Herederos de Gutenberg

Herederos de Gutenberg

Gráfica Cid es una pyme de origen nacional que encontró un nicho donde hacerse fuerte: la industria farmacéutica. Hacen prospectos medicinales, estuches y material promocional. El 80% de sus clientes son laboratorios y factura $ 10 millones al año. 27 de Enero 2011
Tres generaciones, tres escalones de negocios, un único relato de crecimiento. Así se puede diseccionar la historia de Gráfica Cid, una empresa familiar argentina que se especializa en brindar servicios a laboratorios medicinales y que, a lo largo de 50 años, fue buscando -y encontrando- la fórmula para reinventarse, profesionalizar su estructura y certificar procesos para convertirse en proveedor de grandes empresas y agregar valor a sus productos.

La firma nació en 1958, cuando Miguel Cid abrió una pequeña imprenta en Almagro con el propósito de atender las necesidades del barrio: tarjetas, invitaciones de bodas, facturas para los comercios. El taller se mantuvo, sin cambios ni pretensiones de crecimiento, durante años. Hasta que, como suele suceder en las empresas familiares con historia, el ingreso de una nueva generación revolucionó la empresa.

Tiempos de cambios
Corría 1976 y el hijo de Miguel, Carlos Cid, ya había pasado una década trabajando en el negocio y aguantándose las ganas de ir por más. Entonces, tuvo una charla definitiva con el fundador: “Yo necesitaba un desafío personal y un futuro profesional. Le planteé a mi padre que era necesario un cambio de timón y, aunque le costó, aceptó”, cuenta el emprendedor un mediodía de enero en su amplia oficina de Barracas, mientras su propio hijo (hoy tiene la misma edad que él tenía al momento de esa conversación) lo mira desde un extremo del escritorio.

Al mando de la imprenta, Cid inició la fase de organización y realizó un primer proyecto con proyección de crecimiento. Compró nuevas máquinas y, casi por casualidad, puso el primer el pie en el rubro farmacéutico, a través del contacto facilitado por un amigo del empresario, con quien jugaba al basquet en el club Ateneo de la Juventud. Ese paso definió el futuro de la firma: adquirieron la primera máquina de impresión offset para imprimir etiquetas para frascos, se mudaron a un local más grande en Bernal, incorporaron tareas de pre y post impresión que antes se tercerizaban y, hacia principios de los ‘80, ya tenían seis empleados. Los tres primeros grandes clientes que acompañaron este paso fueron Química Montpellier, La Nueva Compañía de Seguros y la alimenticia Andrés Lagomarsino.
El siguiente gran salto fue el traslado de los talleres al barrio porteño de Barracas, con marcado giro hacia la industria farmacéutica. Actualmente, las tres unidades de negocios fundamentales de la empresa son: prospectos medicinales, estuches y material promocional (publicaciones científicas, recetarios).

La siguiente generación
Hace cinco años, cuando los laboratorios trasladaron a sus proveedores las normas de Buenas Prácticas de Manufactura (GMP) de la ANMAT para la industria farmacéutica -consiste en herramientas para la obtención de productos seguros para el consumo humano centralizadas en la higiene y manipulación segura de productos-, Gráfica Cid se enfrentó a una nueva transformación. En este camino, y con la misión de comenzar el proceso de certificación de calidad ISO 9001/2000, ingresó a la firma el nieto del fundador: Hernán Cid. “Fue una revolución que por suerte pudimos llevar adelante”, dice el joven empresario. Entre los cambios, debieron alquilar una segunda planta de 250 m2 (con una inversión de alrededor de u$s 340.000 en maquinarias y reestructuración edilicia) para dejar la otra exclusiva para prospectos, profesionalizar el personal y poner en marcha protocolos de control que siguen la trazabilidad del producto desde que ingresa un material hasta que sale el resultado final. Lo cierto es que esas innovaciones “hoy nos sirven como estrategia de venta para conseguir otros laboratorios clientes”, admite Cid.

Las auditorías a la planta son moneda corriente en Gráfica Cid, ya que los laboratorios no contratan este tipo de servicio si no auditan antes. “Nos alineamos mucho con la calidad porque agrega valor a la pura impresión. Nuestra diferenciación es el control de calidad”, cuenta.

Es que imprimir un prospecto no es tan sencillo. Se deben cumplir especificaciones para evitar riesgos de mezclas de productos y tintas, daños durante el almacenaje o transporte, o incluso plegado o troquelado defectuoso. Además, estos instructivos que vienen doblados dentro de las cajas de medicamentos, son cada vez más extensos ya que, por normas internacionales, contienen cada vez más información, ante la responsabilidad que tienen los laboratorios.

Actualmente, Hernán Cid está a cargo del área comercial. El 80% de la cartera de clientes que maneja está formada por laboratorios, entre los que se encuentran Bagó, Baliarda y Roemmers.

Ficha
* Empleados: 33
* Plantas de impresión: 2 (en Barracas)
* Facturación anual 2010: $ 10 millones
* Facturación proyectada 2011: + 10%
* Imprimen entre 8 y 10 millones de prospectos medicinales por mes.



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