Estadísticas adulteradas: un mal latinoamericano

Estadísticas adulteradas: un mal latinoamericano

La falta de transparencia en los índices oficiales es una práctica conocida en la región que excede el caso del Indec. En Venezuela, las interferencias políticas en las mediciones de la inflación están a la orden del día, mientras que en Perú, acusan a la gestión de Alan García de alterar los datos de pobreza. Chile también tiene sus bemoles. Solo Brasil predica solvencia con el ejemplo. 18 de Abril 2011

La larga pelea por las estadísticas en la Argentina, que en las últimas semanas ha significado un avance sobre las consultoras privadas por parte de la Secretaría de Comercio Interior, genera una pregunta inevitable: ¿qué es lo que sucede respecto de las estadísticas oficiales en el resto de la región? Un sobrevuelo por los números sudamericanos nos muestra turbulencias en Perú y Venezuela, alguna nube en Chile y cielos prístinos en Brasil.

En la tierra de Chávez
En Venezuela las cifras de inflación y crecimiento son medidas por dos instituciones, el Instituto Nacional de Estadísticas y el Banco Central. Éste último, aunque cada vez más permeado por el Ejecutivo, sigue siendo una fuente confiable para los economistas. El INE, no tanto.

Pedro Palma, socio fundador de la consultora MetroEconómica, cuenta que el Central “siempre fue una institución muy sólida, aunque ahora se ha debilitado con la presencia de Jorge Giordani en el directorio (ministro del Poder Popular para la Planificación y Finanzas)”, lo que da a todo un tinte más político que técnico. “De esta debilidad me he enterado por boca de ex directores del banco, quienes han comentado presiones a la hora de hacer diagnósticos o trabajar las cifras”, confiesa el economista.

Según Palma, el problema central en la Venezuela de hoy, cuya inflación se ubica entre las más altas del mundo, “es que el Banco Central no publica o difunde con claridad las cifras de la inflación subyacente, que no cuenta con elementos estacionales o productos con precios controlados por el Gobierno, que siempre tiran la canasta hacia abajo”. De todos modos, Giordano se defiende argumentando que “el problema de la inflación en Venezuela es estructural, no coyuntural”, y que los problemas actuales para controlar las alzas de precios responden a una “inercia” económica, que este año la situaría en el orden del 27%.

Para Palma, docente del Instituto de Estudios Superiores de Administración, la principal escuela de negocios de Caracas, entre la población sí existe una percepción de engaño, sobre todo por parte de los más pobres y la clase media. “Yo puedo saber que si bien hay distorsión, ésta no es tan grave porque hay muchos factores en juego, pero un ama de casa, que lo único que ve es que los alimentos suben, se siente estafada”, señala.

“El problema es cuando uno mira las cifras que están bajo la órbita exclusiva del INE. Ahí la cosa se pone peor. Siempre hubo allí más dudas por su permeabilidad a la intervención política”, apunta Palma. “Y más allá de la inflación, las cifras de las que más desconfiamos los economistas son las relativas a la producción económica. Si bien el año pasado el Gobierno reconoció una contracción de la economía, ésta fue muy magra y cuando uno se ponía a revisar con cuidado datos como ventas al detalle o producción manufacturera se daba cuenta de que había algo que no cerraba”.

Sobre si llegan a Caracas las noticias sobre lo que sucede en estos pagos, Palma dice que encuentra muchas similitudes con la experiencia venezolana actual. De todos modos, aclara, “me parece que se trata de un problema que tenemos la mayoría de los países latinoamericanos, donde a los gobiernos les cuesta mucho permitir la existencia de estadísticas independientes”.

La batalla de Chile
Si bien en Chile nunca ha habido grandes discrepancias o dudas en torno a las estadísticas oficiales, sí es de larga data la diferencia entre el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) y la Facultad de Economía de la Universidad de Chile en torno a la cifras de desempleo. En el último round, en diciembre del año pasado, el INE informó que la tasa de desempleo en el Gran Santiago había caído a un 7,1% de la población, desde el 7,6% del trimestre anterior, y aunque la Universidad de Chile concordó en que la desocupación había caído, según sus datos sólo había registrado una baja de tres décimas porcentuales, de 8,2% a 7,9%.

Cuestiones metodológicas: si el INE aborda exclusivamente la creación de empleo, la Facultad nunca deja de poner el dedo en el factor fuerza laboral, que cuando crece poco ayuda a la baja de la cifra final. El año pasado resultó bochornoso cuando el INE tuvo que -luego de festejar la baja en el desempleo- salir a reconocer que parte de esta caída se debía al cambio de metodología en la medición que se comenzó a aplicar cuando Chile pasó a formar parte de la OCDE, en abril.

A veces el problema no son las cifras y se trata de una cuestión de manejo de los tiempos: a mediados del año pasado el Ministerio de Planificación publicó la última encuesta sobre los niveles de pobreza, que arrojaba una caída en los niveles. Al día siguiente, el INE publicaba un estudio señalando el aumento de la desigualdad. Cuestionada desde el inicio por la nueva administración, las presiones sobre la directora del Instituto -Mariana Schkolnik, heredada de la gestión de Bachelet- le hicieron imposible continuar en el cargo.

Aunque el trabajo técnico fue en algunos momentos criticado por el Banco Central y la Universidad de Chile, de todos modos Schkolnik era una reconocida profesional. Y a pesar de que el detonante fue el choque con Planificación, el Gobierno ya venía cuestionando la forma en que se manejaban los recursos dentro del INE, como la creación de los llamados “gastos transversales”, un ítem en el presupuesto del instituto que implicaba hasta un 30% del presupuesto total y cuyo manejo quedaba a completa discrecionalidad de la dirección.

Suspiro limeño
Sobre las dificultades de conducir sin interferencias un instituto de estadísticas en la región, el peruano Farid Matuk puede dar cátedra. El ex jefe del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) del Perú se ha cansado de acusar a la administración de Alan García de adulterar las estadísticas respecto de la pobreza y el PBI del país. Según Matuk, en el actual INEI, vigilado con ojo atento desde Palacio Pizarro, se baja artificialmente el precio de los alimentos para que no afecten la línea de pobreza. Para el especialista, “esta política de adulteración sistemática de los procedimientos matemáticos permite concluir que la pobreza en 2011 será en realidad de un 40%, y no de un 30% como lo anuncia el Gobierno. Igualmente, el crecimiento económico promedio del segundo mandato de García no será de 6,9% sino de 4,6%, todo esto gracias a un cambio en la metodología”.

Matuk, quien habla con We desde Angola, donde actualmente trabaja para el gobierno de ese país en la formación de su instituto de estadísticas, labor que durante los últimos tres años cumplió en Irak, no se guarda nada. “Es falso que, como dice el presidente Alan García, haya nueve departamentos libres de analfabetismo. Sólo Lima y Callao tienen una tasa inferior al 3,3% de la población. El resto supera con largueza el 4%, que es el mínimo internacional para indicar que no existe analfabetismo. Incluso hay regiones donde esta tasa supera el 20%”.

Para el técnico, que en su país de origen tiene una causa en su contra debido a estas acusaciones, “el principal problema, no sólo en el Perú, sino en la región toda, es la carencia de institucionalidad, cosa que sucede por la utilización política que los gobiernos hacen de sus institutos de estadísticas. Le doy dos ejemplos que se repiten en todas partes: si la tasa de desocupación baja, aparece el ministro del Trabajo dando las buenas noticias y de paso aprovechando para destacar la labor del gobierno en el área. Si la tasa de desocupación sube, esta información se hará pública sólo a través de un informe publicado en Internet, en silencio, y será labor de la prensa dar a conocerlo. Lo mismo sucede con los niveles de alfabetización y el Ministerio de Educación, y con la inflación y Economía. Yo siempre digo que la oficina de estadísticas es como la de meteorología, que se limita a dar informaciones, datos duros, sin incidencia en las causas”.

Sobre el futuro, Matuk sostiene que en el Perú esto cambiará o no dependiendo de a quién nombre el próximo mandatario. “Primero, debe ser un técnico capaz de explicar cualquier cosa que le pregunten sobre las cifras que da el Instituto, y no debe ser allegado a la Presidencia o algún ministerio. Para mí, la prueba de fuego para la transparencia e independencia de un instituto de estadísticas es que su director tenga la libertad, sin ninguna interferencia por parte del Poder Ejecutivo, de dar conferencias de prensa mensuales, con pauta abierta y sin límite de tiempo. Cuando eso se cumple a cabalidad, podemos hablar de estadísticas transparentes”.

Al ser consultado por la situación argentina, Matuk cuenta que mientras trabajó como jefe de estadísticas peruano, entre 2004 y 2006, participó de un convenio tripartito entre Perú, la Argentina y Japón, según el cual técnicos japoneses capacitaban a sus pares argentinos y estos hacían lo propio con los peruanos. “En ese tiempo, la solvencia técnica del INDEC era irrefutable y el convenio iba muy bien. No sé qué pensarán los japoneses ahora”, reflexiona con un poco de sorna al otro lado de la línea, al otro lado del mundo.



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