El nuevo partido de Fabricio Oberto

El nuevo partido de Fabricio Oberto

Mientras prepara su vuelta a las canchas, el basquetbolista apuesta por su proyecto vitivinícola, que producirá 300.000 botellas este año. 23 de Marzo 2011
Carismático e inquieto por naturaleza, el ex basquetbolista de San Antonio Spurs (equipo de la NBA) e integrante de la Selección argentina, Fabricio Oberto (35), recibe a APERTURA en el lobby del Hotel Hermitage. El que arranca no será un año más en su carrera. Luego de haber superado un traspié en su salud (había abandonado las canchas por problemas cardíacos), Oberto se alista a jugar con el combinado albiceleste el campeonato Preolímpico que se disputará, entre julio y agosto próximo, en la ciudad de Mar del Plata. Pero, además de retornar al parqué, Oberto también disfruta del emprendimiento vitivinícola que puso en marcha hace unos años en Tinogasta, Catamarca, de la mano de su socio, el enólogo Juan Longo, hijo de una conocida familia de inmigrantes italianos que, por el siglo XX, preparaba en esas tierras, de manera artesanal, vinos para deleite propio. Oberto y su socio comparten el 50 por ciento de la inversión en la bodega Alta Esperanza, ubicada a 200 kilómetros de la cordillera de los Andes y cuyos viñedos se encuentran a 1500 y 1920 metros de altura. La amplitud térmica de ese lugar hace que los veranos sean muy calurosos y los inviernos, de muy baja temperatura, diferencias que se convierten en atributos ideales para lograr producir vinos de excelente calidad y sabor. Hasta el momento, la bodega cuenta con tres líneas de vinos: Alta Esperanza, El Deseo y Fabricio Oberto Selección.

Así, desde fines de 2008, Oberto le pone el cuerpo y nombre a los vinos que se comercializan entre $ 35 y $ 50, en varietales malbec, cabernet sauvignon, syrah y chardonnay. 

Con el correr de los años, la producción fue progresiva. En 2009, se llegó a las 75.000 botellas. En 2010, la empresa trepó a las 150.000. Para el actual período, la meta es producir 300.000. De ese total, un 70 por ciento se exporta a Dinamarca, Alemania y Brasil, y el 30 por ciento restante es destinado a abastecer el mercado interno. 

En los primeros meses del emprendimiento, Oberto llegó a exportar a Brasil, Finlandia y Croacia “con un buen nivel de ventas”, cuenta. Luego, llegó a China y Japón.

Para 2011, la meta es mayor: paulatinamente, sus vinos se venderán en el mercado interno (Catamarca, Córdoba y Buenos Aires) y el anhelo es que conquisten los Estados Unidos y México. “La idea es vender el vino en todo el país, haciendo foco en algunos puntos clave. En el caso de los Estados Unidos, ya pasamos los requisitos de calidad para lanzar el producto y estoy muy ilusionado con lo que podamos hacer allí”, agrega el basquetbolista.

¿Por qué invirtió en vinos?
Este mercado me dio la posibilidad de invertir en mi país, de conocer mucha gente y de aprender todos los días algo nuevo. La idea surgió a partir de una relación que mi padre tenía con el enólogo de la bodega, Juan Longo. Después de unos viajes a Catamarca, me enamoré del lugar, comencé a probar vinos y a convencerme de que era una buena inversión. Fue curiosidad. No sabía nada de vinos. Cuando jugué en San Antonio, escuchaba mucho hablar a Gregg Popovich (N.d.R.: el entrenador de los Spurs), que es un amante del vino. Me llamó mucho la atención la mística que se generaba alrededor de este consumo. 

Como consumidor, ¿cuál fue su primera experiencia con el vino?
Lo empecé a probar de grande. Como buen cordobés, yo era consumidor de Fernet. Pero, en realidad, por la vida deportiva que llevo, siempre fui muy cuidadoso de mi cuerpo. Entonces, el alcohol era algo que quedaba a un lado. Pero tomar una botella entre cuatro o cinco es un ritual muy lindo, por el ambiente que se genera. Es una invitación a dialogar.

¿Y qué satisfacciones le dio el vino?
Cuando estuve en Washington, pude llevar muestras y hacer pruebas con José Andrés, un reconocido chef español. Junto a él, compartí una cena con el chef de Barack Obama. 

¿Pasó la prueba de fuego?
Sí, les gustó mucho. Me dijeron que era muy equilibrado, en relación precio-calidad. Cuando tenés la aprobación de cierta gente, te da más confianza y te reconforta para seguir adelante con el proyecto. También pude hablar con varios distribuidores de los Estados Unidos, que son bastante exigentes, y me recomendaron que, para llegar a un vino de alta gama, hay que ajustarlo un poquito en las plantas. Paso a paso. Estoy conforme. 

¿Planea extender este emprendimiento?
 Sí. También estoy trabajando en un proyecto vinculado con la renta de viñedos. Se llamarán terruños Alta Esperanza y será una inversión ideal para quienes quieran tener viñas propias. Son parcelas (en principio, empezaremos con 100 hectáreas), en las que se podrá producir vid y hasta obtener ganancias, luego de tres años de trabajo. La inversión es mía y la parte técnica está a cargo de Juan (Longo). Está apuntado a familias y pequeñas empresas.

¿Qué otros proyectos tiene pensados para la bodega?
La idea es dedicarnos, en breve, a la creación de vinos orgánicos. Este segmento será algo importante dentro del mercado. Por ahora, estamos en las etapas de controles, para que quede certificado que no se utilizan químicos, ni fertilizantes.

¿Cuáles son los próximos pasos para la producción de este año?
En lo inmediato, lanzaremos una edición limitada, de 1000 botellas, de una línea que se llamará Fabricio Oberto Selección. Se trata de un vino que llevará mi nombre pero que lo que contendrá será mucho mejor. No me gusta poner mi nombre en una etiqueta si no hay calidad detrás. Quiero que lo que se venda deje una impronta. 

¿Ese cuidado por la marca propia lo aprendió de la NBA? 
Puede ser. No me gusta vender humo: creer que, porque hay un nombre, se vende. No me gusta hacer avioncitos de papel y pensar que volarán seguro. 

¿Quiénes probaron su vino?
Se lo hice probar a Manu Ginóbili y a todos los chicos de la Selección. También, a los tenistas Mariano Zabaleta y Gastón Gaudio. No soy de probarlo en reuniones, sino de regalarlo. Me gusta que lo prueben y lo critiquen. Eso es bueno porque se pueden aprovechar esas críticas para mejorar el producto. Lo mismo pasa en el básquet: si, a uno, un técnico está retándolo, no es porque esté ensañado. Lo hace porque es lo mejor para el equipo.



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