Emprender después de los 40

Emprender después de los 40

Desde una mejor calidad de vida a independizarse del rumbo corporate, las razones son diversas. Los que se animaron a emprender cuando otros, todavía, piensan en la carrera ejecutiva o ya empiezan a planificar el retiro. 23 de Julio 2010

No sólo la esperanza. También, la energía y la pasión parecen ser fuente inagotable. Más, después de los 40 años. Cuando muchos viven esta edad como una etapa de “crisis”, otros, en cambio, la plantean como el principio de un nuevo camino. Los especialistas aseguran que, cuando se trata de emprender, no hay límites de edad.

“Que el emprendedor tenga que ser una persona de entre 20 y 35 años es un preconcepto. Si bien es cierto que los jóvenes de este segmento pueden ser un modelo, hay mucha gente que, con 40 años y más, hace cosas”, distingue Alejandro Mashad, director Ejecutivo de Endeavor. Este grupo etáreo, según define, se caracteriza por tener una primera etapa de estudio y trabajo en una o más compañías, en las que adquiere capacidad y network. “Pero, en un momento, ya no quieren trabajar más para nadie y apalancan todo ese conocimiento y las relaciones que hicieron en el trabajo anterior para lanzar algo propio”, agrega.

Diego Medone, director de Marketing y Comunicaciones para América latina de KPMG, agrega que una de las cosas que buscan es el dinamismo en su trabajo y la posibilidad de tomar decisiones sin los límites de la burocracia corporativa.

 Adriano Senetiner tenía 68 años cuando decidió retirarse de la dirección de Nieto Senetiner, la bodega que fundó en 1969 y dirigió durante 31 años. Pero no se retiró. Para “despuntar el vicio”, invirtió US$ 1 millón, compró un nuevo establecimiento en la zona de Luján de Cuyo y fundó Viniterra.

“Sabía que, aunque tenía que reducir las horas de trabajo de alguna manera, no quería sentarme a leer libros en una silla el resto de mi vida. Para mí, eso hubiera sido lo peor”, explica. La muerte de su sobrino, a quien había pensado como el verdadero gestor de este nuevo proyecto, lo llevó a tomar las riendas de la bodega. Para su segundo emprendimiento, optó por volúmenes reducidos de calidad diferenciada. Y pasó de la producción de 1,5 millón de cajas (en Nieto Senetiner) a las 200.000 anuales de su proyecto entrepreneur. Su ojo enólogo, de más de 50 años de experiencia, lo llevó a inclinarse, principalmente, por variedades como Carménère, Pinot Grigio, Pinot Noir y Viognier, además de las tradicionales. Y su visión empresaria, a crear una bodega que comercializa un millón de botellas al año (60 por ciento al mercado interno y 40 al externo) y factura US$ 3 millones.  “No sé si el vino es mi pasión. Pero siempre digo que es lo que sé hacer”, reflexiona quien ya lleva 11 años al frente de su segundo proyecto.

 Adiós corporate
Suelen ser personas con una carrera sólida, un buen sueldo y la posibilidad de sumar más responsabilidades a su cargo. Pero, lo que en realidad se preguntan es qué sigue después. Ese planteo se hizo Pedro Sebess cuando alcanzó la dirección General de Sociedad Comercial del Plata. “Los árboles no crecen hasta el cielo”, se dijo el actual presidente del Instituto de cocina Mausi Sebess. Licenciado en Economía Política, trabajó en consultoría, fue director de Investigaciones de la Cámara Argentina de Especialidades Medicinales, director Financiero del laboratorio Don Baxter (en Río de Janeiro), de Bunge & Born y de Arcor, entre otros cargos.

“Cuando llegué al último escalón, dije: ‘Voy a lanzar algo y, si funciona, me bajo del caballo’. Y eso hice”, relata. Después de años de asesorar a empresas y particulares, su desafío era aconsejarse a sí mismo. Decidió fundar una escuela de cocina pero con miras al mercado internacional. Por eso, mandó a dos de sus tres hijos y a su mujer a estudiar a las mejores escuelas francesas y del mundo, entre ellas, Le Cordon Bleu. Finalmente, con 48 años, abrió el instituto enVicente López y, a los cinco meses, ya contaba con 120 alumnos. Hoy, la escuela –que, en 2009, facturó $ 7,3 millones– capacita 1300 estudiantes de 33 países, cuenta con 14 profesores y ostenta nueve premios internacionales. Con la incorporación a la firma de su tercera hija (en el área de Administración) Sebess, que lleva invertidos US$ 2 millones desde la inauguración, fundó una verdadera empresa familiar. El objetivo financiero de 2010 es alcanzar una facturación de $ 9,2 millones.

Para Liliana Lampuri, fundadora y directora de Elementos Esenciales, retirarse de la agencia de publicidad JWT, después de 18 años, no fue una decisión fácil. “Significaba dejar un sueldazo, una posición ganada y muchos beneficios”, reflexiona. Pero sintió que no tenía tiempo para estar con su hijo y decidió reestructurar su vida. Con 42 años, hizo un viaje y, cuando volvió, abrió la empresa de cosmética que hoy dirige. “Mi trabajo con Unilever en JWT fue un disparador importante”, reconoce. La experiencia con cuentas como Sedal, Lux, Close Up, Organic y Hinds también le permitió conocer la industria a fondo.

Apostó todos sus ahorros ($ 100.000) y lanzó su primera línea de productos –body splash, crema, gel de ducha, jabones, sales de baño, entre otros– en una góndola en el Devoto Shopping. Hoy, Elementos Esenciales cuenta con 17 locales, entre franquicias y propios; 23 líneas de productos y 25 empleados. En total, comercializa 15.000 unidades al año y factura $ 5 millones. En 2010, la ejecutiva planea nuevos lanzamientos (al menos tres líneas) y más aperturas. “No trabajo menos que antes. Pero cambié mi ritmo y optimicé mi tiempo. Armé mi empresa a mi servicio: a 10 cuadras de mi casa y cerca del colegio de mi hijo, mi única prioridad”, comenta.

Es que, en general, el cambio no se da sólo a nivel profesional. También, personal. Así les sucedió a Claudio Bisurgi y Marcelo Cora, respectivos ex YPF y Accenture, al fundar Urban Station. “Me dije: ‘Bueno, ya está’. Quiero buscar otra cosa. Y, ahora, estoy mucho tiempo en casa, trabajo con mi hijo más grande y, por ahí, a las 3 de la tarde me dan ganas y me voy a jugar al tenis”, describe Bisurgi, quien llegó a ser uno de los vicepresidentes globales de Repsol YPF en España, fue director de Elaion para América y director de la red de Estaciones de Servicio. “La corporación te hace llevar un ritmo que te parece normal”, agrega Cora, ex socio de Accenture y gerente del área de consultoría de la división Recursos Naturales. Tras representar a la compañía en Portugal, Venezuela y Chile, en 2008, decidió retirarse.

Después de años de experiencia en el mundo corporativo, la mayoría de los emprendedores adultos no puede resignar la tentación de dirigir grandes proyectos. Mashad agrega que una característica de este segmento es su baja tolerancia a la frustración. Quizás esto explique por qué Bisurgi y Cora pensaron en Urban Station no como una estación de trabajo urbano sino como una cadena de centros de teletrabajo. “Cuando nos presentaron la idea de Urban, nuestros socios pensaron en algo más modesto. Nosotros, en cambio, dijmos: ‘La idea está buenísima. Vamos a hacer algo grande y será para franquiciar’”, recuerda Cora. A menos de un año del lanzamiento, tras el desembolso de US$ 200.000, su plan es abrir cinco nuevos espacios antes de fin de año.

 Volver a empezar
La situación de aprovechar la experiencia adquirida en la empresa de origen es una de las más típicas, definen los especialistas. “El emprendedor se inclina a proveer un servicio o a satisfacer una necesidad que no estaba cubierta en la compañía anterior”, explica Mashad. Tal fue el caso de Javier Moraiz, fundador y gerente de Operaciones de MTSolutions y, a su vez, gerente General de NCS. Esta última, empresa dedicada al outsourcing de TI, a través de la que Moraiz y sus socios detectaron la complejidad de los sistemas para medir la producción y el rendimiento de las máquinas de manufactura. Entonces, diseñaron un servicio de monitoreo, fácil de implementar y capaz de capturar la información en tiempo real. “Esto te permite mejorar los tiempos muertos y la productividad”, explica el ejecutivo. Con menos de un año de operación, la firma ya vende sus servicios a seis empresas, entre bodegas, embotelladoras y otras fábricas. “La idea es crecer de a 20 clientes anuales”, sostiene. La inversión inicial fue de US$ 50.000 y la proyección es facturar US$ 15.000 mensuales este año. Con 46 años, el desafío de Moraiz fue “hacer crecer algo de cero, darle forma y lograr que facture”, en sus propias palabras. “MTSolutions fue una forma de capitalizar la experiencia que tenemos”, concluye el emprendedor. 

Algo similar le ocurrió a Fabio Boggino, director de Jobing, una consultora de teletrabajo. Como gerente de Recursos Humanos de Telecom, dirigió el proyecto de implementación de la modalidad en la compañía y descubrió una oportunidad de negocio. “Empecé a investigar el caso local y me di cuenta de que no había empresas que lo implementaran improvisadamente”, comenta.

Tomando como modelo la firma que dirige Jack Nille, el gurú global del teletrabajo, Boggino creó una empresa que asesora a otras compañías a implementar teletrabajo. Actualmente, Jobing trabaja con cinco clientes, principalmente, de servicios. El ejecutivo, que planeaba alcanzar una facturación de $ 500.000 para fin de 2010, confía en que superará ampliamente ese monto. Además, asociado con una consultora uruguaya, dará el primer paso para la regionalización. “Los 40 me sorprenden en una etapa emprendedora en todos los aspectos de mi vida”, resume Boggino, quien espera el nacimiento de su primera hija. 

Las estadísticas muestran que, después de los tres años de nacimiento, casi el 60 por ciento de las compañías que no pasan por un proceso de incubación no logran seguir adelante. Medone sostiene que la planificación es una virtud más propia en los emprendedores adultos que en los más jóvenes. “A partir de los 35, alguien que haya transitado suficientes años en el mundo corporate tiene las herramientas necesarias para armar planes de marketing y estrategias comerciales a la hora de diseñar su nuevo emprendimiento ”, explica.

Para lanzar su propia marca de carteras, un rubro completamente nuevo en su carrera, María Nazar entendió que capacitarse era fundamental. “Hice un estudio de mercado, vi qué era lo que hacía falta y qué no ofrecían los competidores”, cuenta la emprendedora. En 2006, tras abandonar Cardón, la empresa de su hermano Gabriel, en la que se desempeñó como jefa de Producto e Imagen, arrancó un curso de moldería, registró la marca con su propio nombre, desarrolló la imagen e hizo un curso sobre Dinámica del Emprendedor. Con esta preparación, cortó los moldes de las primeras 400 carteras que vendió en un evento lanzamiento en su casa. Después, vino el showroom en Martínez y la venta en locales multimarca. Hasta que, en 2009, le llegó la oportunidad de abrir su propio local, en San Isidro. Hoy, fabrica 20 modelos por colección, a un precio promedio de $ 500. Julio Aguirre, director de Yoga para Empresas, vivió una experiencia similar. “No sólo fue una gran decisión, sino también decir: ‘No tengo retorno’”, subraya. Durante 27 años, vivió en carne propia las problemáticas del estrés laboral y decidió salir a ofrecer programas de ejercicios físicos para empresas. Antes, y mientras todavía ejercía el cargo de director Comercial de la estatal Emprendimientos  Energéticos Binacionales (EBISA), viajó a Bahamas, a perfeccionarse en la disciplina, y volvió a la Argentina para lanzar su proyecto. Ocho años después, dice que, todavía, se encuentra en pleno desarrollo. “Lo malo, para mí, era dejar algo pendiente y, después, pensar por qué no lo hice. Entonces dije: ‘O sigo en lo que estoy o tomo la decisión del cambio’”, explica.

Regina Vaena, quien pasó a la fama con el apodo de “Nucha”, estudió pastelería cuando, todavía, no existían las escuelas de cocina. A los 30, empezó a vender sus productos a sus amigos sin saber que, a los 46, éste se convertiría en el emprendimiento de su vida. “Cuando falleció mi marido, me tuve que hacer cargo de mi familia y debí trabajar a mayor escala”, cuenta Vaena.

“Nucha” no tardó en convertirse en la empresa familiar y, de un garaje, creció a cadena de siete locales y 200 empleados. “Soy muy apasionada en todo lo que emprendo y tengo la idea de que las cosas hay que hacerlas bien”, sostiene la Nucha original. Hoy, con 68 años, reconoce que, aunque todavía visita las plantas y controla la calidad de los productos, su idea es “retirarse de a poco” y dejar la empresa en manos de su hijo, Javier Ickowicz, y su hija. Con planes de abrir su octavo local, en Lafinur y Libertador, la firma proyecta un crecimiento de un 20 por ciento para este año. Los emprendedores demuestran que el rango de edad no es un límite y que nunca es tarde para seguir creciendo.



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