El mundo del lujo, después de la crisis

El mundo del lujo, después de la crisis

El negocio de lo exclusivo sigue en pie y mueve unos 170.000 millones de euros al año. La aparición de nuevos mercados como China, el cambio de hábitos de los consumidores y la aparición de segmentos como el fast fashion, junto a la búsqueda de sustentabilidad, son algunas de las tendencias, analizadas por Sandrine Ricard de la Universidad de Mónaco. 17 de Mayo 2010

Lejos de lo racional y muy cerca de los sueños, el mercado del lujo es un lugar al que muchas marcas y personas aspiran, pero pocas pertenecen. Cómo es esta industria de lo exclusivo y costoso, quiénes la conforman y cuáles son las tendencias más relevantes son algunos de los aspectos que analizó Sandrine Ricard, directora de la Maestría en Bienes y Servicios de Lujo de la Universidad de Mónaco. La experta internacional brindó una conferencia en la Universidad del CEMA, en Buenos Aires, a partir de un convenio que tienen ambas casas de estudio.

Según los datos de esta especialista, en los últimos 15 años, el mercado del lujo pasó de representar 75.000 millones de euros en 1995 a 170.000 millones de euros proyectados para 2010. Este año, el mercado volverá a crecer luego del freno que significó la crisis económica mundial. No obstante, “aún cuando los pronósticos eran de una caída general del 10% entre 2008 y 2009, la crisis impactó de forma muy variable, según los sectores y las marcas”, señaló Ricard.

Así, mientras las ventas de vinos, espumantes, perfumes y relojes de alta gama perdieron un promedio de 20% en volumen y 35% en valor, los artículos de cuero y hoteles de lujo crecieron fuertemente en algunos mercados, como China. La performance dentro de cada sector es muy diferente para cada marca. De este modo, mientras el mercado automotriz viene en baja, Porsche aumenta sus ventas. Gucci tuvo que cerrar tiendas en Nueva York y Londres fruto de la crisis, aunque abrió 18 almacenes en China y sus ventas crecieron allí un 112%.

Para este año, según la experta, “todos los indicadores son positivos”. “Un ejemplo de esto es que se están vendiendo yates otra vez”, ilustró. Sin embargo, la reciente debacle económica trajo cambios importantes en la actitud de los clientes. Hoy se prefiere lo austero, la ostentación pasó a ser símbolo de mal gusto e irresponsabilidad. Asimismo, como consecuencia de la crisis, las marcas de lujo están volviendo a sus valores tradicionales, basados en la trayectoria y la calidad.

Las mil caras del lujo
Entre los tantos mitos que existen sobre el mercado del lujo, hay uno que asegura que sólo las personas a quienes sobra el dinero acceden a él. “En realidad -apunta Ricard- hay consumidoras de Louis Vuitton que ahorran durante un año para comprarse una cartera”, refuta.

Otra de las verdades a medias que circulan es que se trata de un mercado uniforme. Sin embargo, cada vez más, están surgiendo nuevos segmentos, que permiten diferenciar distintas categorías desde el más accesible, representado por las marcas fast fashion (Armani Exchange, Zara, Swatch), las marcas clásicas (Emporio Armani, Gucci, Louis Vuitton, Rolex) y las más exclusivas, cuyos productos y servicios sólo se obtienen por pedido y si se es parte de un determinado club (Patek Philippe, Armani Collezioni, Maserati a medida).

A la hora de derribar preconceptos, la venta online, casi un tabú para las marcas más exclusivas, se está abriendo paso con gran éxito y así surge un nuevo concepto, el e-luxury. Otra tendencia creciente es la sustentabilidad ambiental y social, que las marcas buscan a partir de productos y procesos de producción respetuosos del medioambiente y de los derechos laborales y sociales de sus trabajadores. En definitiva, según la experta de la Universidad de Mónaco, “el mercado del lujo se renueva, pero permanece”.

Un concepto en evolución
Un viejo adagio señala que con tiempo se puede construir una fortuna, pero con ninguna fortuna se construye tiempo. En el nuevo siglo que asoma, el disfrute del propio tiempo es la mayor riqueza. El nuevo lujo, definido como “esencial”, es lo contrario de la ostentación y la frivolidad, y se basa en valores inmateriales como el disfrute del tiempo, la sensación de libertad, la armonía con el medio ambiente, con uno mismo y con los demás. Hay una búsqueda del bienestar a través de los afectos y no de la acumulación de bienes.

Parte de esta filosofía es la que plantean el filósofo y sociólogo polaco Zygmunt Bauman en su obra “Vida de Consumo” y el argentino Marcos Aguinis en su libro “Elogio del Placer”. Aguinis repasó algunos de estos conceptos durante una jornada de reflexión sobre “El lujo esencial”, que organizó el grupo desarrollador inmobiliario Estancias para festejar su 12° Aniversario. El emprendimiento urbanístico, situado en la zona de Pilar, se promociona a partir del concepto de la vuelta a los placeres simples.



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