Hugo Biolcati:

Hugo Biolcati: "El campo necesita previsibilidad y estabilidad"

El presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA) recorre los 200 años de historia del país desde la perspectiva del sector agrario y hace votos para que “vuelva a primar el respeto a las instituciones y a la ley que permitan reencauzar a la Argentina en la senda del crecimiento”. 28 de Mayo 2010

El proceso de independencia, cuyos primeros doscientos años celebramos el 25 de Mayo, hubiese sido inviable sin una autonomía económica previa, facilitada en gran medida por el sector agropecuario. Así, puede afirmarse que el agro como sector económico es incluso anterior a la idea de Nación. En todo caso, lo que comienza con el Primer Gobierno Patrio es la noción de campo argentino, un concepto que iría consolidándose a medida que el país iba creciendo en torno a las múltiples posibilidades de desarrollo económico y social que ofrecía.

Pero el campo también resultó beneficiado de esa sociedad indivisible. Recién a partir de la concreción de la idea de Nación, pero sobre todo a partir de la sanción de la Constitución de 1853 y la consolidación del entramado institucional y normativo, por un lado, y la pacificación del contexto, por el otro, es que pudo despegar económicamente y comenzar a esbozar su potencial.

Fue en esos años decisivos en que se creó la Sociedad Rural Argentina, y empezaron a aplicarse las innovadoras ideas que tenían sus socios fundadores, en su mayoría productores vanguardistas que se ocuparon de difundir algunos de los avances agrícolas y ganaderos que se venían aplicando en Europa.

Mucho se ha discutido acerca de si los beneficios que trajo aparejada la posición entre las primeras potencias económicas del mundo que ocupó Argentina durante los años posteriores a la implementación de las nuevas técnicas de producción fueron aprovechados por amplios sectores de la población o no. Lo que es indiscutible, en todo caso, es que, de no haber existido esos avances, los logros sociales que sobrevinieron a lo largo del siglo XX hubiesen sido impensables. Porque, aunque suene trillado, resulta innegable que para llevar a cabo un plan de redistribución de los recursos deben, primero, generarse los recursos. Sin embargo, una campaña de desprestigio hacia el sector agropecuario, combinada con la instalación del paradigma de la dependencia y su variante, la sustitución de importaciones, dominó buena parte de la segunda mitad del siglo XX e intentó proyectar la imagen de un campo argentino como sinónimo de atraso, tanto en lo económico como en lo social. Y sirvió también para presentar a la producción y a la exportación de materias primas como una actividad casi vergonzante que, no obstante, servía para financiar a través de transferencias siderales de recursos a otros sectores menos eficientes, en los que el país no tenía las mismas ventajas comparativas.

Pero ese discurso dominante no fue necesariamente compartido por la mayoría del pueblo argentino. Culturalmente, la Patria y el campo están tan íntimamente ligados que a veces se confunden. Prácticamente todos los argentinos tenemos una identificación primaria con el campo. Asimismo, la mayoría de las evocaciones que se hacen en el exterior de la Argentina están relacionadas con el campo, ya sea con la llanura infinita de sus pampas, la calidad de su carne y de sus productos agrícolas, la arquitectura y la majestuosidad de sus estancias o la destreza y la tradición de sus gauchos.

Hacia fines del siglo XX, algo comenzó a cambiar. La llegada del desarrollo económico a regiones densamente pobladas, especialmente en Asia, generó una creciente demanda mundial de alimentos que provocó una inversión en los famosos términos del intercambio, tan manidos por la teoría de la dependencia.

De pronto, producir materias primas, que por otra parte ya no eran tan primarias puesto que tenían un importante agregado de valor a partir de la integración de los eslabones de las cadenas pecuarias en lo que se denominó, genéricamente, agroindustrias, ya no era sinónimo de subdesarrollo, sino que empezó a verse como una nueva oportunidad para el crecimiento.

El tipo de cambio que rigió durante buena parte de los ‘90, aunque desfavorable para exportar en forma competitiva, sirvió para capitalizar al sector, que ya venía aplicando revolucionarias técnicas agropecuarias. Así, el campo argentino ingresó al siglo XXI en el auge del denominado boom del agro, batiendo récords de producción, lo que permitió volver a soñar con el anhelado aunque nunca concretado acceso de la Argentina al desarrollo sostenido. Si bien desde 2003 a esta parte, los gobiernos se han beneficiado de la capacidad de inversión y de la eficiencia del sector, no han sabido adaptar su discurso a la nueva realidad. Así, mientras financian sus proyectos mediante la aplicación de una carga impositiva descomunal al campo, incluyendo retenciones a las exportaciones que no pagan el resto de los sectores, continúan desconociendo públicamente el enorme aporte que realiza el agro al sostenimiento y al impulso de la economía nacional.

Ese enceguecimiento los ha llevado incluso a chocar contra una opinión pública mayoritaria que sí reconoce, como hemos visto, el aporte fundamental del sector agropecuario al país; ceguera que alcanzó su punto culminante durante el conflicto por la implementación de la 125.

Pero, más allá de un cambio en lo discursivo, lo que el campo argentino necesita para poder ampliar su inagotable contribución al país son condiciones de previsibilidad y estabilidad que permitan invertir, proyectar y producir sin temor a la mutación constante de la reglas.

Así como el marco institucional y normativo, junto con una importante inversión en infraestructura y tecnología que tuvo lugar en la segunda mitad del siglo XIX, permitió llevar al país a niveles de desarrollo y bienestar insospechados para la época, un contexto en el que vuelva a primar el respeto a las instituciones y a la ley podría volver a encauzar a la Argentina en la senda del crecimiento. El sector agropecuario está preparado para liderar desde lo económico un proyecto de país que nos dé la oportunidad de mejorar las condiciones de vida de todos los argentinos ante la tercera centuria que comienza.



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