Jorge Casaretto:

Jorge Casaretto: "Propiciar el diálogo debe ser iniciativa de los gobernantes"

El obispo de San Isidro, Jorge Casaretto, advierte que la “ofensa y la denostación del prójimo” son prácticas que deben desaparecer de la Argentina, hace votos para que el Congreso se transforme en “la casa de los acuerdos” y pide terminar con la lógica del enfrentamiento. También hace un nuevo llamado de atención sobre la pobreza. 19 de Marzo 2010

“Pobreza y exclusión”. En cada frase, ante cada pregunta, Alcides Pedro Jorge Casaretto repite que ésas son las dos principales urgencias de la Argentina. Y no sólo urgencias, sino problemáticas que el obispo de San Isidro y titular de la Comisión de Pastoral Social del Episcopado considera como los grandes desafíos del Bicentenario. Ante este llamado de atención, el ex presidente de Cáritas todavía tiene fresco en su memoria el revuelo que armó en julio del año pasado, cuando afirmó que el 40% de la población del país vivía sumergida en la pobreza, una cifra que casi duplicaba las siempre dudosas estadísticas oficiales que maneja en Indec. Cauteloso, Casaretto prefiere hoy no polemizar, si de estadísticas se trata. Advierte que “cuando uno tira números genera malestares”, aunque insiste en que la cantidad de pobres sigue siendo alta en la Argentina.

El obispo, que se jubilará en 2011, cuando cumpla los 75 años, tampoco ignora que, desde sus inicios, el kirchnerismo ha mantenido una relación difícil con la Iglesia, marcada por los desencuentros. “Pueden haber existido algunas tiranteces, pero no se puede decir que eso haya implicado un corte en el diálogo”, asegura. En sus cuatro años en el poder, Néstor Kirchner nunca recibió a la Iglesia, aunque la institución siguió insistiendo. En 2008, el cardenal Jorge Bergoglio se reunió por primera vez con Cristina Kirchner y, recién el miércoles de esta semana, se produjo el segundo encuentro, luego de que el Episcopado hiciera un público llamado de atención y pidiera “recrear las condiciones políticas e institucionales que nos permitan superar el estado de confrontación permanente” que vive el país, contenido en el documento “La Patria es un don, la Nación una tarea”, que Bergoglio entregó anteayer en manos de la Presidenta.

En una entrevista con Weekend, el asesor de la Comisión Nacional de Justicia y Paz de la Conferencia Episcopal Argentina destaca el espíritu dialoguista de ese texto y aclara: “A veces hay interpretaciones erróneas, como si nos quisiéramos meter en un campo que no nos compete. Cuando vamos a hablar con las autoridades es para decirles aquello que creemos puede ayudar a encontrar caminos en la Argentina”.

¿Cómo ve a la Argentina en el año del Bicentenario?
La Iglesia acompaña el proceso de desarrollo de la Patria desde 1810. Tenemos una larga experiencia en la misión que nos toca que es, fundamentalmente, la animación espiritual de un pueblo. El orden religioso no entra en el debate político, sino que va acompañando. Nosotros estamos convencidos de que la Argentina necesita políticas de Estado para enfrentar los problemas más desafiantes: la pobreza y la exclusión social. Eso no se responde solamente con planes sociales, se responde con políticas de estado, y ésas hay que encontrarlas entre todos.

El Gobierno insiste en que el modelo que ellos llaman de “acumulación” redujo la pobreza y la indigencia en la Argentina. ¿Usted sigue sosteniendo que la pobreza afecta hoy al 40% de la población?
Mi experiencia personal me dice que cuando uno tira números genera malestares.

Generó una gran controversia ese 40%...
Exactamente. La idea es no volver tanto sobre los números sino sobre la realidad. Hay un alto porcentaje de pobreza, hay un alto porcentaje de exclusión. Como lo definió el Papa, esto en la Argentina es un escándalo. Esto es lo que nos desafía y es el principal problema que tiene que ser abordado por toda la sociedad. Por supuesto que tiene una responsabilidad fundamental el Estado, todos aquellos que tienen responsabilidad de gobierno y los que tenemos algún tipo de responsabilidad dirigencial. Cuando en los debates del Congreso o en la relación un tanto ríspida entre los tres poderes se entretienen con otras cosas, considero que la misión de la Iglesia es volver a decir, miren, no nos olvidemos que éste es el gran desafío para el Bicentenario.

¿Con qué otras cuestiones se “entretienen” los tres poderes?
A veces hay una lucha de poder para ver quien prima sobre ciertas cuestiones, a veces hay una falta de respeto de la autonomía de cada uno de esos poderes. Entiendo que en el ejercicio de la misión de cada uno de los poderes es lógico que aparezcan estas problemáticas, pero no es lógico que estas problemáticas sean abarcativas. Éstas pueden ser situaciones secundarias, pero lo primario tiene que seguir siendo que todos en la Argentina estemos desafiados por esta dimensión de pobreza y exclusión.

El último avance por parte del Gobierno frente a la pobreza fue el subsidio universal por hijo. ¿Lo considera universal?
Fue un gran avance. Incluso, dialogamos con miembros del Poder Ejecutivo. Hubo un diálogo previo bastante intenso antes del anuncio oficial. Lo vemos como un buen programa, como el programa menos clientelista que se ha podido delinear, y lo apoyamos. Algunos legisladores querían retrasar la salida del programa para que salga por ley, pero por la urgencia de la pobreza no había que retrasarlo, lo cual no quiere decir que no se pueda perfeccionar con una legislación. Si el Congreso quiere tratar y mejorar al programa, lo quiere hacer más universal, porque hay algunos aspectos que no terminan de hacerlo universal, vamos a apoyarlo.

¿Qué otros aspectos considera positivos de la gestión kirchnerista?
No me gusta hacer juicios del Gobierno, pero por ejemplo es positivo aumentar el presupuesto educativo, creo que llega al 6% del PBI, no sé si eso efectivamente se realiza así, pero ha sido un paso muy importante el darle una jerarquía al tema educativo. Es importante el arreglo que se ha hecho con los docentes de modo que las clases empiecen. Me parece que el Poder Legislativo va a tener un buen protagonismo y espero que sea la casa de los encuentros y los acuerdos, no perdiendo autonomía y no siendo funcional al Ejecutivo, pero que tome más iniciativas respecto a los grandes problemas del país que son la pobreza y la exclusión.

La semana pasada, la Iglesia se pronunció con un pedido de diálogo a los tres poderes. ¿Cuáles son las responsabilidades que tienen tanto el Gobierno como la oposición para que se produzca este diálogo?
El que tiene la responsabilidad de gobernar siempre lleva una carga más fuerte. Propiciar el diálogo tiene que ser, sin lugar a dudas, una iniciativa de los gobernantes. Pero también es verdad que la oposición, y en todos los órdenes como el sindicalismo, las sociedades empresarias, las asociaciones de la sociedad civil, todos tenemos esta responsabilidad. Nos cuesta todavía mucho trabajo darnos cuenta que el principal instrumento de la democracia es el diálogo. No es la ofensa, no es la denostación del prójimo. Ese tipo de prácticas creo que tienen que ir desapareciendo de la Argentina y ser reemplazadas por una actitud dialogante.

A raíz de la aplicación de los últimos DNU, se creó una tensión entre el Ejecutivo y los poderes Legislativo y Judicial. ¿Cómo cree que la sociedad visualiza estos enfrentamientos constantes?
Genera, por un lado, desconcierto en la gente, y me temo que puede generar una falta de credibilidad. La sensación es que quizás no se están encarando los problemas más urgentes y se están generando ataques y respuestas en torno a temáticas que la gente mira de afuera, pero que no son exactamente sus problemáticas. Comprendo que cualquier decisión de esta naturaleza después tiene una repercusión fuerte en los argentinos y entiendo también que al haber aparecido la oposición con más fuerza en el Legislativo tenga que ensayarse alguna metodología de trabajo que al principio genere cierto chisporroteo. Pero sería muy interesante que, con una cierta rapidez, nuestros legisladores se den cuenta que el pueblo espera ver que ellos se ocupen de los temas que le tocan a la gente.

Luego de este llamado al diálogo, Aníbal Fernández dijo que la Iglesia se tenía que ocupar más de los espiritual que de lo terrenal. ¿Cómo lo tomó?
Yo nunca contesto alguna frase que pueda sonar polémica. Se podría decir que el hombre es espiritual y corporal, todo lo que hace al espíritu hace a la persona. Por supuesto que nosotros tenemos como misión fundamental la animación espiritual de un pueblo, pero justamente ésta implica toda la problemática que hace a la vida de ese pueblo. La pobreza y la exclusión son temas que directamente tocan a quienes anunciamos el Evangelio, y en la historia de la evangelización argentina, es clara cuál ha sido la misión de la Iglesia en cuanto a la preocupación por los pobres.

En el documento “La Patria es un don, la Nación una tarea”, ustedes dicen que “es momento de privilegiar la sanción de leyes que respondan a las necesidades reales de nuestro pueblo y no de detenerse en opciones fijadas por intereses que no tienen en cuenta a la persona humana”. ¿Se refieren a los últimos planteos de leyes sobre el aborto y el matrimonio gay?
Se puede referir a eso, también a algunas leyes que están en carpeta sobre el juego. Creo que hay un intento de un nuevo Prode. Sería verdaderamente trágico para la Argentina que multiplicáramos el juego. (Ver recuadro).

Con respecto a la comunicación gobierno-Iglesia, ¿nota algún cambio entre la gestión de Néstor y la de Cristina Kirchner?
La gente cree que para que haya diálogo entre la Iglesia y el Gobierno tiene que entrevistarse el presidente del Episcopado con la Presidenta. Yo estoy en Pastoral Social y he hablado con casi todos los ministros del Ejecutivo. La Pastoral Social es justamente el organismo del Episcopado que más vínculo tiene con los políticos, con los sindicalistas. Tengo muy buen diálogo con muchos ministros y siempre he sido recibido por ellos cuando llevo alguna preocupación por la vida argentina. Creo que el diálogo existe. Pueden haber existido algunas tiranteces, pero no se puede decir que eso haya implicado un corte en el diálogo. De hecho, cuando la Comisión Ejecutiva del Episcopado le pidió una audiencia a la Presidenta, la recibió.

En cambio, Kirchner nunca recibió a la Iglesia durante su mandato...
Es mejor que no nos pongamos tanto en el pasado y miremos el presente, porque hay que alentar las cosas hacia el futuro.

¿Cómo cree que la lógica amigo-enemigo que aplica el kirchnerismo repercute en la sociedad argentina?
Lamentablemente, esa actitud de amigo-enemigo lleva a situaciones de enfrentamiento, yo te digo una cosa y vos me contestás, y eso genera polémicas. Esto es lo que tenemos que cambiar sin lugar a dudas. Ya esto fue muy fuerte en la década del ’70 con contenidos ideológicos fuertes, la ideología más progresista por un lado y la ideología de la seguridad nacional por otro. Esos enfrentamientos fueron trágicos para la Argentina. De ahí tendríamos que sacar la experiencia de que esa actitud de enfrentamiento no ayuda para nada. Por eso es que nosotros propiciamos la actitud de reconciliación, el diálogo, el encuentro, que nos parece que es el camino de los argentinos.

¿Por qué cree que la dirigencia argentina no es capaz de establecer consensos básicos?
La dirigencia tiene que tomar en cuenta que no se tiene que pensar en el desarrollo sólo desde el punto de vista económico, sino en el desarrollo integral, que es lograr que la gente pase de condiciones menos a más humanas. Y eso implica cuestiones del espíritu también. En el documento “Hacia un Bicentenario en justicia y solidaridad”, de 2008, ya estábamos diciendo que es necesario generar un proyecto que implique reformas del carácter ético, educativo, que tenga en cuenta a la familia. Son muchos los ítems que hay que tomar en cuenta.

¿Cree que el país está muy enfocado en el desarrollo económico?
Sobre todo porque en este momento están faltando fondos, y hay una gran preocupación. Lo entiendo, pero no hay que olvidar lo otro.



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