Historias de los jóvenes de 60

Historias de los jóvenes de 60

Con varias medallas colgadas en sus pecheras, algunos empresarios siguen batallando cuando otros piden el pase. El peso de la experiencia. 03 de Mayo 2010
Cuando comenzaron sus carreras profesionales, Los Chalchaleros y Los Fronterizos eran tan populares como los Beatles o los Rolling Stones. Hoy, tienen más de 60 años y deciden encarar cada día en la oficina con empeño y con pasión. 

Guillermo Dietrich, presidente del grupo de comercio automotor Dietrich Soluciones de Movilidad, abrió su taller y agencia de autos en un galpón desocupado cuando aún no había cumplido los 20 años. “Al principio, hacía lo que hoy llaman marketing de guerrilla. Cuando el agente de policía cortaba el tráfico, le pedía permiso y conversaba con los conductores. Les daba una tarjeta y ellos venían a verme”, relata. Dietrich, todavía, se sorprende cuando piensa que crió a su familia vendiendo 400 autos por año. Con entusiasmo, expresa lo importante que fue para la empresa el ingreso de la nueva generación, en 1995. “Mis hijos, que son mis socios, pusieron toda su capacidad, energía y velocidad para que esto crezca. Sin ellos, hoy Dietrich sería una empresa más chica. Es muy importante que los directores de las compañías den libertad de prueba y error a los jóvenes”, afirma. Con el volante compartido con los “co-CEOs”, Hernán y Guillermo –“Guillo”, actualmente, de licencia para asumir un cargo ejecutivo en el Gobierno de la Ciudad–,  y Lucila (Recursos Humanos y Marketing), el patriarca alterna las visitas al salón y al taller con múltiples pasatiempos. Entre ellos, automovilismo, tenis y golf. 

Por su parte, Iván O’Farrell tiene más de 40 años de experiencia en la consignación de hacienda. Detrás del palco de remate, derrocha la energía de un chico, mientras alienta y seduce con ingenio a la audiencia para obtener el mejor precio. “La tecnología nos permitió una velocidad de resolución y un contacto con la gente totalmente diferente. Antes, era necesario esperar hasta cuatro horas luego de un remate para tener listas las liquidaciones. Hoy, eso puede tardar unos 40 minutos”, explica O’Farrell, más conocido en el ambiente como “Pancho”.

Si bien cree que el mercado se volvió más competitivo, tantos años de experiencia le permiten interpretar las necesidades de las partes y resolver con mayor agilidad los negocios. A veces, fantasea con la idea de retirarse. “Pero eso dura, más o menos, 30 segundos, porque, enseguida, pienso que tengo cuerda para rato. Que, realmente, me gusta lo que hago y que las satisfacciones y los logros siguen apareciendo”, comenta. El año pasado, en la exposición de la Sociedad Rural, en Palermo, logró vender un reproductor brangus en $ 170.000, el precio record nacional de todas las razas. 

Las experiencias de Horario Losoviz sorprenden. Lideró empresas en Venezuela y en la Argentina, ocupó cargos públicos y presidió la Asociación de Fábricas de Automotores (ADEFA), la cámara que nuclea a las automotrices radicadas en el país. Desde 1999, es presidente de Indra Argentina, la filial de la empresa española de sistemas informáticos. También preside CREAR, una fundación de estudios e investigaciones económicas y sociales. “En mi época, había más emprendedores. Hoy, la gente piensa más en términos de una carrera profesional en una corporación que en la idea de transformarse en empresarios”, reflexiona.

Para Losoviz, la incorporación de las nuevas tecnologías tiene enormes ventajas. “Pero, a veces, me asusta la velocidad con la que todos responden un e-mail y opinan. Hay que aprovechar todo lo nuevo. Pero, también, empezar a corregir la falta de tiempo para pensar y la dependencia”, opina. Le gusta trabajar, pero también pone límites. “Hace diez años, en Indra, manejaba todo. Hoy, no. Además, alterno mi trabajo con las actividades en la fundación, un poco de gimnasia, la familia y los amigos”, comenta el empresario, ex piloto en el país de la fabricante de camiones Iveco.

“En la Argentina, hubo décadas en las que  se valoraba al joven que entendía la tecnología y era rápido con ella. Pero creo que, ahora, hubo un balance. Hoy, se reconoce a la persona más grande por su experiencia y por su sabiduría”, afirma Cristina Bomchil, directora General de la consultora  Valuar. “Son personas experimentadas, muy valiosas, que, por lo general, tienen más tiempo y pueden aportar más que un profesional joven”, agrega la especialista, refiriéndose a los protagonistas de esta nota. Mario Franzini, director de la consultora de headhunting Seeliger y Conde Argentina, coincide: “Están muy actualizados y les gusta seguir trabajando. El gran activo es que tienen una fuerte vigencia en algún aspecto del negocio. Conocen la historia, el mercado y a las personas”. 

Diálogo generacional
“El Correo Oficial cuenta una buena cantidad de personal dentro de este grupo etario. Inclusive, parte de su personal de dirección supera esa edad”, comenta Enrique Mangiantini, director de Recursos Humanos de la empresa estatal. Si bien en la compañía no existe una política formal relacionada, Mangiantini explica que hubo casos de ingresos de personas que superan la barrera de los 60. Obviamente, en funciones que no demandan sobreesfuerzo físico.

Arquitecto, Mauricio Deveaux comenzó a trabajar en el mercado de las exposiciones hace 30 años. Sus días como gerente de Servicios y Soluciones en La Rural están cargados de una adrenalina muy particular, porque allí todo ocurre en muy poco tiempo. Para él, la experiencia es fundamental para que los procesos se hagan más cortos, evitar los errores del pasado y para que la tarea del equipo sea más fácil. “Trabajar con gente joven es más dinámico y más divertido. Todos los días aprendo, porque tienen otra experiencia: más corta pero, en muchos casos, más intensa”, aclara Deveaux, quien intenta transmitir sus conocimientos con la misma pasión con la que encara cada nuevo proyecto.

“La sensación de deja vu es bastante frecuente”, analiza Hugo Luppi, socio de Auditoría de Deloitte en la Argentina, refiriéndose a sus 41 años en la Big Four. Para él, incorporar los cambios es necesario para una convivencia apropiada. “Esto no significa pensar que todo lo nuevo es mejor, ni tampoco vivir añorando los estilos, las conductas o los modos del pasado. El ideal es vivir con las facilidades tecnológicas, las herramentales del mundo actual y con un relacionamiento personal más informal del que estábamos habituados. Pero dándole a todo lo anterior el tono de las viejas costumbres, de las cuales no podemos desprendernos”, asegura. Según Luppi, el aprendizaje de lo técnico, lo tecnológico y lo cultural es permanente. “Y ayuda muchísimo a la convivencia en otros ámbitos: en organismos profesionales, en la docencia universitaria y, aun, en la relación con los hijos y los nietos”, detalla.

Billy Dolan comenzó a trabajar a los 20 años en la de-saparecida línea aérea ALA. Hoy, es gerente General para la Argentina de BCD Travel, una de las tres compañías de gestión de viajes más grandes del mundo. “La gente que me rodea tiene un promedio de 30 y pico de años. Tengo que mantenerme joven, sí o sí”, dice, entre risas. Asegura estar muy orgulloso de su equipo: “Saber que puedo ausentarme durante un mes y que hay gente que puede llevar a cabo esto tan bien, o mejor, que yo, me llena de satisfacción”. A los nuevos profesionales, les aconseja buscar siempre el equilibrio. “Ocho horas de trabajo, ocho de diversión y ocho de descanso. Hay que asegurarse de hacer lo que a uno le gusta, y no hacerlo sólo porque te pagan bien. Ese es el secreto. ¿Si lo logré? Creo que sí, porque disfruto de mi familia, de mi oficina y me encanta dormir”, remata. 



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