Ernesto Sanz:

Ernesto Sanz: "El establishment ya eligió a su candidato y no soy yo: Es Cristina"

El senador Ernesto Sanz, precandidato a presidente por la UCR, confía en alcanzar el triunfo en la interna partidaria que a fines del mes próximo definirá al postulante de su partido para las elecciones de octubre. Y se entusiasma con una segunda vuelta que lo enfrente mano a mano en las urnas con Cristina Kirchner. También renueva sus cuestionamientos al Gobierno, rechaza las críticas que lo señalan como el candidato del establishment y anticipa sus primeros pasos en caso de llegar a la Presidencia. 11 de Marzo 2011

Ernesto Sanz, precandidato a presidente por la UCR, jura y perjura que -aunque para muchos la empresa suene casi como un imposible- está en condiciones de derrotar a Ricardo Alfonsín, su competidor en la interna partidaria del 30 de abril, y convertirse en el candidato que en octubre lleve al radicalismo nuevamente a la cima del poder, a doce años de la fallida experiencia de la Alianza. Y tan convencido está, que este abogado mendocino, de 54 años, un desconocido aún para buena parte de los argentinos, pero de sólida trayectoria política-, recorre el país de sol a sol intentando seducir a correligionarios e independientes con un fuerte discurso opositor al kirchnerismo y una propuesta de cambio para la Argentina.

El peso del apellido -el de Alfonsín, claro- no lo amilana. “Acá no se dirime la mayor o menor fidelidad a Raúl. Somos todos fieles a Alfonsín. Lo que se dirime hoy es que persona de carne y hueso, hoy en actividad, está en condiciones de captar el voto de esos dos tercios de la sociedad que están ahí girando y que todavía no saben a quién van a votar”, sostiene ante We, durante una visita que realizó a la redacción de El Cronista.

Hace dos años cuando los que hoy son alfonsinistas le pedían que sea su candidato a Presidente usted se negaba. Qué cambió para decidirse en diciembre pasado?
La muerte de Kirchner. Hasta su muerte yo estaba concentrado en mi rol dentro del partido. A la vez, teniendo dos candidatos como Cobos y Alfonsín, mi rol era tratar de llevarlos acompasadamente para que entre los dos pudieran generar una competitividad distinta en función de sus personalidades: uno con más tracción hacia dentro y otro con más tracción hacia afuera y avanzando también en la conformación del frente común con los socios electorales. Pero cuando murió Kirchner sentí que el tablero político cambiaba rotundamente. Hacia dentro nos dejó sin un candidato. Una de las víctimas de la muerte de Kirchner fue Cobos. Y a mí no me gustan los partidos de un sólo candidato. Y mucho menos cuando el discurso y la mirada de ese candidato está más proclive a buscar votos en el costado del kirchnerismo que en el segmento de las dos terceras partes de la sociedad que en 2009 votaron en contra del kirchnerismo y que no están dispuestos a seguir votando en contra de algo sino en favor de alguien que los entusiasme. Cobos apostaba a ese segmento. El otro porqué hay que buscarlo afuera del partido. Hasta la muerte de Kirchner yo veía un escenario de tres tercios. El kirchnerismo, nosotros y el Peronismo Federal. El escenario de segunda vuelta estaba casi cantado porque ninguno podía generar un triunfo en primera instancia. Cuando se cae el PJ Federal con la muerte de Kirchner advierto que el Gobierno sale a seducir a la clase media y que el escenario que viene es de polarización: la coalición del Gobierno y la nuestra. Y a esa coalición nuestra le está faltando un discurso de centro. Era el momento de poner a prueba a esos amigos que me incentivaban.

Pero hoy ya están con Alfonsín...
Por más que tengan compromisos con Alfonsín, ponerlos a prueba es ver qué quieren de este partido en la general. Si el partido se va a definir por amiguismos o por ver quién está en mejores condiciones de competir y levantar el techo de Alfonsín del 15% ó 16% que nos dejaría terceros.

Kirchner no medía tan bien como Cristina ahora.
El dato es que Cristina mide locuras y el Gobierno hace que eso se multiplique y sobreactúan. Yo prefiero que esto pase hoy a ocho meses de la elección general y no a tres meses. No van a poder sostener la sobreactuación mucho tiempo. Y cuando pase esta operación de instalar a Cristina ganadora en primera vuelta, van a quedar en el escenario dos coaliciones compitiendo en octubre, la del Gobierno y la nuestra. En ese esquema nuestro negocio es forzar la segunda vuelta. 

¿Cree que habrá internas en agosto?
Agosto es para mí un gran signo de interrogación. Le tengo mucha desconfianza al Gobierno. Este es un Gobierno arbitrario, discrecional, que no cree en las reglas de juego. Por eso nuestro partido tiene todo el derecho de hacer nuestras propias internas.

¿Lo ve a Cobos compitiendo en agosto?
No sé y tampoco quiero ser su exégeta. El candidato que surja el 30 de abril va a ser el candidato de todos. Todos nos vamos a encolumnar detrás del que gane la interna. Y al día siguiente vamos a cerrar filas con el Partido Socialista y el GEN, le vamos a poner nombre al frente, conformar la fórmula y a cerrar el programa de gobierno. De ahí para adelante, va a tener toda la legitimidad de un partido político que hizo todo esto para tener una estrategia electoral. Si Cobos quiere ir a agosto, lo puede hacer, está dentro de la ley.

¿Cómo se le gana en la interna a una apellido tan fuerte como el de Alfonsín?
Con decisión, recorriendo el país, generando un discurso confiable, con una estrategia de comunicación que en cuatro meses no será la mejor del mundo, pero tranquilamente se le puede ganar.

¿Qué lo diferencia de Alfonsín?
Origen, trayectoria, experiencia en la función pública. Somos distintos y está acreditado en nuestro curriculum y no es menor los lugares por donde hemos pasado a la hora de afrontar una responsabilidad como ésta. Y creo que tenemos una visión diferente respecto al modelo del Gobierno. Yo no creo que esto sea un modelo progresista ni un modelo de país. Es un modelo de acumulación de poder político y económico, profundamente corrupto en su esencia porque es un Gobierno que se basa en dos herramientas que cuando se juntan producen un shock explosivo: mucha plata y mucha discrecionalidad, ese es el modelo K. Si a eso se le agrega la eliminación de todos los sistemas de controles... ¡bingo! Tenemos un modelo con raíz de corrupción. 

Alfonsín tiene un discurso menos confrontativo que el suyo y el Gobierno muestra sintonía con él. ¿Cree que hay un pacto de no agresión no escrito entre Cristina y Alfonsín?
No sé. Lo que si sé es que a mí me pegan desde la mañana a la noche y desde la uña del dedo gordo hasta la cabeza. El Gobierno a mi me sacude las 24 horas del día. 

Lo que se dice desde del Gobierno y desde el alfonsinismo, por el apoyo de algunos empresarios, es que usted es el candidato de la derecha o del establishment...
Nunca vi un comportamiento más conservador y de derecha que el statu quo de mantener a los humildes de rehenes y fidelizarlos como ciudadanos. No apostar a la educación pública y apostar a los programas sociales clientelares para mantener a la gente fidelizada es un comportamiento de derecha. Haber reemplazado al capitalismo de los ‘90, que era muy malo, con este capitalismo de esta década al amparo de los beneficios y los privilegios del poder y de mucha corruptela es un comportamiento de derecha. Y en todo caso, si a mí me preguntan si soy el candidato del establishment, me gustaría que me digan cuál es. Ese capitalismo que surgió en estos años, al amparo de los privilegios del poder, que hizo mucha plata, ese establishment ya eligió al candidato del Gobierno. En los últimos tres años el radicalismo ha sido invitado a participar de todos los foros económicos. El único que se ponía la camiseta y se hacía cargo del helicóptero de De la Rúa y de la hiperinflación de Alfonsín, pero también de representar a una nueva generación de radicales fui yo.  Esto es un activo que pongo a disposición del radicalismo. Un partido que estaba peleado con todos los factores de poder. No se puede gobernar así. Decidí abrir un puente para llegar a todos esos sectores, que no son Techint, Arcor y Aceitera General Deheza. Son las Pymes de todo el país. Si esto lo quieren etiquetar como candidato del establishment...

Pero los Roca hablan bien de usted...
Porque tengo una visión de país en donde el modelo de generación de riqueza lo pongo en el mismo lugar del de distribución de riqueza. En la UCR también me facturan muchos que he vuelto a reflotar el desarrollo fondizista. Tengo una raíz frondizista. El desarrollo de Frondizi aggiornado hoy es una asignatura pendiente. 

Podría dar el nombre de su futuro ministro de Economía para despejar esas dudas...
No, no voy a adelantar eso. 

Sus últimas definiciones sobre mantener Aerolíneas, AFJP, Fútbol para Todos en manos del Estado y Asignación Universal por Hijo parecieran formuladas para que no lo ataquen...
Es lo que pienso. Para muchos sectores de derecha, que supuestamente confiaban en mí, esas declaraciones fueron una bofetada, una piña. Pero lo vengo diciendo desde siempre como legislador nacional.

¿Y qué medidas del Gobierno cambiaría?
Muchas. Lo primero es la actitud ética del Estado. Generaría controles para controlar a mi propio gobierno y darle confianza a la sociedad. Transparentaría todo lo que significa recursos del Estado hacia a sociedad. Al sindicalismo, a través del sistema de Obra Sociales, subsidios al transporte, a la energía, este sistema está deteriorado. En materia económica, lo primero que haría es normalizar el Indec para saber de qué estamos hablando y para poder bajarle a la inflación una suerte de 40% de condimento, que es la expectativa inflacionaria que el Gobierno alimenta todos los días. Hay que generar confianza, reglas de juego y previsibilidad para que la economía productiva argentina tenga un horizonte y pueda crecer y aprovechar las oportunidades que el mundo está dando. También transparentaría la pauta de publicidad oficial. Generaría  un federalismo de concertación. La otra cosa es generar un cambio muy fuerte en el sistema educativo. 

¿Y en materia de seguridad?
Pondría a todos los servicios de inteligencia del Estado, de las fuerzas de seguridad nacionales y provinciales a trabajar en la prevención del delito. No quiero ser un Presidente donde me llegaría todos los días a las siete de la tarde el informe de todas las llamadas de los empresarios, periodistas y políticos que no piensan como yo. La verdad que eso te mata. Vuelve loco al más pintado.  Segunda medida: salir a romper la economía informal del delito. Y la tercera, salir a combatir el narcotráfico. Esto significa desde asignarle más presupuesto a la Sedronar hasta la actitud de salir a buscar a los narcotraficantes donde están teniendo de rehenes a la gente humilde.

¿Estaría de acuerdo con reformar la Constitución para ir a un sistema parlamentario como imagina Zaffaroni?
Estamos a media agua. Y en una media agua muy peligrosa. Veníamos de un sistema presidencialista fuerte y pasamos a un sistema semiparlamentario para atenuar el presidencialismo. Fruto de esa reforma tenemos seis o siete herramientas que son propias del sistema semiparlamentario. Los DNU, la Auditoría General de la Nación, el Consejo de la Magistratura, la prohibición de facultades delegadas por parte del Congreso, el federalismo de concertación. Con todas esas herramientas el kirchnerismo hizo una contrareforma constitucional en la práctica y nadie habla de esto. Volvamos al ‘94. Avancemos a ver si somos capaces de tener un sistema semiparlamentario, démosle lugar a la figura del jefe de Gabinete. 

¿Cuál es su postura sobre el aborto?
Estoy en contra del aborto y se me presenta una cuestión de principios. Pero también me parece que la despenalización es una hipocresía. Acá hay otra falencia del Estado. No tiene que estar ahí en el tema de la penalización sino en la prevención.

Si perdiera la interna, ¿iría de candidato a gobernador de Mendoza?
No, porque la política no es una tómbola. Si pierdo asumiría esa noche nuevamente como titular del partido.

Por ahora siguen sin candidato en la provincia de Buenos Aires...
Espere a que llegue el 30 de abril. Hay que pasar esta interna primero.

¿Qué le va a decir a esas personas grandes que tienen una medallita de Raúl Alfonsín?
Que soy tan alfonsinista como ellos. Que soy un producto de Raúl Alfonsín. Que ingresé al radicalismo sin ser de una familia radical porque me convocó Raúl. Y que el mejor homenaje que ambos le podemos hacer a Alfonsín es elegir al mejor candidato a presidente que represente al radicalismo en octubre. Yo me siento ese candidato. Me tengo una fe bárbara. Acá no se dirime la mayor o menor fidelidad a Raúl. Somos todos fieles a Alfonsín. Lo que se dirime hoy es qué persona de carne y hueso, hoy en actividad, está en condiciones de captar el voto de esos dos tercios de la sociedad que están ahí girando y que todavía no saben a quién van a votar.

Hay un sector que lo apoya, dirigentes como Storani, Nosiglia, que representan el pasado de la UCR. ¿Le puede jugar en contra en especial con independientes? 
Alfonsín también tiene ese tipo de apoyos y no creo que tengamos que esconder a nadie. La UCR es una fuerza que tiene de todo: gente que ha sufrido enorme desprestigio con la sociedad -en algunos casos de forma injusta- y tiene gente nueva que es desconocida. 

¿Cuánta gente tiene que ir a votar a la interna para que no sea un papelón?
Más de 500 mil. Es nuestro desafío. 

¿Sigue pensando en Binner como candidato ideal para ser su vice?
Nunca dije eso, dije que es un excelente dirigente, con prestigio. Pero eso lo tienen que resolver los tres partidos socios que están por encima de los humores y de las ambiciones que los candidatos tengamos.



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