El protagonismo electoral de Kirchner y Alfonsín

El protagonismo electoral de Kirchner y Alfonsín

El uso de la muerte como fin político estará presente en las presidenciales. Desde el “efecto Alfonsín” hasta la construcción de un mito alrededor de la figura de Néstor Kirchner, Ricardo y Cristina cargan con el peso de ser los herederos. El antecedente necrómano de la política nacional marca la resistencia argentina a cerrar etapas del pasado. 25 de Febrero 2011
Por Claudio R. Negrete, autor del libro "Necromanía. Historia de una pasión argentina".

La figura del caballero español el Cid Campeador se construyó de episodios heroicos y épicos incluso hasta después de su muerte ocurrida en Valencia en julio de 1099, cuando aún no había cumplido los 56 años. Su viuda doña Jimena Díaz, hija del Conde de Oviedo y nieta de Alfonso VI, no era una mujer cualquiera. Fue un personaje clave al lado del Cid y en especial después de su fallecimiento cuando tuvo que defender sola la ciudad de Turia de los constantes ataques almorávides.

Finalmente, con gran imaginación y coraje decidió incendiarla totalmente y abandonarla llevándose a Castilla el cadáver embalsamado de su marido. Una leyenda, que circula con entidad por el mundo, dice que para atemorizar a sus enemigos que rodeaban la ciudad montó el cuerpo del Cid en su caballo llamado Babieca, lo sostuvo recto en su silla y salió al galope atravesando las tropas sitiadoras como una demostración de poder divino, de que el Cid había resucitado, que seguía teniendo poder y estaba dispuesto a la venganza. Con el muerto como estandarte, doña Jimena metió miedo y logró un triunfo inesperado al conseguir escapar de la ciudad junto a los suyos evitando ser apresada o asesinada.

En mi último libro Necromanía, Historia de una pasión argentina relato un episodio que describe con exactitud y simpleza esa costumbre nacional de manipular a la muerte con fines políticos. Cuando la Argentina vivía la antesala del retorno a la democracia en 1983 llegó al país un equipo de la cadena colombiana de televisión Caracol. El objetivo era producir una serie de notas explicando el proceso político marcado por el fin de la dictadura y las elecciones. Contarle al público colombiano quiénes eran los principales protagonistas en el complicado sistema de partidos políticos. Recorrieron las sedes de los partidos Peronista, Radical, Socialista, Intransigente, y de los liberales, entre otros tantos. Los periodistas colombianos hablaron con precandidatos y candidatos, asistieron a actos, intentando comprender la lógica de la política nacional. Hasta que llegaron a uno de esos nuevos y pequeños partidos que suelen surgir cada vez que hay una elección. Asombrados con todo lo que habían visto y escuchado, soltaron espontáneamente a sus interlocutores una pregunta como una suerte de síntesis de un estado de confusión inconfesable: "¿y estos, a qué muerto siguen?"

Ambos casos ayudan a comprender esa cultura necrómana nacional muy presente en la política del país. En la Argentina los muertos del poder suelen gozar de muy buena salud, tienen una influencia determinante sobre los vivos, protagonizan actos partidarios, definen candidaturas y elecciones, bendicen herederos y nunca se retiran de la escena pública. Como el Cid, pueden embestir contra los enemigos, y nunca se van de los cúpulas de los partidos políticos como bien captaron los periodistas colombianos. Desde los rincones más ocultos de la historia, cada vez que hay elecciones aparecen de sus ultratumbas con una vigencia inesperada las figuras de Juan Perón y Evita, Ricardo Balbín, Arturo Illia, Alfredo Palacios, Juan Manuel de Rosas, San Martín, José Ignacio Rucci y hasta Lorenzo Miguel, solo por citar algunos de la galería de los celebres dirigentes ya finados que son resucitados cada tanto por sus seguidores para utilizarlos como un instrumento más de la construcción de poder. Sus imágenes, discursos, fotos, recordatorios y homenajes, sus presencias encabezando actos de campaña, spots publicitarios y reuniones partidarias fueron y seguirán siendo un constante en estos tiempos electorales. Recurrir al permanente resucitamiento de los próceres políticos fallecidos es, en la mayoría de los casos, una clara expresión de identidades partidarias debilitadas y desvirtuadas de sus orígenes, y por eso se echa mano a ellos y lo que representan en el imaginario social de aquellos tiempos pasados exitosos.

Nuevos próceres para 2011
Con este antecedente necrómano de la política nacional no cabe otro cosa que esperar que en las próximas elecciones presidenciales la historia vuelva a repetirse. Además de la lista de los clásicos muertos-próceres, esta vez se sumarán dos flamantes fallecidos que serán los grandes competidores en los próximos comicios: Raúl Alfonsín y Néstor Kirchner. Ya los veremos convertidos en los principales protagonistas de las campañas, encabezando los distintos frentes electorales, aunque no figuren en boleta alguna; sus seguidores los harán recorrer el país como en sus mejores tiempos con la emoción en la nostalgia de los mejores tiempos que ellos todavía siguen simbolizando.

Lejos de estar muertos, la costumbre argentina insistirá en tenerlos vivos, omnipresentes en la vida cotidiana e institucional del país. Para millones, Raúl y Néstor ¡viven!, no murieron. Son los nuevos héroes con traje de mitos de los dos grandes partidos del país. Los dos muertos más ilustres que la sociedad bendijo como santos partidarios de esta etapa democrática. Y como los argentinos evidenciamos una manifiesta resistencia a cerrar etapas del pasado, junto a sus muertos, a terminar con los duelos y lutos colectivos, tanto Alfonsín como Kirchner serán sacados de sus tumbas para ser usados en este nuevo capítulo de lucha por el poder.

Coincidencias celestiales. Ambos tiene vidas y desenlaces gemelos que los unen desde el más allá. Fueron presidentes en tiempos clave de la vida institucional del país. Uno, el del regreso de la democracia. El otro, el de la salida de la crisis del 2001/2002. Los dos tienen slogans con una fuerza política que los instalaron en el Olimpo de los grandes presidentes: del primero se dice que es el padre de la democracia moderna y que juzgó a los dictadores militares; del segundo que sacó al país del infierno luego de la última crisis y que puso el sensible tema de los derechos humanos como cuestión de Estado. Además, fueron contemporáneos en sus pasos a la eternidad: murieron con escasa diferencia de un año y medio.

Resucitar al radicalismo
Como si fueran dinastías monárquicas al estilo europeo, dejaron a herederos directos que los suceden en carne, espíritu y apellido. A Raúl un tal llamado Ricardito. Una clon de aquel candidato radical triunfador en 1983 ante el imbatible peronismo. Cuando el líder radical falleció en abril de 2009 el entonces diario Crítica de la Argentina publicó la foto de Ricardito junto a una aficheta de su padre en segundo plano. Los dos, como calcos, tenían la misma pose que marcó a fuego la campaña de los ochenta, esto es saludando con sus manos unidas sobre el hombro izquierdo. Y el matutino se preguntó. ¿Ahora Alfonsín? Al tiempo que el cadáver de Raúl era depositado en Recoleta con el dolor de una sociedad consternada, sus correligionarios ya habían comenzado a hacer cálculos de cómo se podía capitalizar electoralmente el fenómeno social y político que había producido su fallecimiento. Ricardito era el número puesto por ser la continuación del muerto. Y el kichnerismo se asustó de su poder y la repentina vigencia radical y para contrarrestar las decisivas influencias del fallecido adelantó a junio las elecciones legislativas previstas para octubre.

A través de los medios los testimonios de la gente exaltaban la figura del muerto remarcando sus virtudes como implícitas críticas a la presidenta y a su esposo. Se hablaba del "efecto Alfonsín", de que Julio Cobos había recibido el mandato de Raúl de unir al radicalismo y que por eso se ponía en marcha el operativo de retorno al partido. Gracias al muerto el vicepresidente tenía la llave para su regreso al radicalismo después de haber sido expulsado.

El apellido Alfonsín se había reconvertido en un símbolo político que los vivos con ansias de poder tenían que aprovechar. Aún con el cadáver tibio los radicales se apuraron a cerrar las listas de candidatos a legisladores nacionales aprovechando el impensado impacto del muerto en la opinión pública. Y la continuidad estaba garantizada con Ricardito que quedó a la cabeza de la lista de candidatos a diputado nacional desplazando la de Margarita Stolbizer. "Lamento que se ponga sobre la mesa la muerte de Alfonsín. Especular electoralmente con algo que tocó a todos los argentinos me parece un espanto", se quejó. Los diarios tendieron un puente imaginario entre los dos cuando un granadero le entregó al heredero de Alfonsín, frente a la bóveda de los radicales, el bastón presidencial de su padre. Todo un símbolo en el escenario más prestigioso de la necromanía nacional como es la Recoleta.

Cuando Ricardito lanzó su precandidatura a presidente aparecieron en Buenos Aires afiches con la foto de su padre, en cada discurso que dice hay una referencia obligada al muerto. Es imposible escapar a la tentación necrómana de verlo a él como si fuera Raúl resucitado. Habla igual, gesticula de la misma manera, se pone sus trajes, atiende en su mismo escritorio, cuenta anécdotas del 83 como si las hubiese protagonizado, se rodea de los mismos que supieron adular a su padre. Hasta la frase "se lleva en la sangre" ya forma parte de los mensajes de campaña. La desaparición de Alfonsín y su reencarnación en Ricardito, volvió a poner con chances electorales ciertas a la UCR en su nueva carrera para volver al poder. Y puede ser su hijo el que simbólicamente reinstaure a Raúl en la presidencia confirmando aquello de que, en realidad, Alfonsín sigue más vivo que nunca.

La construcción de un mito
Con Perón y Evita. La muerte inesperada, aunque anunciada, de Néstor Kirchner dejó sin conductor político al kirchnerismo de cuyo núcleo duro se impulsó en el mismo instante la construcción del mito al que se intenta igualar, en el altar necrómano peronista, a los de Perón y Evita. Un afiche que todavía se puede leer en el cetro porteño es elocuente: "Néstor en el cielo con Perón y Evita, y Cristina con el Pueblo". Mantener vivo a Kirchner es un objetivo político y electoral, tarea que comenzó aquel mismo día de su fallecimiento con la decisión tomada por su familia de no mostrar su cuerpo muerto en el ataúd. Hubiese sido una derrota política frente a sus enemigos.

Esa comprobación mortuoria del final de Néstor se hubiese asociado irremediablemente con el fin político del kirchnerismo, especularon los constructores del poder real. Por eso la última imagen pública que se guarda de él es en plena campaña pocos días antes de su fallecimiento, a la que habría que agregar aquella foto obtenida en un bar de Río Gallegos con una pareja, quizás a modo de despedida. Pero cierta oposición conspirativa se tomó del muerto para hacer política y se atrevió a decir que, en realidad, dentro del féretro no estaba el cuerpo del ex presidente.

El "Kirchner Vive" fue el mensaje que inundó la Plaza de Mayo durante las horas de su velatorio. El impacto que tuvo su muerte en la opinión pública lo hizo resurgir como líder y hasta estadista después de la dura derrota infringida por la sociedad argentina en las últimas elecciones legislativas, las mismas que encumbraron a Ricardito.

La continuidad de Kirchner en el poder, y lo que él representa para su aparato político, había que garantizarla de alguna manera y fue entonces cuando algunos ministros lanzaron la reelección de Cristina…..Kirchner. Porque, así como Mauricio es Macri, Ricardito es Alfonsín, Cristina es Kirchner. Es decir, Néstor permanece vivo desde el apellido que identifica a su esposa y presidente, manteniendo una presencia omnipresente en la vida pública de la Argentina desde los últimos ocho años.

La Presidente también contribuye a mantenerlo vivo cuando en cada acto hace referencia a su supuesta presencia hablando de "él" para referenciarlo. En cada evento y acto público la Presidente parece subir al escenario con su esposo fallecido. "Estoy un poco menos triste porque estoy segura que por allí debe andar caminando entre ustedes y en su nombre quiero agradecerles. Lo siento acá, él trabajo por esta Argentina como nadie", afirmó en un acto en Córdoba a los seis días del trágico hecho.

Al mes, la prensa kirchnerista aportó lo suyo a la construcción del mito de "Kirchner Vivo" dando difusión a una encuesta que decía que el 59% de los jóvenes apoyaba el ideario político de ex presidente, y un 53% dijo que votaría a Kirchner, por Cristina. El cementerio de Río Gallego donde están sus restos se ha transformado en santuario y lugar de visita permanente donde se construye en mausoleo enorme. Las editoriales publican libros con su historia y hasta con sus frases de cabecera, muchas de las cuales ya constituyen el "corpus intelectual" del candidato post morten más famoso de los últimos tiempos. Hasta el gran circo argentino como es el campeonato de fútbol lleva ya su nombre. Para los kirchneristas, Néstor ya conduce el "comando celestial" para ganar en octubre.

Calendario necrómano
Raúl y Néstor se deben estar preparando para ser zamarreados por sus seguidores que intentarán convencer a la sociedad argentina de que los tiempos que ellos lideraron fueron inigualables, de que fueron estrategas y estadistas, y que cada uno simboliza el mejor proyecto de país que supuestamente se pone en juego. Peronistas y radicales revivirán a sus muertos para ganar las elecciones. En este contexto electoral, Néstor volverá en el recordatorio del 25 de mayo, día en que asumió la presidencia. El almanaque necrómano peronista se completará con un nuevo aniversario de la muerte de Perón, el 1 de julio. Sobrarán los homenajes a Evita en la Recoleta con marcha de antorchas incluida el día de su muerte, el 26 de julio. Fechas que calzan perfecto como acciones de la campaña electoral.

Y en estos meses que quedan hasta las elecciones de octubre, otros muertos nos recordarán el empantanamiento cultural que tiene la sociedad con su pasado. Las fotos con los rostros de los desaparecidos, las caras de las víctimas de los atentados a la embajada de Israel y de la AMIA, los nombres de las víctimas por la inseguridad y en Cromañón, también se colarán en la gran vidriera de las elecciones para seguir reclamando justicia. Y es casi seguro, como ocurre en cada comicio, volverá a revolver tumbas judías con fines políticos.

Dirán que exagero. Quisiera equivocarme porque mi error podría mostrar que la sociedad argentina empieza a poner cada cosa en su lugar. Quiera el lector saber detectar por cuenta propia el regreso seguro de la necromanía nacional. Aquí se dejan varias pistas. Solo deberá prestar atención a los hechos por venir. Porque en la Argentina hay una certeza probada: los muertos no siempre descansan en paz.



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