Encuestas al banquillo: ¿por qué se equivocan?

Encuestas al banquillo: ¿por qué se equivocan?

Los resultados de la primera vuelta porteña y de la elección santafesina del domingo pasado pusieron en tela de juicio el rol de los encuestadores y amplificaron un debate que se reaviva cada vez que los sondeos electorales fallan en sus pronósticos. Salvo escasas excepciones, la mayoría de las consultoras se alejó del veredicto de las urnas. Y algunas, hasta rozaron el papelón. Decisión de último minuto: la clave a la que apuntan los especialistas para explicar qué pasó. 29 de Julio 2011

Como en toda elección, en cualquier parte del mundo, y en la Argentina más aún, las encuestas ocupan un lugar central en la cultura política del país. Fervientes seguidores o feroces detractores entre los que se cuentan políticos, candidatos, periodistas o analistas de opinión pública, todos, sin excepción, las siguen con fruición en tiempos electorales y no faltan -en ambos extremos- quienes creen ver en ellas un mal necesario o bien una suerte de bola de cristal infalible, pese a sus recurrentes y polémicos yerros. Como muestra basta un botón.

Las mediciones previas a la reciente primera vuelta porteña mostraron las incosistencias que muchas veces acompañan a los sondeos de opinión y minan poco a poco su credibilidad. De hecho, si bien la tendencia que reflejaron las principales encuestadoras (la victoria de Macri sobre Filmus, la caída de Pino Solanas en un tercer lejano lugar y el cantado ballottage) fue la correcta, la mayoría de los cálculos se alejó bastante de los resultados de las urnas, excediendo con creces el razonable margen de error.

Los medios de comunicación, que, hay que decir, se nutrieron de los sondeos en las semanas previas al comicio, no dudaron, sin embargo, en asignarle a buena parte de las encuestadoras un lugar destacado en su lista de “perdedores” de la elección.

Y lo mismo ocurrió en Santa Fe. El comicio del pasado domingo en tierras gobernadas por el socialismo volvió a dejar muy mal paradas a las encuestadoras y a alentar las suspicacias.

Antes de la votación, todos los pronósticos le auguraban al electo gobernador Antonio Bonfatti un amplio triunfo. Pero el socialista debió esperar a que se escrutaran más del 50% de las mesas para confirmar su ajustada victoria sobre el macrista Miguel del Sel, la gran sorpresa santafesina. Más aún, las consultoras tampoco fueron capaces de vaticinar la debacle del kirchnerista Agustín Rossi, que quedó ubicado en un lejano tercer puesto. Y hasta hubo una encuestadora -Carballo y Asociados- que inexplicablemente llegó a posicionarlo como ganador. ¿Error metodológico? ¿Cambio de voto en el último minuto? O, lo que es peor, jugoso contrato económico mediante, ¿cifras inventadas para favorecer a un candidato?

Teorías conspirativas
Para Adriana Amado Suárez, profesora investigadora de la Universidad Nacional de La Matanza, no es válido culpar ciegamente a los encuestadores para explicar tanto despropósito.

"Es fácil decir a éste le paga tal y hace las cosas de manera que le dé linda la foto. Pero es una teoría suicida, porque una campaña basada en foto 'fotoshoppeada' te puede dar este error de cálculo que vimos en la campaña en la Capital", sostiene. En esa línea y desde su formación académica, ensaya otra posible explicación al error: "La socióloga alemana Elizabeth Noelle-Neumann llamó espiral del silencio al fenómeno por el cual la opinión pública expresa, no lo que piensa, sino aquello factible de ser expresado en público. Es decir, aquella opinión que menos problemas le ocasionará al manifestante. Después, resolverá lo que quiere, que no siempre coincide con lo que siente que puede decir", se explaya. En esa categoría, claro está, habría que considerar el llamado “voto oculto” o “voto vergonzante”, que se ejerce, pero no se confiesa.

En ese sentido, apunta la investigadora, la encuesta telefónica no parece ser la metodología acertada a la hora de develar la dirección real del voto, puesto que no bucea en lo que verdaderamente piensa el votante. "Sobre todo si la encargada de indagar es una máquina automática", acota. En todo caso, a la hora de repartir culpas, dirá, conviene ser más ecuánime. "En esta lógica de distribución masiva de encuestas, es cierto que no podés darte el lujo de hacer entrevistas cara a cara (mucho más costosas). Y la verdad es que la voracidad de los políticos por tener rápido la foto les da fotos malas. Por otro lado, los medios también deberían ser más prudentes en su difusión, adjuntar la ficha técnica, quien la encarga, etcétera", aconseja.

También Rosendo Fraga, del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría, pone la lupa sobre los muestreos telefónicos. “Argentina tiene 60 millones de celulares con 40 millones de habitantes. El problema es que hoy no encontrás la forma de hacer una muestra con el celular que sea fidedigna”, señala.

Enrique Zuleta Puceiro, de OPSM, discrepa: “La encuesta telefónica es perfecta. La nuestra tiene una base sociodemográfica perfecta, puede ser supervisada, se puede grabar, tiene información exahustiva y puede proyectarse territoriamente”, argumenta a favor de la metodología.

Por su parte, Ignacio Ramírez, analista de opinión pública de Ibarómetro, la consultora que comanda Doris Capurro y que en sus mediciones anticipó un 41,4% para el actual jefe de gobierno porteño y 34,3% para el candidato K (una brecha de apenas 7,1% contra los casi 20 puntos que Macri obtuvo sobre Filmus) le apunta en este caso concreto a la voluble sociedad porteña: "En las 72 horas anteriores a las elecciones, más de un 15% del electorado decidió o modificó la dirección de su voto. Esto resulta muy difícil de predecir en las encuestas, que capturan las preferencias cuatro días antes de la elección y que son las últimas en difundirse en virtud de la veda".

Mariel Fornoni, de Management & Fit -una de las consultoras que más se acercó al resultado de Capital junto con Poliarquía, pero que dos semanas después no fue capaz de prever el huracán Midachi en Santa Fe- coincide y argumenta: “En la última semana pasaron muchas cosas en Santa Fe. Reutemann salió a decir que no iba a votar al kirchnerismo y el voto del PJ tradicional terminó apuntalando a Del Sel. En los boca de urna la gente suele decir que decide el voto el día de la elección. Y, de hecho, en la ciudad así lo hizo un 20% del electorado. Es un porcentaje muy grande de voto no consolidado y jugás con la volatilidad”, justifica.

Zuleta concuerda con Fornoni. El encuestador de OPSM, que en sus sondeos porteños acertó en asignarle un 27,8% a Filmus, pero se quedó corto con el 38% que previó para Macri, "más de un 20% de los ciudadanos definió su voto al momento del sufragio". Y agrega: “En esta elección hubo un sesgo declarativo; un sector del electorado que no confesó su voto. Se votó contra Cristina. Fue un voto estratégico”, arriesga.

“O realmente a muchos les dio vergüenza decir que votaban por Macri o se decidieron en el cuarto oscuro”, aporta Analía del Franco, de Analogías.

Oráculo moderno
Los sondeos de opinión son, en primera instancia, instrumentos técnicos que sirven para orientar a los candidatos respecto de las preocupaciones de los electores. El problema -apuntan los expertos- es cuando una encuesta se convierte en una suerte de oráculo y termina tiñendo por completo el debate electoral.

En ese aspecto, tanto Ramírez como Amado Suárez cuestionan el uso "futurológico" que se le da a las encuestas en la Argentina.

"Es más una desviación periodística de la naturaleza de las encuestas que una propiedad técnica de las mismas", afirma el consultor de Ibarómetro.

Analía de Franco, que al igual que Ibarómetro encuesta para el kirchnerismo, aunque presentó su trabajo en Capital como independiente, también se defiende: “La falla que se nos atribuye a las consultoras depende de la expectativa de la demanda. Los medios, en general, toman a las encuestas como una lotería, sale o no el número, y no es ése su único rol. Los estudios cuantitativos marcan tendencias, además de datos del electorado, clima social, posicionamientos”, aclara.

No sólo en la Argentina
Lo cierto es que la discusión en torno a la fiabilidad de los sondeos y sus polémicos yerros no es patrimonio exclusivo de la Argentina. Sin ir más lejos, en 2010, los institutos de opinión pública de Brasil fueron unánimes en predecir que no iba a haber segundo turno electoral entre Dilma Rousseff y José Serra. Pero sí lo hubo. Y la prensa también los castigó por errar el pronóstico.

Al respecto, Celso Roma, politólogo e investigador de ese país, marca un punto que los mayores críticos de las encuestas parecen soslayar: "Las encuestas y las elecciones tienen lugar en momentos diferentes y, en el mientras tanto, algunos votantes pueden reconsiderar su voto. La encuesta coincide con la campaña y los votantes están viendo TV, hablando de política con amigos y evaluando a los candidatos... La votación es el momento de aislamiento y de última reflexión de los electores".

A la luz de la experiencia brasileña, Roma rechaza cualquier teoría de orden conspirativo. "No creo que los institutos de investigación se pierdan por el intento malicioso por una razón fundamental: si los escrutinios no confirman sus pronósticos, los institutos pierden credibilidad y ponen en juego su prestigio frente a sus principales clientes".

Fornoni coincide, aunque con matices: “El único capital que tiene una encuestadora es su credibilidad. Ahora, si en mis trabajos siempre tengo el mismo sesgo..., es complicado. El tema es que el 90% del mercado de las encuestas en la Argentina está en la administración pública y, si tenés asegurado contratos, es el mejor lugar para trabajar porque tenés trabajo todo el año, no sólo en elecciones”, desliza.

¿Influyen o no?
Que los políticos utilizan muchas veces las encuestas como instrumento de posicionamiento electoral, en especial los que tienen mayores recursos económicos, es, a esta altura, una verdad de Perogrullo que admiten hasta los propios encuestadores.
“Hay dos tipos de encuestas: las de barricada, que difunden los comités de campaña, y aquellas con las que trabajan los políticos, que jamás se publican. Los comités obviamente difunden las que les conviene a su candidato”, se sincera Zuleta.

Fraga completa: “Hoy las encuestas forman parte de la campaña en lugar de ser objetivas. Esto hace que un encuestador tenga que ponerse la camiseta del candidato, algo negativo porque afecta la credibilidad”.

Al respecto, existe un viejo y nunca saldado debate acerca de si los sondeos preelectorales tienen o no influencia en los votantes. Para Roma, el llamado “efecto del carro ganador”, que en lenguaje llano consistiría en publicar una encuesta para arrastrar votos a favor del candidato mejor posicionado, “casi nunca funciona. Si fuera así, no habría sorpresas en el recuento de votos”.

De hecho, también podría darse el efecto contrario: “Motivar a los indecisos a empujar ‘el carro del perdedor’ y apoyar al candidato que parece menos beneficiado”, marca Amado Suárez.

Para Fornoni, “muy poca gente es influida por las encuestas”.

Ramírez, en cambio, opina que si bien la publicación de encuestas en sí misma no tiene influencia, éstas son usadas “por los medios para construir escenarios que podrían ejercer alguna clase de incidencia en el comportamiento de los votantes”.

En efecto; frente a un panorama de creciente sospecha, voces como las de Poder Ciudadano comienzan a exigir la autoregulación de los sondeos para evitar que se difundan proyecciones erróneas o por lo menos reducirlas a su mínima expresión.

Como sea; las encuestas dejarán todavía mucha tela para cortar durante el calendario electoral 2011. El debate recién empieza.

Fuera de foco
Santa Fe
Todas las encuestas equivocaron sus pronósticos en la elección de gobernador del domingo pasado.
Nora Ventroni
Bonfatti 39,2%
Rossi 30,4
Del Sel 21,7%
Management & Fit
Bonfatti 38,3%
Del Sel 28,2%
Rossi 25,4%
La que más se equivocó
Carballo y Asociados
Rossi 32,6%
Bonfatti 32,2%
Del Sel 20,7%



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