Éramos pocos y llega el golf management

Éramos pocos y llega el golf management

Las presiones dentro y fuera de la cancha influyen en el handicap. Los puntos en común y las diferencias entre el juego y la gestión. 23 de Julio 2010
En el green como en la oficina, los ejecutivos se enfrentan a presiones. En la cancha, la lucha es para mejorar y consolidar su handicap. Hay que enfrentar las contingencias que son las variables de tiempo, como el viento, lluvia y también otras dificultades: desde un bunker, un obstáculo de agua, un fuera de límite, los piques y las caídas. Sin embargo, en un entorno diferente, la oficina plantea situaciones similares. Y la similitud es la necesidad de mantener la mente clara y la tranquilidad de espíritu para poder ejercer el liderazgo y encontrar el camino del éxito. 

Los ejecutivos saben que la mente es el organismo que puede dominarlos dentro y fuera de la cancha. En el golf existe la competencia contra la cancha, contra el adversario y contra uno mismo, según coinciden los entrevistados. Es un deporte individual en el que uno está quieto y en donde la mente influye mucho sobre el cómo uno disfruta. Tal es el caso de Carlos Mackinlay, gerente General de LoJack, que se encuentra en el puesto número ocho del ranking de CEOs, empresarios y altos ejecutivos que mejor se desempeñan en la cancha, según la base de la Asociación Argentina de Golf (AAG). El ejecutivo llegó al golf casi por casualidad. Hace 12 años, acompañó a su padre al driving y fue entonces cuando hizo sus primeros intentos con el palo. Así, después de haber jugado al tenis y al rugby, descubrió en el golf algo que no tienen los otros deportes: “la lucha permanente contra uno mismo”. “Es el deporte en el cual se destaca el control que hay que tener de nuestro temple: la suma de puntos produce que si se erra en uno, se arruina todo lo que se hizo previamente”, explica el ejecutivo. Para Mackinlay los errores surgen del nerviosismo. Y las situaciones dentro del green podrían compararse con las de la oficina. “Si no te dejas abatir y te sentís ganador, sobre todo en una Argentina con vaivenes y en la cual es difícil tener la pelota, las cosas te salen mejor. Es una clave en el golf y en la vida laboral”, asegura. 
“El golf lo aprendí de chico y me inculcó valores. Por ejemplo, la honestidad, que se suman a la  concentración y al equilibro. Eso forma parte de mi personalidad y trato de que todos los días se trasluzca en mi trabajo”, afirma Martín Cabrales, vicepresidente de Cabrales, que se ubica en el puesto 7 del ranking. El ejecutivo juega al golf desde los 11 años, cuando pisó por primera vez un green de Mar del Plata, su ciudad natal. Para Cabrales, todas las virtudes requieren práctica y deben ser ejercitadas. Por eso, en su vida diaria el ejecutivo busca el equilibrio frente a las dificultades. “En el golf un día jugás bien y otro mal. En la vida también. Lo común es que, en las dos, hay que saber salir adelante con fuerza”, explica Cabrales. 

“El golf podría ser el juego de la vida. Hay elementos que se nos presentan como obstáculos y siempre hay que buscar alternativas. Esto significa liberarse de los caprichos y buscar decisiones efectivas”, asegura Alfredo Conde, co-CEO de Primary, una compañía de servicios, soluciones y tecnología. Así, la estrategia de juego se adapta al tipo de cancha. “Es casi como adaptarse al tipo de negocio que queremos cerrar”, ejemplifica Conde.

Desde hace 16 años, cuando comenzó a jugar al golf, Conde desarrolló la paciencia y la autocrítica. “Hay gente que gasta más tiempo en definir una cosa que en solucionarla. El golf te ayuda a no defender cosas indefendibles”, cuenta. Y agrega: “Si hay un árbol y no se puede pasar, hay que buscar alternativas. Si no se puede llegar a un mercado, hay que buscar otro camino”, ejemplifica. El ejecutivo nunca practicó la meditación, pero entiende que para el golf sería aplicable. 

Pero, además, los ejecutivos coinciden en que el golf es un ejercicio para el liderazgo. “En los negocios, un líder tiene que ser fuerte de mentalidad. No te podés quebrar porque los demás lo notan. En el golf gana el que menos se equivoca, no hay que caerse”, afirma Mackinlay. 

“En este deporte hay que elegir el palo, el camino que recorrerá la pelota y esperar a ver qué sucede. Es análisis y acción, lo más parecido a la toma de decisiones”, dice Miguel Livi, CEO de Royal Class. El ejecutivo, que se inició en el golf a los 15 años y tiene 18 de handicap, se considera un amante del “no límite”. Es por eso que la cancha, con sus amplios espacios, es un lugar donde se siente cómodo y donde la palabra stress se olvida. Para Livi, el handicap llegó después, como consecuencia de la búsqueda del momento de distracción. Por otra parte, esa situación también la alcanza mediante su propio método de lo que llama meditación, que consiste en retirarse durante unos minutos de su oficina en el Aeroparque Jorge Newbery hacia la Costanera, y despejar su mente. 

La meditación en el juego 
“Baje el handicap a su vida”, define Alberto Lóizaga, autor de un libro que se llama “Ser uno mismo en el golf”, que contiene consejos sobre cómo mejorar el handicap en el golf y, sobre todo, en la vida. Para Lóizaga, que fundó el Centro de Actitudes que Sanan en 1991, y que surgió a partir de la necesidad de brindar asistencia a personas o familias que atravesaron crisis irremediables o enfermedades terminales, la idea es encontrar empresarios que no solo rindan sus frutos en el trabajo, sino que estén contentos, que tengan paz para disfrutar de su familia y de la empresa de su vida. “Todos los grandes empresarios y gente que tiene sabiduría se da cuenta que lo principal es cuidar las virtudes del ser”, asegura. Y agrega: “La gente no disfruta de nada. Está apurada y vive sometida a la neurosis del tiempo donde se autoexcluyen. El golf es el deporte que clásicamente la gente elige para disfrutar y a veces no lo pueden hacer”. Cada vez que se piensa, surge la distracción. Así, según explica Lóizaga, la distracción en lo que se piensa no permite escuchar a la persona que está enfrente. La meditación, entonces, esa técnica que permite crear atención pleno y actos plenos a partir de una alienación, una conexión con lo profundo del ser humano es lo que creó máxima eficiencia y eficacia en cualquier acto humano, ya sea un deporte o bienestar laboral. 

Así, Lóizaga propone ejercicios de meditación que ayudan a enfrentarse a la pelota desde el fee hasta el tiro más cercano al hoyo, con una actitud positiva. “La inteligencia del Ser es poder dominar al Ego en los momentos decisivos”, explica Lóizaga. Entonces el orden del caos surge de la conciencia. Y cualquier líder que quiera cuidar a los demás tiene que empezar por cuidarse a sí mismo, es decir, a su propia mente y la empresa de la vida. “La gente está acostumbrada a cuidarse el pelo, la ropa, pero no se ocupa de cuidar su mente. El cambio de la conciencia que el mundo necesita es que todos los seres humanos cuidemos nuestra propia mente”, concluye. 

Algunos ejecutivos tomaron la iniciativa. Y aunque aseguran que no es una cuestión de magia, consideran que en su vida hubo un antes y un después. Tal es el caso de Norberto Inglese, fundador del estudio de contadores Volpe Inglese & Asociados. El ejecutivo tenía 20 años cuando comenzó a meditar. Y 30 años después, tras haber pasado por varias técnicas, siguió la meditación. “El beneficio es personal. Se puede aplicar a todos los órdenes de la vida. Estoy más atento y con los sentidos desarrollados. Afecta mi vida personal y profesional”, asegura. Para el ejecutivo, una frecuencia mental más baja ayuda a pensar mejor sobre las presiones externas e internas, propias del apuro con el que se vive. “Con 15 minutos reemplazo la siesta. Cierro la puerta de la oficina, cierro los ojos y medito”, cuenta. Por su parte, Mariano Rolfo, fundador de Smiling Cosmos, una productora audiovisual que realiza comerciales, considera que su trabajo lo mantiene como un ser cuyo hábitat natural es una “locura constante”. El ejecutivo recibió las referencias de un amigo, y aunque confiesa que se mostraba algo escéptico, tras un año de insistencia decidió comenzar el curso y cambiar su vida. Así, la técnica que utiliza es a través de un sonido, que la persona repite mentalmente y después de varias sesiones el cerebro se empieza a desconectar. “La idea es conectarse con la nada”, explica. “A mí me sirvió mucho, me dio paciencia y tolerancia”, agrega el ejecutivo, que arranca el día con 15 minutos de meditación, va al gimnasio y después sale a trabajar. Además, complementa la meditación con vida sana: descanso e hidratación. Al regreso, se regala 15 minutos en los que vuelve a relajar su cabeza. “Lo más importante es que se recupera el disfrutar del momento”, destaca y asegura que es el principal motivo que lo llevó a la meditación. Antes de comenzar a meditar, Rolfo sentía que no disfrutaba de lo que hacía. “Hiciste trabajo, te salió bárbaro, estás con otro y no disfrutaste que te salió bien el anterior”, concluye.
 



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