El sabroso camino del Perú

El sabroso camino del Perú

Las estancias y haciendas peruanas despuntan los sabores de los tradicionales platos, mientras los restaurantes le dan valor agregado con nuevas variantes. La gastronomía se presenta como uno de los atractivos ineludibles del antiguo imperio Inca. 12 de Marzo 2010

Destino apetecible. La fusión entre lo nativo y las inmigraciones conciben a Perú como una de las naciones con mayor repertorio culinario de la región. Pero el gran imperio inca no reposa en lo clásico. Los miles de platos típicos son superados por adaptaciones de los chefs locales que se animan a ofrecer a los comensales una nueva experiencia de texturas, aromas y colores. Así, los sabores de la comida peruana reafirman al país del Pacífico como uno de los más importantes destinos gastronómicos de América latina.

Alejándose hacia el sur de la bulliciosa Lima, la casa hacienda Los Ficus es el contexto ideal para disfrutar de un abundante almuerzo campestre. Luego de internarse por las angostas calles del distrito de Pachacamac, los huertos donde se cultivan de forma orgánica más de 25 tipos de lechuga se presentan como la primera parada del recorrido de la finca. Pero rápidamente los cercanos relinchos logran distraer a los visitantes, que luego se convierten en los espectadores de un show exclusivo del caballo peruano de paso, equino oriundo de Perú que se distingue por su suave andar. Una detallada explicación sobre esta raza y un espectáculo con danzas son seguidas por la oportunidad de cabalgar sobre el caballo de silla más suave del mundo.

Las contadas mesas dispuestas en el patio de la casa principal revisten el almuerzo de sosiego y privacidad, olvidando por completo los característicos bocinazos citadinos. Además de saborear los cultivos orgánicos del lugar, la comida hogareña incluye platos como pollo acompañado por salsas, arroz con distintos tipos de maíz y abundantes ensaladas. Entre los postres, el helado de lúcuma (típica fruta peruana) y chocolate acompañado con frutas frescas se convierte en el cierre perfecto de una jornada.

Por su parte, la capital de Perú posee numerosas opciones a la hora de disfrutar la gastronomía más típica del país. En el distrito limeño de Miraflores, otro de los lugares donde el contexto le suma valor a la gastronomía es el restaurante Huaca Pucllana, ubicado dentro del complejo arqueológico homónimo edificado hace siglo y medio por los habitantes originales de Lima. La carta incluye platos como gnocchi de papa amarilla a la crema de alcachofas y parmentier de conejo al vino tino. Antes o después del almuerzo se puede visitar el museo de la Huaca Pucllana, ya que se encuentra abierto desde las nueve de la mañana hasta las cuatro de la tarde.

Más allá de Lima

A 240 kilómetros de la capital, la ciudad portuaria de Paracas es otro de los inéditos destinos gastronómicos del país latinoamericano. Dentro de la cadena de Libertador Hotels, el Hotel Paracas brinda almuerzos y cenas de primera calidad en su restaurante Ballestas. El plato insignia del cinco estrellas es Costa Sur, un lenguado sobre puré de zapallo loche que puede ser acompañado por el cóctel Paracas Sour, versión refrescante del Pisco Sour elaborado con jugo de mandarina. El ceviche de pescado, el lomo saltado y la causa con langostinos, palta y ajíes peruanos son otras de las alternativas destacadas de la carta del chef Bruno Toso. Los almuerzos de los domingos son los más concurridos por los locales y los extranjeros, ya que los comensales pueden degustar un buffet criollo marino.

Desde el muelle privado del resort-spa, donde próximamente se comenzará a construir un su-shi bar, se puede partir en botes motorizados hacia las Islas Ballestas. Este destino del Pacífico -especial para los amantes del ecoturismo- se constituye como el refugio de lobos marinos, pingüinos y diversas especies de aves marinas, como el guanay Cormorán y pelícanos peruanos.

Un vuelo de menos de dos horas unen a Lima con Cusco, antigua capital del Imperio Inca y paso obligado para aquellos viajeros que quieran visitar Machu Picchu. Desde la urbe peruana se puede acceder al Valle Sagrado para disfrutar de un almuerzo en la Casa Hacienda Huayocari. El buffet es todo un acontecimiento: sopas caseras, quesos frescos, pollos, la característica causa peruana y lomo saltado se disfrutan en un ambiente en el que antiguas piezas de arte colonial y local adquieren protagonismo, pues los dueños de la hacienda son grandes coleccionistas.

Para una cena más íntima, el MAP Café es uno de los candidatos predilectos de Cusco. El cubo minimalista y transparente dentro del que está emplazado el restaurante genera un contraste visual con sus alrededores. Es que el MAP se encuentra en el interior de una mansión colonial que supo ser la residencia del Conde de Cabrera y actualmente es el Museo de Arte Precolombino. Coque Ossio, uno de los más renombrados chefs peruanos, ofrece una carta en la cual el capchi de setas (sopa cremosa) se destaca como una de las entradas clásicas del restaurante. Para los platos de fondo, las patitas de cuy crocante, el atún con dúo de escabeches y el rack de corderos son los candidatos más llamativos. A la hora del postre, el chef ofrece una deconstrucción del típico Suspiro Limeño, aunque también resulta imperdible el beso de lúcuma en cinco texturas: líquida, cremosa, espumosa, crocante y arenosa.



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