Emprendedores y contadores, al borde de un ataque de nervios

Emprendedores y contadores, al borde de un ataque de nervios

La relación entre un empresario y su contador suele plantearse como de amor-odio. Sin embargo, en ese cóctel de desencuentros, responsabilidades mutuas, obligaciones fiscales y asesoramientos urgentes, a menudo, los profesionales terminan siendo parte de la familia. Cómo manejar la relación con el estudio contable. 30 de Septiembre 2010

Aplicativos, liquidaciones, anticipos, formularios, ganancias, ingresos brutos, planillas, moratorias y facturas son tan sólo una pequeña parte del singular planeta que une a diario a contadores y pymes. Los dos se necesitan y saben que del buen manejo de la caja dependerá el éxito o fracaso del negocio. Encontrar “la media naranja”, es decir el contador ideal, no es tarea fácil para ninguna empresa. Mientras tanto, entre aplicativos, odios y amores ambas partes intentan el arte del cotidiano convivir.

“¡Lo odiás cuando dice que tenés que pagar $ 7000 de IVA. Cada vez que lo ves entrar a tu oficina, te hace acordar de los impuestos y lo detestás. Por suerte, nos manejamos casi todo por mail”, cuenta, entre risas, Norma Zucker, dueña de 3G Textil, una empresa especializada en fabricar ropa para chicos, en la zona de Olivos.

La empresaria, sin embargo, admite que no podría vivir sin su contador, Ernesto Andrade, al cual consulta sobre todo y que está al tanto de temas financieros personales, que ni siquiera compartiría con su mejor amiga. Ernesto pasó a casi formar parte de su familia. “Le mando siempre mi extracto bancario ya que él me dice que lo necesita para Ingresos Brutos y otras cosas que no entiendo ni me interesan saber. Mi marido me dice que no lo haga, pero yo le tengo confianza absoluta”, asegura Norma, quien lleva más de tres años trabajando junto a Andrade. Para él, como para el resto de sus colegas, no hay peor castigo que los clientes se demoren en enviar lo que solicitan.

“Sé que mi contador me critica porque no le entrego los papeles en tiempo y forma. Sólo a veces no cumplo... Pero bueno, igual nos entendemos y él me ayuda en un montón de cosas que, sola, jamás podría hacer, como las liquidaciones de sueldo del personal”, concluye la empresaria desde su taller, antes de comenzar la distribución de remeras, buzos y polars por diversos negocios de Capital.

Un psicólogo con corbata
Para ella y para tantos otros empresarios pyme, los contadores dejaron de ser fríos administradores de cajas para convertirse en personas siempre dispuestas a escuchar y ayudar. Según Fernando Bach, dueño de una fábrica artesanal de alfombras, hallar finalmente a su contadora ideal no fue una tarea sencilla. Afortunadamente encontró lo que necesitaba, alguien que lo contiene, que lo escucha y no sólo le habla de números y de pagos.

“Le consulto absolutamente todo. Por ejemplo, hoy, cuando estaba por comprarme un horno microondas, la llamé desde la casa de electrodomésticos para preguntarle si podía descargar el IVA y ella enseguida me lo explicó. Es como una psicóloga para mí”, dice Bach.

Es ella, su contadora favorita, la que lo ayuda a ahorrar dinero, le “traduce” los aplicativos de la AFIP y lo asesora en innumerable cantidad de temas, que van desde los colores que debe tener el logo de marca, hasta el lugar donde conviene alquilar un local.

El empresario, que está a cargo del negocio Elementos Argentinos en el barrio de Palermo, se queja de que la mayoría de los contadores por los que pasó no tenían paciencia: “Ellos lo tienen tan claro, mientras que yo no sé nada de Ingresos Brutos, no lo entiendo, no me divierte. Ellos están hartos de aclararlo pero yo les pido que me lo expliquen de la misma manera que yo les contaría a ellos cómo fabricar una alfombra, desde cero”. Para él, el punto débil de la mayoría de los profesionales con los que trabajó es que no tienen conciencia de que orientar a una pyme dista mucho de asesorar a una gran empresa, donde existen varios empleados para cubrir cada una de las áreas.

“Antes me decían: mandáme ahora mismo una planilla Excel con la facturación de los últimos ocho meses, y no se daban cuenta de que era imposible que yo pudiera hacer eso”, dice Bach. “Ellos están seteados’para la estructura y no entienden que yo soy el vendedor, el cadete, el director de marketing, busco mercadería y participo de un cocktail. Soy la misma única persona que hace todo y necesito alguien que me decodifique, no que me pida entrar en la página de la AFIP”, afirma, categórico, el empresario.

Castigar al mensajero
¿Entonces uno de los grandes culpables de las desavenencias y conflictos entre contadores y pymes es el organismo de control impositivo y sus enmarañadas y cambiantes reglamentaciones?

Para el Consejo Profesional de Ciencias Económicas la queja más habitual de los contadores con respecto a este tipo de empresas es que la tarea se incrementa constantemente como fruto de los cambios impositivos y esto, pocas veces, se refleja en los honorarios de los profesionales. “A veces, no es culpa de las pymes sino de los organismos de recaudación que no hacen más que sumar tareas formales haciendo que el contador sea más un profesional al servicio de ellos que uno que presta sus servicios para quien lo contrata”, advierte Jorge Rodríguez Córdoba, vicepresidente del Consejo Profesional.

En ese sentido, una de las mayores quejas de los contadores es que sus clientes a menudo los hacen a ellos responsables de las políticas impositivas. Tal es el caso de Silvana Freskel, que cada vez que llega para asesorar a su pyme vinculada a al rubro gastronómico es sometida a un extenso interrogatorio por parte de los dueños del restaurante.

“Me preguntan por qué la AFIP pide tal o cual cosa. Yo les explico lo mejor que puedo, soy super paciente pero a veces realmente no doy más. Parece que uno es el culpable de todo lo que exigen para estar al día”, remarca Freskel, quien después de 10 años de profesión como contadora en Capital Federal, asegura que se quiere ir a vivir a la montaña.

Lo cierto es que las quejas de los empresarios no sólo pasan por la instrumentación de los impuestos sino también por los montos que debe pagar la empresa al fisco: “Les mando un mail diciendo que tienen que pagar tanto de Ganancias antes de tal fecha y recibo un llamado telefónico del dueño de la pyme, muy enojado, por toda la plata que tienen que desembolsar. A veces, es difícil explicar que uno no tiene nada que ver, que vayan al Ministerio de Economía a protestar si no les gusta”, agrega Freskel, quien se enorgullece de pertenecer al grupo de contadores puntillosos y formales a la hora de hacer cumplir obligaciones a los clientes.

Con ella coincide el contador Carlos Monti, en una cruda carta dirigida hace un tiempo al por entonces titular de la AFIP, Alberto Abad. Allí retrata minuciosamente las vicisitudes diarias de su profesión y su peculiar relación con los clientes, fruto de las normativas gubernamentales. “Nosotros tenemos que soportar que cada día haya más ‘regímenes de información‘, donde nuestros clientes deben informar por medios electrónicos lo que sus agentes de retención ya hicieron antes. Tenemos que pasar por estúpidos porque los clientes no pueden comprender cómo podemos demorar días enteros para hacer un simple trámite y otras cosas que en otras profesiones no existen”, dice Monti, al tiempo que se lamenta de no haber seguido otra profesión con menos avatares, como la de abogado.

Ellos, los letrados, gozan de beneficios como las vacaciones durante las ferias judiciales. Para los contadores, en cambio, parecería no haber descanso y mucho menos durante las Fiestas. “¡Terminamos de brindar el 2 de enero y a correr! Que vienen los vencimientos de impuestos, cargas sociales y liquidaciones para apurar al cliente a que las pague”, dice Monti.

Lo mismo opina Ricardo González, contador que asesora en informática a sus colegas. “Los cambios continuos en los aplicativos se producen en la semana anterior al vencimiento. Es un clásico que lo hagan cuando se está por vencer Ganancias. El cierre cae en Semana Santa cuando la gente, nuestros clientes, están de vacaciones pero los contadores trabajan”.

Admite que los contadores, en general, “son muy estructurados, metódicos, reticentes al cambio y con características peculiares. Las pymes les piden que sean creativos, pero a ellos les cuesta imaginar.

En ese sentido, una de las tareas extra que más se le solicita al contador está vinculada al marketing: “Las empresas pequeñas no tienen departamento de marketing, no cuentan con grandes estructuras para recurrir a un especialista y todo se resume en pretensiones con respecto al contador. El asesoramiento en marketing es lo que más piden y requieren de inventiva cuando muchas veces no hay”, dice González.

Tiempos modernos
Lo cierto es que la mayoría de los contadores se están aggiornando y pasaron de ser “valijeros”, es decir los que circulaban con enormes valijas llenas de cajas con boletas a utilizar toda la tecnología vinculada a Internet para facilitar tareas. Sin embargo, algunos todavía no lograron modernizarse. “Suceden las cosas más insólitas. Tuve un llamado solicitando un servicio técnico ya que no podían imprimir. Cuando llegué me di cuenta de que no tenían enchufada la impresora. Todavía hay contadores que le tienen miedo a la computadora”, se lamenta González.

Pero no sólo algunos contadores no lograron modernizarse. Son varios los clientes pyme para los que no hay peor tortura que les soliciten llenar una planilla Excel. “Me piden que les explique por teléfono cómo deben completar la planilla, bajar un archivo adjunto o enviar un mail a la AFIP. Todos los que trabajan en pymes deberían hacer un curso de computación ya que los contadores somos seres humanos como todos y a veces nos cuesta ser paciente”, advierte Freskel.

Para el Consejo Profesional de Ciencias Económicas, las funciones primordiales del contador deben ser unas pocas y estar claramente establecidas. Estas tareas incluyen el asesoramiento en materia fiscal, laboral en cuanto a liquidaciones y pagos al sistema previsional y de la seguridad social. Pero lo cierto es que el universo de pyme es muy heterogéneo y algunas están mejor equipadas profesionalmente que otras.

“Muchas veces, el contador suple las carencias de otros profesionales en el seno de una pyme y al advertir desorientación de quienes conducen la firma se ven involucrados, asesorando también sobre dirección estratégica, innovación o marketing”, afirma Rodríguez Córdoba.

Así, muchas compañías, ya sea porque son nuevas o porque el ciclo económico no les es favorable, no cuentan con suficientes profesionales entre sus colaboradores y terminan por acudir al contador para todo tipo de consulta.

“Las pymes suelen transformarse en grandes talleres, dirigidos por un experto en el negocio que puede saber mucho del producto pero no conoce de dirección estratégica, ni de clima laboral, ni de competencia y ni hablar de innovación o marketing. Por ello, el contador debería estar mucho más en contacto con el empresario y generarle valor con su asesoramiento”, añade Rodríguez Córdoba.

Cuestión de marketing
Los especialistas coinciden en que los contadores, en general, tienen mal marketing. Los hay de todos los estilos, desde los meticulosos y formales hasta los más pícaros, siempre dispuestos a sorprender a sus clientes. “Imaginate: cuando lo ves llegar a tu empresa, lo identificás con pagar impuestos y, encima, le tenés que pagar a él un honorario”, admite el contador Carlos Canudas especializado en franquicias. Este preconcepto lo llevó a pensar cómo revertir esa mala imagen y concluyó que la solución pasaba por agregarle valor al cliente.

Para él, un contador debe ser un aliado estratégico porque no sólo debe cumplir sus funciones básicas, sino porque nadie podrá explicar, contener, comprender, asesorar, prevenir situaciones riesgosas y rentabilizar el negocio de cualquier pyme.

“Aquellos aspectos básicos de la relación contador-empresa, como la determinación de los impuestos, las liquidaciones de sueldos y sus cargas sociales, la confección de los balances, entre otras, hacen al 60% de la esa relación. A mi criterio, el otro 40%, el que hace la diferencia, se obtiene de escuchar al cliente, hacer esfuerzos para comprender su realidad y jugarles de abogado del diablo cuando la situación lo amerita”, concluye Canaudas. Porque, en definitiva, se trata de un vínculo con muchos ingredientes en el que el desafío es lograr el equilibrio. Como en todas la relaciones humanas.

Honorarios
A la hora de negociar los honorarios, desde la perspectiva del contador, éste lo propone en función a la importancia (o la cara) del cliente, la necesidad de trabajo, el prestigio del contador, la significatividad (en tiempo y en costos) del trabajo a realizar, entre otros puntos.

El Consejo Profesional de la Capital Federal ha publicado un tabulador de honorarios mínimos, algo así como una matriz donde segmenta por área (impuestos, laboral, contable, societaria), por tareas (en impuestos: declaraciones juradas, planificación de impuestos, moratorias, etcétera; en contabilidad: auditoría anual, auditoría mensual, registraciones, etcétera); y por tiempos. El tabulador propone mensurar ese combo y fijar el honorario. Para determinarlo, se establece la cantidad de módulos que cada tarea demanda. Los valores de cada módulo son periódicamente actualizados por el Consejo. Esta modalidad es una propuesta del Consejo que los contadores pueden tomar como referencia, pero no es de uso obligatorio.



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