Guerra comercial global: ¿qué tan cerca estamos?

Guerra comercial global: ¿qué tan cerca estamos?

La devaluación del dólar estadounidense desató una guerra de divisas con China que pone en riesgo el intercambio de comercio en el globo. Impuestos al ingreso de capitales y control del tipo de cambio son algunas de las medidas que aplicaron los países latinoamericanos. Cómo se prepara la región para librar la batalla. 11 de Febrero 2011
"Factible". Que se puede hacer. Adjetivo con el que Barack Obama, presidente de los Estados Unidos, calificó la meta de duplicar las exportaciones del país para 2015. "Imperativo". Así el mandatario juzgó el fortalecimiento de las ventas al mundo para generar nuevos empleos.

Ya hace un año que Obama lo anunció, y un dólar barato para aumentar las exportaciones norteamericanas se marcó como el camino para salir de la crisis. El comercio exterior, de esta forma, fue elegido como la herramienta para potenciar el crecimiento. Como consecuencia, las exportaciones en los primeros once meses de 2010 aumentaron un 20% con respecto al mismo período del año anterior, según datos del Departamento de Comercio estadounidense. La tasa de desempleo, no obstante, se mantuvo en torno al 9%.

La decisión que tomó los EE.UU. hizo algo más que arrojar resultados contrapuestos: envició al resto del globo. Japón, Corea, Rusia y luego Chile fueron algunas de las naciones que comenzaron a devaluar sus monedas como un arma económica para generar productos competitivos. "Yo devalúo, tú devalúas". El efecto contagio fue el puntapié que dio inicio a la guerra de divisas. Como en la década del ´30, el fantasma de la Gran Depresión asusta a las economías mundiales.

Con una receta que muchos países aplican al unísono, las devaluaciones competitivas hacen que el efecto buscado por los EE.UU. resulte poco significativo. "Este tipo de medidas consiguen resultados positivos a corto plazo, como ser el incremento nominal de las exportaciones. El aumento del empleo se da siempre a mediano/largo plazo, ya que está acompañado de la inversión. El tema es que difícilmente se logren esos objetivos a mediano o largo plazo mediante este tipo de devaluación, toda vez que estas medidas son compensadas por el resto de los actores", explica Claus Noceti, gerente de Comercio Exterior de PricewaterhouseCoopers.

Así, la preocupación entre políticos y economistas no tardó en aparecer. ¿El motivo? Que se desate una guerra comercial que profundice y dificulte aún más la salida de la crisis financiera. Sin ocultar su nerviosismo, Brasil fue uno de los países que comenzó 2011 alertando sobre la tendencia. "Se trata de una guerra monetaria que se está convirtiendo en una guerra comercial", declaró Guido Mantega, ministro de Hacienda del país vecino.

Señales de riesgo
La disparidad de crecimiento entre las economías desarrolladas y las emergentes es una de las principales señales que presentan a la guerra comercial como amenaza latente. "Este año y hasta 2013, seguramente veamos replicar la misma tendencia. La Unión Europea creciendo un poco más de un 1%, los EE.UU. creciendo entre 1,5 y 3%, mientras que los emergentes crecen entre un 5 y 6%, encabezados por China que no baja del 8%", detalla Osvaldo Rosales, director de la División de Comercio Internacional e Integración de la Cepal.
Según explica Rosales, la asimetría de crecimiento hace que los países emergentes incrementen sus tasas de interés, "para poder crecer y mantener el equilibrio macroeconómico".

En este mundo asimétrico, los EE.UU. y China juegan en ligas mayores. Su desequilibrio comercial es otro de los factores que, según los especialistas, podría acelerar una guerra comercial. "Mientras que el gigante asiático tiene superávit comercial y crece rápido, los EE.UU. tiene un amplio déficit y crece lento", diferencia Martín Apaz, gerente del departamento de Economía de Deloitte. Y advierte: "Los EE.UU. ya realizó restricciones puntuales a la compra de productos chinos para equilibrar el intercambio. Si la estrategia se profundiza, se podría de-satar una guerra comercial".

A pesar de las presiones norteamericanas, la tendencia marca que la revaluación del renminbi no se encuentra entre las prioridades del mayor exportador del mundo. Esta negativa recrudece la rivalidad entre ambas economías. Para Mauricio Claverí, analista de comercio exterior de abeceb.com, si China deja apreciar el yuan "se caen las inversiones, el crecimiento se hace más lento y puede tener problemas de empleo. Eso planteó el principal escenario de la guerra de monedas entre las dos superpotencias". Por ahora, el control sobre el tipo de cambio sigue dictando el ritmo de las exportaciones. El escenario win-win todavía está lejos.

Medidas latinoamericanas
Ante todo, evitar la apreciación. La moneda verde no sólo se devaluó, sino que apresuró a la región a tomar decisiones que le permitieran mantenerse al margen del enfrentamiento de los gigantes. "Establecimiento de algunos impuestos al ingreso de capitales, exigencias de mayor encaje en operaciones de corto plazo" son algunas de las medidas que, según Rosales, aplica Brasil. "Todo lo que acontezca con el precio de las importaciones manufactureras que vienen de China puede afectar significativamente la capacidad industrial brasileña. Por eso, en países como Brasil, con ese mayor potencial industrial, el deterioro del tipo de cambio real se entiende fácilmente", explica el economista.

Hace no mucho que Chile se sumó a la guerra de divisas. Por su conocida historia de libre fluctuación de la moneda, es uno de los casos más sorprendentes. En enero de 2011, el país anunció la inversión de u$s 12.000 millones para retener el tipo de cambio, una suma equivalente al 6% de su PBI. Si bien la medida también responde al constante pedido de los exportadores chilenos por un tipo de cambio más laxo, los resultados aún están por verse.
Uno de las naciones que está analizando la aplicación de medidas es Perú que, a diferencia de Chile, tiene hace años un tipo de cambio fijo. "Es uno de los países con mayor crecimiento en los últimos años, y está viendo de copiar el modelo brasileño, analizando cuestiones impositivas", dice Noceti. Para el economista de Price, el caso de la Argentina es "especial". "Ya tenía un tipo controlado de cambio, lo que hace que el país no se encuentre tan indefenso, pero tampoco es inmune", dice, y recuerda que todas las soluciones que están tomando las economías latinoamericanas son a corto plazo.

Será por eso que el largo plazo es el timing que más inquieta a la hora de ponderar las medidas implementadas. "Este tipo de políticas no son gratis, tienden a aumentar la inflación doméstica de los emergentes. Si eso ocurre, la tendencia a la pérdida de competitividad se torna inevitable", señala Apaz.

El rebrote del proteccionismo es otro de los efectos que puede llegar a surgir si se desata una guerra comercial. "El peso se devaluaría porque está atado al dólar, y la Argentina perdería competitividad, -afirma Claverí-. Pero por más que tenga competitividad cambiaria, si se llegara a debilitar la demanda de Brasil, ahí sí sufrirían mucho las exportaciones, sobre todo de bienes industriales".

Para Rosales, las medidas que está tomando la región para responder a la devaluación del dólar son inquietantes para el futuro exportador de América Latina. "Los productos más asentados, como el cobre en Chile y Perú, la soja en Brasil y la Argentina, son competitivos con tipos de cambios menores. Pero este tipo de cambio desplaza a los nuevos exportadores, y conduce a la concentración en la estructura exportadora", reflexiona.

Por ello, el experto de la Cepal considera que las medidas "ayudan" si forman parte de una visión más amplia, "que debiera generar inquietud por elevar la productividad, por innovar, por apoyar a las pymes. "En la región sabemos que, en el largo plazo, apoyarnos cada vez más en la exportación de productos básicos no es una receta que nos permita crecer con equidad".



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