Executive Education: directivos que dan cátedra

Executive Education: directivos que dan cátedra

Dividen su agenda entre la empresa y las aulas. Qué les aporta cada una, tanto para el día a día como para pararse delante de sus alumnos. 12 de Enero 2010

Conviven en la frontera de dos universos. Algunos responden a una lejana y olvidada vocación docente. Otros, a un gusto por transmitir que apareció con el tiempo. O a un afán por formar personas, que nunca dejó de ejercerse. Lo cierto es que son varios los ejecutivos que dictan clases, navegando así, en simultáneo, en el océano de la teoría y en el mar de la práctica. No ven a la docencia como algo que quita tiempo a sus trabajos, sino como una amalgama perfecta, con la posibilidad de interactuar con otras generaciones, mantenerse aggiornados y aportar a los alumnos sus experiencias en el día a día, en el campo de batalla.
  
Agendas compartidas
“Me divierte mucho. Entrar al académico es ingresar a un mundo con otros tiempos”, dice Carlos Giménez Vetere, director General y presidente de Reader’s Digest Argentina, con responsabilidad también sobre Uruguay, Chile, Paraguay y Bolivia. Además, preside la Asociación de Marketing Directo e Interactivo de la República Argentina (AMDIA) y es profesor part-time del área de Sistemas de Dirección y Control del IAE, desde 1990 a 1993, y desde 2003 a la fecha. Al principio de su vida profesional, fue docente de Costos y de Sistemas en la UBA y en la UCA, respectivamente. “En el IAE, hay dos cambios menos, otra velocidad. Pero exige mucha preparación y estar actualizado. Los profesores de esta escuela de Negocios trabajan en temas que son puntas de lanza académicas en el mundo. Y las traigo a mi realidad del día a día”, sintetiza este ingeniero industrial que, además, es, por hobby, director de cine. Agrega que el mundo real se nutre de la investigación y el desarrollo que se produce en las aulas. También resalta la riqueza de interactuar con gente joven, pero con mucha experiencia, y que proviene de distintos países, como también la posibilidad de detectar talentos.

“Estoy en la trinchera, vivo situaciones todos los días, trabajo en una multinacional, con lo que aporto la visión global. Por otra parte, muchas veces, la academia tiene una forma de resolver cosas pero, en ocasiones, la vida pide pragmatismo y lo perfecto puede ser enemigo de lo posible. La vida empresaria es muy cambiante y, en la Argentina, uno siempre está sentado sobre la punta de la silla. Ya tengo sobre mi lomo varias crisis”, concluye. 

Gerardo Diez, gerente de Supply Chain de Loma Negra, da clases de Finanzas Corporativas desde hace tres años en la Universidad de San Andrés y de Planeamiento, desde hace una década, en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA. “Siempre me interesó la docencia”, dice. Diez se detiene a hablar sobre el aparente divorcio entre lo académico y lo real y aclara que, al dictar Finanzas Corporativas, el eje está en la empresa y allí puede volcar su experiencia. “El trabajo también te da el cable a tierra que, tal vez, lo estrictamente académico no posee. Si no tuviera el contacto con lo laboral, con lo diario, por ahí, perdería un poco lo cotidiano, lo coyuntural”, explica. “Desde lo académico, decimos que lo coyuntural no es importante sino que lo más importante es la visión. Pero cuando tratás de implantar lo teórico a la realidad, no siempre se da exactamente. Todo el tiempo confrontás en qué medida algo se puede aplicar. Es una zona gris entre la gestión pura y lo académico”, explica. “Desde lo académico, sacás conclusiones generales y desarrollás modelos. Un extremo sería pensar que todo es modelizable y estandarizable. El otro, sólo ver el día a día y creer que es imposible aplicar modelos y estándares. La labor diaria del gerente es considerar los criterios de la buena gestión, teóricos y conceptuales”, amplía.

El agrónomo Ricardo Bindi, gerente General y director del portal Agrositio, ex gerente de Semillas de Cargill, profesor de Marketing y Agronegocios en ESEADE, UCA, UCEMA, San Andrés, Salvador y San Martín, y director del MBA de ESEADE, reparte su tiempo, casi en partes iguales, entre lo estrictamente universitario y la gestión. Para él, más que dividir, entrelaza ambas actividades, ya que, cree, tienen un fuerte apalancamiento. “Lo que explico a los alumnos tiene un poco de teoría y otro de realidad porque lo aplico en mi empresa y en las compañías que asesoro. Es como si yo diseñara motores y autos para la Fórmula Uno, pero, además, los pruebo y manejo. Como si fuera el mecánico pero también el piloto”, opina. Agrega que la docencia le permite investigar y escribir y, así, desarrollar la creatividad. Valora también el estar en contacto permanente con otras generaciones. “En la UCA, mis alumnos tienen entre 20 y 22 años y, entonces, puedo saber qué piensan, cuáles son sus gustos, qué les pasa. Y, para el marketing, materia que doy, esto es fundamental: saber qué pasa en el entorno, en el mundo de la demanda. Por otra parte, por mi trabajo, tengo contacto con los agronegocios y las redes agropecuarias, participo en conferencias y congresos, y entrevisto a personas del sector, con saberes técnicos, a empresarios y a gente como Julio Sanguinetti, ex presidente de Uruguay. Llevo eso, después, a las clases”.   

Maestra de verdad
Para Paula Molinari, titular de la consultora Whalecom, la docencia fue su primera vocación y profesión, que completó con una licenciatura en Educación, en la UBA. Pero luego, además de criar cuatro hijos, hizo carrera corporativa. Primero, en Techint, donde llegó a gerente de Recursos Humanos, y luego en CTI, como directora del área. “En 1997, cuando fundé la consultora, me planteé volver a enseñar”, cuenta. Eligió la Universidad Di Tella (UTDT), donde dicta clases en el MBA y el EMBA y es directora Académica del Programa Executive de Recursos Humanos. “La cantidad de alumnos que tengo por año, con distintos perfiles y, el hecho de que son muy inteligentes, me enseña un montón. Además, en Di Tella, los profesores deben estar muy actualizados y se estudia mucho y, todo eso, lo aprovecho después, en la consultoría. Por otra parte, al trabajar dentro de empresas, siempre cuento con casos prácticos, conocimientos de distintas culturas y procesos internos, y eso le aporta experiencia a las clases”, agrega. Otra ventaja que puntualiza es el target etáreo de sus alumnos de posgrado: “Todos son seniors, gerentes o directores, y eso te da una red de contactos muy amplia”.   

Pablo Heinig es consultor internacional, especializado en Innovación, Calidad y Gestión del Cambio, y profesor del ESADE Business School Barcelona, donde dicta materias como Gestión del cambio e innovación, Habilidades Directivas y Gestión por Procesos. Para este ingeniero mecánico electricista, dar clases otorga un espacio para la reflexión y la creación, lugar que no es fácil encontrar en el ejercicio de la profesión. “Al capacitar, se de-sencadenan procesos de elaboración y síntesis extraordinarios. Surgen nuevos conceptos en el intercambio con los alumnos y se produce un fenómeno de co-creación de nuevos conocimientos”, afirma. “Puedo transmitir experiencias concretas. Esto identifica a los participantes de mis cursos, ya que sienten que hablamos de lo que, en realidad, les pasa”, dice. 

El espíritu de las leyes
En el universo jurídico, es frecuente que lo académico vaya de la mano del desarrollo de la profesión. También en el ámbito del derecho empresario. Daniel Funes de Rioja, fundador del estudio homónimo, cuenta que, apenas se recibió, en 1966, fue convocado por Segundo Linares Quintana para las cátedras de Derecho Constitucional, en la UBA y en la Universidad Nacional de la Plata. A partir de ahí, inició una activa y extensa carrera docente que incluyó a ambas casas de estudio, así como a la UCA, la UADE y la UTDT.

“En la época en que comencé a ejercer la docencia, no tenía otra viabilidad que la de ser un complemento de la actividad profesional. Las cosas cambiaron y hay profesores con dedicación exclusiva”, dice. “Pero si tuviera que volver a elegir, mantendría el esquema paralelo de cátedra y profesión. La docencia es buena para actualizarse, mejorar la capacidad de comunicación y representa un desafío permanente la interacción con los alumnos”, sostiene. “A su vez, la profesión es un complemento muy fuerte de realismo. Es extremadamente enriquecedor el learning on doing. Por otro lado, la actividad docente obliga a un entrenamiento en public speaking que me sirvió, no sólo en la actividad típicamente profesional, sino también para conferencias y mesas de debate”, sintetiza el laboralista, un referente en su práctica. n Teresa Cazenave.



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