Fabiana Ríos:

Fabiana Ríos: "Yo no soy Kirchnerista. No quiero ser, no fui y no lo seré"

La gobernadora fueguina, Fabiana Ríos, niega haber sido “cooptada” por la Casa Rosada y desmiente que ésta le exija alineamiento automático a sus políticas para abrirle el grifo financiero. 09 de Abril 2010

A Fabiana Ríos se la nota agotada. En los últimos días, los conflictos sindicales con los estatales y docentes de Tierra del Fuego no le dieron respiro. Las cuentas provinciales, además, distan de ser las mejores. Y, como si este complicado panorama provincial no fuera suficiente para dejarla abatida, cada vez que pone un pie en Buenos Aires en busca de un poco de oxígeno, se ve obligada a desmentir, una y otra vez, que el gobierno nacional le exija alineación automática a sus políticas, para abrirle -a cuenta gotas- el grifo financiero. “Los niveles de presión y de tolerancia a la presión tienen que ver con cada uno. Quién se siente presionado y quién no”, concede, apenas, cuando se le pregunta por esta cuestión. Molesta con el tema, casi a la defensiva, Ríos asegura que la Casa Rosada jamás le pidió fidelidad a cambio de un beneficio extraordinario para su provincia. Su conciencia, dice, está tranquila. Y por si hiciera falta, aclara: “Yo no soy kirchnerista, no quiero ser, no fui, y no lo seré. Pertenezco a la centro-izquierda nacional. Sí hay algunas cuestiones en las que estoy de acuerdo con lo que ha hecho el gobierno nacional . No me da vergüenza decirlo”.

Lo cierto es que, a lo largo de toda la entrevista con Weekend, la gobernadora fueguina se muestra en extremo cuidadosa para referirse al Gobierno y, en particular, a la pareja gobernante. Incluso, al punto de desestimar la extendida teoría del doble comando K que, a estas alturas, ni el propio kirchnerismo se molesta en disimular. “Creo que el ex presidente Kirchner y la señora Cristina Fernández son un matrimonio de dirigentes políticos que pertenecen al mismo partido. Si hablamos de Néstor Kirchner hablamos de Néstor Kirchner. Si hablamos de Cristina Fernández, hablamos de Cristina Fernández”, se ofusca.

Ríos tampoco oculta su malestar con los medios nacionales que le atribuyeron, en el inicio de la batalla política y judicial por las reservas del Banco Central, un apoyo explícito al Fondo del Bicentenario que, según dice, nunca existió. Como sea; aquel supuesto respaldo que ahora desmiente, le valió a la mandataria el distanciamiento definitivo de Elisa Carrió, de quien fue compañera fiel en el ARI y, hasta no hace tanto tiempo, reivindicaba como su líder política. 

Es difícil encasillarla políticamente. En el arco que va del kirchnerismo al antikirchnerismo, ¿dónde se ubica Fabiana Ríos?
Yo no soy kirchnerista, no quiero ser, no fui, y no lo seré. ¿Está claro? Pertenezco a la centro-izquierda nacional y hay algunas cuestiones en las que estoy de acuerdo con lo que ha hecho el gobierno nacional. No me da ninguna vergüenza decirlo. Creo que le hace muy bien al país tener un sistema de seguridad social estatal, lo sostuve en los ‘90 y lo sostengo ahora. Y creo que tenemos que mejorar los controles en las empresas estatales. Creo que el transporte aerocomercial es una cuestión estratégica del Estado y si tenemos algo que controlar deberemos establecer los mecanismos para hacerlo. Pero la empresa aerocomercial debe estar en manos del Estado. 

Hasta no hace mucho, usted reivindicaba a Carrió como su líder política. ¿Qué cambió?
Sostengo que Elisa Carrió es una figura fundamental de la política argentina. Creo que las decisiones que políticamente tomó ella, éstas que acabo de mencionar, fueron como bisagras en una historia común, pero en modo alguno pone en vilo ni en riesgo el respeto y el afecto que le tengo. Lo que no quiere decir que acuerde políticamente. De hecho, nuestra fuerza política no adhirió a la Coalición Cívica desde 2007, y cuando el ARI decide sumarse como fuerza política dentro de la Coalición, el ARI de Tierra del Fuego decidió que no. Yo en algún momento sí adherí. 

¿Y qué pasó?
Pasó que las razones que dieron para fusionar un partido con otro no me resultaron convincentes. Fue a partir de algunas decisiones que no pudieron discutirse en el ámbito partidario que dejamos de tener diálogo. 

El 2010 arrancó movido en la relación Nación-provincias. La Presidenta inició una ronda con gobernadores para hablar del reparto de impuestos. ¿Ve voluntad oficial de rediscutir la Coparticipación o es una táctica distractiva para impedir que se coparticipe el impuesto al cheque?
Yo creo que la primera condición para el establecimiento de un diálogo fructífero es partir de la buena fe. Si uno supone que quien lo convoca lo hace con una excusa, directamente lo mejor que puede hacer es no concurrir. Yo parto de pensar en la buena fe de quien me convoca, luego uno podrá, con el transcurrir del tiempo, decir si fue o no buena fe. Creo que la convocatoria a los gobernadores no solo es necesaria, es absolutamente imprescindible en un país cuya última ley de Coparticipación -que tenía carácter de provisoria y que tuvo luego una serie de decretos que fueron estableciendo en el sistema una enorme telaraña- poco tiene que ver con los requerimientos de las provincias. Tiene más de 20 años. Tanto es así, que en el momento en que se discutió esa ley nuestra provincia era un territorio nacional, y a partir de allí todos los decretos que se dictaron fueron en relación al reparto que le correspondía a una provincia que no era tal. Con lo cual, no solo es necesario sino que tiene que ver con un proceso político que vivió el país y que tuvo que ver con una distribución de servicios a las provincias no siempre acompañada de recursos.

El Gobierno habla de derogar la ley de cheque, si es que la economía a futuro lo permite. La oposición plantea modificarla. ¿Cuál es su postura?
Respecto de la ley de cheque y de cualquier otra ley que implique financiamiento de problemas, ya lo dije con el Fondo del Bicentenario. Cuando uno fija presupuesto, fija recursos de financiamiento de resolución de problemas de ciudadanos. El mismo Parlamento que da la ley del cheque es el que la puede derogar. Tiene las atribuciones para hacerlo y los argumentos, además de decidir lo que quiera decidir con la conformación que tiene. Lo que no puede hacer, por ejercicio de responsabilidad, es decir “yo fijo este presupuesto”, que implica el reconocimiento de tales problemas con determinada fuente de financiamiento y luego, a mitad de año, desconocer una fuente de financiamiento sin proponer una alternativa. En todo caso, lo que debe hacer el Congreso, si se quita una fuente de financiamiento y no da una alternativa, es decidir responsablemente qué necesidades no se atienden.

Justamente, su apoyo al Fondo del Bicentenario -siendo opositora- generó malestar...
Yo no apoyé nunca el Fondo del Bicentenario. Además, me hicieron decir cosas que nunca dije. Cuando me preguntaron del Fondo del Bicentenario dije que la decisión la tenía el Congreso y que éste debía definir que necesidades se cubrían, con qué fondos y, si no era con este fondo de financiamiento, había que decidir alguno. Si lo que quieren que diga es que estoy alineada con el Fondo del Bicentenario, yo no dije eso. Mi reputación es un problema de los demás, mi conciencia es un problema mío. Y la verdad es que con los problemas y el tiempo que me insume la gestión, poco tiempo tengo para tener mucho más que una opinión política sobre los temas que tienen que ver con lo parlamentario. Para eso están los parlamentarios.

Pero tendrá una opinión formada sobre la forma en que el Gobierno manejó el tema de las reservas: las marchas y contramarchas con los DNU, la falta de consulta al Congreso...
Uno mira con preocupación cómo los problemas institucionales se extienden en el tiempo. Yo lo veo con mucha preocupación. Creo que el reconocer errores no está mal ni es un signo de debilidad; por el contrario, es un signo de enorme responsabilidad. Uno debe reconocer errores todo el tiempo.

¿Falta autocrítica en la Casa Rosada?
En cualquier caso, nos falta autocrítica a todos. En realidad tendemos a defender apasionadamente nuestras propias opiniones y hay como una valoración en la política de que el reconocimiento del error es una debilidad, y esto no tiene que ver con oficialismo y oposición. Pasa mucho en la vida, en el Parlamento, en el Ejecutivo, en los ejecutivos... Si uno dice “me equivoqué” es débil. El reconocimiento de los errores habla bien de nosotros.

¿Por qué cuesta tanto? ¿Por qué la imposibilidad de avanzar en una agenda positiva?
 Creo que no se están generando espacios de debate francos. Me parece que, por un lado, hay una cuestión construida de la necesidad de consensuar y, por otro, a cualquiera que pretenda poner una palabra de sentido común, ni siquiera de apoyo ni de rechazo explícito, inmediatamente la catalogación es “cooptado, comprado, vendido, traidor”. Es muy esquizofrénico. Es imposible construir diálogo desde una lógica amigo-enemigo.

 ¿Esa lógica no es, acaso, la que instala con sus acciones el Poder Ejecutivo?
Se sostiene desde todas partes. Desde una práctica política histórica de la Argentina.

Se dice que los Kirchner presionan a los gobernadores con “la caja”. Su provincia tiene problemas financieros. ¿Debe alinearse con el Gobierno para obtener asistencia nacional?
No, la verdad es que no.

¿Pero admite que hay colegas suyos que denuncian que esto sucede? Binner, Das Neves.... No es “una construcción mediática”...
Sí, claro. Yo no estoy planteando que la construcción mediática establezca vínculos inexistentes. Los niveles de presión y de tolerancia a la presión también tienen que ver con cada uno. Quién se siente presionado y quién no. No existen mecanismos reglados en la Argentina, más allá de lo que tiene que ver con la ley de Coparticipación del año ‘88. Luego, todas las otras cuestiones fueron definidas por decretos, leyes o acuerdos federales que firmaron otros gobernadores. ¿Que hay necesidad de discutirlo? Por supuesto. Hay necesidad de establecer vínculos institucionales más allá de los gobiernos.

Hay dicrecionalidad en la distribución de los recursos...
Eso estoy diciendo: no hay reglas institucionales, hay discrecionalidad porque no hay normas o porque las normas que están fueron, de algún modo, distorsionando...Te pueden gustar o no, está claro que no gustan, por eso hablo de los procesos políticos del país, de lo que significó en los ‘90 la transferencia de las escuelas a las provincias sin recursos.

La paradoja es que Kirchner fue como gobernador un defensor del federalismo y hoy desde la Nación plantea un esquema unitario...
Kirchner no es el presidente, es el presidente del PJ, en todo caso. No puedo comparar a Kirchner gobernador con la mujer presidenta.

¿No son lo mismo Néstor y Cristina?
Yo creo que la señora Cristina Fernández es una presidenta que no fue gobernadora.

¿No ve usted una injerencia de Kirchner en el gobierno de su esposa?
Yo creo que el ex presidente Kirchner y la señora Cristina Fernández son un matrimonio de dirigentes políticos que pertenecen al mismo partido. Veo que hay una idea y una manera de conducir el país que está sostenida por una idea política a la que ellos adhieren. Si hablamos de Néstor Kirchner hablamos de Néstor Kirchner. Si hablamos de Cristina Fernández, hablamos de Cristina Fernández. Yo creo que Néstor Kirchner como gobernador tuvo el mismo estilo que tuvo como presidente de la Nación, defendiendo los intereses que se pusieron a su cuidado. El estilo fue el mismo y la vehemencia con que lo ejerce también. Cristina no fue gobernadora, fue legisladora, y ahora es Presidenta. Yo siento que hay como una cuestión que cuando hablan de las mujeres hablan de los maridos.

¿Coincide con la visión de los medios de los K? La idea de país real vs. país virtual...
Creo que los medios, como actores sociales relevantes, también tienen intereses, no creo que haya en esto neutralidad alguna. Creo que los enojos se expresan y se expresan con ejercicio de poder. Los expresa la Presidenta y también los medios. No hay buenos y malos, hay intereses que se cruzan en determinado momento. Los medios sostienen gobiernos, acompañan gobiernos, critican gobiernos, debilitan gobiernos y han volteado gobiernos en otras épocas. No son la verdad absoluta. Trato de no poner las cosas en blanco y negro porque creo que no tenemos un mundo de blancos y negros sino de infinita variedad de grises y, como sociedad, tendremos que decidir qué grises vamos a tolerar dentro de la ley y qué grises no vamos a tolerar.

En el país hoy todo es blanco o es negro...
Sí, claro. Y es agotador y muy frustrante. La responsabilidad es de todos. Hay actores que tienen un poder y una generación de opinión que tienen una responsabilidad relevante. Yo tengo una mirada de enorme preocupación sobre una Argentina que se conduce hacia la frustración permanente. Cuando uno plantea los escenarios en blanco y negro y no se permite otras miradas, el blanco y el negro al único lugar que te lleva es al lugar de la ruptura, del enojo. Siempre hay uno que canta “quiero vale cuatro”, planteado en términos de truco. ¿Quién en algún momento se planta y dice basta? Nadie quiere aparecer reconociendo que en algún momento hay que parar, que la violencia en el ejercicio de la palabra también es violencia, que cuando uno a otro le dice “ladrón, cooptado, la caja te domina”...

Se nota que le duelen esos comentarios...
En realidad, y lo digo como gobernadora de la oposición, me están diciendo que yo compro o vendo voluntad, legitimidad política a cambio de dinero. ¡Eso es una manera de robo! Les pido que me digan, ¿en qué he robado?, ¿en qué me han cooptado? Díganme algo más que una acusación lanzada al aire... En la película La Duda (N. de R: film protagonizado por Meryl Streep y Philip Seymour Hoffman que trata el tema de la pedofilia en los colegios) se dice que el chisme es como cuando uno abre un almohadón de plumas y éstas se esparcen. ¿Qué posibilidad tengo de recoger todas las plumas para envolver el almohadón? Ninguna. Entonces el daño que se ocasiona es un daño que mina a una sociedad.

“Hay una resistencia a mis ‘no’ mucho mayor que a los ‘no’ de los señores”
Rosarina de nacimiento y fueguina por adopción, farmacéutica, madre de dos hijas, 46 años. Fabiana Ríos fue la primera mujer en haber sido electa gobernadora del país. Quizá fue ese punto de inflexión en su carrera política el que la llevó , consideraciones ideológicas al margen, a “identificarse” con Cristina Kirchner, la primera mujer, también, en acceder a la Casa Rosada, sin contar a Isabelita, claro, que asumió ese cargo tras la muerte de su esposo, Juan Perón. “Yo inicié la gestión pensando que nada de esto (el género) podía influir. Pero a medida que iba pasando el tiempo, iba recogiendo miradas profundamente machistas de una sociedad que, por ejemplo, cuando un hombre dice ‘no’ es un signo de firmeza, y cuando una mujer dice ‘no’, tiene que ver con las patologías uterinas, con las edades que transitamos o con alguna neurosis. En cualquier caso, no es un signo de salud o de firmeza; es un signo de enfermedad”. Para Ríos, “esto tiene que ver en el fondo con la educación, con el lugar social, con los roles impuestos”. Por eso, admite, ”debe haber alguna cuestión de identificación (con Cristina). Somos las dos mujeres que estamos en roles ejecutivos. Yo no siento que me pongan palos en la rueda, pero si sé que hay una resistencia a mis ‘no’ mucho más resistente que la resistencia a los ‘no’ de los señores”. Esta claro que a Ríos, el tema de las “minorías” la moviliza. A principios de este año, estuvo en el ojo de la tormenta por permitir en su provincia el primer casamiento homosexual del Latinoamérica. A la gobernadora le llovieron críticas, pero siguió adelante con su decisión. 



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