El poder tiene cara de mujer

El poder tiene cara de mujer

El caso de Dilma Rousseff, quien acaba de asumir la presidencia de Brasil, confirma que cada vez más mujeres ganan terreno en la política y los votantes las eligen para guiar el destino de sus naciones. ¿Existe una visión femenina para gobernar? 07 de Enero 2011

Inteligentes, astutas. Desalmadas, bondadosas. Visionarias, soñadoras, realistas. Dialoguistas, guerreras, tenaces. Las mujeres han gobernado en el mundo desde la antigüedad y algunas han revolucionado su época. Hollywood todavía imagina el mejor guión para reflejar una vez más a la exótica Cleopatra, última reina de Egipto antes de la ocupación romana. Los historiadores buscan evidencias de la existencia de Makeda de Saba, citada en el Viejo Testamento, que guardaba en su palacio la tabla con los 10 mandamientos que Moisés recibió en el Monte Sinaí. Y los arqueólogos han descubierto tan sólo hace cuatro años a la Dama de Cao, que se cree la primera mujer que gobernó el actual territorio del norte peruano en el siglo IV d.C. y que murió cuando tenía entre 20 y 25 años al dar a luz a su segundo hijo.

También las monarquías europeas han dado amplio testimonio del sello femenino en el poder: Isabel La Católica, Victoria o Isabel I de Inglaterra; Catalina La Grande de Rusia, María Antonieta, todas ellas símbolo del poder o la decadencia de los reinados medievales. Pero fue recién en el siglo XX cuando las mujeres llegaron a la política como protagonistas plenas, tanto por alcanzar el derecho de sufragio como por acceder a las principales esferas de la gestión gubernamental por la voluntad popular. Sirimavo Bandaranaike fue la primera en ser electa premier en 1960 por los ciudadanos de Sri Lanka, un año después del asesinato de su esposo que ocupaba justamente ese cargo. Poco después, Indira Gandhi, en India, y Golda Meier, en Israel, serían nominadas para comandar los destinos de sus respectivos países a poco de la retirada del imperio británico de dichos territorios.

Los últimos 50 años demuestran que la presencia femenina en la política de todo el mundo ha crecido aceleradamente. Fue un proceso que se dio de la mano de la conquista de derechos de igualdad producto de la lucha incesante de miles de mujeres en distintos países, pero también de un cambio de mentalidad en muchas sociedades donde la imagen de la mujer siguió hasta hace poco ligada al hogar y a la familia y no a la incursión en el escenario de los negocios y menos aún al manejo de la administración pública. Recién en los inicios del presente siglo, los votantes en Chile, Brasil o la Argentina, por ejemplo, han elegido en las urnas a una presidenta. Y el número de gobernantes femeninas en el planeta apenas llega a la quincena. De cualquier forma, la tendencia va en ascenso: en la última reunión del G-20, que reúne a los jefes de Estado de las naciones más ricas y las principales emergentes, hubo récord con la asistencia de la argentina Cristina Kirchner, la canciller alemana Angela Merkel, la premier australiana Julia Gillard, y la brasileña Dilma Rousseff, que acaba de suceder en el Planalto a Luiz Inácio Lula da Silva.

Perfume de mujer
La llegada de un mayor número de mujeres a las esferas de poder y decisión es destacada como un avance en la lucha por la igualdad de derechos. Pero hay un debate sobre si ello significa un aporte especial en la vida cotidiana de las sociedades, si los votantes esperan de una gobernante que focalice su acción en ámbitos específicos que creen desatendidos por los hombres y si las denominadas políticas de género deben estar entre las prioridades de su gestión. Si, por caso, existe una forma femenina de gobernar, si las mujeres tienen una visión distinta para hacer política.

“Creo que ha cambiado mucho el rol de la mujer en la política, sobre todo respecto del lugar que ocupaba hace unos años. Generalmente, las áreas de trabajo reservadas a las mujeres tenían que ver con la familia, la niñez, las políticas sociales. Este espectro se ha ampliado en los últimos años, en todos los ámbitos laborales y, también, en la política. Esto permitió que no sólo se ampliaran las políticas públicas para abarcar cuestiones y problemáticas de la mujer, sino también pensar las políticas públicas con otra mirada distinta a la del varón”, asegura la diputada nacional María Fernanda Reyes (Coalición Cívica-ARI), que además es licenciada en Economía.

La legisladora porteña y ex titular del Instituto Nacional contra la Discriminación (INADI) María José Lubertino, por su parte, recuerda: "Empecé a militar en contra de la guerra de Malvinas, en el radicalismo, donde éramos un conjunto de mujeres que militábamos para que Alfonsín fuera presidente. En ese momento éramos mayoría de mujeres activistas, pero en todos los partidos mayoritarios había más cantidad de hombres en los lugares de decisión. Desde esa época, los primeros años de la década del `80, trabajamos mucho para atraer a las mujeres a la política, en temas como la ley de Cupo, por ejemplo. En ese tiempo, no nos permitían acceder a las conducciones partidarias. Desde el movimiento de mujeres trabajamos en todas las provincias para que se cumpla la ley de Cupo, presentando amparos, organizando a las mujeres y movimientos feministas".

"Así, acumulando tanto activismo, las mujeres políticas logramos incorporar el concepto de la igualdad "real" de oportunidades y de trato como un concepto constitucional. Es un aporte muy importante, no sólo la igualdad formal. Por eso hoy, hasta los partidos de derecha cumplen el cupo. La "igualdad real" es igualdad de resultados, es un concepto fuerte, igualdad fáctica, igualdad de hecho y eso hay que acompañarlo con políticas activas”, agrega Lubertino.

Sin embargo y a pesar de destacar el avance logrado, para Fernanda Reyes sigue existiendo una visión “machista” en cuanto al rol de la mujer en la política. “Se mantiene el prejuicio de que las mujeres no estamos capacitadas para ejercer determinados roles o atender temas tradicionalmente atribuidos a los hombres. Dentro del espacio legislativo, se nos subestima cuando hablamos en el recinto o cuando intervenimos en las reuniones de comisión; los roles dirigenciales, como las presidencias de bloque o de comisiones relacionadas con economía o presupuesto, se siguen reservando a los hombres. Por supuesto, este prejuicio está totalmente alejado de la realidad. Pero las exigencias son inmensas y nos vemos en la necesidad de tener que demostrar permanentemente que estamos perfectamente capacitadas para hacer política, desempeñar cargos ejecutivos o dedicarnos a temas que no necesariamente estén vinculados con nuestro rol de madres”, asegura.

Cuestión de género
La referencia a la cuestión de género es muchas veces utilizada como una estrategia discursiva por las gobernantes mujeres, como también usada por los políticos varones o por los medios de comunicación con un sentido despectivo. Una puja entre el campo real y el campo simbólico.

En medio de la pelea con la dirigencia agropecuaria, que marcó fuertemente los primeros meses de su gestión, Cristina Kirchner afirmó: “El 10 de diciembre, cuando por primera vez como presidenta electa de todos los argentinos, en elecciones libres y democráticas, me dirigí a todos los argentinos y argentinas, les dije que por ser mujer me iba a costar más y no me equivocaba, a las mujeres siempre todo nos ha costado más, pero también somos las mujeres las que jamás abandonamos nuestro puesto y nuestro lugar de lucha”. Y también: “Se puede ser presidenta de la República, jardinera, médica, que si tienen que criticarte y sos mujer lo hacen por el género, no por si sos buena presidenta, mala presidenta, buena jardinera o mala jardinera, es casi una capitis diminutio el género”.

La jefa de Estado suele poner como ejemplo la fortaleza y valentía de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo en la lucha por la búsqueda de hijos y nietos desaparecidos durante la dictadura. Y hasta aludió a la templanza femenina frente al desengaño para referirse a los votos no positivos del vicepresidente Julio Cobos a las leyes giradas por la Casa Rosada: “Será que las mujeres, algunas compañeras de género tienen la desgracia de ser traicionadas, yo por suerte nunca fui traicionada, pero tenemos un componente genético que nos prepara para cosas que por ahí los hombres no están tan preparados y por eso asimilo mejor algunas traiciones”.

Pero más allá de estas referencias, desde sectores feministas se cuestiona a la jefa de Estado por no haber tomado políticas suficientes para atender la problemática del género.
La legisladora Lubertino considera que las mujeres que trabajan en el ámbito político deben incorporar la perspectiva de género en las políticas públicas. “Lo que enriquece a nuestras sociedades inclusivas, diversas, nos enriquece, porque no sólo respetamos la diferencia, la diversidad, sino que la valoramos. Y en este punto, la inserción de la mujer en la política es de un aporte inigualable. Hemos logrado penetrar en las instituciones jurídicas, en la Constitución, incluso en los marcos internacionales en materia de derechos humanos con conceptos de Estado que se han convertido en políticas activas en materia de género, esos fueron logros concretos del movimiento de mujeres. Siempre lo que quise hacer es política, porque me daba cuenta que para poder abrir el camino de los conceptos que queríamos instalar, teníamos que dar una batalla cultural, en el ámbito político y también en el académico”.

En el mismo sentido, Reyes concluye: “El camino recorrido muestra que no hay nada más enriquecedor que las distintas miradas que se pueden aportar desde el pensar y el sentir masculino y el pensar y el sentir femenino. La lucha de muchísimas mujeres que han peleado por nuestros derechos en particular y el de todos en general, ha sido fundamental para que hoy podamos debatir y nuestras voces se escuchen y sean consideradas, aunque todavía falte mucho por recorrer”.

La sartén por el mango
Con la asunción de la brasileña Dilma Rousseff, son quince las jefas de Estado y de Gobierno en funciones en la actualidad. Ellas son: Cristina Fernández de Kirchner (Argentina); Angela Merkel (Alemania), Julia Gillard (Australia) Tarja Jalonen (Finlandia), Mary McAleese (Irlanda), Pratibha Patil (India), Dalia Grybauskaite (Lituania), Doris Leuthard (Suiza), Ellen Johnson Sirleaf (Liberia), Laura Chinchilla (Costa Rica), Cheija Hasina Wajed (Bangladesh), Johanna Sigurdardottir (Islandia), Jadranka Kosor (Croacia) y Yulia Timoshenko (Ucrania).

La revista estadounidense Time colocó a Cristina Kirchner como tercera en el ranking de las diez líderes más importantes del mundo. El primer lugar lo ocupa la australiana Julia Gillard, seguida por Johanna Sigurdardottir, la primer ministro de Islandia. En la mitad del ranking fue ubicada la canciller alemana Angela Merkel, “la política más influyente del mundo”, según la publicación.

En el arco opositor nacional, en tanto, destacan figuras femeninas como Elisa Carrió, Margarita Stolbizer, Patricia Bullrich, Graciela Camaño, Gabriela Michetti e Hilda Chiche Duhalde.

La fueguina Fabiana Ríos es la primera gobernadora electa del país. Ocupa el cargo desde 2007.

En la composición de la Cámara de Diputados de la Nación, hay 99 diputadas sobre un total de 257 escaños, y en la Cámara de Senadores hay 26 mujeres sobre un pleno de 72 bancas.

En el gabinete nacional, hay tres ministras: Nilda Garré (Defensa), Débora Giorgi (Industria) y Alicia Kirchner (Desarrollo Social).

La economista Mercedes Marcó del Pont es la primera mujer en presidir el Banco Central de la República Argentina (BCRA).



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