El tercer mosquetero

Imprescindible en la etapa fundacional de APERTURA, Luis González Balcarce fue subdirector de la revista desde su tercer número y durante tres años. 27 de Julio 2010
En 1982, cuando APERTURA todavía era un sueño, Luis Balcarce fue una de las personas que más me apoyó. Hoy es mi amigo. Y será, a partir del tercer número de APERTURA, el Subdirector Periodístico de la revista. En esta nota se los presento”, escribía por entonces Marcelo Longobardi, fundador de la publicación junto a Gabriel Griffa, quien coincide en el rol fundamental que tuvo durante los primeros años de la revista.

Es que el periodismo (junto con la docencia) fue la gran vocación de su vida y encontró en APERTURA un espacio a través del cual pudo canalizar sus ideas (se autoproclamaba “de extremo centro”). “Por eso, tal vez, sentía un especial afecto por Marcelo Longobardi y Gabriel Griffa, dos románticos audaces con alma de sembradores en campo yermo, que pusieron la cara, con apenas 20 años, por sus proyectos como nadie se atrevía a hacerlo por aquellos tiempos de dirigismo”, destaca Carmen María Ramos, mujer de González Balcarce. “Fue la primera persona del ambiente liberal que, además de escucharnos, nos brindó acompañamiento concreto. Incluso, consiguió nuestro primer espacio de trabajo en una casona de la calle Rodríguez Peña”, rememora Griffa. También trabajó en los diarios La Nación y Los Andes (de Mendoza).

Así, Luis acompañó a los fundadores en esa aventura que hoy cumple 200 ediciones en 27 años. Desde el cargo de subdirector, armó los primeros equipos de investigación (donde se lucieron Peter Bate y Alicia von der Wettern) y ayudó a que APERTURA se convirtiera en un polo de atracción para periodistas jóvenes. Tal es el caso de Lilly Roth, quien, con algo más de 20 años, lo llamaba “el Gurú”. “Todos le decíamos así. Alejandro Schang Vitón le había puesto el mote y reflejaba muy bien lo que Luis representaba para todos: nos inspiraba y ayudaba a que pensáramos por nosotros mismos. Recién salíamos de siete años de proceso militar y ser audaz para pensar no era natural. Nos dio permiso para ser librepensadores”. Como jefe era simpático y divertido, pero siempre formal y correcto al hablar, sin una palabra fuera de lugar. “Fue el primer periodista profesional que llegó a poner orden en la revista. Él armaba los sumarios”, retrata Roth. 

Militancia
Balcarce hizo buenos amigos en las aulas del Liceo General Espejo (Mendoza), se graduó de Licenciado en Ciencias Políticas en la Universidad Católica Argentina e hizo de la militancia un estilo de vida. Fue miembro fundador del Centro de Estudios Políticos, Económicos y Sociales COINCIDENCIA (1970), de la Sociedad de Estudios y Acción Ciudadana (SEA,1975) y de la Fundación para la Modernidad (1990). Fue funcionario público en el Ministerio de Salud y Acción Social, y se desempeñó en el área de Comunicaciones. Trabajó como analista político, consultor de empresas en temas de imagen y comunicación, fue profesor universitario, especializado en Sistemas Políticos Comparados y en Análisis y Opinión Pública. 

Con su entusiasmo por la difusión de las ideas liberales (las consideraba “el motor del desarrollo humano”), fue el ideólogo, desde la redacción de APERTURA, de la Unión para la Apertura Universitaria (UPAU), de gran desarrollo en los años ’80 en la Facultad de Derecho de la UBA, donde ganó las elecciones a Franja Morada. “Luis nos acompañó mucho cuando, tras la victoria de UPAU, otras agrupaciones destrozaron las oficinas que nos prestó Félix Redrado, padre de Martín, otro de los próceres de aquellos años”, aporta Griffa. 
“Además de ser honestos, los dirigentes deben ser inteligentes y lúcidos. Este mundo no perdona la mediocridad”, decía Balcarce. Porque creía que las personas deben responder por el lugar que ocupan en la sociedad y por eso era muy crítico con la dirigencia argentina. “Los pescados se pudren por la cabeza”, ejemplificaba. Por oposición, confiaba mucho en la gente común. Decía, parafraseando a Perón, que “lo mejor que tenemos es el pueblo”.

Desde los 18 años, Balcarce se mantuvo fiel al Partido Demócrata de Capital Federal y no tenía la mejor de las opiniones de los liberales argentinos, porque los veía sólo preocupados por el resultado económico. No comulgaba con Alsogaray y nunca militó en la Ucedé. Sí apoyó a otros miembros, como Adelina de Viola, y se decepcionó de ella como de tantos otros. “Nuestros liberales han perdido distancia práctica con la realidad cotidiana. El triunfo de los populistas los ha desplazado de la cosa concreta, y eso los ha convertido en idealistas”, declaraba Balcarce en las ochentosas páginas de esta revista. Más cercano a estos días, colaboró con Elisa Carrió en las campañas presidenciales de 2003 y 2007, y dictó seminarios y cursos en el Instituto Hannah Arendt.

Siempre cultivó el bajo perfil, sin protagonismo ni cargos partidarios. Pero sí impulsaba a todos aquellos que consideraba valiosos –sobre todo los jóvenes–, a que se insertaran en la política, en el periodismo y en la cultura. Y, desde el anonimato, formó a muchos triunfadores, siempre “cediendo su protagonismo para ver triunfar a sus discípulos”, según lo describió un amigo.

Sangre noble
Hijo de María Carlota Urquiza Anchorena y Luis González Balcarce, era el mayor de siete hermanos. Mostraba con orgullo y modestianía los cuadros del General Marcos Balcarce y del Capitán General Justo José de Urquiza, sus antepasados. Pero, cuentan quienes lo conocieron de cerca, que esta sangre “patricia y patriota nunca le dio derechos, pero sí le generó obligaciones”.

Fue bohemio, honesto, austero y desinteresado, muy aferrado a la ética. Era inflexible. No temía decir lo que pensaba, no buscaba agradar, si esa actitud podía falsear la verdad. “Fue fiel, sin claudicaciones, a sus ideas liberales, y respetó y convivió cívicamente con personalidades y grupos políticos de pensamientos diversos. Su actitud y sus convicciones democráticas las vivió cabalmente”, dijo Antonio Salonia, subsecretario de Educación de Frondizi (1958) y Ministro de Educación de Menem, entre 1989 y 1992.

Amaba a su Argentina, sus costumbres, sus lugares y su historia. Disfrutaba mucho conversando con la gente común, quizás intercambiando opiniones en una interminable ronda de mate, mirando sus artesanías. “Luis decía ‘en la Argentina, la verdad es revolucionaria’ por la persistente negación de la realidad y la tendencia a tergiversar las cosas. Al punto que decir la verdad, por infrecuente, termina siendo la verdadera revolución”, explica Ramos.

En su tiempo libre, Balcarce era un ávido lector y su biblioteca de 6000 volúmenes era uno de sus grandes orgullos. Leía tres o cuatro libros a la vez, los subrayaba y hacía fichas. Sus temas preferidos eran la política, las biografías de grandes hombres, el esoterismo, estudiaba a los masones y creía en “todas las teorías conspirativas” . No manejaba. Fumaba mucho, incluso habanos, y era muy goloso: vino, whisky y dulce de leche, ingredientes infaltables en su dieta. “Era indisciplinado con la comida”, recuerda Roth.
Disfrutaba de los encuentros con amigos, los asados, los veranos en Ascochinga (Córdoba) y las guitarreadas bajo las estrellas. Era hincha de Boca por herencia genética y transmitió su sangre xeneize a sus tres hijos (Luis, Carmen y Tomás). 

Luis nació el 22 de julio de 1952 y murió el 7 de octubre de 2009 a causa de una diabetes que se fue complicando. “Tuvo una vida corta pero intensa. La vivió con entusiasmo y soportó la enfermedad con estoicismo. Era un señor y tenía un don: la nobleza”, lo recuerda su mujer, así como también sus amigos, compañeros y esta revista APERTURA, que, 200 ediciones después, quiere rendirle homenaje.



¿Te gustó la nota?

Comparte tus comentarios

Sé el primero en comentar

Videos