El salteño que sueña con renovar al peronismo

El salteño que sueña con renovar al peronismo

El mandatario de Salta confesó esta semana sus aspiraciones presidenciales. Quién es y cómo piensa el joven gobernador que dice representar a la nueva generación del PJ. Su idas y vueltas en la relación con los Kirchner. 14 de Mayo 2010

Un imponente retrato, casi tamaño natural, de Martín Miguel de Güemes reina en el despacho. Se multiplican las fotos. Familiares y, por supuesto, políticas. Las hay de Evita, sonriente y con el pelo suelto. También, autografiada y con dedicatoria, la del conscripto cuyo llanto resumió la orfandad en la que cayó la Argentina tras la muerte de Juan Perón. En otra, se ve a ese mismo protagonista -Roberto Vassie, su identidad- tres décadas después, con el dueño de casa. Ambos, parados -con Antonio Cafiero, entre otros- junto al féretro del General, aquel 17 de octubre de 2006 en el que, antes de que camioneros y trabajadores de la construcción recurrieran a palos y balas como unidad de medida del peronómetro, los restos del líder encontraran reposo en el mausoleo de la histórica quinta de San Vicente.

También se observan imágenes de Néstor Kirchner y Señora. Contundente prueba de que Grand Bourg, la moderna sede de Gobierno que construyó Juan Carlos Romero, luce el toque personal de su actual ocupante. Otro detalle lo refuerza. Entre muebles de estilo colonial, reflejo de la tradición de Salta, y las banderas -la albiceleste nacional y la rojinegra provincial- que denotan la solemnidad del lugar, la camiseta de Juventud Antoniana -el Santo, equipo de fútbol más popular de la ciudad- destaca desplegada sobre el sillón del Gobernador.

En septiembre último, Juan Manuel Urtubey, abogado, cumplió 40 años. Juventud que, más que el lugar común de “divino tesoro”, al menos, constituye un activo valioso. El salteño lo sabe y quiere capitalizarlo. Por eso, insiste en la necesidad de que, en 2011, el peronismo presente, en sus palabras, “un proyecto competitivo, que ofrezca la idea de una renovación política”.

“Iré con esta idea a la interna nacional. No digo que vaya a ser candidato pero, si de repente, descubren que soy la última Coca-Cola en el desierto...”, desliza. Aclara, eso sí, que, aún a un año y medio del proceso electoral, discutir candidaturas es “delirante”. Urtubey no se prueba el traje. Pero le facilitará sus medidas al sastre.

Nombre propio
“El dirigente político que diga que no ambiciona ser presidente es un mentiroso o un mediocre. Yo no quiero ser ninguna de las dos cosas”, asegura, tajante. “Y no sé qué viene después de presidente. Pero también querría serlo”, remata.

Sentencias a las que el salteño apela para mostrar que cabalga con norte claro. Dio sus primeros pasos en la política de la mano de su tío, Julio Mera Figueroa, uno de los 12 apóstoles que, a mediados de los ’80, evangelizó el advenimiento del Mesías de Anillaco. Lo reconoce como su mentor. No a Romero, regidor de Salta de 1995 a 2007 y de quien fue vocero y secretario de Gobierno, en los ’90. Además de la irreconciliable ruptura con su antecesor, su candidatura a la gobernación también puso trama shakespieriana a la campaña 2007. Rodolfo Urtubey, ex presidente de la Corte de Salta y ex fiscal de Estado, mantuvo inquebrantable su lealtad al actual senador del Peronismo Federal. La relación con el octavo de sus diez hijos, hoy, se reduce a análisis climáticos.

Urtubey junior, ahora, quiere despegarse otra etiqueta: la de delfín K. Se la pegaron durante su paso por el Congreso. Diputado nacional electo en 1999, a partir de 2003, bajo la protección de su nueva madrina -la entonces senadora Cristina Fernández-, se consolidó como báculo del bloque oficialista en la Cámara Baja. Reforzó el adhesivo en 2008, cuando -ya como gobernador- Salta albergó la celebración por el 25 de Mayo, con la que Cristina intentó neutralizar el acto que los ruralistas, en plena guerra por la 125, protagonizaron ese mismo día en Rosario.

Kirchner y después
“Néstor Kirchner fue un gran presidente. Miremos la economía, la política, un montón de cosas que hicimos de 2003 a 2007, y desafío a cualquiera a que me diga lo contrario. Pero, para mí, no es el gran candidato. Como el Lole, Duhalde o Rodríguez Saá, tampoco”, relativiza. “Son etapas. En 2003, Kirchner cumplía lo que la sociedad necesitaba: volver a un Estado con poder, en materia cultural, política, económica y social. Néstor Kirchner era, aparentemente, la persona más indicada: un presidente fuerte, que patee las puertas de las grandes corporaciones. Después, la sociedad empezó a exigir otras cosas. Pasó el contexto de crisis. Hay demandas que no se sienten contenidas en lo que les ofrece el Gobierno. Y eso generó este desgaste”, amplía. Argumento que, ceteris paribus, también podría rubricar la pluma de Alberto Fernández. No es casual. Se cuenta que, hace tiempo, el ex jefe de Gabinete ensaya una alquimia para despojar al kirchnerismo de su factor K. El experimento cuenta con el apoyo de Urtubey.

“Argentina necesita alternativas que no discutan la historia, sino futuro”, retoma. “En los últimos 20 años, Chile hizo casi todo bien. Y un ex presidente no pudo volver a ser presidente. Si la Concertación hubiese ido a un proceso democrático de elección y el candidato hubiera sido alguien más del perfil de Marco Enríquez-Ominami, ganaba”.

Urtubey sostiene que, a un año y medio de las elecciones, hablar de candidaturas es “de ciencia ficción”. “A fines de 2001, ¿quién imaginaba a Kirchner presidente en 2003? ¿O a Menem, a fines de 1987?”, desafía. Simpático, llano, por momentos, circunspecto pero, a la vez, informal, Urtubey también habla con lo que no dice. “No soy de los que se animan a medir el accountability de los gobiernos antes de que se vayan”, replica, al pedírsele opinión sobre la administración CFK. “Yo no soy candidato a vice de nadie. Soy gobernador: no me voy a ir de mi provincia para acompañar”, se planta, cuando se le sugiere si podría secundar a otro peronista en la fórmula. De hecho, hoy se inclina por renovar la gobernación en 2011, aunque aclara: “Mi escenario ideal es que el PJ llegue con potencia a la elección. Para eso, debe tratar de hacerlo con la mayor cantidad de sectores del partido adentro. Hoy, gracias a la nueva Ley electoral, hay reglas de juego: sabemos que el segundo domingo de agosto de 2011, en internas abiertas y simultáneas, cada partido elige a sus candidatos”. “En ese escenario, si se impone la propuesta de una renovación, se definirá un perfil de candidato. Si gana la idea de que el conjunto del PJ deba ofrecer un hombre maduro, de experiencia, habrá otro”.

¿Te sentís preparado para ser la última Coca-Cola ya, en 2011?
Claro que sí. Pero, insisto, si la política va hacia ese lado. Si no, es como empujar las paredes con patines. Y yo no empujo paredes con patines.

¿Kirchnerista, yo?
“Vengo en política desde antes de que Kirchner sea presidente y voy a hacer política cuando él ya haya sido presidente o presidente del partido. Mi relación nunca fue 10, ni 0. De hecho, no fui su candidato a gobernador en Salta. La mía era una lista muletto”, se defiende el salteño de quienes lo acusan de militar en las filas kirchneristas. Y agrega: estoy convencido de que, de 2003 a 2007, hicimos una gran cantidad de cosas que Argentina necesitaba. Cuando no estuve de acuerdo con algunas cuestiones, como diputado, las dije y me generó problemas. Ahora, soy gobernador: hay cosas que comparto y acompaño y otras que no”, argumenta. De hecho, así como apoyó la creación del Fondo del Bicentenario y firmó la solicitada contra la la coparticipación del impuesto al cheque, Urtubey fue de los pocos gobernadores del PJ que el año pasado alzó su voz contra la ley de Medios K: “Una Ley de Medios no es para imponer números ya que hablamos de algo más profundo que regular una actividad comercial”, dijo. Sus dichos, obvio, no cayeron bien en la Rosada.



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