Emprender en tres movimientos

Emprender en tres movimientos

Ramiro Fernández aprendió de la música todo lo que se necesita para ser un buen emprendedor. El resultado es un incipiente grupo multimedia que integra imagen y sonido en la Web. Primera entrega de una serie de perfiles de start ups en estado de semillero. 03 de Agosto 2010

Ramiro Fernández es el creador de Grupo Workplace, Global Encode y Oxobox, tres emprendimientos que apuestan a la producción, delivery y alojamiento de contenidos audiovisuales en la Web. Sin embargo, su “padrino tecnológico” no fue otro que Luis Alberto Spinetta, cuenta el emprendedor, orgulloso. Conoció al “Flaco” cuando tenía 16 años, en 1984. Trabajó con él durante otros seis como sonidista y coordinador técnico. En el departamento que el músico tenía por aquellos años en la calle Zapiola, Ramiro (45) presenció, entre muchas otras vivencias, cómo Spinetta programó una batería electrónica “sin tener mucha idea”, pero, también, sin desanimarse. Esa experiencia le transmitió dos cualidades esenciales que hoy aprovecha como entrepreneur: innovación y perseverancia.

En base a ellas y junto a su socio Diego Primero (35), Fernández transfromó a Grupo Workplace, Global Encode y, la nave insignia, Oxobox, en una plataforma Web de almacenamiento de contenidos digitales, en un incipiente multimedio empresarial que facturó $ 1.450.000 en 2009.

En diálogo con IT Business, Fernández cuenta que trabajó durante diez años en el mundo del rock. En ese tiempo, fue técnico y sonidista de Virus, Soda Stereo y Fito Páez, entre otros. Luego, asumió tareas de coordinación general de eventos musicales.

Postproducción multiformato
“Como responsable de un recital uno tiene un compromiso inmenso. Es un manejo del riesgo que no podés tomar de forma ligera”, cuenta. Es que se deben administrar variables económicas; humanas, por la seguridad de las personas que van a los recitales; y técnicas, porque el espectáculo debe salir bien. Tras una década se cansó de las giras interminables por toda la Argentina y países limítrofes. “Es como estar siempre de viaje de egresados”, recuerda.

Finalmente, se alejó del circuito de la música para entrar en un negocio nuevo, marginal en 1995: Internet. Fundó 2Click, una empresa que se dedicaba a realizar sitios web. “Hicimos la primera página de Pago Fácil”, se enorgullece. Luego, realizó trabajos para Roche, Pérez Companc, OSDE y una importante cartera de clientes del sector financiero, que, en 2002, se transformaron en su peor pesadilla. Por la debacle económica que vivió el país tuvo que cerrar, al igual que varios de sus clientes.

Tras un año sabático se asoció con Diego Primero (35), con la meta de desarrollar una idea que le resonaba una y otra vez: realizar un emprendimiento que integre la Web, los videos y los sonidos. Así nació Grupo Workplace, dedicada a la post producción de material gráfico y audiovisual, y más tarde Global Encode, delivery vía Web de contenidos digitales.

Diego y Ramiro fundaron el start up en 2003 con una inversión inicial de poco más de u$s 50.000, que reunieron en base a ahorros propios y facilidades de pago para la compra de equipos. Javier Mrad, un amigo en común, les facilitó el espacio físico: una vieja fábrica de medias que debió ser remodelada para transformar el frío galpón en un estudio.

“Por suerte, nos fue bien desde un primer momento con la post productora, ya que fue la que financió todo lo que vino después”, explica Fernández.

Global Encode es actualmente una de las patas más fuertes de este proyecto integral. La idea es simple: enviar contenidos a través de Internet, en reemplazo del correo tradicional. Empresas como Fox, Ideas del Sur, Ogilvy y Dori Media ya lo utilizan para enviar sus programas de televisión, cortos publicitarios o cualquier otro material, que puede sobrepasar los 600 gigabytes, a las principales ciudades del mundo. Tecnológicamente, el primer paso consiste en digitalizar los contenidos sin comprimirlos. Luego se distribuye por el sistema de redes privadas virtuales (VPN, por sus siglas en inglés) y lo recibe otra agencia en cuestión de horas, del otro lado del planeta. En cuanto a los precios, desde Encode comentan que transmitir online un episodio de 50 minutos puede costar, la primera vez, unos u$s 400. En segunda instancia, 25% menos.

Pero los dos emprendedores querían hacer algo más. “Buscábamos una solución para poder administrar videos en calidad broadcast full HD a través de una interfaz web”, explica Fernández.

Así surgió el año pasado la plataforma online Oxobox, que tiene dos funciones principales. En primer lugar, se puede utilizar como biblioteca virtual de contenidos. Empresas como el banco Santander Río o el fabricante de productos de higiene Kimberly Clark guardan allí sus anuncios de TV, radio y gráfica en alta definición para que puedan ser descargados, embebidos en sus blogs o sitios institucionales, o distribuidos viralmente.

“Cada servidor puede almacenar 3.600 horas de video flash vp6 o h264. El usuario dispone de un buscador avanzado que combina criterios que lo ayudan a preparar playlists dinámicos”, dice Fernando Picate (25), el tercer socio de este emprendimiento.

En segundo lugar, Oxobox se utiliza como plataforma de gestión de concursos publicitarios. Tanto es así que El Círculo de Creativos Argentinos y de México y el certamen Lápiz de Platino en Argentina utilizan la herramienta.

Libertad para crear
¿Cómo funciona? Los concursantes suben las piezas a la Web y los jurados ven los productos online y los califican, en la misma interfaz. Una vez que se deciden los ganadores, los materiales están disponibles para distribuir a los medios de comunicación, en distintos formatos.

Desde su bunker en Belgrano, 10 personas llevan adelante estos proyectos. El lugar funciona también como una sala de ensayo donde experimentan nuevas ideas y herramientas que financian con sus propios ingresos. “Siempre nos financiamos con nuestro propio trabajo -admite Fernández-. Nunca fuimos apoyados por inversores. Somos felices así, en el borde, ya que las promesas de recursos vienen acompañadas por obligaciones de mantener ciertos focos de trabajo que luego se vuelven monótonos. Queremos disfrutar de la tarea y no padecerla”.

Para recibir inversiones “pedimos a cambio libertad para hacer nuevos emprendimientos”, destaca. La innovación es la premisa. “Cuando un servicio se vuelve un commodity, no seguimos”, agrega.

En este caso, los beneficia tener una plantilla de pocos empleados. “Somos como un velero. Una gran empresa es un trasatlántico. Nosotros podemos cambiar el rumbo con más facilidad, mientras que para un barco grande es más difícil”, dice.

Libertad, innovación, ir más allá de los márgenes son parte de los principios que aprendió en la cultura del rock. Y, sobre todo, el manejo del riesgo: “Todo lo que vino después de trabajar en el rock. En realidad, fue más sencillo”, jura y ríe.



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