Escapadas entre el campo y la playa

Escapadas entre el campo y la playa

Cuando se pasan las vacaciones en estancias y chacras bonaerenses se disfruta lo mejor de los balnearios sin tener que convivir todo el tiempo con el ruido del verano. 29 de Enero 2010

Pareciera una tierra olvidada. Cada verano, cada fin de semana, miles y miles de personas pasan frente a ella con indiferencia rumbo a la costa. Solo ven lo que hay hacia el este, las playas. Sin embargo, allí mismo, casi al borde de los caminos, hay numerosas alternativas para combinar el mar y el campo. La tranquilidad de las estancias y chacras puede servir de base perfecta para que los centros turísticos de la costa atlántica sean más una excursión que una inmersión en un océano de gente.

Opciones que unen la pampa con los médanos hay para elegir, desde la Bahía de Samborombón hasta el sur de la provincia. En todos los casos, prometen relax a un paso de los destinos típicos del verano. Así no hace falta perderse nada; todo es ganancia.

Campo y mar
La combinación perfecta entre ambos mundos se puede encontrar en más de un sitio, pero pocos tienen la trayectoria de Ytuzaingó, la estancia ubicada sobre la ruta 226, muy cerca de Laguna de los Padres y, por ende, a un paso de Mar del Plata.

Son apenas seis habitaciones con baño privado, que se dividen sencillamente entre grandes y chicas, con precios que se mueven alrededor de los u$s150 diarios, de acuerdo a la fecha y la cantidad de servicios incluidos. Estos cuartos se distribuyen en la casa principal, mientras que en un anexo hay disponibles otras dos habitaciones más. La estancia es un campo productivo y entonces se puede dedicar tiempo a recorrerlo; en los alrededores, Sierra de los Padres ofrecen un escenario perfecto para las cabalgatas; los tambos cercanos resultan visitas tentadoras; pero el imán, por supuesto, es Mar del Plata con sus playas, sus teatros y el casino renovado.

Un modelo muy similar es el Palantelén, estancia ubicada en el kilómetro 360 de la ruta 11, muy cerca de Mar de Ajó. Se trata de una casa de grandes dimensiones construida en 1895. Alrededor, un parque de 15 hectáreas con árboles también centenarios, da el marco perfecto para el relax. Propiedad de la familia Ramos Mejía, ofrece apenas 7 habitaciones y la posibilidad de pasar un día de campo sin alojarse en el lugar. Palantelén es una de las casas del campo en esta zona del faro de Punta Médanos. Su contracara es Rincón de Cobo, un lugar extraño, tentador y apacible como pocos, que ofrece a los viajeros la posibilidad de alojarse en chacras marítimas. Traducido, significa que junto al mar, a solo 30 kilómetros de Pinamar y 15 de Mar de Ajó, los dueños de una estancia de más de 5000 hectáreas han destinado un área a seis casas de gran nivel, diseño actual y una ubicación privilegiada. Nombres como Lo de Braun, Lo de Matías remiten a opciones con acceso directo a la playa. Otras como Bosque, están a 2000 metros de la costa, en un entorno idílico.

Las chacras se alquilan y cuentan con numerosos servicios como limpieza, ropa de cama, televisión satelital y en temporada baja también ofrecen desayuno. Además es posible encarar actividades típicas de un alojamiento rural como cabalgatas o avistaje de aves o propias de la costa como la pesca de corvinas y pejerreyes.

Finalmente, uno de los distritos con más prosapia campera es General Madariaga, donde se celebra la Fiesta Nacional del Gaucho. Y es en estas tierras, antiguos pagos del Tuyú, en los que el más antiguo de los varios José María Peña de vida pública constituyó la estancia La Unión. Hoy, con precios que arrancan en los $270 diarios, este establecimiento productivo ofrece 2 habitaciones en la casa principal y otros 2 departamentos en la casa del Aguaribay, todas construcciones que se originan en las décadas del ‘30 y del ‘80 del siglo XIX. La estancia tiene casi 1.000 hectáreas y continúa girando alrededor de la cría de ganado. El casco exhibe un parque de 50 hectáreas pobladas de robles, nogales, eucaliptus, plátanos y olivos ideales para caminatas y cabalgatas apacibles. Pero cuando se busca algo más que el campo, los alrededores muestran su oferta más que variada: dos lagunas para pescar o practicar windsurf; el pueblo de Madariaga con sus sogueros y plateros criollos; y, antes que nada, Pinamar y Cariló a menos de 50 kilómetros cada una. En todos los casos, la combinación de playa y campo es la manera de disfrutar de lo mejor de dos mundos.

Arenas desiertas
El camino que atraviesa la Reserva de Biósfera del Parque Costero Sur tiene unos 75 kilómetros. A lo largo de su extensión es posible disfrutar del bosque en galería formado por especies nativas como el talar o el coronillo. El verde es sólo interrumpido por breves caminos que suelen tener como destino algunas de las estancias mejor conservadas de la zona. Una de ellas Juan Jerónimo, que se muestra llamativa desde su inusual nombre de varón. Hay varias historias que intentan dar cuenta de este bautismo. Algunas hablan de un tal White, bandido británico que adoptó su nombre criollo (Juan Gerónimo Blanco) al afincarse en la zona; otras se refieren a un gaucho cimarrón que habitaba en los médanos cercanos. Lo único cierto es que el campo comenzó a tener renombre cuando cayó en manos de Ernesto Torquinst, estanciero, proveedor del ejército y personaje famoso a mediados del siglo XIX. Mucho más cerca en el tiempo, en 1984, gran parte de la estancia pasó a formar parte de la Reserva de Biósfera de la Unesco. En estas reservas, a diferencia de lo que ocurre con los parques nacionales destinados a conservar el patrimonio natural, se trata de que el hombre pueda desarrollar su vida sin degradar el medio ambiente. Por eso, los avistajes de aves, las caminatas con interpretación de la flora o las cabalgatas para alcanzar los cangrejales, los médanos o la costa del Río de la Plata, son algo más que un divertimento.

Informes: Juan Gerónimo, en Verónica. Consultar precios y disponibilidad al 4804-9777 ó en la estancia al (02221) 481414



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