Ganadores y perdedores de la crisis global

Ganadores y perdedores de la crisis global

La crisis puso en evidencia debilidades y fortalezas de los distintos rubros de la economía. Automotrices y autopartes, textiles, y productos manufacturados de exportación se encuentran entre los más afectados. Pero también en sectores como el agro, volatilidad en el precio de la soja mediante, se encendieron luces amarillas. Construcción y energía, entre los beneficiarios. 21 de Octubre 2011

A diferencia de lo que ocurre con el poeta sueco Tomas Tranströmer, último ganador del Premio Nobel de Literatura, virtualmente desconocido para los especialistas locales, los que obtienen todos los años ese galardón en Economía ya fueron estudiados por los economistas vernáculos. En una oscilación que marca tendencia, en cada edición el Comité Nobel del Banco Central de Suecia elige a un representante de las escuelas que ponen el acento en el equilibrio de los mercados alternándose con los que bucean en los fenómenos estructurales. Este año tocó a los norteamericanos Thomas J. Sargent y Christopher A. Sims, por sus aportes en el estudio de las causas empíricas y sus efectos sobre la macroeconomía. Analizar la conjunción de la multiplicidad de variables que terminan impactando en la coyuntura macro hoy se torna tan necesario como difícil.

En primer lugar, la dinámica de la realidad económica hace que no quede claro cuándo terminarán impactando las causas con raíces de distinta naturaleza y todo potenciado por una globalización creciente. En un escenario así, un promedio moderado puede esconder comportamientos muy distintos y hasta opuestos. Es un mundo donde el empate está en vías de extinción, sólo hay ganadores y perdedores; tanto a nivel región, como país o hasta sectores.

Nada es para siempre
La crisis económica mundial en realidad es sólo de los países desarrollados o centrales, en términos de la Teoría de la Dependencia. Una paradoja que domesticados y revisados los padres de dichas teorías "cepalistas" con bastante antelación, la economía termina retrucándoles, cambiando lo que siempre fue blanco de sus críticas: a) Cambio favorable en los términos del intercambio para muchos países periféricos (en general, productores de materias primas). La Argentina, por ejemplo, tuvo en los últimos años el mejor de su historia independiente, algo que va mucho más allá del boom sojero. El reverso de esta moneda es, lógicamente, la pérdida de bienestar general a los importadores netos de productos no elaborados o semielaborados: minerales, derivados del agro, petróleo y energía. b) Alteración acelerada de la ecuación de poder regional y global. Así como el sustrato económico que alimentaba las teorías de la dependencia fue perdiendo fuerza y hasta revirtiéndose, junto con este factor o quizás como efecto de él, se produjo un giro notable en el poder y las relaciones entre las regiones y países.

Los BRIC (Brasil, Rusia, India y China) no sólo son una sigla marketinera sino que enlazan a países con algunas cosas en común, muchas diferencias y un destino similar: ser protagonistas en la mesa de decisiones de los próximos años. Empujados por su enorme población (China o India), su extenso territorio, influencia regional y producción de materias primas (Brasil o Rusia), su peso específico en temas económicos está cambiando su presencia internacional. Empresas "embajadoras", redes de alianza para asegurarse el aprovisionamiento de materias primas.

El ladrillo apuntala la crisis
La salida de la convertibilidad de 2001 tuvo como víctima propiciatoria al crédito hipotecario tal como se lo conoció durante la década del ‘90. O sea: en dólares, financiando hasta el 80% de la propiedad, con tasas de entre el 10 y el 12% anual y 15 años de plazo. Se faenó la gallina de los huevos de oro para alimentar la pesificación asimétrica. El crédito hipotecario virtualmente de-sapareció: cayó a menos de la quinta parte de los máximos del 1 a 1. Pero esa debilidad blindó al país de la gran crisis de financiamiento de la construcción en Europa y los Estados Unidos. En España, por ejemplo, motivó la quiebra en cadena de las grandes desarrolladoras inmobiliarias, el déficit de los gobiernos locales y la repatriación en masa de los inmigrantes, que eran la fuerza laboral mayoritaria.
En la Argentina, en cambio, la escasez de fondos hipotecarios tradicionales implicó que se recrearan nuevas formas de financiamiento: fideicomisos, pooles de construcción en el pozo, preventa por parte de desarrolladoras, etcétera.

Pero quién más hizo fue la crisis internacional. Descontada la guarida de los plazos fijos o bonos locales, la alternativa siempre estaba en el circuito off-shore. Pero Madoff primero y la bajísima tasa de interés después, llevó a revalidar la opción del ladrillo en la economía real. Hoy el aliento principal en el mercado inmobiliario es la falta de alternativas reales de inversión con bajo riesgo, casi divorciada de otros sectores que podrían contagiarse con mayor rapidez de los avatares de los mercados internacionales.

El impacto que, en definitiva, tendrá la crisis actual en el precio de las materias primas y las que concentran el grueso de las exportaciones argentinas será decisivo. El recuerdo de 2009 inquieta: la economía se había desacelerado, vino un período de bajas cotizaciones para la soja y el maíz, muy lejos de la fiebre de principios de 2008, y cayó la recaudación fiscal.

En ese escenario, para Eduardo Fracchia, director del Área de Economía del IAE, la más perjudicada sería la agricultura y, en general, a los bienes transables les iría peor. Además, agrega, "se revertiría el ciclo expansivo del sector automotriz y la construcción se frenaría. Sin embargo, no veo tantos cambios en los bienes de consumo no durables, que son de compra cotidiana y en especial los servicios, que no caerían tanto como los comerciables", concluye.

El otro tema que causa preocupación en los ambientes industriales es el cambio de tendencia en Brasil. La economía del gran vecino latinoamericano venía creciendo a una tasa módica pero sostenida, lo que forzó, incluso, a una revalorización del real y una consecuente demanda adicional sobre el mercado argentino, desde productos industrializados hasta la avalancha turística que se ve en Buenos Aires y diferentes plazas del país.

Ahora el dólar se encareció y cambió de signo la corriente del comercio bilateral.
Justamente, a juicio de Fausto Spotorno, economista del Estudio Orlando Ferreres y Asociados, los sectores más complicados serán los vinculados a los productos industriales de exportación. "El mundo en general está sobre ofertado de este tipo de productos. Los Estados Unidos y Europa no solo consumen menos sino que también exportan más y lo mismo ocurre con los asiáticos", explica.

Por otra parte, agrega que "Brasil puede verse algo golpeado por esto y las industrias argentinas y brasileñas son prácticamente siamesas".

En el caso del agro, Spotorno ve el vaso medio lleno: el sector podría sentir un golpe si los precios cayeran porque la cosecha argentina está prácticamente estancada en 100 millones de toneladas desde 2007, pero cree que finalmente los precios se van a mantener elevados.

Luces rojas en el camino
Los otros dos sectores más vulnerables son precisamente los que más han mostrado actividad en los últimos años: el automotriz y el textil en general. Los autos habrán encontrado, para fin de 2011, su marca récord. Muchas coincidencias hubo para haber roto el techo histórico de los 600.000 vehículos: expansión del consumo en las clases medias; cambio de las pautas del consumo; ampliación del crédito y facilidades para los coches nuevos como también la falta de atractivos para el ahorro bancario tradicional. Sin embargo, dos factores amenazan: cada auto fabricado en el país genera una importación creciente de autopartes, especialmente de Brasil, y la ecuación encontrará un fuerte desequilibrio. Ello, sumado a la presión del Gobierno por equilibrar de cualquier modo la ahora deficitaria balanza comercial con Brasilia pondrá en jaque la expansión del "modelo" automotor argentino.

Otro sector que alcanzó en los últimos tiempos acuerdos de protección oficial, el textil, también verá amenazado su buen ritmo de actividad. Por el lado de la demanda, una eventual meseta económica demolerá la demanda, siempre tan sensible a estos altibajos cíclicos. Pero también habrá presión de los productores de los países en crisis por desagitar los stocks acumulados culpa de la caída en las ventas. Difícil exportar y, más todavía, resistir la presión importadora.

La energía, en cambio, presenta un panorama diferente: la crisis podría afectar el precio del petróleo, pero los bajos niveles de inversión doméstica en el sector inducidos por la política de precios subsidiados desde 2002 forzará, vistas las dificultades fiscales para sostener el plan de energía barata para todos, a alentar la inversión y a manejar con precios más racionales, cerrando la brecha con los internacionales. Buena noticia para el productor, pésima para el consumidor en puertas de un tarifazo escalonado.

Una desaceleración en la economía, finalmente, desarmaría la maraña de subsidios y aportes del Tesoro para bajar el "modelo" a tierra Pyme. La última oleada de créditos ventajosos, como los del Bicentenario (9% anual en pesos, con un año de gracia), se verán también acosados por una situación fiscal que ya muestra rojos y sin contar el auxilio que la Nación le dará a las provincias con mayores apuros en sus cuentas. Esto impactaría en el empleo y el equilibrio logrado en el mercado laboral. Con casi una década de crecimiento a "tasas chinas" (salvo el invierno de 2009), la tasa de desocupación no pudo perforar el 7,5%. ¿Qué ocurrirá ahora que difícilmente pasará de los 4 ó 5 puntos para 2012?
La rigidez acentuada del mercado laboral (convenios más restrictivos para el empleador, costos adicionales crecientes y achatamiento de la pirámide salarial interna) quizás forzará el subempleo y la desocupación abierta.

Y por último, el sector más dinámico del empleo, el estatal (el que más creció a nivel nacional después de la construcción) verá dificultades para financiarse pero también, si la economía entra en un parate, presiones para absorber los excedentes del mercado laboral (por cierre de actividades o por crecimiento vegetativo). De una u otra manera, los administradores harán malabarismos para racionar los fondos públicos entre este objetivo y el de cumplir con las promesas electorales recientes. Es, luego de años de piloto automático y crecimiento exógeno, volver a sentir el rigor del principio básico de la economía: la escasez. ¡Buscando novedades, se retorna a lo clásico!



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