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Forster: "No hay destino para el kirchnerismo si sólo lo inscribe en el interior del PJ"

El filósofo Ricardo Forster, referente de Carta Abierta, sostiene que el “decisionismo” de los Kirchner es una etapa agotada y pide avanzar hacia un espacio frentista de la política. También critica al Indec y habla de la corrupción estatal. 16 de Abril 2010

Ricardo Forster, fiel exponente de la intelectualidad argentina, no tiene empacho en comprometer sus ideas en la acción política oficial. Es uno de los inspiradores de Carta Abierta, el espacio kirchnerista conformado por intelectuales de peso que, desde mayo de 2008, en pleno conflicto del campo, decidió salir a la palestra para defender con la palabra al gobierno de Cristina. A dos años de aquella fundación, Forster niega que ese núcleo se haya convertido en una suerte de think tank del Gobierno, aunque en los hechos hay que decir que se le parece bastante. De sus escritos (siete cartas hasta ahora), han surgido expresiones como “clima destituyente”, “restauración conservadora” o “nueva derecha”, chicanas que hoy abundan en los discursos de la Presidenta y de sus funcionarios para descalificar al adversario de cuanta pelea estén empeñados en librar.

En un mano a mano con este medio, este filósofo y profesor de Historia de las Ideas defiende con uñas y dientes al matrimonio Kirchner. “No hay ninguna medida del Gobierno que haya ido en contra de los intereses populares", afirma. También opina que el kirchnerismo está construyendo “otra forma de transversalidad” y se alinea con el discurso oficial en sus críticas a la Justicia: “Es pecar de ingenuidad suponer que los jueces son una zona virtuosa y que el único lugar del vicio es el territorio de la política”.

Carta Abierta ha recibido muchas críticas de otros intelectuales que tienen que ver con una supuesta manera ingenua de parararse frente al Gobierno.
No, no somos ingenuos. Hay dos niveles de crítica diferente. La única interesante es la que discute ideas, después hay algunos que han dicho, como Marcos Aguinis, que Carta Abierta está conformado por gente que cobra dinero del Gobierno, una descalificación que no merece respuesta.

Pero en sus textos, hay poca o nula crítica al Gobierno. Se ignoran cuestiones como las sospechas de corrupción que pesan sobre el kirchnerismo.
En estos seis años, si corremos por un instante la otra dimensión a la que se está refiriendo que sería la zona oscura de la corrupción, ninguna de las medidas del Gobierno ha ido contra los intereses populares. Si pensamos en términos de políticas de derechos humanos, de defensa del salario, de una medida como la asignación por hijo, de una serie de medidas económicas, sociales o políticas, difícilmente podamos identificar a este gobierno como un gobierno que tiene una visión del mundo neoliberal o de ajuste o que supone una serie de imposturas respecto de lo que hace o dice.

¿Las sospechas de corrupción no suponen una impostura?
Es un tema a discutir, el estado argentino ha sido desguazado, bombardeado sistemáticamente desde el ‘76 en adelante, con una etapa de franca destrucción de los núcleos mismos de la capacidad del Estado de administrar e intervenir en lo ‘90 con las políticas del menemismo y las propias políticas de continuidad de la convertibilidad por parte de la Alianza. Un Estado que al ser desguazado habilitó también un mecanismo de corrupción generalizado en el interior de la administración pública. Sigue habiendo napas de funcionarios que provienen de lo peor de esas historias.

Jaime, por ejemplo, es un hombre del riñón íntimo del matrimonio Kirchner.
Si es corrupto tiene que ir a prisión. Pero yo invertiría la pregunta. Es difícil encontrar en las naciones del mundo formas puras y virtuosas en el interior del reino de la política. En sociedades como la nuestra, que atravesaron régimenes autoritarios, dictatoriales, neoliberales e incluso populistas, la corrupción es un tema que está allí y que sigue existiendo como problema no menor al que siempre hay que atender. Lula durante su primer mandato fue acusado de ser el más corrupto de todos los presidentes de la tierra y hoy, por distintos motivos, la misma prensa que se dedicó a bombardearlo lo coloca en un lugar emblemático de aquello que habría que imitar por parte de un gobierno, el argentino, que sería el más corrupto de toda la historia del país. ¿Que hay corrupción en algunas zonas del Gobierno? Seguramente la habrá. ¿Qué hay una justicia independiente que está en condiciones de investigar? Esto también es cierto porque uno de los méritos de este proceso es haber habilitado una Corte completamente diferente a la de los ‘90 que era corrupta y cómplice de los negocios de desguace del estado.

Nadie discute la renovación de la Corte. Sin embargo, los Kirchner parecen arrepentirse con sus ataques a la Justicia y a miembros de ese tribunal.
Suponer que la justicia argentina pasó indemne su complicidad con la dictadura, sus diversas complicidades con las corrupciones de los ‘90 y que los jueces en la Argentina son portadores de una visión republicana, seria, autónoma, es una falacia. Hay enormes sectores de la justicia argentina comprometidos con intereses corporativos. Lo estamos viendo con la cuestión de la ley de Medios, ideológicamente herederos de tradiciones fascistoides, que han trabajado por la impunidad. Hay jueces honestos, deshonestos, hay un sistema judicial que no se ha reformado y no se ha puesto todavía a la altura de la calidad institucional que se le exige al Ejecutivo, por tanto me parece que es pecar de ingenuidad suponer que los jueces en la Argentina son una zona intocable y virtuosa, mientras que el único lugar del vicio es el territorio de la política o del mundo sindical.

¿Cuáles serían para usted los pilares básicos del proyecto kirchenrista?
Recomposición de la memoria histórica estructurada en términos de una política ligada a la memoria y la justicia y también a algo fundamental: impedir la represión de la protesta social. Por otro lado, la reconstrucción del sistema del trabajo, la búsqueda de recreación de producción propia, de un mercado interno, de una capacidad de consumo de los trabajadores, la reconstrucción del sistema de paritarias, de poner en discusión qué parte de la renta le corresponde a los trabajadores, la política latinoamericana, la transformación en la sociedad argentina de ciertos núcleos que parecían intocables. Creo que la disputa en torno a la democratización de la comunicación y la información es decisiva. También la preocupación por atender a los más debilitados de la sociedad. Este Gobierno no ha hecho ajustes, no ha elegido el salario, los trabajadores y los débiles de la sociedad como lugar de ajuste.

Pero la inflación golpea a los más débiles. La pagan los asalariados.
Otra enorme discusión. La inflación es un fenómeno muy complejo que tiene zonas negativas cuando es multiplicada sobre si misma y utilizada por los formadores de precios para seguir manejando las líneas maestras de la economía y también ha sido parte de una historia del propio crecimiento económico argentino. Hay una zona maldita de inflación, sobre todo en un país que ha atravesado la híper, que destruye a una sociedad y la deja amordazada para cualquier proyecto, y al mismo tiempo hay también un uso y un abuso de algo que es problemático pero que tiene como lugar de contención la decisión de que los salarios acompañen en discusiones racionales el aumento de los precios.

¿Cómo se explica que el Gobierno niegue la inflación en lugar de atender el problema? 
El Indec yo asumo que es un problema no menor, no entiendo por qué no se toma una decisión política que reconstituya a un organismo que es clave a la hora de definir ciertas políticas y que habilita, paradójicamente, a que las consultoras privadas digan cualquier cosa y sean utilizadas por la oposición política. Es una debilidad.

Esa actitud frente al Indec muestra un rasgo recurrente de los Kirchner: persistir en el error.
La generalización es problemática. El Indec es un problema, pero no invalida otras áreas discursivas del Gobierno que de ninguna manera caen dentro de esa deslegitimación que puede significar hoy un Indec que necesita ser reformado. Me parece que éste ha sido un Gobierno, primero el de Kirchner, después el de Cristina Fernández, que ha producido una inflexión en un movimiento argentino de las últimas décadas caracterizado por el dominio arbitrario de las grandes corporaciones económico-mediáticas sobre el destino del país. Este Gobierno ha podido confrontar allí donde hubo que confrontar, ha podido sostener políticas donde ha habido necesidad, incluso cuando afectaban intereses corporativos muy claros.

Hace días, su colega Tomás Abraham decía que a los Kirchner les importa poco la ideología y son maníacos del poder...
Falso, totalmente en desacuerdo.

¿Les importa la ideología?
Por supuesto. Le voy a decir por qué. Los años ‘90 fueron dominados por la despolitización y lo que podríamos llamar la matriz posmoderna, que entre otras cosas estaba ligada al fin de la ideología, la muerte de la historia, las profecías de Fukuyama, el fin del conflicto. Esa tendencia a la despolitización arribó como un fenómeno de la vida que a su vez arrastraba viejas historias de la antipolítica en la Argentina. Estos últimos años, con sus tensiones y sus deficiencias, reinstalaron en el espacio público lo político, el debate de ideas y lo que podríamos llamar la reaparición de actores sociales en el espacio público.

La sensación que uno tiene es que el único leit motiv de Kirchner es retener el poder. Y que es un pragmático.
Kirchner tiene, por supuesto, un lado pragmático claro y tiene algo también que se inscribe en la lógica de la política que es la búsqueda de sostener el poder y garantizar que aquello que está haciendo se pueda seguir haciendo mañana.

Aunque deba hacerlo atado al PJ, que al principio denostó, y al sindicalismo de Moyano.
El sindicalismo de Moyano no es el de Cavalieri, no es el de Barrionuevo, el que entregó la historia de lo mejor del sindicalismo argentino al modelo neoliberal. Moyano es un hombre con quien uno podrá tener diferencias, pero que en los ‘90 asumió una postura crítica al modelo del menemismo a través del MTA, que hoy defiende los intereses de los trabajadores, que ha logrado que de vuelta en las calles se junten, como el año pasado, más de 100 mil trabajadores agremiados, algo que es escandaloso para el establishment argentino. La estructura sindical tendrá sus vicios y contradicciones, pero la historia es compleja. Sin sindicatos esta sociedad sería terrible. Moyano no es el enemigo.

¿Y el PJ? Kirchner abraza la transversalidad, luego la Concertación Plural para terminar otra vez en el peronismo...
Hoy se está reconstruyendo otra forma de transversalidad. No hay destino para el kirchnerismo si sólo lo inscribe en el interior del PJ.

Pero Kirchner acaba de reasumir la presidencia del PJ.
Y no está mal. El PJ es una herramienta que hoy dirime poder en la Argentina. Entregar mansamente la estructura del PJ a Duhalde, a Solá, a De Narvaéz es ser un ingenuo total. Dentro del PJ tenés de todo. En el peronismo tuviste la izquierda y la derecha peronista, dirigentes históricos de lo mejor de la tradición sindical moral argentina e inmorales gigantescos.

¿Cuánto tiene Kirchner de peronista en su forma de hacer política?
Una vida dentro del peronismo, primero. Tiene una visión pragmática clara. Creo que la trama de construcción política del peronismo ha sido siempre pragmática, lo que no significa que no esté atravesada por un núcleo ideológico, por un proyecto de país. Lo que pasa es que hay en Kirchner un modo de construcción de la política que tiene que ver con su propia historia. Desde Carta Abierta hemos dicho que el modo encriptado de decisión política era un modo agotado y que el decisionismo había ocupado un lugar importante en la primer travesía, pero que hoy también estaba agotado, que de lo que se trataba era de abrir, de construir un espacio de mayor generosidad, de darle forma a un espacio frentista en la política.

¿Se encaminan a eso o se cierran cada vez más sobre sí mismos?
Si algo no es Kirchner es tonto. Y creo que él sabe perfectamente que ésa es la única chance real, pese a que en los últimos meses hay una recomposición interesante no solo de la imagen de Kirchner...

Es una de las figuras que mayor rechazo genera hoy en la sociedad.
Es una historia larga que está ligada a la compleja trama de la clase media argentina. Pero noto que estamos en un momento como de ciertas fisuras. Ese bloque homogéneo, esa retórica del rechazo absoluto está agrietandose. No significa que le garantice al kirchnerismo ganar en 2011.

¿Por virtud o defecto de la oposición?
Por una combinación. Cualquiera que haya visto la Argentina de los últimos tres meses, de Semana Santa, sobre todo en uno de los sectores sociales supuestamente más críticos, se pregunta: ¿cómo es esto? Si estamos como diría Solanas, en medio de una crisis salvaje, ¿cómo es posible que todo el país esté en estado de movimiento turístico? Raro.

¿No está cansada la gente del estilo K? La confrontación permanente.
¿Le parece que si el Gobierno pudiese implementar aquello que quiere sin tocar intereses, sin dañar a nadie, no lo haría? El consenso no se puede producir sobre una diferencia estructural respecto a qué proyecto de sociedad queremos. El único lugar de la crispación pareciera ser el de un Gobierno que defiende sus posiciones frente a un permanente acoso de gran parte del poder. El poder en la Argentina no es el Gobierno, el Gobierno tiene una partecita. El poder siguen siendo las grandes corporaciones con su capacidad de decisión, chantaje, de imposición gigantesca que se ve también en la formación de precios. Eso implica una transformación estructural de la sociedad que recién empieza.

¿No tiene miedo a la desilusión?
Todo gobierno y proyecto puede ser bombardeado desde su interior y puede romperse no solo por factores externos sino internos. No hay garantía. Las señales que veo, la manera en la que el Gobierno suele salir de los momentos más difíciles hasta ahora han sido interesantes. ¿Cómo salió de la 125? Con la reestatización de los fondos jubilatorios. ¿Cómo salió de la derrota del 28 de junio pasado? Con la ley de medios y la asignación universal.

Y de la crisis que originó el tema de las reservas del BCRA, ¿cómo sale?
Profundizando las políticas reparatorias, siendo más consecuente con políticas que mejoren las condiciones de la Argentina.



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