"El proteccionismo es repudiable"

El empresario vitivinícola escribe en exclusiva. “Una reacción proteccionista implicaría elegir salvar a la industria sustituta de importaciones a costa de la industria exportadora que es la que dispone de mayores ventajas competitivas dinámicas como marca la experiencia internacional”. 04 de Junio 2010

De acuerdo a informaciones periodísticas, nuestra Presidenta ha manifestado que “todas las formas de proteccionismo son repudiables”, afirmación que define una política económica hacia el sector externo muy clara y terminante. A continuación, intentaremos ubicar esta definición en lo que han sido las políticas referidas al sector externo a partir de 2002.

Luego de la fuerte devaluación a comienzos de 2002, el sector externo se caracterizó por un régimen cambiario de flotación administrada durante el cual el Banco Central inició un importante proceso de acumulación de reservas. Se discutió bastante intentando entender los objetivos de esta acumulación de reservas con razonamientos que podríamos resumirlos en dos interpretaciones: para algunos, el objetivo era sumar un monto suficiente como para enfrentar corridas por huida de capitales y para otros se trató simplemente de sostener un tipo real de cambio superior al que hubiera resultado sin la intervención del Banco Central. De hecho, ambas interpretaciones aceptan que tuvimos un tipo real de cambio más elevado con el consecuente beneficio para los exportadores y las industrias sustitutas de importaciones. Exportadores y sustitutos de importaciones dependen para su existencia del nivel del tipo real de cambio que en un movimiento descendente elimina a las empresas cuyos costos no pueden competir con los internacionales. Sobre todo, la industria exportadora resultó favorecida llegando casi a triplicar sus ventas al exterior desde 2001 a 2008 (MOA y MOI) (ver cuadro).

Pero a partir de 2005, el tipo real de cambio inició un proceso de caída que continúa hasta el día de hoy, disminuyendo la rentabilidad de exportadores y sustitutos de importaciones acercándose a un nivel de verdadero peligro para la subsistencia de toda la industria que compite con el sector externo.

Lamentablemente, poco puede hacer el Gobierno para evitar este descenso en el tipo real de cambio, a menos que continúe acumulando reservas o se decida a aplicar restricciones a las importaciones. El primer camino no es tan simple porque, ante la imposibilidad de hacer ajustes recesivos con medidas fiscales que permitan generar un superávit fiscal para comprar divisas en el mercado de cambios, el único modo de hacerlo sostenible es utilizar el impuesto inflacionario a la Fernández y Fernández (1). El segundo exigiría una definición de política gravísima dado que toda restricción a las importaciones es equivalente a un gravamen implícito sobre las exportaciones, porque al importarse menos el tipo real de cambio disminuye. O sea que una reacción proteccionista implicaría elegir salvar a la industria sustituta de importaciones a costa de la industria exportadora que es la que dispone de mayores ventajas competitivas dinámicas como se ha observado en todas las experiencias internacionales. Significaría dejar de lado los modelos de crecimiento adoptados tan exitosamente por los países asiáticos y también por Chile, nuestro vecino tan cercano. Y si nos atenemos a las conclusiones prevalecientes en el mundo de las teorías económicas del crecimiento, la exportación industrial es la mejor garantía para un crecimiento significativo de la productividad de la mano de obra y la inversión.

Concluyendo, la reciente definición presidencial nos ubica rotundamente en el grupo de los países que no buscarán el proteccionismo como forma de proteger a su industria sustituta de importaciones en detrimento de su industria exportadora.



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