El todo y cada una de sus partes

El todo y cada una de sus partes

Las constelaciones organizacionales permiten identificar conflictos en una empresa y encontrar sus soluciones. En qué consiste el sistema. Cómo funciona. 02 de Diciembre 2011
Pablo González decidió retirarse de su propio estudio contable. Creía que su socio actual era la persona idónea para seguir adelante con la empresa y que el partner nuevo, que estaban incorporando de a poco, ayudaría a tomar las riendas de la organización. Para su sorpresa, las imágenes mostraban otra realidad. El recién ingresado estaba más alineado y preparado para llevar la directiva de la empresa, y no el antiguo, como González creía. El triángulo que formaban este socio, la empresa y el personal del estudio era perfecto, mientras que su viejo socio estaba más alejado de ellos, como acompañando en los procesos. 

La respuesta estaba en esa imagen que la constelación organizacional le mostraba. Las constelaciones organizacionales son una herramienta sistémica, utilizada para asesorar a empresas, que busca, a través de imágenes y configuraciones, solucionar y ordenar los conflictos y problemáticas de las compañías.

Con un poco más de 10 años en el país, las constelaciones son utilizadas cada vez por más empresas, que se animan a una técnica difícil de explicar, casi imposible de creer, pero convincente una vez que se prueba.

Desde una institución, una pequeña PyME, hasta una multinacional, cualquier organización puede utilizarlas como parte de su estrategia. ¿En qué consisten estas constelaciones? El cliente plantea, en pocas palabras, el conflicto o inquietud respecto a su empresa, sin necesidad de dar datos sobre la identidad de la organización. El facilitador, que coordina la constelación, arma una hipótesis para comenzar a trabajar y pide al consultante que elija, entre las personas que participarán del taller de constelaciones, representantes para las diferentes partes de la empresa que infieren en el tema a tratar. 

El cliente elije y hace pasar a estas personas –que no saben nada sobre la compañía– al centro de la ronda que forman todos los presentes en el taller. Puede ser que haya una persona que represente al gerente o dueño de la firma, otra a los vendedores, otra a los socios, otra a las ventas y otra a la misma empresa, por ejemplo. Los conceptos abstractos también participan. Las partes representadas comienzan a interactuar con las miradas y posturas, y a expresar lo que sienten con gestos y movimientos, aunque aún ninguna hable. Todas las sensaciones que se representan son un fiel reflejo de lo que las partes sienten en la realidad. 

El coordinador lee estas expresiones corporales y comienza a preguntarle a cada representante qué siente y así se desarrolla una constelación, en la cual, a través de la observación y la escucha de lo que los participantes sienten, se llega al origen y solución del conflicto. Se busca identificar el “desorden” y crear el “orden” a través de la configuración de los representantes.

Aún no se conoce el fundamento científico que explica cómo personas que no saben sobre la empresa o el tema pueden sentir y expresar emociones ajenas. Sin embargo, se desarrolla una escena que refleja con exactitud la realidad de la firma y que le permite al cliente ver la situación como espectador. 

Elementos que no se comunican, secretos guardados, temas que existen en el inconsciente de los integrantes de la compañía y problemas del pasado, que influyen en el desarrollo del presente, saltan a la luz. 

Diana Contrera, dueña de una empresa de servicios fúnebres, jamás hubiera pensado que una persona como ella, que hacía 20 años llevaba adelante el negocio sola, podría estar como estaba su representante. “La persona que me representaba lucía agobiada, cansada, como que no podía más con su vida. Fue fuerte verme así. Pero era, realmente, cómo estaba yo en mi vida en ese momento”, dice la empresaria. 

Una constelación ayudó a León Quiroga a descubrir que un asunto familiar sin resolver no le permitía que su emprendimiento pasara a ser una gran empresa. “Había un problema mío, de no poder acceder al éxito. Si bien yo quería, no podía lograrlo. Soy un hombre bien formado, muy capaz, muy trabajador. Pero no podía destrabar ese potencial hasta que logré resolverlo en una constelación”, cuenta Quiroga, quien está reestructurando su empresa con un nuevo socio y ampliando su negocio de desarrollos web hacia el marketing online.  
Las constelaciones sirven para PyMEs familiares que llevan los conflictos de la familia a la empresa, o viceversa, porque, mediante una constelación, se logra dividir en espacios e imágenes los asuntos familiares de los organizacionales, punto básico para este tipo de empresas. En el caso de las grandes compañías, éstas pueden observar la interacción que tienen las diferentes áreas, no sólo entre ellas sino también con los objetivos, la gerencia o los clientes de la empresa. 

“Es como un lenguaje en imágenes muy abarcativo, que puede dar una idea clarificadora de cómo son las relaciones dentro de la empresa y brindar información muy valiosa sobre lo que está ocurriendo en la organización”, dice Raúl Pardo, director y socio fundador de CONempresas, entidad que surgió del Centro Bert Hellinger de Argentina.

“Trabajamos de forma sistémica. Esto significa que, si viene una persona y nos dice que tiene un problema en la producción, no miramos sólo ese área, sino que evaluamos todas las partes del sistema e, incluso, analizamos qué pasó en la historia de la empresa”, agrega Rubén Tartaglia, instructor y socio fundador con Pardo.  Para explicar este concepto, Tartaglia cuenta el caso de una empresa que hizo una constelación porque había disminuido su producción. El cliente optó por esta herramienta, luego de haber trabajado con varios asesores de empresas que no habían podido resolver su asunto. Durante la constelación, surgió que existía un problema de lealtad del nuevo jefe hacia el anterior, quien había sido echado de la compañía de mala forma.

“Como el jefe actual había aprendido todo del anterior, la lealtad no le permitía ser eficiente en su totalidad. Era un proceso inconsciente que, una vez identificado, permitió que, al poco tiempo, se modificara todo en la producción. Si se seguía mirando sólo la producción, y no más allá, nunca se hubiera encontrado el problema”, afirma Tartaglia.  

En las constelaciones, no se trabaja desde lo racional, sino que se deja que fluya la interacción entre las partes para obtener información que, de otra forma, no se podría. Eso sirve para destrabar asuntos ocasionados en el pasado que se desconocen o quedaron en el olvido. 

Esto le ocurrió a una empresa de transporte. El dueño, desesperado, quería constelar porque tenía muchas deudas y ya no sabía cómo salir de ellas. Hacía tiempo que sacaba créditos que, después, no podía pagar y se endeudaba aún más. En la constelación, se eligió a un representante para la empresa y otro para la deuda. “Ambos miraban al piso. Eso es signo de vergüenza o muerte. Le pregunté al dueño si alguien había muerto. ‘Nadie’, contestó rápidamente. Le pedí que piense bien”, cuenta Tartaglia.

Finalmente, el dueño recordó que, hacía un tiempo, un colectivero de la empresa había matado a un chico. Como la firma no le pagó a la familia lo que le correspondía, aparecía una deuda. “Ese era el meollo del conflicto. El síntoma de aquello que no había sido resuelto se instaló en la historia de esa empresa y aparecía en distintos lugares de la organización”, agrega el facilitador, quien, al tiempo, vio que la compañía pudo resolver sus deudas. 

Nanne Lotzkat también coordina constelaciones organizacionales. Nació en Alemania, donde estudió Economía y comenzó a ejercer como asesora de empresas. Con el tiempo, conoció esta herramienta sistémica y la incorporó a su trabajo. “Hay temas que uno mira y considera que son para constelar. Entonces, le ofrece a la empresa que lo haga”, afirma. 
Ella sabe que es difícil explicar cómo funcionan y hasta se pone como ejemplo. “Vengo de un pensamiento muy estructurado. Conocí a las constelaciones de casualidad, por curiosa. Era imposible que yo creyera en algo así hasta que lo experimenté. Es tan difícil de explicar que te convence una vez que lo vivís”, señala. 

La instructora comenta que cuesta que las empresas se animen a probar las constelaciones. “Eso pasa en todo el mundo, no sólo en la Argentina. Da inseguridad lanzarse al vacío con un método nuevo que no hace a lo racional, sino que tiene que ver mucho con la intuición, con el confiar en lo que uno ve y en percibir energías que fluyen. Claro que hay muchas empresas que vienen y tienen buenas experiencias”, agrega. 
Si bien en este mundo todo se mide, se compara y se calcula, los empresarios, a la hora de tomar decisiones, se dejan guiar por lo que sienten y eso los acerca a las constelaciones, explica Lotzkat.

Para constelar, es importante que el cliente necesite resolver el asunto y que tenga en claro cuál es la problemática que quiere plantear, además de contar con un grado de responsabilidad y de participación activa en el tema. “Un empleado no puede venir a hacer la constelación sobre la gerencia de la empresa. Ni puede un gerente o director de un área meterse en otro sector, que no le corresponde. Siempre se tiene que tener una inferencia y un nivel de responsabilidad sobre lo que se está se constelando”, precisa Tartaglia. 
Cada vez que la empresa presenta algún síntoma es porque existe un desorden. Es difícil decir en cuánto tiempo se resuelve un tema constelado porque, generalmente, se puede ordenar en una constelación, aunque, a veces, sólo se puede mostrar. “Eso permite ver algo nuevo y salirse de la realidad que uno conoce. Con el tiempo, las cosas se aclaran y es ahí cuando se logran hacer los cambios necesarios para ordenar y resolver”, dice Lotzkat.



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