Helados con historia

Helados con historia

Tras fundar una cadena de heladerías en Miami, Héctor Emede regresó a la Argentina para continuar con la tradición familiar. Proyecta facturar $ 1 millón en 2011. 23 de Diciembre 2010

A Héctor Emede, la infancia le dejó todo menos un sabor amargo. Por eso, más de 50 años después de que su padre fundara “Pocho”, la primera heladería en el barrio de Haedo, el emprendedor e hijo del fundador, apuesta a ampliar la cadena de helados artesanales por Buenos Aires. “Emede 1952 Helados es una especie de homenaje a mi viejo”, cuenta Héctor Emede, que después de instalar 10 tiendas en Miami (“Dolce Vita Gelato”) ahora desembarca en el país con una nueva cadena, a través de la que planea expandir el negocio de su papá y facturar $ 1 millón.

Es que, desde chico, cuando sus padres fundaron una tienda de comestibles y helados artesanales, aprendió todos los secretos del negocio. Y cuando terminó el colegio ingresó a trabajar en la heladería. Sin embargo, al tiempo decidió ampliar los horizontes del emprendimiento. Como tantos otros argentinos en plena crisis de 2001, Emede viajó a Miami, donde ya estaba instalado su primo, y juntos abrieron una heladería y una fábrica con u$s 200.000. “Era una etapa en la que yo necesitaba empezar a hacer cosas de forma personal”, recuerda el entrepreneur. Así fue como se instaló en el barrio Pequeña Buenos Aires, al norte de Miami Beach, con “Dolce Vita Gelato”, nombre que eligieron teniendo en cuenta que, en esa ciudad, todo lo que tiene que ver con la gastronomía, pasa por Italia. “Corríamos con la ventaja de que en Miami, el de los helados no era un negocio muy difundido. En los Estados Unidos, el gran consumo de este producto se concentra en el supermercado. Por eso, nosotros nos sustentamos con el público latinoamericano y argentino que buscaba la heladería de barrio”, agrega.

Al año y medio abrieron una segunda tienda y al año siguiente otra, hasta sumar un total de 10 locales, entre propios y de socios, en zonas como South Beach y shoppings como el Aventura Mall. “En ese momento, había mucho paracaidista, gente que venía a ver qué podía hacer, trabajaban unos años y dejaban el local armado. Entonces, la inversión que había que hacer era mucho menor. Nos íbamos quedando con locales que ya funcionaban con otras marcas”, explica.

En 2004, el crecimiento en locales, más la incorporación de algunos hoteles, restaurantes y distribuidores, que sumaban el 50% de la facturación de la firma, los obligó a agrandar la fábrica. Las tiendas “Dolce Vita Gelato” alcanzaron una venta de 20.000 kilos de helado anuales y una facturación mensual de u$s 30.000. Pero la primavera no fue eterna. La crisis financiera golpeó mucho al país y el negocio dejó de ser la oportunidad que era. Con ese panorama, Emede decidió volver a la Argentina, sin dejar de lado el negocio que ya había formado en los Estados Unidos, ahora a cargo de su primo. En 2010, más de 50 años después de su fundación, los helados “Pocho” que su padre fundara en 1952 se expanden a través de “Emede 1952 Helados” en los barrios de Belgrano R y Recoleta.

El que manda es el sol
De la “Dolce Vita” a “Emede 1952”, las heladerías de Héctor Emede no perdieron la esencia de sus sabores, pero sí del negocio. “En Miami la venta es más pareja, y en la Argentina más estacional. Además, los costos y la mano de obra es más elevada”, compara. Según explica, la industria funciona bien durante seis meses (hasta marzo) y luego baja la otra mitad del año. “Si en junio vendo 10, en diciembre 30”, grafica. Es decir, que en temporada baja, cada tienda alcanza una facturación mensual de $ 40.000 y durante los meses de más ventas, entre $ 100.000 y $ 120.000, explica.

Según indica, la visión de hoy no es la misma a la de 2004. En Miami hoy son prácticamente los únicos vendedores de helado artesanal, pero no es momento para invertir en nuevos puntos de venta. En cambio, en la Argentina planea nuevas aperturas. La última: Cariló. “Me interesaba estar presente en un punto de veraneo para tener acceso a un público más premium. Es más estrategia que oportunidad de venta”, sostiene el emprendedor.

Las heladerías, que cuentan con una oferta de entre 45 y 50 gustos, cuentan con cinco empleados cada una. “Tenemos una estructura familiar. Eso me permite no tener gerentes, y sí precios accesibles”, sostiene. El precio del kilo de helado es de $ 54. Además, creó una tarjeta estudiantil, para que los chicos de los colegios de la zona accedan a una línea de helado más económica ($ 10). “Quería darle al negocio la impronta de la heladería tradicional de barrio”, explica Emede que siente que hoy repite la historia de su padre.

Ficha
Fundación: 1952 (heladería original).
Actividad: fabricación de helados artesanales
Cantidad de empleados: 15
Facturación: $ 1 millón



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