En lo que Grecia acierta y Alemania se equivoca

En lo que Grecia acierta y Alemania se equivoca

La presión de Merkel sobre la responsabilidad fiscal inhibe el crecimiento. Gastar le ayudaría a prevenir una recesión en toda Europa. 05 de Enero 2012

Por Peter Coy

La salud del paciente, Z.E., está en picada, y los cirujanos europeos discuten airadamente sobre la mesa de operaciones. Los doctores griegos piden a gritos un tubo de alimentación, oxigeno y antibióticos. “No tiene sentido”, dicen los alemanes. “Sienten al paciente y golpéenlo un poco más. Lo que necesita es perder un poco más de peso”. Los dos actúan de acuerdo a sus propios intereses. Pero son los despilfarradores griegos, cuyo fracaso ayudó a hundir a Europa en su peor crisis desde la Segunda Guerra Mundial, los que están principalmente en lo cierto en esta discusión y no los disciplinados y trabajadores alemanes. La economía europea ya está tan débil que el ajuste teutón, aunque meritorio en tiempos ordinarios, amenaza con llevar al continente a una recesión aún más profunda y duradera.

El debate de estímulo versus austeridad que se dio durante 2011 es una repetición de lo que una vez fue la Gran Depresión. Entonces eran Briton y John Maynard Keynes quienes defendían un impulso a la demanda, mientras que el austríaco Friedrich Hayek quería purgar lo podrido del sistema. Es una medida del precario progreso disciplinario que los economistas y políticos no lograron resolver en 80 años.

La tendencia humana a mezclar economía y moralidad es lo que hace que sea difícil para los políticos defender la teoría de expansión keynesiana del gobierno. Desde el punto de vista de la rectitud, los alemanes están mucho más avanzados que los griegos, los portugueses, los españoles y los italianos. Ahorrar e invertir es algo virtuoso para las familias, es complicado para las personas imaginar eso a escala de una nación, demasiada frugalidad puede causar problemas.

Pero demasiada templanza puede tener sus contraindicaciones y en 2011 las tuvo. Keynes ya había señalado el problema y lo denominó “la paradoja del ahorro”. Un gasto de una persona representa el ingreso de otra, detalló. Entonces, cuando todos gastan menos en una recesión, los ingresos caen. Cuánto más se trata de ahorrar, más se frena la economía y se vuelve más difícil ese ahorro.

Y también se relaciona con la “paradoja del esfuerzo”. Cuando una economía está estancada, con tasas de intereses cercanas a cero, recortar los salarios puede ser negativo. Pueden llevar a expectativas de deflación y causar caídas en el empleo, dice la persona que desarrolló la paradoja, Gauti Eggertsson, un economista de la Federal Reserve Bank de New York. Ese es un pensamiento aterrador para los griegos, quienes esperan poder mantenerse en la zona euro pero generar una devaluación interna basada en salarios más bajos, y en el proceso hacer que su economía vuelva a ser competitiva.

La austeridad ya tuvo su oportunidad en Europa en 2011 y está fallando. Los países de la periferia están lidiando con sus presupuestos a través de una combinación de suba de impuestos y recorte de gastos. La esperanza es que la evidencia de compromiso impresione a los mercados financieros, baje las tasas de interés y le dé al sector privado la confianza para gastar e invertir y volver al crecimiento.

En cambio, está sucediendo todo lo contrario. La retracción del gobierno eliminó la demanda del mercado, cayeron los ingresos fiscales e hizo inalcanzables los presupuestos. Los pronósticos privados de crecimiento para Europa se hundieron durante este año mientras se desarrollaba esta dinámica. Una recesión en 2012 es altamente posible, a pesar de que a fines de noviembre los economistas del Banco Central Europeo todavía anunciaban un crecimiento de entre 0,4 y 1 por ciento para el año próximo.

No hay dudas de que los países del sur europeo deben ganarse su camino fuera de la deuda comerciando sus excedentes en lugar de sus déficits crónicos. En otras palabras, necesitan ser más germanos. Pero es imposible para todos los países operar con sus excedentes de la misma manera que no es posible para todas las personas ser un conductor mejor que el promedio. Italia y otros pueden hacerlo sólo si Alemania accede a hacer lo contrario, importar más de lo que exporta. Si vamos a esperar que los griegos actúen como los alemanes, se necesita completamente lo contrario. Alemania necesita vivir un poco más, gastar más y relajarse en Mykonos; en otras palabras, ser más mediterráneos. Pero eso es esperar mucho, ya que el pueblo alemán ha sido convencido por esta crisis de que esa relajación fue lo que está llevando a Europa a la ruina.

A medida que 2012 comienza, todo indica que la zona euro va camino a quebrarse. Stephen A. King, chief global economist de HSBC, cree que la única solución para el continente es que los deudores y acreedores se enfoquen en sus intereses mutuos de crecimiento económico sano. Un consenso en este sentido podría echar por tierra las inhibiciones sobre el agresivo estímulo fiscal y monetario. Sin embargo, King afirma que nada de eso sucederá, al menos hasta que sea obvia la necesidad de una acción dramática para prevenir el fin de la moneda común. “El mundo se tiene que volver loco antes de que uno pueda hacer cosas drásticas”, concluye. “Eso es lo que la Fed esperó, y es lo que el BCE tendrá que esperar”. Aléjese de la mesa de operaciones, acá viene el desfibrilador.

Coy es editor de economía de Bloomberg Businessweek



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