Hilda Molina: “Mientras esté vivo, Fidel Castro seguirá gobernando Cuba”

Hilda Molina: “Mientras esté vivo, Fidel Castro seguirá gobernando Cuba”

A casi un año de su llegada a la Argentina, la médica cubana Hilda Molina analiza la cruda realidad de la isla, confiesa su desencanto por el régimen y habla de los rumores que la vincularon sentimentalmente al dictador. 09 de Abril 2010

Hilda Molina es una mujer de carácter. De perseverancia. De lucha. Si bien en la Argentina su caso hizo eco cuando clamaba a la comunidad internacional la mediación ante el gobierno cubano para que le otorgara el permiso de salida de la isla (aquí, en la Argentina, la esperaban su hijo, su nuera, sus nietos y su madre), su nombre ya era bastante conocido en las arcas de Castro. Doctora en medicina destacada internacionalmente y especialista en neurocirugía, fue el motor del Centro Internacional de Restauración Neurológica en La Habana y, en reconocimiento a su labor, fue elegida diputada en 1993. Desencantada con el régimen, al que sin grises tilda de dictadura, renunció en 1994 a su cargo y a todos sus honores. A 10 meses del reencuentro con su hijo, tras 15 años de distancia, presenta el libro Mi verdad (Planeta), en el que confiesa cómo decidió romper con el sistema político, económico y social que rige en Cuba desde hace 51 años. Pero, también, y sin rubor, enfrenta los rumores que la vinculan sentimentalmente a Fidel Castro. 

¿Cómo ve a Cuba desde acá?
Me siento con derecho a criticar al gobierno de mi país porque predicó y no cumplió. Ningún sistema es perfecto. Pero, en la Argentina, las personas tienen derecho a protestar. Yo fui diputada y en el parlamento cubano todo era un monólogo. Aquí veo una sesión en el Congreso y no puedo creer cómo discuten. Esa opción no existe en Cuba. Siempre me dolieron las injusticias sociales y que haya enfermos que no tengan médico. Pero tampoco el gobierno cubano cumplió con eso. No tenemos libertad ni esas promesas que hicieron. 

¿Ni en educación ni en salud?
Un sistema de salud público y de educación bueno y decoroso son servicios fundamentales que todo gobierno está obligado a darle a su pueblo. El gobierno cubano, hasta la década del 80, tenía un sistema de salud de excelencia, aunque se ha degradado porque el modelo está agotado y porque los médicos están cansados de 50 años sin libertad. El sistema de educación es universal, pero es ideologizado, politizado y adoctrinante. A la mañana, en los colegios, a los niños les hacen gritar:“¡Pioneros por el comunismo!”. El comunismo es ateo. Los padres no tienen derecho a decidir en qué credo educan a los hijos. Los cubanos pagamos un precio muy alto por un sistema de educación gratuito. Y que se ha degradado por la masividad que Castro quiso darle, formando maestros de emergencia y éstos no pueden formarse de modo emergente. 

La libreta tampoco alcanza...
Prácticamente, Cuba no vive en la indigencia porque hay más de 3 millones de cubanos dispersos por el mundo que no dejan a su familia morirse de hambre. La cantidad de dinero que entra por remesas, precisamente por los “traidores, gusanos y mercenarios”, como dice Fidel, son millones. La indigencia no es generalizada porque vivimos en la caridad. Nos acostumbramos a vivir extendiendo la mano. 

¿Cómo se lleva medio siglo de discurso adoctrinante?
No sabe la desesperación psicológica que uno vive. Uno llega a pensar que no se puede vivir de otro modo. Nos han inoculado. Yo tenía 15 años cuando llegaron al poder. Patria, nación, himno y bandera son ellos. Y sientes que vas a romper con todo eso. Además, si rompes, te denigran, te ejecutan moralmente. Cómo se puede pensar que 11 millones de personas o piensan como se quiere o están dirigidos por el imperialismo. Le llenan el cerebro de la gente, es una limpieza neuronal. Los cubanos tienen miedo. Las generaciones más jóvenes se fascinan por el capitalismo pero por el consumo, quieren hacer lo que hace el turista. Hay gente que no tiene para comer pero que le pide a su familia de afuera que envíe un celular para usarlo como beeper. Es una sociedad enferma por la falta de libertad. Es difícil sustraerse a las heridas que deja un sistema como ése.

¿Resulta cruel el trato diferencial a cubanos y extranjeros?
En Cuba hay un apartheid étnico. Un cubano es persona de última categoría en cuestiones de turismo e inversiones. Raúl permitió el ingreso a los hoteles pero, si vas dos veces al business center, te controlan. El colmo de la ignominia es que seas ciudadano de última categoría en salud. Es lo que discutí dentro del partido. Propuse hacer otro edificio al lado del Centro, tener dos gemelos, uno para extranjeros y otro para cubanos. Me ofrecí a que mi equipo atendiera a los dos. El problema es que la mentalidad de los dictadores es inescrutable. Si ya habían decidido que el centro iba a ser para extranjeros, ningún argumento lógico los iba a convencer. Tratar de entender la lógica de un dictador endiosado es inútil. 

Lo irónico es que la revolución quería acabar con la dictadura...
Al final, hay vicios, corrupción, prostitución en su variante castrista -jineterismo-, drogas, violencia y desigualdad social. Hay personas con el alma destrozada porque ven estafados sus sueños de adolescentes. Otros tratan de autoengañarse. Es duro darse cuenta de que se luchó por algo que no vale la pena.

¿Por qué Fidel se ensañó tanto con usted? El libro parece dejar la puerta abierta a una historia de amor no correspondido...
Fidel nunca me lo dijo, pero tal vez porque no le di oportunidad. Él fue extraordinariamente cortés y cariñoso conmigo y hubo momentos en que pensé que iba a decirme algo e hice todo lo posible para que no lo hiciera. De él recibí una oca congelada y un ramo de rosas rojas, y no otros regalos como se dice. Siempre me invitaba a las comidas que daba a los visitantes extranjeros. Una vez me dijo: “¿No tienes más nada que decirme?” Yo le hablaba de trabajo, tratando de salvar el Centro para los cubanos, y él decía que no se refería a lo laboral. Comenzó a tener una conducta hostil conmigo, no sé si porque yo no le contestaba lo que él esperaba. No le di entrada a lo que él me quería decir. Por lo tanto, no puedo decir que él me enamoró o sedujo. Fidel tenía una especial fascinación por mis manos y lo decía publicamente. Tal vez habría que preguntarle a él qué le pasó conmigo. Vivía alabándome, diciendo que era la mujer más inteligente, más trabajadora. 

¿Cómo analiza la era Raúl?
Raúl es más pragmático, más lógico. Cuando llegó al poder, que además no ha gobernado porque el que gobierna es Fidel, parecía que iba a haber un cambio. Pero nada de lo que prometió importante ha podido cumplir y me parece que porque Fidel no lo dejó. Pensamos que iban a eliminar el permiso de entrada y salida, que es esclavista, que iba a haber más libertad de expresión y que hasta iba dar algunas posibilidades económicas. Mientras esté vivo, Fidel seguirá gobernando. 

¿Imagina a Cuba post Fidel? 
Me duele que piensen que la libertad de mi patria tiene que depender de la muerte de una persona. Ojalá que Fidel Castro recapacite. No soy tan optimista ni me parece que su muerte vaya a representar un cambio. Cuando anunciaron su enfermedad, a la gente no pareció importarle mucho y siguió su vida tratando de resolver los problemas como el “sálvese quien pueda”. 

¿Va a regresar a su país?
Vine con la intención de volver. Estoy legal en la Argenitna y estoy legal con respecto a las autoridades cubanas. Al salir, nos dan un permiso de entrada. Mi familia está pagando una mensualidad de u$s 40 en la embajada para renovar el permiso. Pero nunca volvería sin mi madre, que tiene 91 años y está enferma. Uno de mis grandes sueños sería volver a reanudar la tarea médica que suspendí por culpa del gobierno cubano. Quisiera estar un tiempo en la Argentina, hacer lo que hace una abuela normal, una abuela libre. Y quisiera, también, que mi país fuera libre.

Entre honores y revolución
Hilda Molina nació en Camagüey el 2 de mayo de 1943. Es doctora en Medicina, graduada por la Universidad de La Habana, especialista de Primero y Segundo Grado en Neurocirugía y en restauración neurológica. Además, es investigadora de la Academia de Ciencias de Cuba y fue miembro del Consejo Científico Asesor del Ministerio de Salud Pública. Recibió gran cantidad de honores de la comunidad neurocientífica internacional y las máximas condecoraciones que se otorgan en Cuba a los científicos y mujeres destacadas. Fue elegida diputada al Parlamento Cubano en 1993. En 1994, después de un proceso de discusión con las autoridades del gobierno cubano, renunció a todo lo que la vinculaba al régimen. Actualmente, vive junto a su familia en la Argentina.



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