FMI: de duro prestamista a incómodo asesor

FMI: de duro prestamista a incómodo asesor

Las misiones del Fondo en la Argentina pasaron de cumplir un activo rol supervisor en los ‘90 al mero asesoramiento técnico para colaborar en la confección de un nuevo IPC. Por qué el Gobierno se resiste a aceptar la revisión anual de sus cuentas como marca el artículo 4to. del organismo. El juego de las diferencias, bajo la mirada de los economistas consultados. 18 de Abril 2011

Una misión del Fondo muy distinta a la que había antes”. De esa forma, el ministro de Economía Amado Boudou quiso separar con una línea bien definida dos épocas. Una época en que las visitas del Fondo Monetario Internacional (FMI) eran frecuentes, bien recibidas y tenían el objetivo de ayudar a reestructurar la deuda argentina: los ’90. La otra época la marca el presente: un organismo que, sin tanto estruendo, llegó al país para realizar un asesoramiento técnico al Indec. Y que se fue con un elogio por parte del Gobierno, al mismo tiempo que Guillermo Moreno, secretario de Comercio Interior, multaba a otra consultora económica por sus índices privados.

Igual que la cercanía de las relaciones, los objetivos de las misiones durante los gobiernos de Carlos Menem fueron muchos más marcados. “Al principio fueron misiones para que el FMI apoyara la entrada de la Argentina al Plan Brady de reestructuración de la deuda, cuya pesada carga había heredado ese gobierno”, especifica Juan José Llach, economista de IAE-Business School. Pero después de cerrar el acuerdo en el cuarto trimestre de 1994, llegó el efecto tequila y la Argentina necesitó ayuda para capear el temporal mexicano. “Para lograr apoyo y evitar un contagio más profundo hubo intensísimas negociaciones”, completa Llach, quien en ese entonces estaba a cargo de la Secretaría de Programación Económica.

Domingo Cavallo, ministro de Economía, era el funcionario a cargo de las negociaciones. A partir de 1996, sería Roque Fernández quien ocuparía su lugar. Con el francés Michel Camdessus al frente del organismo, las relaciones eran cercanas. “El mejor presidente de los últimos 50 años es Carlos Menem”, dijo en 1998. Ese mismo año, Camdessus lo invitó a Menem a la Asamblea Anual del Fondo y del Banco Mundial, donde el ex presidente argentino dio un discurso. A pesar de esta relación pública, Llach aclara: “En alguna ocasión que vino Camdessus, fue recibido por Menem. Contra lo que suele pensarse, tanto en ocasión del Brady como, sobre todo, en el tequila, hubo durísimas discusiones con el FMI, incluso a los gritos”.

Para José Luis Espert, director de Espert & Asociados, las misiones del FMI durante la convertibilidad “no eran tanto de desembolso, sino de apoyo filosófico y conceptual” del organismo. “Existió un acuerdo de préstamos, pero eran desembolsos pequeños. Había permanentes misiones para salir y colocar deuda. Y el FMI avaló un programa económico con déficits fiscales permanentes”, apunta, y compara: “El Fondo es usado ahora por la Argentina como la Argentina fue usada por el Fondo como experimento traumático en la convertibilidad”.

Otra de las razones por las que el organismo visitaba el país se basaba en la revisión del artículo 4 de su estatuto, rutina obligada para todos sus miembros que consiste en supervisar el sistema monetario y la política económica del país. “Hace cinco años, la Argentina es uno de los poquísimos países que se resiste a hacer esta revisión”, indica Llach. La diferencia con la época actual -acota-, está basada en la “voluntad de aislamiento”.

Si bien Camdessus se presentaba como la cara más visible del FMI, la italiana Teresa Ter-Minassian era quien lideraba el grupo de técnicos en las misiones que llegaban al país. En su arribo a la Argentina en julio de 1998, dos funcionarios de Ceremonial del Ministerio de Economía fueron a recibir al aeropuerto a la jefa de la misión que venía a auditar al país. Ya en ese momento, el abultado déficit comercial -superior a $ 6.000 millones- era una de las principales críticas del Fondo.

Cambio de rumbo
Aún después del 1 al 1, el FMI continuaba su apoyo a la política económica de Menem. Anne Krueger, vicedirectora del organismo, aseguró en 2004: “A veces se olvida que, en los ’90, la Argentina hizo significativos progresos económicos en un amplio abanico de asuntos”. Sin embargo, Néstor Kirchner tenía otros planes con el FMI. En enero de 2006 canceló en un solo pago la deuda de u$s 9.800 millones con el organismo. Los ataques de Kirchner al Fondo no pasaban desapercibidos.

“No había problemas en la balanza de pagos durante el gobierno de Kirchner. Existía un superávit comercial enorme, sobraban dólares. Fiscalmente, estábamos en default, pero la inflación era baja”, dice el economista Camilo Tiscornia. “En los ’90, el Fondo era necesario para pedirle plata y retaba a la Argentina en lo que hacía mal. Kirchner se los quiso sacar de encima”, agrega.

Ya sin la revisión del artículo 4, el actual Gobierno aceptó la llegada de una nueva misión del FMI este mes. Es la segunda delegación técnica que envía el organismo para colaborar con la confección de un nuevo IPC a nivel nacional. Con un perfil mucho más bajo que en la década del ‘90, el economista Carlos Medeiros fue el jefe de la misión que finalizó esta semana. A fines de 2010, la misión técnica había sido encabezada por el subdirector del Departamento del Hemisferio Occidental, Robert Rennhack. Ambos se juntaron con la titular del Indec, Ana María Edwin, y el director del Instituto, Norberto Itzcovich. A diferencia de los ‘90, la misión no tiene como objetivo prestar plata, ni revisar de cerca la situación fiscal del país. “El FMI no viene a probar nada”, dijo Itzcovich para remarcar el rol del Fondo no como supervisor, sino como colaborador ante un pedido argentino.

Si bien Tiscornia sostiene que la situación financiera “no es angustiante” en el sector público, considera que “es fundamental arreglar con el FMI” y permitir nuevamente la revisión del artículo 4. Y opina que la clave está en arreglar el problema inflacionario. “Para contener la inflación hay que emitir menos, y para eso, hacer un ajuste fiscal para que el BCRA no tenga que emitir tanto para financiar al Tesoro. Ahora, para conseguir financiamiento en el mercado, sería inteligente arreglar con el Fondo. Son acciones que se tienen que hacer en paralelo”, dice.

Para Llach, la señal que se quiere dar desde Economía al aceptar esta misión técnica “es sólo una máscara para ganar tiempo. Hay que recordar lo que ocurrió con el informe de las universidad: fue al cajón”. Por su parte, Espert considera que está violando el estatuto del Fondo al negar la revisión del artículo 4, y califica esta misión como una maniobra de distracción: “Para evitar una condena muy abierta del mundo, del Fondo, del G-20, le tira un hueso a la comunidad internacional. Y mirando al futuro, arriesga: “No descartaría que el Gobierno use la chapa del Fondo para apretar a los institutos de estadísticas que den una inflación mayor al IPC del Gran Buenos Aires ”.



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