tiene cuatro problemas medulares: tipos de cambio diferenciados, a veces el principio de serios problemas económicos, ahora si el petróleo sigue a u$s 120 se le empiezan a solucionar; inflación alta y el crecimiento bajo; inseguridad y criminalidad galopante; y la falta de servicios, porque uno puede tener mucho dinero y petróleo, pero hay bie-nes no transables, eso hay que proveerlo a través de políticas públicas. El socialismo del siglo XXI es sólo un rótulo, en realidad, lo de Chávez es un sistema de autoritarismo político y concentración de los medios de producción y servicios económicos. Tampoco hay libertad de expresión...

En la Argentina también asistimos a un debate en torno a este tema. ¿La libertad de expresión está amenazada en la región?
Está bajo ataque en muchos lugares. En mi país ha habido algunas leyes...Hay formas sutiles de hacer ese tipo de ataques, la de Chávez es más frontal. Pero una cosa que me preocupa es la ley de Medios en la Argentina, porque con todo cariño a Guatemala, Nicaragua, mi propio país, si hacemos una ley no tiene tanta influencia. Si hace la Argentina una ley que se consolida, es muy fácil que otros países terminen copiando la de Argentina. Insisto; la Argentina es un exportador cultural impresionante y una actitud contraria al respeto irrestricto a la libertad de expresión de la Argentina tiene un efecto de contagio o de darle cobertura a actitudes que pueden ser más duras. Pero me consuela una de las mejores frases que he escuchado en mi vida, la de la presidenta de Brasil, que ha dicho “prefiero el ruido de la prensa libre que el silencio de las dictaduras”.

¿Cómo evalúa la decisión argentina de sumar directores del Estado en las empresas privadas donde tiene acciones?
Es preocupante, porque cuando uno quiere en una coyuntura tan favorable fomentar la inversión privada, la gente que va a arriesgar quiere tener una seguridad mínima y poder gestionar sin influencias políticas. Si existe una gestión donde se empiezan a poner controles estatales, en cualquier lugar del mundo control estatal significa poner al amigo, al pariente, cuyo objetivo es ayudar al partido no ayudar al desarrollo, a la creación de empleo. Son señales preocupantes, aunque esa es la paradoja de la Argentina. Por suerte también hay gente en este país como los Bulgheroni (Bridas) entendiendo la dinámica y haciendo acciones que muestran que hay un empresariado con una visión estratégica formidable tomando acciones de avanzada.



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