"El tipo de cambio complica al campo"

Michael Mack, CEO de la suiza Syngenta, advierte que la competitividad local del agro tiende a bajar. Y dice qué hace falta para que crezcan las inversiones. 02 de Febrero 2011
Michael Mack suele ser reconocido por sus colaboradores como un hands on CEO. Pocas cosas quedan al azar bajo su dirección. Desde la preparación de sus discursos, cuya redacción suele ser de propio puño y letra, hasta el orden de las mesas de un almuerzo de negocios. El máximo responsable ejecutivo de Syngenta, la empresa suiza que se disputa con Monsanto, Dow y DuPont el liderazgo del mercado de agroquímicos a escala global, logra estar en todo. Si bien el ritmo que impone a sus colaboradores puede ser frenético, el esmero de Mack es entendible. La compañía que lidera desde 2007 compite por uno de los sectores que bien podrían definir el futuro de gran parte de la humanidad: alimentos y energía. En esta proyección, la Argentina puede tener un papel no menor. Pero que esas inversiones germinen dependerá del trasfondo de previsibilidad y claridad que muestre el país, según admite Mack en una entrevista exclusiva con APERTURA, en el marco del III Congreso Internacional de Arroz celebrado en Hanoi, Vietnam. 

¿Qué parte del mundo está hoy primera en los cálculos para Syngenta en cuanto al potencial?
Principalmente, Asia y, en particular, el sudeste de Asia o Asia Pacífico. Por el simple hecho de que confluyen dos factores: hay una gran demanda y los salarios crecen. Se está invirtiendo de forma masiva en infraestructura. Todo eso lleva a que los márgenes de crecimiento a futuro tengan un potencial muy alto, también para nuestro negocio.

¿Cómo se reflejará eso en sus actividades en América latina, dado que Brasil y la Argentina fueron el año último pilares de su facturación?
Eso es correcto. Brasil es hoy nuestro segundo mercado más importante, en cuanto a países. Lo bueno para destacar de Brasil es que la sociedad se encolumnó detrás de dos sectores productivos como son la agricultura y  la minería y lo impulsa. Para ello, invirtieron fuertemente en su infraestructura y los productores tienen uno de los niveles más altos de tecnología en el mundo. Sin embargo, lo que puede llegar a desafiarlos a ellos, pero también al resto de la región, es su base de usuarios o clientes.

¿En qué sentido?
En el sentido de que demandantes como China comenzarán a tomar las cosas en sus propias manos. Por otro lado, regiones como la de Asia Pacífico elevarán su productividad y con eso aumentará su nivel de competitividad con la oferta de América latina.

¿Cómo evalúa el resultado de Syngenta en la Argentina en 2010, y qué proyecta para 2011?
Tuvimos un muy buen resultado en 2009 y, hoy, cuando estamos por entrar en la etapa de la temporada alta de nuestro negocio en mercados como Brasil y la Argentina, podemos volver a decir que estamos muy satisfechos. No obstante, tampoco se pueden negar los problemas que muestra el tipo de cambio. Eso genera complicaciones para los agricultores y, con eso, también para nosotros. 

¿Cuántos?
Hoy por hoy, el peso tiene una tendencia inflacionaria. No es ningún secreto. Y eso genera problemas para los agricultores argentinos, particularmente para aquellos que compran sus materiales e insumos en dólares. Eso se traduce en que la competitividad de los agricultores argentinos tiende a la baja. Por eso digo: todo lo que le hace la vida más difícil a ellos lo hace también para no-sotros. Espero que la situación mejore.

¿En qué sectores ve el principal potencial para la Argentina, desde la perspectiva de Syngenta?
Antes que nada, hay que resaltar que parecería ser que el país está tratando de mejorar un poco la situación en cuanto a la protección de propiedad intelectual. Y eso sería de utilidad para una empresa como Syngenta, ya que estamos evaluando invertir más en productos de granos y porotos de soja genéticamente modificados. Pero, tampoco nos podemos olvidar de la difícil relación entre el Gobierno y el sector del agro. Con el reciente fallecimiento de Néstor Kirchner, todavía no está claro hacia dónde puede evolucionar ese conflicto. Nuestra esperanza es que esa relación tienda a mejorar para generar más estabilidad, algo que sería muy bien recibido por nuestra parte. Por un simple hecho: gran parte de las mejoras tecnológicas que desarrollamos y probamos en mercados como Asia, también pueden implementarse en la Argentina y beneficiar al crecimiento del país. Hace poco adquirimos la compañía SPS (N. d. R.: empresa de producción y comercialización de semillas). Y ese tipo de acciones es algo que me encantaría poder expandir en la Argentina. 

¿En qué volumen?
Tras comprar SPS, adquirimos el negocio de girasol de Monsanto aunque a nivel mundial (N.d.R.: agosto 2009). Uno de los principales motivos para hacerlo fue justamente que esa compra nos permitía desembarcar con fuerza en el mercado argentino en ese segmento. Hoy por hoy, tenemos una presencia en el segmento de semillas mucho más importante, además de nuestra unidad de protección de cultivos, que es líder. Cualquier oportunidad para incrementar esa presencia la aprovecharíamos sin vacilar.

¿Cuáles son, entonces, los principales desafíos que enfrenta el mercado argentino? Principalmente, la percepción que tienen los agricultores locales en cuanto a la consistencia y la predictibilidad en su propio mercado. El momento de la verdad para un agricultor es cuánto él está dispuesto a invertir en sus propios cultivos. Si esa confianza cae, se traduce en su disponibilidad para invertir y eso no es bueno para nuestro negocio. 

La Argentina tiene una de las mayores capacidades para biocombustibles. Pese a ello, en algunas ramas sigue detrás de países con iguales o peores condiciones. ¿Cómo evalúa esa situación?
Hay que recordar que biocombustible significa cosas muy distintas para economías diferentes. Para algunos, su base es la caña de azúcar; para otros, trigo; para otros, porotos o girasol. En cuanto a qué se debe hacer para potenciar el sector, es muy fácil: depende en gran parte de que las políticas públicas estén dirigidas a asegurar el abastecimiento energético. Si el Gobierno argentino decidiera que quiere reducir su dependencia de la importación de petróleo y busca hacerlo en base al negocio de los biocombustibles sobre la capacidad de, digamos, girasol, para Syngenta sería una tremenda oportunidad, por el expertise que podemos ofrecer para mejorar la eficiencia de las semillas. Pero, para eso, necesitamos que alguien nos proponga un plan para desarrollar un proyecto en conjunto.

¿Cómo cree que evolucionarán las economías emergentes en 2011?
Parecería ser que, en general, la economía global está empezando a salir de la recesión de forma definitiva. Insisto, parecería ser. Hay signos positivos. Por nuestra parte, tenemos un portfolio de productos muy sólido y nuestra perspectiva es mantener un crecimiento promedio general menor a los dos dígitos.

No obstante, con commodities en alza y ante la cada vez mayor demanda de alimentos, es un muy buen momento para sus líneas de negocios, ¿no?
No crea. Estamos en un negocio de alto riesgo, mucho más expuesto a impactos externos que otros. Por ejemplo, clima,  política, precios y más. O sea, riesgo por todos lados. Por suerte, fuimos capaces de gestionar ese riesgo. Sólo quienes sean capaces de estar siempre en la delantera de la innovación serán quienes, en este entorno, podrán crecer, ser exitosos y, de última, sobrevivir. Por otro lado, muchos de los productos que estamos de-sarrollando recién pueden llegar a generar ingresos en 10 años.

¿En qué se focalizarán en la región este año?
No solemos diferenciar entre líneas de productos. Es decir, hacer más en una u otra. Sí puedo mencionar que nuestros principales esfuerzos estarán focalizados en expandir, en Brasil, nuestra oferta en la producción de granos genéticamente modificados. También estamos incrementando nuestras actividades para mecanizar el negocio y la plantación de caña de azúcar.



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