El viento de cola cambió su curso

08 de Febrero 2012
Los mayores controles para la compra y venta de dólares agudizaron el ingenio de los tradicionales arbolitos. El aumento del 127 por ciento en los subtes generó un mercado de “coleros” y hasta un segmento blue de pasajeros que buscaban obtener la mayor cantidad de viajes posibles entre las distintas estaciones. Luego llegó el corralito bajo tierra: sólo 20 tickets por persona. Algo similar ocurrió con la consistencia de los compradores de la verde moneda. Primero un 80 por ciento no estaba habilitado, luego un 60 por ciento sí podía hacerlo y finalmente se invirtió la taba.  Los controles, sin embargo, no aparecen como una receta de largo plazo. Lo mismo ocurrió con los subsidios.

Durante años, la crítica giraba en torno a reducir su incidencia dentro del complejo entramado del PBI. Hoy, esa reducción comenzó, pero con un costo demasiado alto para los contribuyentes, quienes, después de ocho años de “congelamiento”, ven el efecto deshielo que atraviesa transversalmente sus finanzas.  La fórmula de presentar el recorte como una idea “patria” o de “renuncia histórica” termina con las boletas que llegan desde este mes a más hogares que los previstos. Agua, luz, energía, colegios, prepagas y hasta cocheras constituyen el combo de incrementos. Como contrapartida, el habitual tira y afloje de las paritarias tendrá mayor dureza con empresas cada vez más comprometidas en sus costos y sindicatos que libran una interna feroz de cara a las elecciones en la CGT. A esto se suma el raid de proyectos aprobados en el Congreso y la pelea desmedida por desmembrar al Grupo Clarín a cualquier precio, incluyendo el papel de todos los diarios de la Argentina.

El escenario, como siempre ocurre en nuestro país, es difícil de explicar para un inversor internacional. Los números de la macro siguen mostrando una foto atractiva, pero la película señala que el contexto no es el mismo de antaño. La sintonía fina para unos, los recortes para otros y los aumentos para todos reflejan que habrá que encarar correcciones propias de un viento que ya no es de cola.

Defender a los superávits gemelos, elegir socios que acompañen en las malas y resolver los problemas con soluciones de fondo deberían ser las claves para convertir el temporal en una tormenta de verano. Las AFJPs ya no están, la soja no reluce como en otras épocas y Brasil no está bailando la samba al mismo ritmo.

De ahí que la portada de este número lleve el poco ortodoxo título de cómo surfear la ola. Analizar las causas y buscar expresamente las soluciones será la única fórmula de terminar el año con un aliviado “hang loose”.



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