Embarques al óleo

Embarques al óleo

Con 25.000 toneladas cultivadas, la Argentina se consolida como productora de aceites de oliva. Quiénes son los principales players. 06 de Septiembre 2010

Un cultivo para nada verde. En la Argentina, el aceite de oliva tiene más de 20 años de crecimiento sostenido. En dos décadas, se invirtieron cerca de US$ 950 millones. Así, se pasó de las 20.000 a las 95.000 hectáreas explotadas y se alcanzó una producción de 25.000 toneladas anuales promedio, con picos de 30.000. Hoy, desde el mercado, estiman que el olivo, fuente de ingreso de, por lo menos, 2000 productores, mueve alrededor de US$ 90 millones. Y, según Euromonitor, consultora especializada en el estudio de industrias y consumidores alrededor del mundo, la proyección es que alcance los US$ 139,9 millones hacia 2014.

La década del ’90 fue el despertar de la llamada “nueva olivicultura”. Por un lado, la Ley de Diferimiento Impositivo, promulgada durante la administración Menem, impulsó las inversiones. Por el otro, en el resto del mundo, el boom de la dieta mediterránea generó el ingreso del aceite de oliva a mercados como los Estados Unidos, hoy, principal importador. Así y todo, la industria local no representa más del 1 por ciento del total mundial. De los 3 millones de toneladas promedio que hay en el planeta, la cuenca del Mediterráneo concentra más del 80 por ciento de la producción y del consumo. Sólo España genera más de un tercio del aceite de oliva de todo el globo. Allí, el consumo anual por habitante suma 12 kilos y, en países como Grecia, alcanza los 22. En la Argentina, no supera los 200 gramos. Es que, desde 2005, el país registra records de exportaciones. Con Brasil y los Estados Unidos como principales clientes, comercializa el 65 por ciento de su producción en el mercado externo.

Por eso, la Argentina, principal productor de América, pone foco en la calidad y no en el volumen. Mientras en España predominan los refinados (aceite de oliva virgen, obtenido mediante procesos industriales, con una acidez máxima de 0,3 por ciento), en el país, el 90 por ciento de la producción es extra virgen (el de mayor calidad, con acidez máxima de 0,8).
Desde el sector, sostienen que el negocio es rentable pero no fácil. A pesar de tener una vida útil de, por lo menos, 100 años, el olivo es un cultivo de mayor valor cuanto más fresco. A su vez, requiere una inversión mínima de US$ 15.000 por hectárea y, al menos, seis años para alcanzar una renta considerable. Por eso, aunque existe un piso de 200 fabricantes a escala (más de 100 hectáreas), predominan los microemprendedores que trabajan para posicionar al aceite de oliva argentino como un producto premium.  “El mundo tiende a la gourmetización y, en ese sentido, producir aceite extra virgen es un gran distintivo para la Argentina”, sostiene Francisco Gobbee, director Comercial de Ciasa, consultora olivícola dedicada al asesoramiento agropecuario, el desarrollo de nuevas plantaciones y la venta de plantas de olivo. Según destaca, en esta categoría, otra ventaja competitiva es que, a diferencia de los nuevos productores e, incluso, de los de la cuenca del Mediterráneo, la Argentina presenta el mayor mix de varietales. “Es el lugar en el que mejor se pueden fabricar blends de aceites. En Chilecito (La Rioja), por ejemplo, conviven variedades de arauco, arbequina, frantoio y ticual, que sería como un malbec. Es muy bueno: así como sucede con el vino, la tendencia es a alejarse de los monovarietales”, explica. A esto, suma que la Argentina es uno de los países con menor cantidad de hectáreas saturadas.

“Con las 95.000 hectáreas plantadas que existen, la producción podría trepar en los próximos cuatro o cinco años a más de 40.000 de aceite de oliva”, dispara Tomás Pereyra Iraola, gerente de Negocios de Molinos Río de la Plata, que, a través de las marcas Lira y Cocinero, lidera el mercado, con más del 30 por ciento de share. Produce alrededor de 4000 toneladas de aceite de oliva al año, tanto para el mercado
 interno (40 por ciento de la producción total) como externo (60). 

Para Aceitera General Deheza (AGD), compañía que, hoy, tiene una participación del 12 por ciento, ingresar a este mercado fue una decisión comercial importante. “El aceite de oliva es el 3 por ciento del volumen del mercado total de aceite pero es el 12 por ciento de la facturación”, aclara Pablo Bilbao La Vieja, gerente de Producto de Aceites de AGD. Para la firma, este segmento representa el 10 por ciento de la facturación. La compañía, cuyo core de negocio es el aceite, ingresó al mercado en 2005, con la marca Natura, para completar la línea. “Cuando empezamos a estudiar el lanzamiento de Natura, en 2003, el aceite extra virgen era cerca del 20 por ciento. Hoy, la penetración de esta categoría está en el orden del 65. Esto fue producto de la tecnificación y profesionalización del sector”, comenta. Hoy, la firma tiene una producción de 1000 toneladas anuales. 

Yancanelo, en cambio, produce aceite de oliva hace más de 50 años. Surgida en San Rafael, Mendoza, la firma comercializa 1200 toneladas anuales de su aceite extra virgen y de la línea Sinolea, de alto contenido anti oxidante, basado en la elaboración por goteo natural, propia de la mayoría de los grandes aceites italianos de la Toscana y la Umbría. A pesar de que la empresa también comercializa aceto blasámico, aceitunas, conservas y vino, el 66 por ciento de las ventas, que sumaron $ 26 millones en 2009, corresponden a aceite de oliva. Este año, debido a la caída del precio de la commodity, las bajas en los volúmenes de producción por las heladas y el aumento de los costos, destinará un 80 por ciento de su producción al mercado interno. “2010 será, casi, como la tormenta perfecta”, grafica Franco Andreani, director de la compañía. La estimación es que se obtengan 16.000 toneladas, casi la mitad del promedio anual. Yancanelo proyecta facturar $ 30 millones y continuar las exportaciones a Italia y los Estados Unidos, en la medida en que aumente su producción. “El 50 por ciento de la producción de aceite de oliva fuera del Mediteráneo corresponde a la Argentina. Con una ventaja: la contra-estación. Cuando ellos cosechan, nosotros, todavía, esperamos. Entonces, tenemos productos muy frescos durante seis meses”, destaca Andreani.

Para José Chediack, presidente del Grupo Phrónesis, dueño de la marca Solfrut y productor del aceite Oliovita, los productos argentinos deberían participar en las 500.000 toneladas que el Mediterráneo vende a países no productores.

Con un total de 1500 toneladas anuales, la firma es una de las principales exportadoras locales de aceite de oliva. La comercialización de Oliovita a los Estados Unidos, Brasil, Chile, Uruguay, Venezuela y Singapur, entre otros, representa el 50 por ciento de su negocio. Fronteras adentro, Solfrut, que factura $ 20 millones anuales, desarrolla las marcas blancas de Carrefour, Great Value (Walmart), Jumbo, Bell’s (Disco), Leader Price, La Anónima y Libertad. Oliovita ingresó al mercado en 1998. “Nos obligamos a no tener más de 0,5 de acidez”, recalca Chediack. Así, la firma logró distinguirse a través de sus líneas Varietales (arbequina, frantoio y bivarietal); Edición Limitada (una versión premium elaborada en base a la mejor partida del año); Orgánico; y el aceite de oliva clásico, que representa el 50 por ciento de sus ventas. 

Por la ruta del vino
“La industria del aceite de oliva tiende a asemejarse a la del vino. A través de los sabores, la forma de comercializarla y en su categorización, ambos, son considerados productos gourmet”, compara Andreani. La relación se remonta a las primeras plantaciones del cultivo. “España, Italia y Grecia siempre complementaron la oliva con la vid. De hecho, en Europa, la producción es simultánea. Hasta se compensan: la cosecha del olivo se da siempre después de la de la uva”, resalta.

Bajo el paraguas de la marca de vinos que fundó su abuelo, Miguel Zuccardi creó Zuelo, etiqueta de aceite de oliva boutique que produce 150.000 litros al año. Desde las plantaciones familiares en Mendoza, Zuccardi lanzó, primero, sus líneas de varietales: frantoio, manzanilla criolla y arauco. “Fuimos los primeros en producir esta variedad en la Argentina”, destaca, sobre el ítem que aporta el 45 por ciento de sus ventas. La marca comenzó con una producción de 3000 litros y está presente en Brasil, Colombia y Venezuela. Además, sumó 100 hectáreas de explotación en la zona de Cañada Honda, provincia de San Juan. “El objetivo es desarrollar un consumidor que exija. Para mí no es lo mismo producir grasa que fabricar aceite de calidad”, resalta.

“Así como tenemos 250.000 hectáreas de vides podríamos tener tranquilamente 250.000 de oliva. Pero eso se consigue con muchísimos años e inversión”, analiza Luis Feld, presidente de Alma Cuyana. El empresario también descubrió por la vitivinicultura las bondades del olivo. En la crisis de 2002, apostó a la actividad, a través de fideicomisos. En 2004, con una inversión de US$ 1 millón, fundó Cuna de Olivares I: las primeras 100 hectáreas de olivo en San Juan. Sumó un proyecto de US$ 3,5 millones (Cuna de Olivares II) y, luego, otro, de 500 hectáreas y US$ 10,5 millones, en Mendoza (Cuna de Olivares III). “Ahora, estamos lanzando el cuarto, de 500 hectáreas, con dos fábricas. Demandará US$ 13 millones y se plantará el año que viene”, adelanta. El ejecutivo asegura una tasa de retorno del 16 al 18 por ciento, en dólares, con este cultivo. En 2009, lanzó los primeros ejemplares de Vero Andino, el aceite de oliva que planea exportar en un 90 por ciento. Con una facturación cercana al US$ 1,5 millón, su objetivo es llegar a los US$ 10 millones en tres años. “La ventaja de la Argentina es que no tenemos que exportar cantidades desorbitantes ni intentar desplazar a otros productores. Podemos ser agresivos en el mercado mundial haciendo productos de alta calidad”, destaca. Así, el aceite de oliva, de a poco, sigue la huella que le deja la ruta del vino.



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