En Copacabana el verano no tiene fin

En Copacabana el verano no tiene fin

La playa más famosa del mundo se disfruta todo el año, pero en marzo exhibe precios económicos que la acercan aún más al público argentino. 19 de Marzo 2010

Son apenas 5 kilómetros, una legua. Quizás la más famosa del mundo, seguro entre las más atractivas que existen. Empieza en la Avenida Santa Isabel y culmina en el Fuerte de su mismo nombre. La playa de Copacabana -y todo el barrio a su alrededor- es un paraíso que nunca pasa de moda. El nombre original de esta playa del sur de Río de Janeiro es Sacopenapã, pero la instalación de una copia de la Virgen de Copacabana, cuyo santuario se encuentra en Bolivia, rebautizó a toda la bahía. Detrás de este nombre importado conviven uno de los hoteles más tradicionales y señoriales de Brasil, las playas más anchas y ordenadas de la cidade maravillosa, algunos de los restaurantes con mejores chefs, y hasta el mayor night club de la noche carioca.

La fama de Copacabana comenzó a forjarse en la Belle epoque; de aquellos tiempos es el Copacabana Palace, el hotel más emblemático del barrio. Cuando se construyó, a principios de la década del 20, la playa estaba a unos pocos metros del edificio. Su primer gran momento de reconocimiento fue durante la filmación de Flying down to Río, película en la que Fred Astaire y Ginger Rogers bailan "The Carioca" en sus elegantes salones (¡disponible en Youtube!). Hoy, sus pasillos siguen recibiendo al jet set internacional gracias a su historia, pero también a su presente. Su restaurante principal, Cipriani, es uno de los mejores sitios para comer no solo en el barrio ni en la ciudad, sino en todo Brasil. Allí, el chef Francesco Carli, ha desarrollado una carta al estilo del norte de Italia poblada de innovaciones, que combina lo tradicional con lo moderno como ocurre todo el tiempo en el Palace.

Hace casi una década, a mediados de 2001, en el centro de la bahía aparecía un nuevo hotel cinco estrellas, el más joven de todos. Con la presencia del propio Bill Marriott y parte de su familia, se inauguraba ese año el JW Marriott Hotel Rio de Janeiro. La anécdota preferida de aquel día sigue siendo la falla de la tarjeta magnética que debía abrir la puerta de la habitación del propio Bill. A la vuelta del tiempo, esta torre moderna y con amplias superficies vidriadas, obtuvo el título de "Mejor hotel de Brasil" en los World Travel Awards 2009; fue distinguida por Conde Nast Traveler como uno de los "Mejores hoteles en Latinoamérica", e incluida en el top ten brasileño por Latin Trade.

La pregunta obvia es a qué se deben tantos reconocimientos. Sus 245 habitaciones suman a la practicidad típica de la cadena norteamericana una decoración esmerada que da como resultado un ambiente realmente acogedor; las facilidades para negocios son amplias y con alto nivel de tecnología pero, sin duda, lo que marca la diferencia son el servicio de playa y los restaurantes. En total hay cuatro espacios gastronómicos: Terraneo, Terraneo Lounge, Café da Praia y el Taiyou Sushi & Sake Bar. Este último ofrece una carta de comida japonesa con toques tropicales que lo ubica entre los más innovadores y reconocidos de la ciudad.

Muy cerca, el hotel Le Meridien alberga a otro comedor destacado: Le Saint Honoré. No se sirve en el plato, pero hace a la experiencia gastronómica, la vista que ofrece este restaurante ubicado en el piso 37 es difícil de describir y hasta cuesta transmitirlo con una fotografía. A diferencia de casi todos los sitios públicos de la ciudad, aquí sí importa la vestimenta, que por supuesto tiene que ser formal. Un requisito que no molesta para nada cuando se sabe que a la mesa llegarán creaciones de Paul Bocuse, tales como gambas de la bahía de Dublín y terrina de berro con tacos de queso de cabra.

Todo este glamour gastronómico tiene un contrapeso en los bares de ambiente relajado, normalmente poblados por muchos de los más de 150.000 habitantes de Copacabana, que parecen vivir la vida a otro ritmo. Al tope del ranking están los bares de playa ubicados al borde del calçadao, la emblemática vereda de granito en blanco y negro que dibuja la costanera de Río. Detrás se pueden encontrar lugares como Cervantes, un bar que ya tiene sus años, pero compensa la falta de estilo con un ambiente fantástico, en el que cualquier problema del exterior queda justamente allí, afuera. Además, es uno de esos sitios a los que se puede ir a las cuatro de la mañana y cenar un plato tan extraño como un sándwich de carne con ananá por menos de 15 reales. Los salones del Palace, la fusión del Marriot, la elegancia de Bocuse y el chopp de Cervantes; todo eso es Copacabana. Pero por sobre todas las cosas es su playa ancha, curva, poblada y llena de vida. Un lugar de veranos eternos.



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