Grandes planes en talla chica

Grandes planes en talla chica

GDEB Las ganas de llevar adelante un emprendimiento propio llevaron a Gabriela de Bianchetti a crear su propia marca. Hoy, sus prendas están presentes en una docena de países y proyecta consolidarse en el interior. 19 de Abril 2012

Gabriela de Bianchetti nació en el Tigre y, como isleña y emprendedora, el leitmotiv de su vida es el remo. Así ha sido su tránsito en el mundo de los negocios: una palada tras otra, con esfuerzo continuo.

Su trayectoria emprendedora nació a mediados de los '80, cuando decidió dejar su puesto en Cacharel, después de trabajar allí seis años en las áreas de Producto, Desarrollo de la colección y Ventas por mayor. A pesar de los consejos de su padre, dio el paso hacia la independencia: "Tenía muy buen sueldo y aprendí mucho porque todos los años venía gente de Paris a hacer el desarrollo de productos; esa fue mi formación. Pero yo quería hacer mi propia historia", cuenta.

Corría 1986 cuando De Bianchetti se puso a hacer tiradores de mujer. Como conocía desde adentro lo que era una empresa grande, fue a venderlos a firmas como Levy's y Sisley. Enseguida empezó a hacer, además, tiradores de seda natural, con corbata o moños haciendo juego, para hombres, que se ofrecían en elegantes cajas en James Smart, Giesso y Mc Taylor. "En esa época conocí a mi marido, arquitecto, que tenía una oficina en el centro. Desde allí organizaba los recorridos en colectivo para las ventas y entregas", recuerda.

Pero llegó la crisis del Tequila y los hombres, como siempre en tiempos recesivos, fueron los primeros en dejar de consumir. Para salir adelante, la emprendedora apuntó a un segmento menos sensible a la crisis y empezó a producir cinturones y tiradores para chicos, que vendía a clientes de negocios multimarca. Precisamente fue uno de esos clientes el que le abrió la puerta al mundo de la indumentaria. "Un día llegué al local de Unicenter y el dueño estaba preocupado porque vendía ropa de Cheeky y la marca estaba a punto de abrir un local en ese shopping, con lo cual le retiraba todas las prendas de bebé del negocio. Me preguntó si no me animaba a hacer algo", cuenta. La respuesta fue "sí", aunque el acuerdo era difícil de cumplir: le prometió que al día siguiente le llevaría cinco muestras de ropa de bebé a condición de que, si le gustaba, le asegurara la compra.

Hasta ese momento, De Bianchetti sólo tenía referencias de una modista que hacía ropa para recién nacidos y contaba con moldería propia. Desde un teléfono público hizo contacto con ella y, luego, corrió a la calle Alsina a comprar telas (ese vendedor sigue siendo hoy su proveedor principal). Al final del día siguiente tuvo sus cinco muestras y logró su pedido inicial para dos locales, en noviembre de 1989, que afrentó con $ 5000 aportados por su suegro. Así nació la marca GdeB.

Su casa pasó a ser el teatro de operaciones. El living se llenó de rollos de tela y el cortador iba los sábados a cortar las prendas. Luego las piezas eran enviadas al taller y Gabriela le daba los toques finales (broches, planchado), antes de distribuirlas.

Montar la escena
Desde el primer momento, la emprendedora estuvo presente en las ferias del sector. La primera vez que participó de Mabyn (muestra argentina de indumentaria de bebés y niños), hace más de 20 años, expuso 25 prendas. "Mi propuesta era chica pero innovadora. Usaba grises combinados con negro o rosas, en tiempos en los que la ropa era rosa, celeste o blanca. Eso me permitió llegar a clientes distintos, con un producto direrenciado y telas que no se usaban para ropa de bebés", define.

El negocio fue creciendo y en 2003 su marido -Sergio Timerman- se sumó al proyecto.
Con el principio de siglo, también, empezaron a vender a un cliente ubicado en Asunción, Paraguay, y así comenzaron a descubrir el mundo de la venta internacional. Hoy exportan a 12 países y las ventas se concentran básicamente en Latinoamérica. "La región está muy pendiente de Buenos Aires. Desde hace dos o tres años se incrementó el número de personas de países vecinos que vienen a nutrirse de diseño local, que está muy de moda", sostiene.

La marca tiene dos locales exclusivos en Perú, otro en Chile, vende en Miami, en una tienda de venta por catálogo e Internet, y también está presente en Uruguay, Paraguay y Brasil. Exporta el 20 por ciento de su producción, tiene cuatro locales en Buenos Aires y 180 clientes en la Argentina. Si bien la mayoría son negocios multimarca, una decena de locales del interior venden GdeB en forma exclusiva.

Las prendas, hasta talle 8, se fabrican en unos 20 talleres tercerizados. Y los planes para 2012 contemplan un crecimiento del 30 por ciento en el mercado interno, en cantidad de prendas. "Hay un mercado potencial de 300 clientes multimarca en todo el país. A ellos vamos a apuntar", agrega. Y afirma: "Me gustan las cosas seguras, paso a paso. Mi objetivo es tener una empresa más organizada. Aprendí a delegar, porque lo único que te hace crecer es aprender a delegar", asegura, aunque a su cargo exclusivo continúa el diseño de la colección, que lleva su nombre. Y mientras lidia con la falta de insumos importados, desde etiquetas hasta estampas en rojo reactivo que suman "pequeños grandes problemas", sigue adelante, una palada tras otra. "Si no le ponés fuerza y ganas, aunque sea muy bueno, el proyecto se cae", resume.



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