Identidad digital

Identidad digital

Cómo lidiar con la usurpación online de nombres y hasta qué punto se puede controlar. ¿En qué medida se desmoronan las estrategias de branding o se incurre en delitos? 07 de Octubre 2010

El mundo online atraviesa todos los planos de la comunicación y la gestión de nombres, marcas e identidades forma parte de él. Para el común de la gente, a priori, no resulta trascendental saber cómo figurar en la Web. Basta inventarse un nickname o sobrenombre para abrir cuentas de correo o para figurar en Facebook o Twitter. Pero ese simple proceso comienza a convertirse en una decisión estratégica cuando se considera el caso de famosos, de notables o de marcas corporativas. Cada figuración debe responder a una lógica de branding y posicionamiento. Hay que definir dónde figurar y cómo hacerlo. Y, a su vez, los famosos deben lidiar con la irrupción constante de perfiles falsos. De Marcelo Tinelli a Antonio Gasalla o Mike Amigorena, todos arrastran múltiples presencias online que son ficticias. “El robo de identidad en las redes sociales se vuelve inmanejable”, admite Daniel Monastersky, abogado especializado en Derecho de Nuevas Tecnologías y mentor del sitio Identidadrobada.com.

Cancha ajena
El robo de identidad de un personaje famoso no sólo afecta su marca personal sino que, además, puede dar pie a que se trate de una estrategia para entrar en contacto con menores. Es frecuente que se utilice esto como anzuelo para provocar el contacto directo con jóvenes que quieren vincularse con famosos. En estos días, apareció en Twitter un tal “Ale Fantino” que argumentaba: “¡Mi nombre real es Ale Fantino! No trabajo en la TV. Soy abogado del sur de Santa Fe y, por suerte, muy querido en Twitter...”. Claro, no es ni más ni menos que un hómonimo y, aparentemente, de buena fe. Pero tampoco falta el que aprovecha la fama ajena. En Twitter, aparece un tal @Victorhugo590 que simula ser “la cuenta oficial de Víctor Hugo Morales”. Sin embargo, es sabido que el periodista de Radio Continental tiene contacto casi nulo con el mundo online y hasta se jacta de no usar celular. Logró 30.936 seguidores y marcó territorio. Incluso, el propio conductor admitió que los contenidos son respetuosos. Pero, al final, optó por armar su propio Twitter, bajo el usuario @vh590, y cuenta con el aporte del periodista César Ferri, quien oficia de transcriptor de lo que Víctor Hugo le dice.

“A todos los efectos, es lo mismo que si Víctor Hugo lo tipeara”, comenta Enrique Ansaldi, consultor que tiene planeado lanzar un servicio gratuito de validación de cuentas de Twitter. En la medida en que se acredite que esta dirección es el lugar oficial del conductor, logrará superar los 8200 seguidores que, por ahora, cosecha. De hecho, es un tercio de lo que logró su cuenta homónima. 

Esto se engloba dentro del tema de robo de identidad y cada caso es particular. Y ahí cabe considerar lo que dice el especialista Monastersky: “El solo hecho de robarle la identidad a una persona no es delito. Entonces, hay que ver qué otra modalidad delictiva está asociada a ese acto. Podría ser injuria, difamación, una amenaza, una extorsión”. 

De todas formas, el tema está tipificado en la propia página de Twitter, donde se considera el tópico de usurpación de identidad. Allí, se deja constancia de que se puede pedir la anulación de una cuenta, en la medida en la que se demuestre que hay robo de identidad, más allá de lo paródico: admite que, si se trata en tono de broma, no resulta peligroso pero sí, si de verdad buscan engañar a los internautas.

El tema también llega al plano de las marcas y, en eso, Twitter es taxativo. “La utilización del nombre de una empresa o negocio, logotipo u otra marca registrada con el proposito de engañar o confundir a otros o ser utilizado con fines lucrativo, se podrá considerar infracción de marca registrada y será inmediatamente suspendida”.

Pero en la Argentina, está claro que no es delito. El propio titular de “Identidad Robada” es uno de los impulsores de una ley al respecto. Y se embandera en la “Primera Campaña para la Prevención del Robo de Identidad”, que tiene como objetivo presentar un proyecto de ley para proteger a los consumidores del robo de identidad y del uso no autorizado de la información personal. “Todavía, los trámites que se hacen en Facebook o en Twitter aún no te dejan tranquilo acerca de los resultados de la queja”, alega Monastersky.

Miguel Sumer Elías, otro de los abogados involucrados con la problemática del Derecho y los nuevos medios, y director de Informática Legal, agrega un punto clave: “Todo el tiempo, hago analogías entre el mundo real y el virtual porque la gente cree que, si hay un delito en Internet, es imposible de rastrear. Y es lo mismo que cuando uno vuelve a su casa y le entraron a robar: también hay que rastrear y ver cómo se cometió. En Internet, es difícil de probar pero se puede. Sólo potencializa lo que se hace en el mundo real, es como una máquina multiplicadora. Y tiene una singularidad: todo lo que está en la Web es indeleble, siempre queda”. 

En el medio de todo, se da el proceso de construir una identidad digital y eso está indisolublemente asociado con  la reputación. Elías describe el proceso: “Si pongo un negocio de venta de comida, espero que la gente pruebe los productos y que los vecinos me recomienden, que se difunda boca en boca. Es clave que otros hablen de mí y digan lo que yo quiero. Eso es generar reputación. Pero, a lo mejor, salvo para las megamarcas o los famosos, al pasar a Internet, soy un NN: todo lo que hice en el mundo físico, que serviría para la reputación online, no está presente y hay que construirlo a partir de una buena página, de diálogos en las redes sociales. Es un branding especial”. 

Entre la gloria y la injuria
Desde Identidades Robadas, agregan: “El blog, las fotos, los mails, los links y todos los contenidos que el usuario comparte, así como los sitios a los que pertenece, conforman y enriquecen su identidad digital. Pero hay que gestionar este perfil híper atomizado”. El fenómeno de proliferación de señales personales en el mundo online motivó algunos proyectos que pretenden convertirse en “buscadores de identidades”. Así nació Spock.com, un buscador que tiene datos de 250 millones de personas, con 1500 millones de registros. El nombre Spock no sólo juega como homenaje al célebre personaje de Viaje a las Estrellas, sino que, además, tiene un significado ligado a la finalidad: “Single point of contact keyword” (“Único punto de contacto por teclado”). El tema no es menor, dicen: “El 30 por ciento de las búsquedas en la Web están relacionadas con personas”.
Spock trata de compilar datos de fuentes como Wikipedia, LinkedIn, Hi5, MySpace, Friendster, Facebook, YouTube, Flickr, Twitter, biografías corporativas, páginas de staff profesional o directorios universitarios. También, tienen una finalidad parecida Pipl.com y 123People.com. 

Paso a paso
El inevitable desembarco en la Web es un proceso que, cada vez, se complejiza más. “Elijo un nombre que me gusta pero tengo que ver varios aspectos para que, el día de mañana, no me lo tiren abajo por un descuido legal”, resalta Elías.

Lo del mundo real se complejiza, amplifica y, además, tiene el carácter de indeleble. Rodrigo Marsan, abogado especializado en Derecho Marcario, se refiere a los costos involucrados en el despliegue de la brand a partir de la explosión online:  “Los costos varían mucho de país en país, debido a las tasas oficiales y a cada corresponsal. Por ejemplo, registrar una marca en Colombia o en México cuesta cerca de US$ 1000, casi lo mismo que en los Estados Unidos (incluyendo allí las tasas oficiales y gastos de corresponsalía). Por el contrario, en países como Paraguay, Uruguay o Bolivia, el costo es más cercano a los US$ 600. En Europa, los números son más elevados y cotizan en euros. En Francia, el costo se acerca a los 900 euros, mientras que, en España o Italia, ronda los 650. En Europa, existe un registro comunitario que permite, por medio de una solicitud, registrar una marca válidamente en todos los países de la unión. Su costo es aproximadamente  de 1850 euros pero es más propensa a tener complicaciones de trámite, por la gran cantidad de países que abarca. Adicionalmente, una vez finalizado el trámite, se cobra un costo adicional por la emisión del certificado de registro, que también varía de país en país, pero que puede estimarse en un 50 por ciento del costo de inicio. La mayoría de los estudios corresponsales incluyen allí el costo de la vigilancia de la marca, al menos, por dos años”.

En estos tiempos, el costo de inversión en registro marcario se multiplica. Hay que pensar en la proyección marcaria por efecto de la presencia en la Web. Si se piensa que cada marca se registra en varias categorías de actividad, ya de por sí, es una registración múltiple pero, ahora, se le debe agregar una mayor presencia en otros países, con lo cual, se puede llegar a montos importantes en el caso de las grandes compañías. “Muchos empiezan con un nombre en Internet y no consideran que, también, deben tener un registro marcario convencional”, destaca Sumer Elías, de Informática Legal. 

De guardia hasta en domingo
Gran parte de esta problemática de las identidades digitales fue tratada en la última edición de DELM, realizada en Buenos Aires. Los DELM son reuniones que se celebran en distintas partes del mundo los “domingos en la mañana”. En su versión porteña, se convocaron en la zona de Parque Patricios para plantar bandera en el circuito del Distrito Tecnológico. En su último encuentro, además de los abogados corporativos, estuvo presente Ricardo Sáenz, Fiscal General ante la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correcional de la Capital Federal. Es que la Justicia también está en permanente transformación a partir de la irrupción, cada vez más fuerte, de las nuevas tecnologías. Pero resulta curioso ver cómo un funcionario público se maneja en el mundo de las redes sociales. Con una página propia de Internet (
www.ricardosaenz.com.ar) y con un nick en Twitter, @saenzricardo, el fiscal intenta difundir las mejores prácticas en la materia. “Mi carrera dio un viraje en 1999, cuando fui a los Estados Unidos y, ahí, escuché a la Procuradora de entonces, Janet Reno, decir que pronto se podría robar en las casas sin necesidad de entrar”, cuenta. Recién comenzaba el salto tecnológico pero Saénz empezó a involucrarse en estas cuestiones y, no casualmente, trabajó en la formulación de la Ley de Delitos Informáticos sancionada en 2008 y, también, participa en la Convención Europea del Ciberdelito.

“Sentía la necesidad de hablar y vincularme con la gente relacionada con la tecnología y la comunicación. Hay que evangelizar y ser proactivos”, resalta. “En la delincuencia informática, es clave el rol del sector privado. Si se investigan estafas electrónicas, se necesitará constantemente el auxilio del servidor de Internet. Hay delitos como el phishing, que supone copiar la identidad de un banco, por ejemplo, y mandar un mail masivo a 500.000 personas, diciendo que tienen problemas con la clave. De allí, un porcentual es cliente y, capaz, el 2 por ciento pica el anzuelo. Como son volúmenes enormes el daño es importante”.

Suárez siente que el camino es la prevención. De hecho, busca crear una oficina específica de asesoramiento en este temática dentro de la Procuraduría. La irrupción de estos temas en el ámbito judicial, incluso, permite la intervención de peritos poco convencionales para el mundillo de Tribunales. “Se llama al perito forense y, de pronto, aparece un chico de 30 años, muy informal, y eso requiere una adaptación de la Justicia. Es un gran cambio”, agrega el funcionario. 

Y claro, tanta realidad hay involucrada en lo virtual que, también, se debe saber qué hacer cuando la persona física muere. ¿En qué medida siguen vivos los perfiles de los muertos? ¿Quién se encarga de eso? Una alternativa es la inclusión de un software que detecte frases repetidas, al estilo “descanse en paz”. Pero se trata de soluciones muy difíciles de implementar. En un mundo en el que, constantemente, surgen nuevas aplicaciones y recursos, resulta difícil pensar en qué medida impactará. Nadie podía imaginar que había que ocuparse de lo registros virtuales de las personas al morir. Ya, con las complicaciones de los legados tangibles, parecía suficiente. Son temas que sonaban a ciencia ficción. Pero, hoy, comienzan a dominar la escena e involucran todo tipo de situaciones, tanto para las personas singulares, como para el mundo corporativo.  



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